sábado, 2 de agosto de 2014

París: Étés de la Danse con el Ballet de San Francisco

Foto del cartel de los Étes. Yuan Yuan Tan y Daniel Smith.
Foto Erik Tomasson

El objetivo de los Étés es poder ofrecer una buena propuesta de ballet en la ciudad de la luz cuando su compañía de referencia, el Ballet de la Ópera de París, está de vacaciones. Muy buena idea puesto que el éxito se repite edición tras edición. 

Carolina Masjuan

Si bien Alvin Ailey se lleva la palma en cuanto a veces programado, parece que Valéry Colin, antiguo bailarín de la Ópera de París y fundador de los Étés de la danse, siente debilidad por el ballet de San Francisco. Cuando decidió poner en marcha este festival, entonces al aire libre en el patio de los archivos nacionales, ya contó con la compañía americana y ahora, cuando se celebran sus diez años de existencia, el festival repite compañía aunque cambia de escenario. 


Sarah Van Patten y Luke Ingham 
en Within The Golden Hour. Foto: Rik Tomasson
Este festival no tiene ningún tipo de subvención pero consigue perdurar gracias a la calidad de las compañías invitadas y a la diversidad de programas que éstas representan.  Les Étés se han consolidado como la propuesta estival de referencia para el ballet en París y diversas actividades se abren al público para que éste viva la danza de una forma muy extensa, clases abiertas, charlas con bailarines y/o coreógrafos, sesiones de cine.... 

Los escenarios han variado a lo largo de su historia, nosotros estuvimos el año en que la compañía invitada fue Les Grands Ballets Canadiens que entonces se celebraron el Grand Palais. Este año repetimos con el Ballet de San Francisco, viejo conocido por sus actuaciones en el Liceu, en un espacio especialmente adecuado para la danza como es el emblemático Théâtre du Chatélet. 

El que fuera en sus inicios Théâtre Impérial du Châtelet, abrió sus puertas en 1862, construido en el mismo centro de París, rodeado de historia por sus cuatro costados. El Sena, la catedral de Notre Dame, la Conciergerie, donde se encerró a Marie Antoinette antes de ser guillotinada, son algunos de sus vecinos más cercanos. La danza se incluyó en su programa sobre los años 1900's e incluso tuvo un corps de ballet propio y fue aquí dónde los Ballets Rusos de Diaghilev’s hicieron su debut en Mayo de 1909 con cinco ballets históricos “Le Pavillon d’Armide”, “Polovtsian Dances”, “Le Festin”, “Les Sylphides”, y “Cléopâtre”. Posteriormente, aunque la compañía bailó en otros teatros, los grandes estrenos se celebraron en el Châtelet. También Tchaikovsky, Grieg, Mahler, Strauss, y Debussy dirigieron sus propias obras en el teatro. 

Lorena Feijoo y Tiit Helimets en Allegro Brillante
Foto: Erik Tomasson
Este año en el Théâtre du Châtelet, del 10 al 26 de Julio, con el regreso del Ballet de San Francisco, el público puede disfrutar de 18 ballets distintos, de 11 renombrados coreógrafos diferentes tales como George Balanchine, Jerome Robbins, Liam Scarlett, Alexei Ratmansky, Helgi Tomasson, Christopher Wheeldon....  a lo largo de 17 representaciones, incluyendo una gala de apertura adicional. 

El Ballet de San Francisco se cuenta entre las grandes compañías americanas. Por su relación con Lola de Ávila, maestra en la compañía durante largas temporadas, siempre ha contado con varios bailarines españoles en su elenco, actualmente los Principales: Ruben Martín Cintas y Jaime García Castilla, los Solistas: Dores André y Clara Blanco y Diego Cruz en el cuerpo de baile. Y si nosotros esperamos que los españoles formen parte del elenco que nos ha tocado en suerte, los franceses se desviven para asistir a varias representaciones en las que puedan admirar a queridos bailarines franceses como Pascal Molat, Sofiane Silve o Matilde Frustrey del ballet de la ópera de París, al que dejó hace un año para iniciar su aventura americana. Una compañía internacional que cuenta también con grandes estrellas cubanas como Taras Domitro, Joan Boada o Lorena Feijoo y artistas de una gran variedad de países. 

