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jueves, 27 de octubre de 2011

Nelken (Claveles) de Pina Bausch en el Théâtre de Nîmes

Para cuatro funciones excepcionales y únicas en Francia, el Teatro de Nimes programó Nelken pieza emblemática del Tanztheater de Wuppertal. En la vanguardia de la creación, esta pieza se muestra de nuevo gracias a la fidelidad de los bailarines de la compañía. En 1982, Nelken participó en el nacimiento del teatro-danza. Sin haber perdido nada de su juventud Nelken vuelve a representarse, gracias a la excepcional fidelidad de los bailarines de la compañía, dirigida actualmente por Dominique Mercy, bailarín fetiche de la desaparecida coreógrafa.

Foto : Ulli Weiss

Loïc le Duc
Traduccion : Carolina Masjuan

En escena: un magnífico campo de claveles. A millares, forman un tapiz espeso que da la sensación de una dulce serenidad. Un bailarín avanza, se instala sobre una silla que ha traído y mira al público. Poco a poco, todo el grupo le sigue, después se sienta. Aire de opereta. Escuchan. Atentamente. Después algunos intérpretes, un poco afectados, se abren camino entre los claveles y bajan a la sala. Piden a los espectadores que les sigan hacia la salida, cogidos del brazo. Queda en el escenario un bailarín que traduce al lenguaje sordo-mudo, la canción de Gershwin « Someday he’ll come along, the man I love », la cual será le leitmotiv de la obra.
Ya que Nelken pone menos el acento en las desgracias y los contratiempos cotidianos, que en la fuerza triunfal del amor. Pina Bausch ha dejado a un lado los eternos problemas de la comprensión. Los bailarines vuelven de nuevo al asalto de la rampa y pronuncian, brazos abiertos, frases maniqueas  sobre el amor. Una tierna intimidad se instala entre los espectadores y los intérpretes de Tanztheater.
Foto : Ulli Weiss
No obstante, la pieza no se pierde en esa beata felicidad. El mar de flores por el que se desplazan los hombres y las mujeres, está vigilado por cuatro pastores alemanes, atados a largas correas. En ese decorado, los intérpretes saltan y se divierten como conejos. Con voz autoritaria, un hombre (Andrei Berezine) se dirige a ellos «Su pasaporte, por favor». Se les caza. Se les atrapa. Consiguen volver. 
A continuación se suceden escenas turbadoras. Aquí, un hombre y una mujer cogen tierra con pequeñas palas en cubos de playa y se la echan por sus cabezas, como si se tratara de un entierro. Allí, una mujer enigmática, su pecho desnudo, con bragas y talones altos, atraviesa la escena, un acordeón en bandolera, sin tocarlo. Acabará entrando en acción y traducirá gestualmente una historia de cuatro estaciones, que el conjunto de intérpretes de la compañía seguirá al ritmo de una vieja canción de Louis Amstrong. Otra lloriquea como un niño, imita el tono de los padres y se sermonea. Quisiera que la consolaran, le responden con golpes. Pina Bausch intenta explicarnos porque es tan difícil ser feliz: Es ya en nuestra infancia cuando todo se juega.
Pero los niños rebelan igualmente su desleal actitud: el grupo se vuelve contra el director del juego, quiendecidía hasta ahora de forma arbitraria, las reglas a seguir. Julie Shanahan, encaramada sobre los hombros de su partenaire, es hilarante como «jefe» improvisado.
Finalmente, la lucha entre los juegos infantiles y la disciplina autoritaria genera un extraño chorus line a cuatro patas: los hombres continúan bailando sobre las mesas y han rechazado a las mujeres que se encuentran ahora debajo.
En el amor, la tortura, la violencia, son también fuentes de placer. Aquí, un bailarín, arrodillado sobre una silla, pies descalzos, reza mientras requiere que otro le haga cosquillas. Quisiera gritar su sufrimiento, pero no lo hace. Allí, sólo con un autómata echador de cartas, un hombre pela cebollas y las pica. Llegan otros intérpretes y se frotan con ellas la cara, después muestran su facha, irritada y roja, al público.
Foto : Ulli Weiss
Pero los «síntomas» del amor son exacerbados en el transcurso de la escena donde todos los intérpretes del tanztheater se estiran en el suelo, en círculo, cogidos de la mano, sobre sillas invertidas. Una mujer se levanta y lee en voz alta una carta. De pronto, los otros se levantan de un salto y avanzan precipitadamente para ofrecerle su amor. Después se van a buscar su silla, se sientan en fila y se balancean como si se hicieran acunar. Después vuelven a dejar las sillas donde estaban, vuelven hacia la rampa, retoman sus declaraciones sobre el amor y se colocan otra vez en fila.
Durante este tiempo, dos acróbatas apilan cartones bajo la mirada de una mujerconsternada, que farfulla y chilla para intentar prevenir el peligro. A medida que las pilas de cartón crecen, resulta más y más difícil para los bailarines ir y venir con sus sillas. La mujer va y vuelve, cada vez másinquieta, desamparada, entre los dos acróbatas que calmadamente continúan apilando los cartones y los bailarines que cambian rápidamente de posición. Ella pide ayuda, pero los otros protagonistas siguen, imperturbables, sus actividades. Les acróbatas han tomado por fin posición, arriba, encima los cartones. La mujer se vuelve cada vez más histérica. Ellos saltan por los cartones apilados. Bruscamente, la tensión se relaja. Los bailarines protestan.

