miércoles, 23 de septiembre de 2015

Los Cisnes del ENB seducen en Barcelona‏

Alina Cojocaru y Dawid Trzensimiech. Foto: A. Bofill

Tamara Rojo ha vuelto al Gran Teatre del Liceu de Barcelona con el English National Ballet y un Lago de los Cisnes de ensueño después que en 2008 viniera también con la compañía inglesa, esa vez como invitada para bailar el rol de Gisele con José Manuel Carreño también como artista invitado. Mientras, el ENB vino con un programa homenaje a los Ballets Rusos y la bailarina madrileña con el Royal Ballet en el papel de Aurora de la Bella Durmiente. 

Carolina Masjuan

Conocidos pues, bailarina y compañía, del público catalán, ahora, en su doble faceta de directora de una de las compañías inglesas de referencia en el panorama internacional y a la vez bailarina principal de la misma, Tamara ha seducido al público con esta producción de El Lago de los Cisnes que ha agotado las localidades con semanas de antelación.

Tamara Rojo en la rueda de prensa del Liceu.
Muchos pensábamos ¿otro Lago? ¿Es que no hay más repertorio que ofrecer? Y no sólo Corsarios, Bayaderas o Quijotes ¿Qué hay por ejemplo de los Cranko, McMillan, Neumeier, que tan poco se programan por aquí? Y respecto a los ballets del repertorio clásico ¿no es el Lago el que más ocasiones se tiene de ver? Pues da igual, si el Lago de Ángel Corella agotó entradas, ahora de nuevo el Lago del English –que por cierto tiene en su elenco a varios artistas de la malogradamente extinta compañía- lo ha vuelto a conseguir. ¿Tomará nota el Liceu de que sí gusta el ballet clásico en Barcelona? ¿Programará la nueva directora artística más ballet en las próximas temporadas? Por favor, que así sea, se lo pedimos encarecidamente y además se justifica totalmente a nivel rentabilidad, si es que es eso lo que prima ahora.

En la rueda de prensa que Tamara ofreció el martes, acompañada por Christina Scheppelmann, directora artística del Liceu, la artista madrileña respondió a las preguntas de los presentes con esa determinación que la caracteriza y que parece imprescindible para dirigir una compañía de esas características y además conseguir situarla de nuevo en un primer plano, tal y como está demostrado que está consiguiendo.

Nos confirmó que efectivamente debutó en el Liceu a los dieciséis años con la compañía de Víctor Ullate con un programa Balanchine. Se mostró encantada de estar de nuevo aquí, donde hemos tenido la suerte de verla como Aurora con el Royal, o como Giselle con el ENB pero nunca como Odette/Odile. Comentó que ella no suele bailar en los estrenos “como directora de la compañía no me parece correcto hacerlo, además teniendo tan maravillosas bailarinas como Alina, puedo permitirme el lujo de evitar esa presión” comentó divertida. Así pues sólo lo hace cuando se trata de creaciones en que el coreógrafo se ha inspirado en ella para crear la pieza.

Alina Cojocaru, Dawid Trzensimiech y James Streeter.
Foto: A. Bofill

Respecto a los elencos, nos explicó que la noche del estreno (repetirían el viernes) serían Alina Cojocaru ex compañera suya del Royal Ballet de Londres y Dawid Trzensimiech, ambos también “desertores” recientes de la otra gran compañía inglesa, quienes abrirían las cinco funciones previstas. “Ella es muy lírica y él un príncipe muy clásico de líneas muy elegantes” comentó. Así como Alina integra las filas del ENB, Dawid, nacido en Polonia, es actualmente bailarín en el Ballet Nacional de Bucharest que dirige Johan Kobborg, también ex del Royal y pareja de Alina. Si se ha invitado a este bailarín, que ya ha bailado a menudo con Alina, ha sido porque su habitual pareja artística dentro el ENB, el cubano Alejandro Virelles, ampliamente conocido en Barcelona ya que formó parte del Ballet de Ángel Corella, estaba lesionado.

Para las funciones del jueves y el sábado, los protagonistas serían ella misma junto a Isaac Hernández que se ha unido recientemente a la compañía desde el HET National Ballet. Considerado como uno de los artistas revelación recientes, Tamara afirmó que su ascendencia latina brindaba un enfoque distinto del Lago. “Isaac, que es un bailarín mexicano de veinticinco años y yo somos más temperamentales, más latinos”, “me encanta tenerle en la compañía porque es un bailarín muy generoso, siempre dispuesto a ayudar a los más jóvenes, aunque él mismo también lo sea” afirmó.

