domingo, 23 de noviembre de 2014

Festival Internacional de Ballet de la Habana

Yanela Piñeira y Camilo Ramos en Espartacus.
Foto: Josep Guindo


El 24 Festival Internacional de Ballet de la Habana acoge con éxito a primeras figuras internacionales. Una vez más la capital de Cuba se ha convertido  durante dos semanas, del 28 de octubre al 7 de noviembre,  en un hervidero internacional de actividades alrededor de la danza: actuaciones, clases magistrales, exposiciones de fotografías  y conferencias. En esta ocasión, Alicia Alonso realiza escasas apariciones en público debido a su delicado estado de salud.

Carmen del Val (La Habana)

Clase de Julio Boca. Foto: Cristina Ribé
Una vez más la capital de Cuba se ha convertido durante dos semanas, del 28 de octubre al 7 de noviembre,  en un hervidero internacional de actividades alrededor de la danza: actuaciones, clases magistrales, exposiciones de fotografías  y conferencias. El Ballet Nacional de Cuba y el público cubano recibieron con entusiasmo y calidez la presencia de compañías,  bailarines y coreógrafos extranjeros en el Festival Internacional de Ballet de la Habana, que este año ha alcanzado su edición número veinticuatro. Un certamen que convierte en realidad el  lema, que ha guiado estos festivales desde su principio, la frase del célebre escritor cubano Alejo Carpertier: “El espíritu de la danza es inseparable de la condición humana”.   

Esta edición se ha visto ensombrecida por la preocupación ante  la delicada salud de la fundadora y directora  del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso, sus apariciones en público han sido mínimas,  si bien su rostro se iluminaba al oír el calor de los aplausos del público. Era inevitable que la   preocupación por lo que ocurrirá con la dirección del Ballet Nacional de Cuba cuando desaparezca Alicia Alonso flotara en el ambiente, especialmente en la generación de profesores y artistas cercanos a la artista, no tanto entre los jóvenes bailarines cuya máxima preocupación era ensayar los nuevos ballets y bailar, bailar y bailar.

Las funciones se han ofrecido en los teatros Karl Max,  Nacional y  Mella, ya que en el emblemático   Teatro García Lorca aún no se han terminado las obras de remodelación.

Homenaje a Shakespeare

Los niños de la escuela del Ballet de Cuba.
Foto: Cristina Ribé
En esta edición el Festival de Ballet de la Habana ha querido rendir homenaje al dramaturgo inglés William Shakespeare, del qué este año se celebra el 450 aniversario de su nacimiento. 

Por esta razón la Gala Inaugural del 28 de noviembre en el teatro Karl Marx (con una capacidad para más de 5.500 butacas) se bailó Shakespeare y sus máscaras, una obra que recrea los amores de Romeo y Julieta,  con coreografía de Alicia Alonso y  música de Charles Gounod, que  interpretó en directo la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Giovanni Duarte. Romeo fue Dani Hernández y Julieta Anette Delgado, ambos realizaron una sublime y convincente interpretación.

A lo largo de 15 días, en un país en el que el ballet es tan importante para sus habitantes como el fútbol para los europeos, se han desarrollados numerosas actuaciones, principalmente de obras del repertorio  clásico de las que el Ballet Nacional de Cuba es maestro indiscutible.  

Viengsay Valdés en La Bella Durmiente.
Foto: Josep Guindo
Hay que destacar dos representaciones de  La bella durmiente, la primera con Viengsay Valdés y Víctor Estévez en los papeles principales y otra interpretada por Yanela Piñera y Arián Molina. En este Festival, Viengsay Valdés ha sido la  reina absoluta por su impecable virtuosísimo y personalidad escénica, seguida muy de cerca de Yanela Piñera una bailarina a la que a su excelente técnica hay que sumarle una sutileza y versatilidad dramática que logra emocionar al espectador. Ambas bailarinas estuvieron sublimes en la coreografía de Annabelle López Ochoa, Celeste una de las perlas de este Festival.

Éxito de la coreografía Celeste de Annabelle López Ochoa.   

