miércoles, 11 de julio de 2018

La Fille Mal Gardée por el Ballet de la Ópera de París

El Ballet de la Ópera de París en La Fille Mal Gardée.
Fotos de la página FaceBook de la Compañía

Nos fuimos a París para disfrutar de la hermosa ciudad, llevar a las peques de la familia a una función de su ballet preferido y ver de nuevo, tras bastantes años de ausencia, a la compañía francesa ahora con nueva dirección y con algunas de sus recientes étoiles

El repertorio de Ashton es muy difícil de ver por España, como Cranko, McMillan y tantos otros por desgracia, por lo que el viaje a París se confirmó como un acierto también en términos balletísticos. Una función que tanto adultos como peques disfrutamos enormemente. 

Carolina Masjuan 

Germain Louvet en un ensayo.
En nuestras visitas anteriores a la ciudad de la luz en las que asistimos a alguna función de la emblemática compañía, las estrellas eran otras, Agnès Letestu, Marie Agnès Guillot, nuestro José Carlos Martínez, actualmente director de la Compañía Nacional de Danza o Aurélie Dupont, ahora directora del Ballet. Brigitte Lefèvre era su directora por aquel entonces, la sucedió por un breve periodo el mediático Benjamin Millepied para ocupar el cargo su directora actual. Nos encontramos pues, con una compañía distinta tanto a nivel de elenco como de dirección.

El ballet La Fille Mal Gardée, con coreografía de Dauberval y cuyo nombre era entonces Ballet de la Paille, se estrenó en 1879 en Burdeos una ciudad portuaria y de negocios, que contaba con un magnífico Grand Théâtre y que ya tenía entonces una escuela de danza muy reconocida. 

La versión de Ashton (1904-1988), creada en 1960 en Inglaterra aunque él era ecuatoriano y en el repertorio de la Ópera de París desde 2007, se basa en documentos de archivos y a la tradición oral de los Ballets Rusos. Es un compendio de recuerdos revividos por Tamara Karsavina, la partenaire de Nijinsky en la compañía de Diaghilev pero con su aporte personal. 

El libreto es fiel al original de 1803 aunque Ashton le aporta también su toque creativo. Situado en el campo, los telones y decorados muestran influencias de sus pintores preferidos como Gainsborough y de los espectáculos que le gustaron, incluyendo danzas tradicionales inglesas como la de los bastones y la de los zuecos. 

Dorothée Gilbert y personajes principales de la
Fille Mal Gardée. Photo: Francette Levieux
Se trata de un ballet ingenuo, con un uso continuado de las cintas, que conforman unos de los pasajes más exigentes para la bailarina principal. Un ballet familiar que hace las delicias de los niños por los personajes y la historia y también de los adultos que no dejan de valorar la dificultad técnica que supone para los bailarines. 

Lisa empieza su vida adulta desafiando las convenciones sociales de la época y los deseos de su madre de casarla con un rico terrateniente, para intentar hacer su vida al lado del chico al que quiere. Los cachetes de su madre, la presencia de los animales de la granja, el gallo y las gallinas, incluso el pony, en este caso real en escena, así como las figuras caricaturizadas de Alain y la viuda Simone hacen de la historia un delicioso cuento con final feliz. 

En el magnífico Palais Garnier, nuestra distribución nos permitió descubrir a algunas de las nuevas figuras de la compañía francesa. Dorothée Gilbert la bailarina de Toulouse, étoile desde 2007, cuando contaba 24 años, en una representación de Cascanueces un poco atípica ya que por causa de una huelga la función se hizo con un único decorado y sin vestuario, bailando con Manuel Legris, fue nuestra Lisa

La Mère Simone y las cuatro bailarinas acompañantes
en la Danza de los Zuecos.
Dorothée ya había bailado este papel en otras ocasiones y domina el personaje, ofrece un buen juego interpretativo y su técnica segura le permite abordar el papel sin fisuras. Espectaculares sus intervenciones con las cintas tanto en el primer acto como sobretodo en el segundo, cuando aguantando las cintas que sostienen por la otra punta las bailarinas que la rodean hace una promenade en attitude en puntas sin dejar de mostrar su sonrisa y vivacidad, como si eso fuera algo sumamente fácil para cualquiera. 