Alina Cojocaru y los cisnes. Foto: A. Bofill
La tercera pareja, que actuó la tarde del domingo, la formaron la bailarina japonesa Erina Takahashibailarina con una amplia trayectoria en el ENB y principal desde 2007, junto con el joven bailarín cubano Yonah Acosta, sobrino del famoso Carlos Acosta que fue partenaire tantas veces de Tamara en el Royal. «Erina es una primera bailarina con mucha experiencia y Yonah tiene un gran virtuosismo y presencia escénica» dijo de ellos.

Los bailarines de hoy en día son atletas cuyo forma de moverse no tiene nada que ver con la de hace cien años. Más allá de su potencia física, al estar preparados tanto en ballet clásico como en contemporáneo, pueden ofrecen un enorme abanico de movimientos”, comentó Tamara.

Respecto al doble papel del Cisne afirmó: “Personalmente yo no me siento más un personaje que otro. Todos podemos ser Odettes u Odiles”.

¿No está el clásico algo pasado de moda pregunta alguien? Tamara es rotunda: Bailar el Lago es como interpretar a Shakespeare en teatro, los clásicos nunca pasan de moda, se abordan cuestiones universales como el amor, la traición, la envidia y el poder. “Pero como ocurre con las obras de Shakespeare, es necesario adaptar los clásicos a los nuevos gustos, aunque no a cualquier precio”. “También las tragedias griegas siguen representándose ¿no? Y nos emocionamos con ellas, pues lo mismo pasa con los grandes ballets”, concluyó.

Tercer acto del Lago de los Cisnes del ENB.
Foto: Photography by ASH
No se plantea desvincularse del mundo del Ballet, al contrario, considera que igual que a ella le transmitió los roles la generación anterior, también es su misión seguir ese camino e ir pasando su experiencia y conocimientos aprendidos de grandes bailarines/maestros a una nueva generación. De momento le encanta dirigir y ver crecer a sus bailarines y no se plantea dejar de bailar, afortunadamente no tiene que elegir entre una cosa u otra.

Hablando sobre el ballet en España, Tamara confirma que sí hay tradición. De la escuela de María de Ávila (salida precisamente de la compañía que hubo en el Liceu con el maestro Magrinyà) salió una gran cantera de maestros en ballet clásico y clásico español (ella misma es hija de esa escuela ya que su maestro, Víctor Ullate, fue alumno de María de Ávila) y en Madrid la de Carmina Ocaña ha sido la escuela difusora del estilo Bournonville en España. “Alguien debería dedicarse a recuperar todo nuestro legado en ballet, el mismo Petipa estuvo unos años en España y probablemente habría permanecido más tiempo si no le hubiesen gustado tanto las mujeres”, comentó refiriéndose al lío que tuvo el coreógrafo con una señora casada que le obligó a poner tierra de por medio.

Respecto a la música y su relación con los bailarines Tamara cuenta que son ellos quienes deben estar al servicio de la música “siempre bailamos con música en directo, hay un respeto mutuo y un gran conocimiento común”. “El English cuenta con una orquesta de 70 músicos que nos acompañan en las giras y en las representaciones en Londres. El director musical está con nosotros, pendiente de los ensayos y colaborando para que todos, músicos y bailarines, nos conozcamos y vayamos a una”.

Divertida foto de los cuatro cisnes.
Katja Khaniukova, Jung ah Choi, Senri Kou y Adela Ramirez

El Lago del ENB es la versión del coreógrafo y ex director de la compañía Derek Deane, basada en la de Petipa e Ivanov y que conserva las aportaciones del coreógrafo inglés Frederick Ashton.

El inicio es sorprendente, como me comentó mi nieta de nueve años que acudió a la función del domingo “me ha encantado el inicio, te permite comprender mucho mejor la historia y disfrutar mucho más del ballet”. La joven doncella Odette pasea por el jardín y se embelesa con una flor, aparece el malvado Rothbart, la rapta y en cuestión de segundos, por la magia de un imperceptible cambio de vestuario, de vaporoso vestido y diadema de brillantes a tutú y tocado de cisne (evidentemente cambio de bailarina) la convierte en un cisne.

Los actos siguientes siguen el esquema habitual pero adaptados a los gustos modernos, nada falta y nada sobra, la pantomima es excelente, para nada amanerada, todas las danzas son hermosamente bailadas y acogidas con calurosos aplausos por el público. El tutor aporta la nota cómica en sus intentos por sumarse al baile de los jóvenes y el príncipe despide el primer acto con un hermoso y lírico solo.

Los cisnes y Rothbart. Foto: A. Bofill
El cuerpo de baile está sensacional, sobre todo en los actos blancos que es donde se demuestra su nivel y contribuye enormemente al éxito o al fracaso de la representación. Los veinticuatro cisnes del Liceu evolucionaron con una calidad y simetría de movimiento que dejaban sin aliento y emocionaban profundamente por la magia y la belleza que creaban en escena. Un gran bravo a todas y cada una de las veinticuatro bailarinas. Los dos y los cuatro cisnes a la altura, muy compenetradas y acabando de redondear la función.

