lunes, 13 de mayo de 2013

La Escuela de Danza de la Ópera Nacional de París cumple tres siglos

Pose final del desfile (Foto: Francette Levieux)



Disfrutar de una representación de danza en el Palais Garnier de la Ópera Nacional de París (ONP) es un placer que todo aquel que pueda debería de regalarse al menos una vez en la vida. En Palais Garnier se ha celebrado este mes de abril el Tricentenario de L’École Française de Danse (EFD), la escuela donde se forman los bailarines que aspiran a entrar en el Ballet de la ONP. La conmemoración de estos tres siglos de enseñanza privilegiada ofreció varias representaciones a cargo de los destacados alumnos de L’École.  Ballet y más estuvo en una de estas representaciones.

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Lola Ramírez

La Escuela Francesa de Danza nació en 1713 por iniciativa de Luis XIV. El monarca francés, abrumado por los diversos desórdenes que habían acabado por hundir la Academia Real de Música, decidió elaborar unos estatutos entre los que se incluía la creación de un Conservatorio de Danza. Al principio, a estas clases que eran gratuitas, sólo asistían los bailarines profesionales y, aunque también las frecuentaban algunos hijos de los artistas, no eran clases pensadas para niños. Setenta años más tarde, un decreto de Luis XVI promueve la creación de una escuela específica para menores de doce años. Se trataba de reclutar niños muy jóvenes y vírgenes de toda formación y, por tanto carentes de defectos que corregir.  En la actualidad, los niños que aspiran a entrar en la École Francaise de Danse, deben tener edades comprendidas entre los 8 y los 13 años el 1º de septiembre del año de inscripción; además, han de pasar unas pruebas muy exigentes y si las superan deberán estudiar danza en régimen de internado hasta los 18 años. Las clases de la EFD son gratuitas, pero el internado no.

El pasado 18 de abril, por gentileza de la Ópera Nacional de París pude asistir a una de las representaciones de L’Ecole Française de Danse que entre el 15 y el 20 de este mes conmemoró los tres siglos de vida de la emblemática  institución.  Como afirma Lily Safra, gran mecenas del Tricentenario de la EFD, "las celebraciones del tricentenario en la Ópera de París son un homenaje al arte de la danza y el ballet. Para los niños que dan sus primeros pasos de danza, para las "Étoiles" que brillan sobre la escena, para todos los que admiramos la belleza, estoy convencida de que este año de celebración quedará para siempre en nuestra memoria".


D'Ores y Dejá (Foto: Sébastien Mathé)


En la mía desde luego.  Sentada en la segunda fila del patio de butacas, a dos pasos del foso de la orquesta, disfrutando de todo el oropel de este fastuoso teatro palacio proyectado por Charles Garnier en 1861 e inaugurado 14 años más tarde, me sentía como una princesa de la corte de Napoleón III. Al gusto del peculiar monarca fue construido este coliseo de la ópera y de la danza, o al menos eso es lo que le respondió Garnier a la esposa del emperador cuando, comenzadas ya las obras de construcción, ésta le preguntó si se hacía al estilo griego o romano: “Al estilo de Napoleón III, señora”.

Reconozco que me sentía totalmente emocionada. El coliseo de Palais Garnier estaba totalmente lleno, hombres y mujeres impecablemente vestidos, papás con sus niñas encantadas de vivir una ocasión tan glamurosa vistiendo sus mejores galas y viendo danzar quizás a una hermana a una prima o amiga en el escenario de un teatro con tantos años de historia y por el que habían pasado algunas de las figuras más destacadas de la danza.  Palais Garnier es un teatro muy barroco, muy romántico y posee un exquisito lujo. La araña de luces del auditorio central pesa más de seis toneladas. Mejor no enturbiar el emocionante día pensando en lo que pasaría si la pesada joya se cayera sobre la platea. Delante de mí, dos niñas inglesas no paraban quietas. Quizás ellas algún día también hagan la prueba para entrar en l’Ecole y convertirse en bailarinas del Ballet de la Ópera Nacional de París.