Lisa es una joven traviesa y vivaz pero testaruda, que sabe lo que quiere y que no cesa en su lucha por conseguirlo. Dorothée lo aborda perfectamente. 

Germain Louvet, su Colas, es un joven bailarín que fue nombrado étoile en 2016 en ocasión de su representación de Siegfried del Lago de los Cisnes de Rudolf Nureyev, la versión que tiene en repertorio la Ópera de París. Él necesita más Filles para hacer suyo este ballet. Apuesto bailarín ideal como príncipe, limpio en sus ejecuciones, echamos de menos un poco más de juego escénico, de madurez, en el sentido que su Colas se veía algo ingenuo cuando debería ser más atrevido y arrogante. 

Germain Louvet y Dorothée Gilbert ensayando como
Colás y Lisa.
Simon Valastro, fue la Mère Simone. Muy buen juego teatral y muy buena prestación en la famosa danza de los zuecos. Aquí remarcar que algo fallaba en el sonido ya que desde nuestra privilegiada situación cerca de la escena el claqué sonaba totalmente a plástico, cuando uno espera un sonido de madera. El efecto sorprendía y no precisamente de forma agradable. 

Por lo demás una magnífica función, todos los personajes de un nivel muy alto, un cuerpo de baile magnífico, el gallo y las gallinas deliciosos, el Alain, el “tonto” pretendiente rechazado, de Adrien Couvez, entrañable y con una muy buena ejecución de su rol, aparentemente ligero pero de gran dificultad. 

Confesamos que hubiésemos deseado ver en este papel a Allister Madin, el bailarín de ascendencia española que conocimos en nuestra primera visita al Palais Garnier en 2008, cuando pasamos allí unos días para hacer un extenso reportaje sobre José Carlos Martínez y cuya carrera hemos ido siguiendo con interés y afecto, pero ese día él bailaba en el rol de uno de los amigos de Colás ofreciendo una danza elegante y ligera que no dejamos de admirar. Alain lo abordó en otras funciones obteniendo un gran éxito de crítica puesto que también para él es un rol que conoce y domina a la perfección. En breve publicaremos la entrevista que tuvo la amabilidad de concedernos.




domingo, 8 de julio de 2018

La Bayadère del Ballet de Monterrey

La Bayadère por el Ballet de Monterrey. Foto: Josep Guindo

Tras una semana con su Lago, del que publicamos crónica aquí, ha llegado el turno de La Bayadère. El Ballet de Monterrey que dirige José Manuel Carreño, finaliza su estancia en el Teatre Tívoli de Barcelona y su gira española con esta obra clásica del repertorio que sitúa su acción en la India de Brahamanes y Rajás.

Carolina Masjuan

Yoel Carreño Solor.  Foto: Josep Guindo
Su versión, con coreografía de Luís Serrano y el propio José Manuel, en línea con el pensamiento del director de la compañía de acortar los ballets para atraer a un público neófito, se asemeja más a la versión de Nureyev que prescinde del cuarto acto, cuando se destruye el templo y Gamzati y su padre encuentran el merecido castigo, que a la de Makarova, la que por cierto tantas veces bailó y conoce bien José Manuel Carreño de su larga trayectoria como principal con el ABT

Esa versión fue la que estrenó la compañía de Ángel Corella con la propia Makarova venida a España para montarla y es la que más conocemos por estos lares. Su final pone las cosas más en su lugar y el paso a tres entre el espíritu de Nikiya, Gamzati y Solor es una auténtica delicia, no obstante el hilo argumental se sigue también perfectamente con solo dos actos y los artistas del Ballet de Monterrey hacen suyo ese mundo oriental consiguiendo trasladar al espectador y hacerle vivir con ellos la tragedia de La Bayadère.

