lunes, 13 de febrero de 2012

El Barcelona Ballet agota todas las localidades en sus cinco funciones en el Liceu


Momoko Hirata y Ángel Corella (Foto: A. Bofill)

A pesar de que la actuación estelar de Sarah Lane como artista invitada, no se conoció hasta el último momento, Ángel Corella demostró que el ballet de repertorio es apreciado en Barcelona, la ciudad que él adora y donde cuenta con un público fiel. Esperemos que los políticos tomen nota y actúen en consecuencia. 

Carolina Masjuán

A fuerza de repetirlo tal vez alguien escuche, no vamos a cansarnos de valorar, admirar y defender a Ángel Corella en su lucha para conseguir que por fin haya una compañía como ésta en España. Tanto tiempo reclamándola y ahora que la tenemos, sobrevive por su tozudez y a base de esfuerzos personales excepcionales. En la rueda de prensa en el Liceu, Ángel Corella informaba que se habían instalado definitivamente en Barcelona y que la compañía pasaba a llamarse “Barcelona Ballet”. Tras estas funciones apoteósicas en el más prestigioso teatro de la ciudad y uno de los mejores del mundo ¿cómo no se corre a cerrar el trato? ¡Queremos leerlo ya! Desde luego en el extranjero no entienden a los españoles y mucho menos a los catalanes en particular, teniendo como tienen en bandeja, disponer de la mejor compañía de ballet del país, como embajadora cultural para que les represente. 

Dignidad, rigor, elegancia, inteligencia, son los adjetivos utilizados por los críticos de las más prestigiosas revistas de danza del mundo, que ya han podido disfrutar de esta adaptación de El Lago de los Cisnes, revisada por Corella. La obra ha sido recortada pero sin restarle un ápice de su maestría, conservando aquellas partes más emblemáticas y que permiten un mayor lucimiento de los bailarines y permitiendo seguir sin confusión alguna el desarrollo de la trama. La versión en sí es un mix anglo-americano, sin bufón, con lo que Beno baila más y donde Von Rothbart también tiene su parte de danza.

Adaptaciones ha habido muchas a lo largo de la historia, unas más celebradas que otras, unas más rigurosas con la esencia de la coreografía que otras, unas más respetuosas con el significado de la historia que otras, pero la de Ángel Corella es una adaptación clásica respetuosa con la esencia y con la trama, especialmente pensada para el público de hoy en día, sobre todo para el público español poco habituado, excepto los balletómanos de pro y algunos profesionales del sector, a los grandes ballets del repertorio y a los que sin una educación de base, la obra original podría resultarles demasiado larga. 

Ángel y Sara en el momento del saludo (Foto: A. Bofill)

Nos gustó disfrutar de la presencia de Sarah Lane, significó una oportunidad única que nos ofreció Ángel Corella de poder apreciar a una de las solistas del prestigioso American Ballet Theater, escogida para bailar el papel de Nina en la aborrecible para unos y aclamada para otros, Cisne Negro. La polémica estalló cuando Natalie Portman logró hacerse con el Óscar y su enamorado marido, el bailarín y coreógrafo Benjamin Millepied aseguró que su amada era quien hacía un 90% de las escenas de baile, algo que cualquier aficionado medio puede entender que es absolutamente imposible y que Sarah Lane, en defensa de su profesión, se apresuró en desmentir. Sus valientes declaraciones le valieron la antipatía de Hollywood pero el reconocimiento de sus colegas. Casada con el bailarín español Luis Ribagorda, la bailarina americana, confesó que era la primera vez que abordaba el papel en la obra entera y se mostró entusiasmada de hacerlo con Ángel Corella por quien siente gran admiración y agradecimiento.  

Sarah tiene unas hermosas líneas y su partenariado con Ángel funciona muy bien. Convenció en su interpretación, aunque como Odette no consiguió aportar al rol todo el lirismo deseado. Su cisne negro fue mucho mejor, su seguridad y una actitud desafiante permitieron apreciar su Odile por otra parte de técnica sin falla

El von Rothbard de Aaron Robison, espectacular, como ya nos tiene habituados este bailarín, sea lo que sea lo que baile. Momoko Hirata con Kazumi Omori y Kirill Radev, nos ofrecieron una bella representación del Pas de trois. Mientras que en el tercer acto, la danza española fue interpretada, y así sería en todas las funciones, por unas siempre seguras Cristina Casa y Ana Calderón en buena armonía con Ion Igarretxe y Carlos Taravillo.

María José Sales es una bailarina que nunca pasa desapercibida, delicada y emotiva, fue un cisne grande ideal. Sus bellas líneas y su expresión atrapan inmediatamente. En cuanto a los cuatro cisnes, en ese momento tan importante de coordinación extrema no hay que jugársela y Ángel Corella apostó por sus mejores bazas: Ana Calderón, Cristina Casa, Leire Cabrera y Carla López. Impresionantes. Gran ovación en cada una de las funciones, totalmente merecida.

Después de la primera actuación, la voz corrió y nadie quería perderse ni el ballet ni la compañía. Mientras que en la web se anunciaba que sólo quedaban pocas plazas con visibilidad reducida, se formaban largas colas en taquilla para intentar hacerse con una entrada. Así que el Liceo se encontró con la totalidad de las entradas agotadas para cada función, algo sobre lo que debería reflexionar.
 

Fue una lástima que el bailarín noble y elegante que es Fernando Bufala se lesionara el año pasado y no pudiera bailar Sigfrido, pero en proceso de franca recuperación y deseoso de estar ya en escena, nos ofreció un fantástico tutor. Dependiendo del día, Cristina Casa y Ana Calderón, de nuevo estas dos solistas que son un gran activo en la compañía, lograron un gran momento de regocijo con su juego algo desalmado pero simpático que les valía la regañina del príncipe.
 El público celebró esos momentos de hilaridad.