Las luces se apagan y  L’Orchestre des Lauréats du Conservatoire, bajo la batuta de Marius Stieghorst inicia los primeros acordes de D’ores et dejà, una coreografía de Béatrice Massin y Nicolas Paul creada para l’École e interpretada sólo por chicos. Ninguno de ellos sobrepasa los 18 años, edad límite para permanecer en la escuela y momento en el que los más capacitados pueden optar a un puesto en el cuerpo de baile del Ballet de la ONP. En este caso, los diéciseis bailarines que interpretan la coreografía de Massin y Paul pertenecen a las tres divisiones superiores de la escuela; es decir, alumnos entre 18 y 16 años. Los observo y reconozco en ellos las cualidades del estilo francés: elegancia, naturalidad y porte aristocrático. De vez en cuando, un leve temblor se filtra en un difícil equilibro, es el precio de la inexperiencia.

La nuit de Walpurgis (Foto: Francette Levieux)

La segunda pieza es un ballet puramente femenino. La nuit des Walpurgis, uno de los cuadros del V acto de Fausto, se representó por primera vez en 1859 en el Teatro Lírico y diez años más tarde en Palais Garnier. Ballet barroco y puramente romántico, en el que siguiendo las pautas de l’École, Claude Bessy, que interpretó en su día el rol principal vuelve a la escuela para transmitir de primera mano sus conocimientos a las alumnas de hoy. Hay bailarinas muy bellas en esta obra y muy virtuosas a pesar de su juventud. Interiormente juego a adivinar cual de ellas el año que viene formará parte del cuerpo de baile de la ONP.

Aunis, la tercera pieza de esta representación, es una coreografía de Jacques Garnier. Una curiosa representación interpretada por tres bailarines a los que acompañan dos músicos con acordeón diatónico. La obra tiene toques folclóricos y contemporáneos. Con esta interpretación  que dura 12 minutos, llegamos al entreacto. Un paseo por el maravilloso vestíbulo de Palais Garnier, bebiendo una deliciosa copa de champagne francés elaborado en las bodegas de uno de los mecenas del Ballet de la Ópera Nacional de París. A votre santé, monsieur!

El espectáculo finaliza con Péchés de Jeunesse, una preciosa coreografía de Jean Guillaume Bart, creada en el año 2000 para l’École. El ballet está interpretado por alumnos de la primera y segunda división, destinados a convertirse muy pronto en bailarines profesionales. “Me pareció importante –afirma Bart- ayudar a estos jóvenes a descubrir en ellos mismos nuevas posibilidades, como por ejemplo aprender a mirar al otro, a apropiarse del protocolo del ballet clásico, a crear una atmosfera, a hacer visible el ambiente musical. Para mí el rigor no debe ser sinónimo de rigidez, ni un freno a la expresión”.

Péchés de jeunesse (Foto: S. Mathé)

Las representaciones de l'École de Danse son siempre un gran acontecimiento en la Ópera. Cada año los alumnos del último curso, algunos de ellos futuros miembros del cuerpo de baile de la Ópera National de París, se preparan para estas representaciones que son en cierta manera su debú como bailarines. La emoción, los nervios, incluso el miedo del principiante se refleja en la mayoría de ellos, en un ligero casi imperceptible temblor . Se aprecia claramente el talento, el virtuosismo, la ejecución de una pirueta perfecta con un final clavado en una joven morena, integrante del cuerpo de baile, así como un joven de raza oriental que baila con la seguridad y la precisión de un profesional. Curiosamente ninguno de los dos tienen rol de bailarines principales, quizás algún día no muy lejano lleguen a serlo. Las luces del Palais Garnier se apagan, los aplausos continúan y el recuerdo, como afirma Lily Safra, permanecerá para siempre en nuestra memoria.







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