Si ya en el Lago loábamos el hecho de que se hubiera invitado a Yoel Carreño para que bailase el rol principal en algunas funciones, aquí se da además la circunstancia de que puede compartir escenario con su hermano ya que José Manuel, también en algunas funciones, interpreta el rol del pérfido Gran Brahaman perdidamente enamorado de Nikiya, a quien a pesar de todo intenta salvar ofreciéndole el antídoto al veneno de la serpiente que ha mordido a la Bayadera desde el ramo ofrecido por Gamzati. Algo que ella rechaza al comprobar el poder que ejerce la hija del rajá sobre su enamorado.


José Manuel y Yoel Carreño. Foto: Josep Guindo

Los dos hermanos se muestran realmente felices de poder compartir estos días juntos y encima incluso bailar juntos. Algo que no descartan repetir siempre que sus agendas lo permitan. 

Yoel Carreño y Lissi Baéz  Solor Gamzatti.
Foto: Josep Guindo
Yoel Carreño que tras ser principal en Cuba estuvo una temporada en España mientras decidía su futuro, tiene muchos seguidores por la geografía española y de fuera de nuestras fronteras que no dudaron en darse cita en el teatro barcelonés para disfrutar del gran arte de su admirado bailarín.

También a nivel social fue un evento muy agradable ya que muchos de nosotros aprovechamos para conocernos y compartir una deliciosa función. 

Y es que de nuevo el artista cubano ofreció una prestación de altísimo nivel. Solor es ese guerrero enamorado convencido de su total devoción por Nikiya que no obstante cae en las redes de la hija del Rajá.

Olivia Quintana Nikiya.
Foto: Josep Guindo
Su inquietud, su indecisión, su malestar y su lucha consigo mismo, están bien patentes en escena y se transmiten de una forma tal que el espectador no puede menos que sentirlas con él. A nivel técnico su elegancia, su precisión y su calidad también como partenaire hacen de Yoel un artista completísimo que tuvo las más sentidas ovaciones.

Nikiya, la bailarina mejicana Olivia Quintana es una bailarina solvente con larga trayectoria como principal con la compañía. 

Lissi Báez por su parte, fue una Gamzati poderosa, brillante y malévola. Con gran seguridad en sus equilibrios, sus pirouetes y sus fouetés, fue otro de los grandes pilares de la función. Tanto ella como Nikiya bordaron la parte teatral de su lucha en las estancias del rajá por el amor de Solor

Conocíamos a Lissi de su época con el Ballet de Cuba cuando éste estuvo también en el Teatro Tívoli. Llevando ahora ya varias temporadas en Monterrey se mostró encantada de estar en esta compañía, donde ha crecido mucho y se le ofrecen muy buenas oportunidades. No duda en manifestarnos su admiración por el maestro y director José Manuel Carreño y la felicidad que le supone poder contar con un partenaire de la talla de Yoel.

Daynier Rivero fue el encargado de dar vida al vistoso rol del ídolo de bronce, cosa que hizo con solvencia.

Daynier Rivero Ídolo de Bronce. Foto: Josep Guindo

El cuerpo de baile no desmereció y sobretodo en Las Sombras nos ofreció una prestación exquisita del sueño onírico de Solor. No descendieron por ninguna rampa y fueron dieciséis en total las bailarinas, más las tres sombras solistas, pero es que el escenario del Tívoli no permite tampoco un gran despliegue y el efecto que produjeron fue el deseado, cautivando a la audiencia que las premió con un cálido aplauso.

El Ballet de Monterrey en La Bayadère. Foto: Josep Guindo
La gran maestra cubana Karemia Moreno que fue el aya en la ya comentada Bayadère de Corella, también estuvo presente en las funciones del Tívoli. 

¡Cuantos recuerdos! Qué suerte tiene Monterrey al tener mecenas que apoyan el arte y la cultura y permiten la continuidad de su compañía de ballet nacida en 1990 gracias a la iniciativa de la Sra. Yolanda Santos de Hoyos.

Ahora también el Ballet de Catalunya está luchando aquí para encontrar mecenazgo, confiamos en que la sociedad catalana sepa, como lo hizo y hace la mexicana, valorar a nuestros artistas y ayudar a que este proyecto actual pueda seguir adelante.