La fascinación que la coreógrafa belga colombina, Annabelle López Ochoa, siente por el Concierto para violín y  orquesta en Re Op.35 de P. I. Chaikovski le ha llevado a crear una pieza neoclásica interpretada por tres mujeres y  diez hombres, es una obra dinámica y expresiva en la que la silueta de las  mujeres simbolizan las cuerdas del violín,  mientras que los hombres son la noche. Tras la representación, sectores del público comentaban que este estilo de coreografía debería marcar  el camino a seguir  por el Ballet Nacional de Cuba en un futuro inmediato.

Brooklyn Mack en Espartacus. Foto Josep Guindo

Vistosos y siempre entretenidos resultaron  los programas   La magia de la danza y Programa Concierto, antologías de la danza en la que se pueden apreciar escenas de ballets como Giselle, La bella durmiente, Don Quiote, El lago de los cisnes, Cascanueces,  Coppélia y Sinfonía de Gottsschaik por citar las más relevantes.  En este apartado tenemos que destacar de nuevo a la espectacular bailarina cubana Viengsay Valdés  y al bailarín norteamericano, Brooklyn Mack del Ballet de Washingtong, su magnífica interpretación del paso a dos de Don Quijote hipnotizó  la retina del espectador. Viengsay a su impecable técnica le sumó su pasión interpretativa que sedujo al público desde el momento de su aparición en escena, por su parte Mack supo dar a sus espectaculares giros y elevados saltos el sentimiento que le convierten en un convincente bailarín de repertorio y le alejan de las interpretaciones circenses. 

Alicia Amatriaín y  Alexander Jones en  Aus Holberg Zeit.
Foto: Josep Guindo
Otra de las parejas más aplaudidas fue la formada por la excelente bailarina española Alicia Amatriain y Alexander Jones  del  Ballet de Stuttgart que realizaron una inolvidable interpretación en Aus Holbergs Zeit, una coreografía  de John Cranko y música de Edvard Grieg. Fue un agradable descubrimiento el bailarín español Ciro Tamayo, del Ballet Nacional de Uruguay, que estuvo magnífico en el paso a dos de El Corsario junto a María Ricetto.

Otra de las perlas de este Festival era  El lago de los cisnes con coreografía de Alicia Alonso sobre la original de Marius Petipa e Liv Ivanov con música de P. I Chaikovski, interpretada por el Ballet Nacional de Cuba y con Viengsay Valdés e Ivann Putrov en los papeles principales. El  ucraniano Putrov es un bailarín elegante con una sólida técnica. Tras pasar por el Royal Ballet ahora se considera un bailarín freelance y es figura invitada en las grandes compañías, si bien a él le gusta producir sus propios espectáculos y adentrarse en programas de danza contemporánea. El día de la representación Putrov estuvo correcto pero no deslumbró, le faltó seguridad. Sí brillaron en El Lago de los cisnes, el día siguiente los bailarines cubanos Yolanda Correa y Joel Carreño, en la actualidad primeras figuras del Ballet Nacional de Noruega.  

El Bolero de Galguera decepciona 

Xiomara Reyes y Yoel Carreño entre otros artistas invitados
al Festival. Foto: Cristina Ribé
Una de las coreografías más esperadas del 24 Festival de Ballet de la Habana, era Bolero con música de la célebre partitura de Maurice Ravel firmada por el bailarín y coreógrafo cubano, Gonzalo Galguera  e interpretado por el Ballet de Camagüey. Galguera es en la actualidad el director artístico del Ballet de Magdeburgo de Alemania para el que ha creado su versión de  ballets clásicos como Romeo y Julieta, El Cascanueces y El lago de los cisnes,  y  también diversas coreografías de corte contemporáneo como Beauty Instic o Instante o piezas de línea sinfónica como la que creó con La Cuarta Sinfonía de Frank Shubert. Sin embargo su Bolero, interpretado por hombres que bailan alrededor de una mujer, una diosa oriental en este caso, decepcionó por falta  de originalidad ya que ere muy evidente en su trabajo la influencia de la mítica coreografía de Béjart.

En cuanto a las compañías extranjeras invitadas tuvieron una actuación discreta el grupo norteamericano de danza contemporánea Pontus Lidberg Dance  y el Ballet Hispano de Nueva York. Al igual que los componentes del Ballet de la Ópera de Niza que bailaron La pavana del moro con coreografía de José Limón y música de Henry Purcell.  