Frances Chung y Gennadi Nedvigin  en Hummingbird.
Foto: Erik Tomasson
Fundada en 1933, actualmente y desde 1985, es el ex solista del New York City Ballet, Helgi Tomasson (Reykjavík, octubre de 1942) quien la dirige. Con sus 72 años, Tomasson continúa pensando que todo espectáculo tiene que ser una fiesta elegante, un lugar hermoso en el que tanto los bailarines como el público disfruten y ¡vaya si lo consigue! 


El sábado 26 de Julio, la compañía se despedía del público parisino. No sé cual sería la ocupación los otros días pero ése ya tenía el perfume melancólico del anuncio del fin de algo realmente bueno y nadie quería desperdiciar la oportunidad de asistir a la última clase abierta al público. Una larga cola daba la vuelta al Châtélet una hora antes de la clase abierta. Aficionados muy interesados en ver a esos bailarines de los que tanto se había hablado las últimas semanas realizar una clase y sentirlos cercanos. Cuando, por fin, después de esperar bajo el intenso calor del mediodía parisino, entramos en la sala, los bailarines ya están calentando y el teatro se va llenando a muy buen ritmo. El  profesor cubano del Ballet de San Francisco, Felipe Díaz, imparte la clase. Rápidamente identificamos a Rubén Martín, Mathilde Froustey, Dores André... y ya vemos porque el todo París y la crítica londinense en peso no han tenido más que palabras de elogio para estos Étés y esta tournée del Ballet de San Francisco. 

Within the Golden Hour. Foto: Erik Tomasson
Tras aproximadamente hora y media de clase, abandonamos el teatro ansiosos por volver. A las ocho de la tarde es nuestra cita, pero antes, a las tres, la troupe tiene una función. Nuestra elección se debe evidentemente al programa, en principio, tres de los coreógrafos más aclamados de la escena internacional, sólo uno ya un "viejo", y admirado, conocido, el inglés Christopher Wheeldon, los otros dos a descubrir por nosotros pero avalados por excelentes críticas en todo el mundo, el ruso Alexei Ratmansky y otro inglés, Liam Scarlett. Lamentablemente, una lesión de última hora impide que el ballet de Ratmansky se represente y en su lugar se nos ofrece Allegro Brillante de Balanchine y Solo de Hans van Manen. 

Maria Kochetkova y Joan Boada en Within the Golden Hour.
Foto: Eric Tomasson
Pero a pesar de la pequeña decepción inicial, descubrir a la compañía con la dinámica pieza de Balanchine, Allegro Brillante, y con Mathilde Foustey y Joseph Walsh acompañados de las cuatro parejas tampoco tan está mal. Los bailarines no decepcionan y Mathilde, a quien seguimos desde que muy pequeña fue objeto de un documental de televisión que tuvimos la suerte de grabar, parece que efectuó una muy buena decisión al dejar el ballet de la Ópera de París por el de San Francisco, dónde se la valora y se la programa mucho más. 

Sigue Solo de Hans van Manen, un solo para tres, en el que tras los tres solos de los tres chicos, el final los reúne a los tres en escena. Hansuke Yamamoto, James Sofranko y Gennadi Nedvigin, despliegan todo su talento al poner movimiento a la música de Bach. 

Y en la segunda parte descubrimos dos nuevos ballets. Comenzamos con Within the Golden Hour de Christopher Wheeldon, música de Ezio Bosso con una pequeña concesión a Vivaldi, creada en 2008 para el Ballet de San Francisco. Siete secuencias distintas para un ballet abstracto inspirado en la música. Tres parejas principales, Mathilde Froustey y Ruben Martin Cintas, Sarah Van Patten y Luke Ingham y Maria Kochetkova y Vitor Luiz, más cuatro parejas de cuerpo de baile entre las que encontramos a nuestra Dores André. El ballet se desarrolla mediante tres pasos a dos de los bailarines principales, acompañados por las cuatro parejas de bailarines solistas como cuerpo de baile. El primer paso a dos de Mathilde Froustey y Ruben Martin Cintas nos encandila, hay química entre ellos y la danza simpática y deliciosa con reminiscencias celtas, nos muestra lo mejor de la coreografía y lo mejor de esta magnífica pareja de bailarines.