La producción, con escenografía de Raúl Font y vestuario de Marco Reyna es colorida y vistosa. 

Lissi Báez en Gamzatti. Foto: Josep Guindo

Poco aforo para una compañía muy digna y con unos solistas de grandísimo nivel. ¡Gracias Ballet de Monterrey por su visita y por habernos permitido disfrutar de dos grandes clásicos brillantemente interpretados!



sábado, 30 de junio de 2018

El Lago de los Cisnes por el Ballet de Monterrey

El Lago de los Cisnes por el Ballet de Monterrey.
Foto: Dave Friedman

La compañía que dirige desde hace unos dos años José Manuel Carreño, recala, tras una exitosa gira por otras ciudades españolas, en el Teatre Tívoli de Barcelona con el Lago de los Cisnes y La Bayadère. Yoel Carreño, hermano de José Manuel, interpreta los roles principales de ambos ballets en algunas funciones, como artista invitado. 

Carolina Masjuan

El Ballet de Monterrey fue fundado en 1990 por iniciativa de la Sra. Yolanda Santos de Hoyos y es una compañía financiada al 100% por fondos privados. Cuenta con unos 40 bailarines de distintas nacionalidades aunque la mayoría son latinos y entre ellos hay unos nueve cubanos. Ésta es la segunda vez que actúan en Barcelona. 

Junna Ige y Olivia Quintana, Odette y Odile en
El Lago de los Cisnes del Ballet de Monterrey
José Manuel Carreño es un bailarín clásico. Formado en Cuba, ha desarrollado su carrera con el Ballet Nacional de Cuba, el English Nacional Ballet, el Royal Ballet y principalmente en el American Ballet Theater (ABT). Desde que se despidió como Bailarín Principal del ABT en el MET de Nueva York, ha dirigido el Ballet de San José primero y desde hace un año y medio la compañía de Monterrey que había tomado una deriva más contemporánea, retomando con José Manuel un repertorio clásico que bajo su dirección ha alcanzado una gran calidad, atrayendo a mucho más público a ver danza y debiendo en algunas ocasiones programar más funciones dada la gran demanda que ha generado. 

Como bailarín, la última vez que bailó en Barcelona le vimos en la magnífica Giselle que el English National Ballet trajo al Liceu con Tamara Rojo como invitada del Royal Ballet y el propio José del ABT. 

Su hermano Yoel, ahora bailarín principal en el ballet de la Ópera de Oslo, actúa como invitado en algunas funciones de esta gira española. Para Yoel bailar en esta compañía es muy emocionante. Su hermano ha sido un referente en su carrera, el bailarín en el que siempre se inspiró, visionando vídeos suyos una y otra vez, ya que estando él en Cuba y José Manuel en USA tenían muy pocas ocasiones de verse. Además en La Bayadère comparten escenario, algo sumamente grato para ambos.

Yoel Carreño como Siegfried en el Lago de los Cisnes
con el ballet de la Ópera de Oslo. Foto: Erik Berg
La versión del Lago del Ballet de Monterrey se debe a Luis Serrano. Este Lago ha sido reducido, sacrificando algunas partes para acortarlo y hacerlo más ágil. La bailarina principal Olivia Quintana fue reemplazada en el último momento, debido a una pequeña lesión, por Junna Ige que defendió el rol con solvencia, sobre todo a nivel interpretativo y con unos hermosos brazos. 

Con el absolutamente preciso a todos niveles Yoel Carreño como partenaire, Junna fue una Odette delicada y una Odile hechicera tal y como reclama el rol.

Los solos de Yoel fueron los que se llevaron las mayores ovaciones. Totalmente merecidas ya que su dominio de la técnica, sus precisos aterrizajes, su elevación, sus giros y su interpretación del rol, lo confirmaron como la gran estrella que es. 

Aún recordamos nuestra visita a Oslo para verle junto con Yolanda Correa y como el público noruego los aprecia y los venera. Arte en mayúsculas para el artista cubano que además nos explicó que su toma de rol como principal en Sigfrido fue precisamente en una gira del Ballet de Cuba en Barcelona y en este mismo Teatro Tívoli. 