Triunfo de Joaquín de Luz en la gala final

Alicia Alonso en la Gala Inaugural con José Manuel Carreño
y Dani Hernández. Foto: Josep Guindo
El 24 Festival Internacional de Ballet se clausuró con una trepidante Gala en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, que reunió  destacadas figuras de la escena internacional y cubana. El acto contó con la presencia de Alicia Alonso, que al final de la función, aclamada por el público, y sostenida por los bailarines José Manuel Carreño y Dani Hernández,  regaló al público un inspirador port de bras.

La  estrella de la noche fue Joaquín de Luz, el excelente  bailarín español, hoy primera figura del New York City Ballet, que deslumbró en el solo Cinco variaciones sobre un tema, una coreografía del mexicano David Fernández con música de Bach. De Luz sumó a su depurada técnica su estilo pendenciero y seductor que cautivó al público. Su interpretación junto a Ashley Bouder en Other Dances de Jerome Robbins con música de Chopin también fue una de las coreografías más aplaudida de la noche. 

Otra de las parejas más aplaudidas fue la formada por Yanela Piñera y Camilo Ramos en el bello y expresivo  paso a dos de Espartaco con la bella música del compositor armenio Aram Kachaturian y coreografía Azari Plisetsky.  Ambos bailaron compenetrados y exhibieron su gran dominio técnico. 

Joaquín de Luz en Cinco variaciones sobre un tema.
Foto: Josep Guindo
Otras de las interpretaciones  más destacas fueron las de Aki Saito y Win Vanlesses del Royal Ballet de Flandes en Love Fear Loss, un paso a dos con coreografía de Ricardo Amarente y música de Charles Dumont. Tango, una creación de Lidia Segni con música de Astor Piazzola que bailó el Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Aires, levantó pasiones la interpretación del bailarín cubano Javier Torres, hoy solista en el Northerm Ballet, del solo  La muerte del  cisne, con coreografía de Michel Descombey y música de  Camille Saint-Saëns.   


Durante este 24  Festival Internacional de  ballet de La Habana, concretamente el día 31, falleció el coreógrafo cubano Iván Tenorio a los 73 años, autor de coreografías tan conocidas como Fedra, La casa de Bernarda Alba, Teseo, Los amantes de Verona y Viva Lorca.   

Actividades colaterales: Exposiciones de fotografías y homenaje a Fernando Alonso

Tres exposiciones de fotografía se han inaugurado en este 24 Festival Internacional de Ballet de la Habana, una de ellas,  a cargo del catalán Pere Artal que, en el vestíbulo del Teatro Mella, recoge las actuaciones de otros Festivales de la Habana  en los que se ve a la bailaora española María Pagés, al cubano Carlos Acosta y a Vladimir Malakov entre otros.

Clase con Aurora Bosch. Foto: Josep Guindo

Otro catalán el cardiólogo, José Guindo, ha presentado, en el vestíbulo de la Sala Covarrubias del Teatro Nacional, una exposición del homenaje que recibió Alicia Alonso, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla el 2 de noviembre de 2013, con motivo de la celebración de los 75 años de su debut en el ballet Giselle.

Por su parte el joven cubano  Javier Núñez Castillo, ha realizado un grupo de fotografías bajo el título Shakespeare a través del lente, en el que muestra, en el vestíbulo del Teatro Mella, fotografías del ballet Shakespeare y sus máscaras.

También se han celebrado una Jornadas dedicadas al desaparecido Fernando Alonso, cofundador del Ballet Nacional de Cuba junto a Alicia Alonso, en ocasión del centenario de su nacimiento.  El homenaje ha consistido en unas clases magistrales a cargo de grandes figuras de la danza, que se han impartido en la Escuela Nacional de Ballet de la Habana, que dirige Ramona de Sáa. La primera de ellas fue a cargo de Julio Bocca, y le siguieron Eric Vu An, Xiomara Reyes, Cyril Atanassof, José María Carreño, Marta García y Orlando Salgado.