Pascal Malat en Solo. Foto: Erik Tomasson
El segundo paso a dos, el de Sarah Van Patten y Luke Ingham, por el contrario, es un paso a dos muy lentoque sugiere un ambiente árido, ¿tal vez el desierto? Pero así mismo una preciosa muestra del trabajo del mejor Wheeldon interpretado con todo el buen hacer de dos grandes artistas. El tercer paso a dos a cargo de Maria Kochetkova y Vitor Luiz, es una preciosa demostración de que el romanticismo no está reñido con la contemporaneidad. Y a todo esto, la fuerza del cuerpo de baile masculino, las sombras de las cuatro chicas del cuerpo de baile extremadamente bien coordinadas y la belleza del conjunto. Otra muestra de un Wheeldon in crescendo cuyos trabajos se rifan las mejores compañías del mundo.

Un placer también ver a Rubén por fin bailar. Ya quedaban pocas ocasiones para hacerlo puesto que se despidió de su público y de su compañía, como bailarín, esta primavera. Para nuestro deleite no ha querido dejar de mostrarse en escena en París. Rubén seguirá vinculado al Ballet de San Francisco, su casa, puesto que se le ha ofrecido un puesto de maestro, dado su ya demostrado talento también en este campo.

Tras el segundo entreacto presenciamos el descubrimiento de la noche. Porque el trabajo de Liam Scarlett es realmente un descubrimiento. ¡Cuánto talento existe ahora mismo en la reinterpretación del lenguaje clásico y su adaptación a nuestra época! Un desarrollo de movimientos, de portés, de pasos a dos, de evoluciones de un cuerpo de baile numeroso mediante grupos distintos que se mueven a distintos ritmos en una escena dividida en dos partes. Una plasticidad, ayudada por un decorado sencillo pero muy efectivo, que subyuga, una capacidad de transmitir emociones aún mediante un guión abstracto, que realmente sorprende.

Hummingbird. Foto: Eric Tomasson
Un trabajo de lo más extraordinario. Hummingbird es un descubrimiento sí, el de un coreógrafo que tiene mucho a decir y lo dice de una forma exquisita y el de unos bailarines y una compañía del más alto nivel. Creada este mismo año para la compañía bajo música de Philip Glass, aquí también son tres las parejas principales que nos obsequian con tres pasos a dos distintos: Frances Chung y Gennadi Nadvigin, Yuang Yung Tan y Luke Ingham y Maria Kochetkova y Jaime García Castilla, más doce bailarines que también poseen sus momentos de lucimiento. Un telón pintado en tonos blancos grises y negros en el fondo de la escena que sube y baja en función de la necesidad y una rampa por la que aparecen y desaparecen los bailarines, el cuerpo de baile en color gris claro, las parejas principales en distintos colores.

Yuan Yuan Tan y Luke Ingham en Hummingbird.
Foto: Erik Tomasson
Pero si todo está muy conseguido y las tres parejas despliegan sus mejores bazas, la pareja formada por Yuang Yung Tan y Luke Ingham, de blanco inmaculado, nos brinda uno de los mejores pasos a dos modernos vistos últimamente. Sin ninguna sonrisa de por medio, sin ningún afán por trascender, sin ninguna muestra de empatía con el público, sólo mediante una fuerza interior y una concentración en la emoción de la danza palpables, su evolución nos atrapa y no nos deja, no respiramos y apenas nos damos cuenta de ello, no nos da tregua, no podemos desconcentrarnos de lo que sucede en escena. Es algo que acontece desde otra dimensión, algo muy difícil describir con palabras. Nuestra nieta de ocho años, ya con un fuerte bagaje en ballet, incapaz de desviar sus ojos de la escena, me apretó fuertemente la mano para, al final, mirarme emocionada. Un momento mágico a no olvidar. Maria Kochetkova y Jaime Garcia Castilla nos devuelven a la realidad con un paso a dos virtuoso seguido de las evoluciones de los bailarines del cuerpo de baile y solistas.


Un final redondo para una jornada redonda. Un programa excepcional de la mano de una gran compañía.

La orquesta Promethée, dirigida por diversos directores, entre ellos Martin West y Ming Luke ambos habituales del Ballet de San Francisco merece una mención especial, como así destacó
Helgi Tommason quien apareció en escena para agradecer a la organización de los Étes, a los bailarines, a los músicos y como no, al público, estas semanas intensas. 

Discursos improvisados hablaron del milagro que supone llegar a los diez años y continuar manteniendo un estándard altísimo de calidad avalados por el gran éxito de público y crítica. ¡Hasta siempre París, muchas gracias Étes y deseando veros de nuevo muy pronto San Francisco Ballet!

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