Carmen Corella, Dayron Vera y cuerpo de baile (Foto: A.Boffill)
Para la noche del viernes y la matinée del sábado, Odette/Odile y Sigfrido fueron Carmen Corella y el cubano Dayron Vera, dos bailarines principales de la compañía que con sus tablas y experiencia, consolidaron el éxito ya conseguido con la première. Lamentablemente no pudimos asistir a ninguna de estas dos funciones. 

El sábado por la noche llegó una de las funciones más esperadas para los que siguen la compañía. Debutaban en los papeles principales Momoko Hirata y Aaron Robison, ex bailarines del Birmingham Royal Ballet y ascendidos a principales en el entonces Corella Ballet Castilla y león, el año pasado. Y no desmerecieron. Aaron, impresionante, con esa sólida técnica que con su planta destaca aún más, hizo las delicias del respetable aunque quizás le falte algo más de soltura en la pantomima. Momoko por su parte, superó cualquier expectativa. Con una musicalidad extrema, el público sucumbió nada más apareció en escena. Posee la gracia, la ligereza, el sentimiento, del cisne blanco, con sus puntas de acero y sus brazos flexibles e irreales, consigue hacernos creer que es un cisne. En el tercer acto sigue el juego a von Rothbard, para engañar a Siegfried  con la seguridad de una Odile majestuosa de cinismo. Gran virtuosismo ambos en el gran pas de deux del tercer acto, con giros y fouetés impecables.
 

Pero la representación de referencia y que sin duda permanecerá en la memoria de todos los que pudimos verla, fue la de la tarde del domingo. Para concluir la serie fueron Ángel Corella y Momoko Hirata quienes se pusieron en la piel de un príncipe y una princesa como se ve con poca frecuencia. Ángel Corella brilla en un papel que conoce a la perfección. Es Sigfrido, atormentado, que quisiera complacer a la reina, su madre, pero que no consigue encontrar una princesa a su gusto. Siegfried, que solicita respetuosamente el consentimiento a su tutor para salir de caza con sus amigos pero que se siente desbordado por la belleza de Odette, sucumbiendo irremediablemente a su encanto. Su sufrimiento y su turbación se perciben en cada gesto, en cada movimiento. El paso a dos del cisne blanco es un regalo de emoción y belleza. Si su baile es impecable, con giros rápidos y saltos largos, altos y elegantes, es su presencia escénica la que deja sin aliento y con Momoko, siempre tan conmovedora, arrebatador.
 

El cuarto acto es muy corto pero de una exquisita belleza. El cuerpo de baile está realmente fantástico. En el momento del desespero de los amantes y su posterior suicido, con von Rothbard de testigo y artífice del fatal desenlace, más de uno se encontró con sus ojos humedecidos. Así lo confesaban algunos de los asistentes de ambos sexos, al abandonar el teatro tras la función.

Jonathan Díaz consiguió estar a la altura en la difícil tarea de sustituir a Aaron como von Rothbard. Bailarín de bella planta, con una línea elegante y una danza de hermosa factura, ofreció un hechicero remarcable. Es realmente un placer observar el progreso de los bailarines y su crecimiento como artistas, de la mano del director y los profesores de la compañía.
 
También cabe mencionar a Alejandro Virelles, quien recientemente se unió al elenco desde el Ballet de Cuba. Él nos ofreció un convincente Beno. Yuka Iseda, ya sea en el paso a tres o como cisne grande, es una bailarina a no perder de vista. 

El fantástico cuerpo de baile del BB rodeando a  Corella (Foto: A.B.)
 Lástima que todo el elenco del Corps, por razones económicas, no pueda ser contratado como fijo, porque el trabajo realizado en apenas un mes de ensayos con las recién llegadas, ha sido verdaderamente notable, lo que demuestra el gran potencial existente. Destacan las bailarinas que aún están o que han formado parte de la compañía durante un tiempo: Tracy Jones, Yoko Callegary, Marta Ludevid, … y vemos con placer a jóvenes catalanes que recién han acabado su formación, como Julia Roca, Yvonne Slingerland u Oriol Figuerola, un placer verles en sus primeras intervenciones como profesionales en el Gran Teatre del Liceu y un auténtico lujo para ellos!

La orquesta del Gran Teatre del Liceu estuvo realmente impecable bajo la dirección de Aleksei Baklan, con una perfecta sintonía de movimiento y sonido indispensable para el lucimiento de la obra. ¡Un gran bravo a todos los músicos que se llevaron asimismo grandes ovaciones! 

Estas actuaciones han confirmado que con esfuerzo, dedicación, tesón, perseverancia, entusiasmo y creyendo 100% en un proyecto, un equipo talentoso y bien dirigido, puede hacer frente a adversidades insalvables para la mayoría de los mortales. Esto es lo que vemos cuando asistimos a las funciones de esta jovencísima compañía. Muy buen trabajo el del maestro y repetidor Alexander Monakhov.

Por unos días los balletómanos catalanes nos hemos sentido como si viviésemos en una capital realmente europea, con una compañía de ballet propia, en el mejor teatro de la ciudad, ofreciendo uno de los mejores ballets de repertorio con todo el rigor que merece. Espero que los responsables culturales tomen nota. 

Una anécdota. El jueves, tras el estreno, una señora comentaba a sus amigas "realmente precioso, aunque creo que Ángel Corella se ha pasado cortando, porque la verdad es que el sólo de la muerte del cisne se echa mucho de menos". Efectivamente hay una gran labor a desarrollar en formación y no sólo entre los jóvenes.



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