El apasionante camino hacia las  clases en la sede del Ballet Nacional de Cuba

Viengsay Valdés e Ivan Petrov ensayando El Lago.
Foto: Josep Guindo
Para el ciudadano de a pie Cuba es la isla mágica que ha atraído a viajeros en todas las épocas. La musa que ha inspirado a compositores y poetas durante siglos. La tierra mítica de millones de emigrantes, pero también el destino de miles de esclavos. Cuba es sufrimiento y placer, luz y oscuridad, riqueza y pobreza. Cuba es vida, y para el balletómano además es danza, vida al fin. 

Todos estos pensamientos me asaltan mientras camino desde hotel, donde estoy hospedada durante mi estancia en La Habana,  a la sede del Ballet Nacional de Cuba, les  separan escasos metros. El hotel y la sede están en el Vedado un barrio de La Habana, lejos de los centros turísticos. El camino es una prueba de fuego  ya que hay socavones, charcos, adoquines rotos y un largo etc.,  dificultades que una cree debería sortear bailando a base de  ejecutar  grands jetés, piqués   y piruettés. El azul del cielo de la Habana a las nueve de la mañana es intenso, no hace ni frio  ni calor. Si miró hacia atrás veo la inmensidad del mar. Hipnótico el color de las casas que se alinean a lo largo del camino, algunas son majestuosas, otras están  en ruinas, sorprende la variedad de sus tonos. Ellas junto a   la vegetación que nace en libertad y la simpatía de sus  gentes hace de este trayecto una fiesta para los sentidos.

Al llegar a la sede empieza el conflicto ¿qué clase quiero ver?, en una Aurora Bosch, excelente bailarina y hoy reputada pedagoga reclamada por las mejores compañías internaciones de danza,  está ensayando con Yanela Piñera y Arián Molina el paso a dos de Bella Durmiente. En otra, la maestra Stvetlana Ballester, una mujer gruesa, pero con una agilidad apabullante, da clase a los miembros del Ballet Nacional de Cuba entre los que también encontramos a los bailarines internacionales invitados, así vemos a Joaquín de Luz,  Ivan Putrov, Brooklyn Mac,  Daniel Proietto, Liu Miaomiao y Li Lin, entre otros. 

Numerosos asistentes a las clases. Foto: Cristina Ribé

La clase tiene unos grandes ventanales con cristales azulados que dan a la clase un color mágico. Opto por ir alternando de una clase a otra. El tiempo vuela. El teclear del piano, el  olor a resina y las correcciones a los bailarines hace que te olvides de todo y te conviertas en uno de ellos, pasas a formar parte de la vida de la danza. Hipnóticos développés y arabesques. Cisnes, príncipes y princesas con mallas de colores, sudando y riendo como seres mortales. Esta experiencia  es una de las mejores actividades   que te brinda el Festival. 

Asisto también  a un ensayo de Viengsay y Petrov, bailan el paso a dos de El lago de los cisnes. Ambos ríen y se muestran cómplices, la bailarina cubana se muestra indulgente y generosa con Petrov le explica como cogerla, es la primera vez que  bailan juntos  y están buscando la forma de acoplarse.

 
Amaya Rodríguez. Foto: Josep Guindo
Converso brevemente con Aurora Bosch, es una mujer inteligente y discreta, ella junto a otras dos grandes bailarinas cubanas, Loipa Araujo y Josefina Méndez, formaban el triunvirato que, según se decía años atrás, tenía que ser el relevo de Alicia Alonso en la dirección del Ballet Nacional de Cuba, pero todo quedó en un rumor. Me confirma que sí que existió esta idea pero que quedó en nada y ahora es tarde. 

Ella se siente mayor. Loipa está trabajando con Tamara Rojo en el English National Ballet y Josefina falleció. Aurora apunta que también se rumorea que el bailarín cubano Carlos Acosta, que ha realizado toda su carrera profesional en compañías extranjeras podría suceder Alicia, pero todo son rumores afirma Aurora. El historiador de danza Miguel Cabrera se une a la conversación,  cree que la sucesión de Alicia no será traumática, tiene una postura optimista ante lo que vaya ocurrir.

Regreso al hotel consciente de que he vivido unos instantes únicos e irrepetibles. 




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