Dominique Mercy, permanece en escena. Vestido con un largo vestido de noche, ejecuta pirouettes clásicas. Se dirige furiosamente al público «¿es esto lo que queréis ver ?» y ejecuta, provocador y sin ganas, grands jetés battements. Un individuo vestido de smoking aparece y ordena secamente a un bailarín, sin aliento, que le muestre su pasaporte. Sin mirarlo, el douanier le aconseja que se vista. Poco a poco todo el mundo de vuelve amenazador.
Después el bailarín, vestido con traje y corbata, se esfuerza en obedecer las órdenes del cínico guarda fronterizo quien le ordena que haga la cabra, el perro, el loro, la rana. Una arbitrariedad absoluta se instala en escena. Pina Bausch nos interroga: ¿sigue siendo el teatro un lugar libre?
Al final de la representación, el campo de claveles está completamente pisoteado. ¿Es el precio que hay que pagar en la búsqueda de la felicidad?

Agotados pero sonrientes, les intérpretes del Tanztheater de Wuppertal saludaron a un público nimés conquistado y entusiasmado por las danzas bauschianas que se nutren esencialmente de la realidad. En cuanto al Teatro de Nîmes, puede enorgullecerse de la calidad y del éxito de su programación. ¡Sólo pedimos más!

Foto : Ulli Weiss

Théâtre de Nîmes – función del 22 de octubre 2011Una obra de Pina Bausch
Puesta en escena y coreografía Pina Bausch
Obra para 19 bailarines
Decorados Peter Pabst
Vestuario Marion Cito
Dramaturgia Raimund Hoghe
Música Franz Schubert, George Gershwin, Franz Léhar, Louis Armstrong, Sophie Tucker, Quincy Jones, Richard Tauber u.a.

viernes, 8 de julio de 2011

« … Como el musguito en la piedra, ay si, si, si… »

Version française


Tras Roma, Palermo, Madrid, Los Ángeles, Hong Kong, Lisboa, Estambul y Japon, en la primavera de 2009, poco antes de la desaparición de Pina Bausch, llegó el turno de Chile : « … Como el musguito en la piedra, ay si, si, si… »


Foto : Jochen Viehoff


Loïc le Duc
Traduccion : Carolina Masjuan


Durante mucho tiempo desdeñosamente indiferente a la obra que se desarrollaba dentro de sus muros, Wuppertal es hoy notoriamente conocida, identificada con una especie de monasterio profano donde, de forma voluntariamente aislada, tiene su retiro el Tanztheater.

No obstante, durante varios decenios, esta compañía fue nómada, sin de todos modos, cortar del todo el cordón umbilical que la ata a la cuna geográficamente desolada del Rühr. Así, Viktor nació en Roma y Palermo en Palermo (Sicilia). Después llegó el turno de Madrid (Tanzabend II), Los Angeles (Nur Du), Hong Kong (Der Fensterputzer), Lisboa (Masurca Fogo), Estambul (Nefes), y de Japón (Ten chi)…Y en la primavera del 2009, sólo algunas semanas antes de su desaparición, Pina Bausch y sus bailarines nos hablaban de Chile     « … Como el musguito en la piedra, ay si, si, si…».

Foto : Rolf Ebertowski

Durante esas residencias más o menos largas, los bailarines se impregnaban de las imágenes, los sonidos, los fantasmas propios de cada una de ellas. La troupe construía así un patrimonio común de reacciones e interacciones con los distintos tejidos urbanos. A partir de este material, Pina Bausch tejía su obra. Recogía las más débiles palpitaciones y las metamorfosis en una especie de collage original, del que los bailarines retomaban el sentido.

Foto : Ursula Kaufmann
Para esta última pieza de la coreógrafa alemana, Peter Pabst, su cómplice desde hace largo tiempo, propone una escena vacía, tierra blanca secada por el viento y la erosión. Grietas que se cruzan y se cierran a lo largo del espectáculo. Los sainetes se suceden. Las mujeres deambulan, vestidas con largos vestidos de fiesta de colores, que no dudan en utilizar como cestos para recoger patatas lanzadas al vuelo. Esa baila en medio de un aro que su partenaire sostiene en su boca; la otra transporta un árbol en su mochila.... 

Encontramos también en « … Como el musguito en la piedra, ay si, si, si… », esas imágenes ya intrínsecas a la compañía: agua en la boca, cigarrillos encendidos… hasta ese chico, con americana de smoking, encaramado a unos altos zapatos de tacón rojos, parodia del travestismo bauschiano. Pero sobretodo, la danza está aún más presente, más física, más dinámica. Por descontado que no vemos danzas hermosas en el sentido del ballet tradicional. Pina Bausch metamorfoseaba el ballet clásico, la danza expresionista, los corros étnicos y culturales en un estilo nuevo. Danza de brazos. Danza del tronco que se rompe en la cintura. Aquí poco importan los encadenamientos, las formas o los pasos. El cuerpo se manifiesta en todo su esplendor mediante un juego de dedos, un remolino de brazos, un encogimiento de hombros, un movimiento de la cabeza. Además de que la banda sonora de la primera parte es cautivadora.

Sin embargo, « … Como el musguito en la piedra, ay si, si, si… » no ofrece el placer que espera el espectador asiduo al Tanztheater, el placer de re-encontrarse con esos bailarines/personajes ya familiares, y verles trabajar en escena, ya que la compañía ha sido ampliamente renovada. Y con esos jóvenes intérpretes se modifica la percepción del cuerpo bauschiano, el cual parece más resistente, más competente… como si Pina hubiese querido hablarnos del eterno retorno de la juventud. Prueba de que la vida continúa. Que la danza continúa. Con el Tanztheater de Wuppertal. Y que a nosotros nos hace felices.


Tanztheater Wuppertal 
Théâtre de la ville, Paris – del 22 de junio al 8 de julio de 2011.