El cuerpo de baile estuvo realmente bien, muy coordinado ofreciendo unas figuras de gran belleza. Los cuatro cisnes, a pesar de un pequeño desajuste al final no desmerecieron. 

Lissi Baez en el Paso a Tres del Lago de los Cisnes
con el Ballet de Monterrey
En el paso a tres estuvieron magníficos Deborah Rodriguez, Brian Ruiz y Lissi Baez. A Lissi la conocíamos del ballet de Cuba y nos encantó verla como principal con la compañía de Monterrey. Ha crecido mucho como bailarina, con una técnica muy solvente y una deliciosa interpretación que también mereció amplios aplausos. Lástima no poder repetir otro Lago para verla como Odile.

Son fechas complicadas pero a pesar de eso sorprendía el poco aforo en el teatro, una lástima porque todo el elenco baila con pasión y ofrece una muy bonita prestación. 

Una pena también el cierre del telón de forma demasiado abrupta ya que el público estaba recompensando a los artistas con cálidos aplausos y se vio obligado a abandonar sus asientos sin haber podido satisfacer su deseo de agradecerles la bonita función ofrecida. 

Les esperamos para la próxima semana con La Bayadère. Visiten la web del teatro y no duden en sacar sus entradas! 



martes, 29 de mayo de 2018

Un Romeo y Julieta mediterráneo


Staatsballet Berlin Romeo y Julieta.
Foto: Fernando Marcos

Este mes de mayo tuve la oportunidad de ver el ballet Romeo y Julieta interpretado por el Staatsballett de Berlín, que nos deleitó con la versión del clásico realizada por Nacho Duato. El coreógrafo español, que actualmente dirige la compañía berlinesa, versionó el texto de Shakespeare en 2012, cuando dirigía el ballet del teatro Mikhailovsky en San Petersburgo. 

Sylvia J. Grau

La pieza de Duato, fiel a la música de Prokofiev y al argumento del dramaturgo inglés, es una composición en dos actos bailada en zapatillas de media punta, en la que vemos elementos de danza clásica combinados con movimientos de danza moderna tan característicos del coreógrafo español e indudable herencia de su maestro y amigo Jirí Kylián.

La historia de Shakespeare

Con esta hermosa tragedia escrita en 1595, William Shakespeare consigue inspirar a tantos artistas de diversas disciplinas, como Pyotr Tchaikovsky, Jerome Robbins o Mark Knopfler. En 1933 Sergey Prokofiev lleva la historia de los dos amantes a la danza creando un ballet para el teatro Bolshoi que en su primera versión contaba con un final feliz. Este cambio argumental y las características de la música no satisfacen a las autoridades de Moscú ni del teatro ruso, así que finalmente, a pesar de reescribir el final para adaptarlo al argumento original del dramaturgo inglés, la pieza se acaba estrenando en Diciembre de 1938 in Brno con coreografía de Ivo Psota y con Galina Ulanova en el rol de Julieta, en una de las primeras representaciones. 

Staatsballet Belin Romeo y Julieta. Foto: Fernando Marcos
Es curioso que la música de Prokofiev, una música supuestamente "inbailable", fuera uno de los motivos por el que se descartara el estreno con la compañía de San Petersburgo, pues ha sido precisamente esta música la inspiración para tantos coreógrafos que han versionado este ballet. Cada autor captura la esencia de la obra Prokofiev a través su particular forma de leer la música y el argumento. John Cranko para el Stuttgart Ballet, respetando cada línea del texto de Shakespeare, Kenneth MacMillian para el Royal Ballet, le da su particular romanticismo y emotividad, Rudolf Nureyev nos ofrece una pieza más teatral y realista y nos muestra una Julieta más rebelde, y John Neumeier nos presenta una propuesta más alegre. 