Tuvimos la suerte de ver a los tres elencos y la verdad es que no se puede elegir. Las tres parejas tienen un nivel técnico apabullante y cada una aporta sus matices, unos preferirán el lirismo de una Alina, una Erina o un Dawid, otros la pasión y el arrojo de una Tamara, un Isaac o un Yonah, pero cualquiera de las tres parejas conmueven, apasionan y convencen. Alina, ya conocida en el Liceu como Nikiya en La Bayadere de la compañía de Ángel Corella, como también en el papel de Aurora de la Bella Durmiente del Royal Ballet, tiene unas cualidades técnicas, gracias a un cuerpo sumamente elástico, que aplica con gran inteligencia, su casi six o’clock en el cisne negro está tan controlado y es tan comedido que resulta sumamente bello. La belleza de sus arabesques y attitudes, su porte y su dulzura, hacen un cisne blanco inolvidable. Su elegante partenaire la complementa exquisitamente. Una pareja de ensueño.

Había visto a Tamara bailar el PdD del cisne blanco en el Palau de la Música hace muchos años y aún lo recordaba perfectamente. Me sorprendió entonces la solidez de sus puntas y en el Liceu me volvió a suceder. Tiene una seguridad tal que parece que esté clavada en el suelo, y luego están sus equilibrios y su perfecta interpretación del personaje tanto como Odette como en Odile donde sus ojos lanzan destellos en su juego perverso con su padre para derrotar a Sigfried. Sus fouettés, como era de esperar, desataron el delirio del público. Isaac Hernández, a sus veinticinco años, posee unas cualidades técnicas admirables y un porte principesco que le consolidarán como un bailarín de referencia.

Los cisnes del ENB. Foto: A. Bofill
La tercera pareja parecía ser de entrada algo sorprendente, Erina una bailarina lírica con larga carrera en el English frente a un joven cubano virtuoso, heredero de las condiciones de su tío, la gran estrella del Royal Ballet Carlos Acosta. Y efectivamente el contraste se apreciaba pero su partenariado funcionó de maravilla y si ya en el segundo acto nos sedujeron, fue en el tercero donde demostraron su gran valía, juntos y por separado. Una pareja de contraste pero no por ello menos atractiva. Un gran placer descubrir a estos dos bailarines desconocidos para muchos de nosotros.

No se nos detallaron el resto de distribuciones pero reconocimos con gran placer a nuestros conocidos,Yoko Callegari, Juan Rodríguez, la preciosa bailarina que es María José Sales, de tan hermosas líneas, en el vals, como cisne, o como princesa del tercer acto. Adela Ramírez, espectacular en el paso a tres del primer acto, en los cuatro cisnes del segundo o en el terceo en las Czardas o super rápida y deliciosa en la Napolitana. Sin olvidar a Fernando Bufala a quien por fin pudimos ver la tarde del domingo bailando el paso a tres. ¡Qué porte!, ¡qué elegancia de baile!, ¡qué limpieza de movimiento! Es tan magnífico bailarín, que fue una lástima no poder disfrutarlo más.

La producción, a pesar de contar, según nos dijeron, con bastantes años, no ha envejecido en absoluto. Los telones son bellísimos, la iluminación impecable y el vestuario delicado, incluso para el malvado Rothbart cuyas alas, manejadas con gran maestría tanto por James Streeter como por Fabian Reimar eran imponentes e impactantes sin caer en el punto kitsch que se ve en algunas producciones.

La orquesta del Gran Teatre del Liceu estuvo magnífica interpretando la preciosa partitura de Tchaickovsky dirigida por los directores titulares de la del English, Gavin Sutherland y Alex Ingram en la tarde del domingo. Música en directo imprescindible para un Lago de estas características.

Saludos finales tras el estreno. Foto: A. Bofill

Otro Lago sí, pero si los Lagos son de este nivel uno no se cansa nunca. Muchos repetimos varias funciones y ya les echamos de menos. Como dijo Tamara “Sheakespeare no aburre”. No, uno nunca se cansa de los clásicos en cualquier manifestación artística, porque lo clásico perdura ajeno a modas y al paso del tiempo. Baile elegante y contenido, emoción en estado puro.

Hablando con los bailarines nos confirman que la actividad es frenética, acaban de representar en Londres el programa mixto que tanto éxito tuvo en Peralada el verano pasado y del que hablamos aquí, vienen a Barcelona con el Lago y ya están ensayando Romeo y Julieta (versión de Nureyev que es la que tiene el ENB en su repertorio) para unas próximas representaciones en gira por UK y que los nuevos bailarines de la compañía deben aprenderse deprisa.....

Vengan de nuevo pronto, estaremos encantados.

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