martes, 5 de mayo de 2015

Festival de Ballet en Munich

El Ballettfestwoche (Semana del Festival de Ballet), de Munich ha tenido lugar entre el 18 y el 26 de abril en Munich. Resulta un auténtico placer asistir al Ballettfestwoche en el Nationaltheater de la ciudad alemana. Se trata de un evento anual  en el que, durante nueve noches, la compañía de danza del teatro realiza representaciones de variado contenido y estilo, cada día un programa diferente. Asimismo, en cada edición un grupo externo participa como invitado y presenta un espectáculo propio. En esta ocasión fue el Gastpiel Ballett am Rhein, de Düsseldorf.

Ekaterina Petrina y Tigran Mikayelyan. (Foto: Wilfred Hösl)

Cristina Ribé
El director del Ballet de Munich, Ivan Liska, fue durante muchos años solista principal en varias compañías europeas, cabe destacar el Ballet de Hamburgo donde, a lo largo de los casi veinte años que permaneció allí, trabajó profundamente las numerosas coreografías de John Neumeier. Es un gran conocedor del mundo de la danza y ello se refleja en todas las producciones que, año tras año, presenta en el Festival. Su gran rigor, espíritu de trabajo, disciplina y empatía le hacen rodearse de un equipo excepcional y de un extenso grupo de bailarines de una gran calidad que, en todas y cada una de las representaciones, dan el máximo y ofrecen a la audiencia un espectáculo único.

Por tratarse de un Festival muy extenso, centraré esta crónica en las dos producciones que considero más importantes: Por un lado, El sueño de una noche de verano, basado en la obra de William Shakespeare, e interpretado por el Ballet de Munich. Balanchine coreografió el primer ballet original con música de Mendelson en 1962 para el New York City Ballet. Esta versión que nos ocupa corresponde a la particular adaptación de John Neumeier en 1977.

Ensemble de El sueño de una noche de verano. (Foto: WH)
El primer acto cuenta la historia  de varios  amantes, el sueño de una de ellas, sus intrigas y  malentendidos debidos a una mágica pócima de amor que es erróneamente utilizada. Se entremezcla la realidad con el sueño y la aparición de unos seres extraños, fantasmagóricos que inundan la escena con movimientos mecánicos, más propios de humanoides futuristas que de duendes del bosque.  Hay un gran contraste entre las músicas de ambas situaciones y asimismo las líneas coreográficas son absolutamente diferentes… Siempre en un tono de comedia, con humor en muchos momentos, con diferentes grupos de bailarines en escena realizando movimientos totalmente diferentes, elevaciones, saltos imposibles, lifts muy complicados… Ilia Sarkisov, en el rol de Puck, nos deleita con una actuación extraordinaria. Gran potencia de salto y exacto dominio de la coreografía, unidos a una mímica perfecta…
En el segundo acto ya todo vuelve a la realidad, bellísima escenografía para las bodas de las tres parejas,  destacar también los largos y muy difíciles portés, típicos de Neumeier, muestra de la gran calidad de todos los bailarines.

Daria Sukhorukova en Paquita. (Foto: WH)
Paquita, interpretado igualmente por el Ballet de Munich fue otro de los espectáculos a destacar. Recreado en la España de la invasión napoleónica, cuenta la historia de una muchacha de alcurnia -Paquita-, separada de su familia desde muy pequeña. La joven vive con un grupo de gitanos y se enamora de un apuesto oficial francés, Lucien, a quien ella salva la vida. El amor correspondido acaba en boda después de una serie de divertidos enredos. La versión que nos ocupa es del coreógrafo Alexei Ratmansky  a partir de la que realizó  Marius Petipa  en 1881. Respetando siempre los valores post –románticos de Petipa, Ramansky revitaliza el ballet dándole dinamismo, energía, re-imagina cada rol añadiendo cualidades personales que hacen brillar al personaje de una manera más fresca. Es cierto que se trata de un “Ballet-Pantomima”, por lo tanto  predominan los gestos con las manos, la cabeza, las gesticulaciones… los bailarines se convierten en actores de mímica, pero ¿cómo explicar los sentimientos, los pensamientos, los deseos… sin palabras?
Los roles masculinos están en un segundo plano, únicamente en dos momentos concretos tienen un lucimiento personal. En el Pas de trois  del primer acto Adam Zvonar nos deleita con una larga serie de entrechats y entrechat cinqs… finalizando con unas deliciosas cabrioles y brisés.

Tigran Mikayelyan. (Foto: WH)
De parecidas características es la difícil variación de Tigran Mikayelyan  (Lucien) Es gratificante ver que está ya totalmente restablecido de la lesión que le mantuvo fuera de los escenarios tanto tiempo.
La base clásico-rusa de Daria Sukhorukova, en el rol de Paquita, hace que sus pasos fluyan de forma natural, todo en ella parece fácil, nada es forzado ni artificial… domina la coreografía de Petipa  perfección
El Grand pas, magistral pieza coreográfica del segundo acto exhibe todas las posibilidades del virtuosismo enriquecida por combinaciones plenas de sugestión y destinada al total lucimiento de los artistas.
La producción es extraordinaria. Jérôme Kaplan realiza unos magníficos diseños del vestuario, fieles a la época pero a la vez con una gran frescura y colorido, muy típicos de Ratmansky. Así mismo, unos bellos  decorados  muestran  la calidad y categoría del National Staatsoper.

Alumnos de la Academia del BM en Paquita. (Foto: WH)
Solo teatros con grandes presupuestos pueden aspirar a presentar excepcionales producciones como Paquita o El Sueño de una noche de verano…,   todo un lujo para los amantes del ballet. Esperemos que algún día nuestro querido Liceo nos regale alguna joya de repertorio poco vista en nuestro país y convencer así a la audiencia de que existen muchísimas obras de gran belleza  además de El lago de los cisnes, Giselle o El cascanueces…

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