La interpretación de Duato

Duato confiesa que la música de Prokofiev es una de las más hermosas creaciones para ballet, por eso pretende ser fiel a la partitura y trabaja en su creación a partir de ella. Para su versión desarrolla movimientos que transmiten por si mismos las emociones de los personajes, por lo que es en esos gestos donde recae la misión interpretativa, más que en la teatralidad del bailarín, que no debe ser excesiva. Creo que el mismo coreógrafo comenta en alguna ocasión que cada paso debe ser limpio y preciso, remarcando la importancia de la ejecución para poder leer el sentimiento que representa. 

Duato nos presenta una versión natural del clásico, humanizando a los personajes con elementos como las zapatillas de media punta. El hermoso vestuario de estilo renacentista es un elemento más de la coreografía, dibujando el final de los pasos de los bailarines, y combina a la perfección con un decorado sencillo que juega con telas y luces de forma muy eficaz. Todos estos elementos nos consiguen transmitir un aire mediterráneo, como describe Duato: con esencia de naranja y jazmín.

Duato nos sitúa la historia de los dos amantes en el Renacimiento en Verona. El guión transcurre entre preciosas danzas de los jóvenes amigos de Romeo y la fiesta de la familia Capuleto. Los arlequines, elementos de la Commedia dell'Arte con gran protagonismo en su versión, le dan un toque divertido y a la vez misterioso. Parece que Romeo está protegido detrás de esa máscara, solo Julieta parece ver más allá del antifaz, y al final de la velada, mientras los arlequines juegan al juego del despiste con Teobaldo, un geométrico y brillante decorado nos presenta la escena del balcón en la que los dos amantes se juran amor eterno.

El Romeo y Julieta del Staatsballet de Berlin

La compañía berlinesa, que desde 2011 tiene su sede en la Deutsche Oper Berlin, cuenta con la dirección de Duato desde 2014. 

Polina Semionova, artista invitada con una larga relación con el Staatsballett, nos interpreta el rol de Julieta en esta ocasión. La bailarina rusa, volvió en 2017 después de un año de parón por maternidad. En esta nueva etapa de mayor madurez, vemos a una Polina radiante y hermosa, aportando elementos que enriquecen el personaje de Julieta, que ya había interpretado en las versiones de MacMillan y Lawrowsky

Staatsballetberlin Romeo y Julieta. Foto: Fernando Marcos
En su actuación podemos ver a una Julieta joven e inocente al principio, libre, algo alocada y aislada de cualquier peligro jugando con su ama. El personaje va madurando a medida que van teniendo lugar los acontecimientos, a través de sus movimientos leemos como va dejando atrás esa libertad y dulce juventud. Su primer contacto con la realidad es la presentación a quien debe ser su prometido, Paris, socialmente adecuado para ella y beneficioso para la familia. La joven de los Capuleto, aun en su mundo naif, no entiende tal hecho y se defiende tímidamente del acercamiento del apuesto conde.

Esa tímida defensa se rebela cuando sus ojos miran a los de Romeo a través de la máscara de arlequín, y sin darse cuenta le entrega su corazón para el resto de su vida, que como Shakespeare nos explica en su texto, será trágicamente corta pero emotivamente intensa. La decisión de seguir con ese amor prohibido tiene unas fatales consecuencias, la primera experiencia en el amor con Romeo empieza a dibujar a la nueva Julieta que se acaba de descubrir con la muerte de su primo a manos de su amado, ahí es cuando vemos el salto interpretativo en el que la heroína deja para siempre atrás la adolescencia.

Semionova se desenvuelve brillantemente en el papel, su genial ejecución y el aporte adecuado de sentimiento nos permiten entender con claridad el objetivo de cada movimiento, disfrutando de la belleza de cada paso. 

Para esta representación contaron con un Romeo llegado del teatro Mikhailovsky, Ivan Zaytsev, que ya había bailado el papel protagonista cuando Duato dirigía la compañía de San Petersburgo. El apuesto bailarín, al que vemos muy cómodo en la coreografía de Duato, nos entrega a un auténtico Romeo, que al igual que su amada debe afrontar las consecuencias de sus actos. La muerte de su amigo y confidente Mercutio y su acto de venganza matando a Teobaldo, conducen al joven rápidamente de la adolescencia a la madurez, y aunque interpretativamente Romeo tiene menor protagonismo en la obra, se complementa muy bien con Semionova, demostrando una gran química entre los dos bailarines.

