viernes, 23 de diciembre de 2016

Presentación del Ballet del Sodre en el Liceu

María Riccetto y Gustavo Carvalho, Franz y Swanilda.
Foto: Antonio Bofill

Para su única programación de ballet de la temporada, el Gran Teatre del Liceu nos ha presentado al “nuevo” ballet del Sodre. Nuevo, porque bajo la dirección de Julio Bocca, esta compañía de más de ochenta años de historia, brilla como nunca y nos brindó una deliciosa Coppélia en todos los sentidos.

Carolina Masjuan

Y cuando decimos en todos los sentidos es porque todo, absolutamente todo, alcanzó un nivel de sacarse el sobrero. Se trata de una producción amena, rica, deliciosa, tanto en la parte de baile como en la pantomima, el vestuario de José Varona es colorido, elegante y armónico, el decorado, también de Varona, rico en matices y muy bien conseguido, la adaptación coreográfica de Enrique Martínez de 1968, brillante, pero sobretodo esta compañía admira por sus bailarines y por la gran calidad como conjunto que ha logrado Bocca con su dirección en los apenas cinco años que la dirige. Jovencísimos todos, la función del día 20, que clausuraba su estancia en el Liceu, se vivió de forma absolutamente festiva y con gran entusiasmo.

Maria Riccetto, Swanilda y sus amigas.
Foto: Antoni Bofill
Ariele Gomes y el malagueño Ciro Tamayo, a quien hemos ido siguiendo desde que ganara el premio en el primer Certamen Internacional de Danza Ciutat de Barcelona, nos brindaron una Swanilda y un Franz muy convincentes. Jovencísimos ambos, llenos de talento, poseen un gran potencial y ya ahora abordaron los exigentes roles principales con seguridad y maestría. Danza ágil y delicada la de Ariele y salto potente el de Ciro con una pantomima excelente en ambos, sacando sonrisas y despertando las simpatías del público. Artistas que trascienden y enamoran.

Daniel Galarraga como Doctor Coppélius, Nicolasa Manzo y Lucas Enri, solistas en la Mazurca, Vanessa Fleita en las Czardas, Paula Penachio como Aurora y Nina Queiroz en la Pregaria, fueron los otros solistas destacados de la noche del 20.

Pero aparte de los solistas, la gran mención que merece esta función debe ser para el cuerpo de baile. Milimétrica ejecución en todas las danzas, simetría, calidad, y un tercer acto absolutamente embriagador. Portés perfectamente ejecutados, líneas espectaculares, una presentación de una gran belleza que guardaremos en la retina mucho tiempo.

María Riccetto y Daniel Galarraga. Foto: Antoni Bofill
Tampoco hay que olvidar el estupendo papel que jugó la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu, dirigida por Martín García que sonó magnífica y supo adecuarse tan bien a los tempi de los bailarines. ¡Una gran noche!

Y eso que cuando una leyó que se programaba Coppélia debe confesar que se sintió bastante decepcionada. ¿Coppélia? Sí, en el Liceu la última Coppélia que vimos data de muchos años atrás, cuando con el teatro recientemente quemado, vimos la versión de Roland Petit con una sublime Lucía Lacarra en el Teatre Victoria, pero Coppélia nos la trajeron recientemente en Cataluña el Ballet de Cuba, el English National Ballet, y a otro nivel, evidentemente, la versión para sus alumnos de formación del CDC, así que pensamos ¿por qué no traer al Ballet del Sodre con, por ejemplo, Onegin, que también figura en su repertorio y no se ha visto en Barcelona? –lo trajo Porta Ferrada con el Ballet de Munich hace años pero no era en un teatro cerrado- Los trabajos de Cranko, MacMillan, son apenas vistos por aquí y es obligación del Liceu programar diversidad para poder ir formando público y permitirle apreciar los distintos estilos que el clásico puede ofrecer.

Vanessa  Fleita como Aurora. Foto: Antoni Bofill
Aunque no olvidemos que lamentablemente, en el Liceu, más que en ningún otro teatro de su categoría del mundo, el ballet es la Cenicienta de las artes, no se le valora, no se le tiene en cuenta. Sólo tres programas esta temporada y uno de un grupo de bailarines aún en formación como es IT Dansa, que está muy bien que tenga su espacio en el Liceu, pero que no es de recibo programar como propuesta de la temporada y menos siendo ésta tan escasa y cuando nos dan, completando la propuesta, un Angelin Preljocaj que veremos con interés pero que dado la mínima programación, no dudaríamos en sacrificar en aras a tener más clásico.

Eso sin decir, una vez más, que no entendemos cómo un teatro de ese nivel y esas características, no tiene una compañía propia. Montevideo, su Presidente, Enrique Mujica corrió a contratar, antes de que se le adelantaran, a Julio Bocca para re-vitalizar el conjunto del Sodre (Servicio Oficial de Difusión Radio Eléctrica) que arrancó en noviembre de 1935 y que había sido un referente de la cultura uruguaya y motor de la danza local, hasta que en 1971 un incendio devastó el teatro. Aquí, en cambio, otro bailarín de indiscutible valía y prestigio, compañero como Principal en el American Ballet Theater de Julio Bocca presentó una atractiva y suficientemente estudiada a nivel económico propuesta y apenas si le quiso ni siquiera escuchar.

Y es aún más incomprensible si se recuerda que no hace tanto ya la tuvo. Una compañía cosechando éxitos por toda Europa, generando afición y dando un sentido al Liceu que se erigía como templo de la cultura catalana, estrenando ballets creados por coreógrafos de aquí, con música compuesta por compositores de aquí, bailados por bailarines de aquí, formados por escuelas de aquí y que era seguida en la temporada de danza que transcurría en primavera y parte del verano por numeroso público local y foráneo.

Coppélia por el Ballet del Sodre. Principales y
Cuerpo de Baile al final del tercer acto.
Foto: Antoni Bofill

Ahora él, Ángel Corella triunfa en Filadelfia dirigiendo el Ballet de Pensilvania. Una pena en todos los sentidos, cultural, por todo lo que nos ofrecía y que demostró con creces el tiempo que le dejaron, y económica, por la rentabilización que su ballet supondría para el Liceu y para Barcelona toda.

En la rueda de prensa ofrecida por Julio Bocca, la ex estrella del ABT comentó que su objetivo era llevar esta formación hacia ocupar un puesto entre los 10 mejores ballets del mundo.

La formación se compone de unos setenta bailarines, entre ellos, la bailarina uruguaya Maria Riccetto, conocida en Barcelona ya que bailó de la mano de Ángel Corella de quien fue compañera, al igual que de Julio, en el ABT. La mitad del elenco es, como ella, autóctona del país, el resto procede de todas partes del mundo.

María Riccetto y Gustavo Carvalho, Franz y Swanilda.
Foto: Antonio Bofill
Julio está satisfecho con la evolución de la compañía hasta la fecha. Tienen muchas peticiones para actuar en el extranjero y de hecho ya están preparando actuaciones en el Festival de Danza de Cannes, la Ópera de París o el Covent Garden de Londres.

Para 2018 preparan una nueva producción de La bella durmiente dirigida por Mario Galizzi y vestuario de Ágata Ruiz de la Prada. Y para 2019 una nueva Cenicienta  de Denis Volpi, residente en el Ballet de Stuttgart. En 2017 estrenarán obras contemporáneas creadas por bailarines de la compañía.

Julio considera que hay que tener en cuenta el contemporáneo, pero afirma que el Ballet de Sodre es clásico porque él lo es y es el estilo que más le gusta. En los cinco años que lleva a su frente, ha conseguido cambiar el perfil de esta compañía que conmemoró el año pasado su 80º aniversario con esta producción de Coppélia. Desde su llegada la compañía transmite otra energía, con bailarines muy jóvenes pero de gran calidad y ha logrado conectar muy bien con el público y ampliarlo, yendo desde los 4 a los 80 años.

Comentó que en Uruguay no es raro encontrarse en un espectáculo de danza al mismo grupo de amigos que va a ver fútbol. La apuesta de este pequeño país de tres millones y medio de personas por la danza está dando frutos. El Ballet Nacional Sodre ha atraído en el último lustro a medio millón de espectadores y realizado 334 funciones en Uruguay y 50 en el extranjero. Entre los 30 títulos estrenados la mitad han sido grandes producciones, con muchos títulos clásicos como 'El lago de los cisnes', GiselleLa Bayadera y Don Quijote.

Toda la compañía en los saludos finales con Julio Bocca y Martín García.
Foto: Antoni Bofill

Ahora la compañía de Julio Bocca se va a Madrid con dos programas distintos, la propia Coppélia y un programa neoclásico con obras de Kilian y Duato que tuvimos el privilegio de verles ensayar la mañana del 20 en el Liceu. No se lo pierdan, ¡no se arrepentirán!

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