Mercutio

El gran personaje de la obra en mi opinión, después de Julieta, es el adorable, divertido y audaz amigo de Romeo. Mercutio es el líder del grupo, un joven seductor con espíritu libre que aunque parece alocado y despreocupado, siente gran estima por Romeo, hasta el punto de batirse en su nombre contra Teobaldo. El bailarín de origen armenio, Arshak Ghalumyan, en la compañía berlinesa desde 2004, nos ofrece un Mercutio muy convincente, bailando con gran personalidad la coreografía y con una interpretación muy creíble. 

Romeo y Julieta es una de las obras más importantes escritas y su contribución en la historia de las más remarcables. El carisma de su argumento y de su música que han inspirando las diversas adaptaciones, ha enriquecido enormemente la cultura de la danza y seguirá, sin duda, provocando a nuevas generaciones de coreógrafos.

Staatsballet Berlin Romeo y Julieta. Foto: Fernando Marcos
 
Podemos concluir este texto celebrando que Nacho Duato nos haya regalado su particular adaptación del clásico de Shakespeare con este hermoso toque mediterráneo, y deseando que esta versión pueda ser bailada muy pronto por compañías españolas, como la Compañía Nacional de Danza en Madrid o el Ballet Nacional de Catalunya en Terrassa. Acabado su paso por Berlín este próximo verano, confiamos que el coreógrafo español pueda volver a España para continuar con la difusión de sus obras y seguir creando legado cultural para la danza en este país, que tanto lo necesita. 

Un último apunte en forma de recomendación. Siguiendo con Berlín y la danza, me gustaría haceros una propuesta triple el fin de semana del 15 de Junio. Durante esos días el Staatsballett nos ofrecerá Herrumbre de Nacho Duato, el viernes 15 de Junio y el Don Quixote de Víctor Ullate, el domingo 17 de Junio. Para completar esta magnífica propuesta, el sábado 16 de Junio podréis disfruta de Red Giselle del Eifman Ballett en el Theater am Postdamer Platz, la compañía de San Petersburgo estará de gira esos días en la capital alemana y ofrecerá también Tchaikovsky pro et contra. Así que con esta sugerencia me despido hasta el próximo ballet.



FICHA TECNICA

ROMEO UND JULIA por el Staatsballett de Berlín 


Ballet en 2 actos de Serge Prokofiev basado en la tragedia de William Shakespeare 

Adaptación del Libretto: Nacho Duato 

Coreografía : Nacho Duato 

Escenografía : Jaffar Chalabi, según Carles Puyol y Pau Renda 

Diseño de vestuario : Angelina Atlagić 

Iluminación : Brad Fields 

Asistentes : Gentian Doda y Thomas Klein 

Director musical : Pau Connelly 

Staarskapelle Berlin 


Representación 13.05.2018 

Lord Capulet : Alexej Orlenco 

Lady Capulet : Aurora Dicki 

Julia : Polina Semionova 

Julias Amme: Beatrice Knop 

Tybalt: Federico Spallitta 

Paris : Olaf Kollmannsperger 

Romeo Montague: Ivan Zaytsev 

Mercutio: Arshak Ghalumyan 

Benvolio : Nikolay Korypaev 

Escal : Tommaso Renda 

Pater Lorenzo : Tommaso Renda 

Harlekine : Vladislav Marinov, Wei Wang, Dominic Withbrook.

domingo, 27 de mayo de 2018

El pas de deux de Manon y MacMillan

Lauren Curthbertson y Sergei Polunin en Manon. Foto Dave Morgan

En el 25 aniversario de la muerte de Kenneth MacMillan, el Royal Ballet recupera una de sus piezas más emblemáticas: Manon; que a pesar de sus más de 40 años de vida, sigue seduciendo, impactando y emocionando a la audiencia.

Sylvia J. Grau

Manon es un ballet en 3 actos basado en la novela del Abate Prévost "L'Histoire du Chevalier des Grieux et de Manon Lescaut". Con esta obra MacMillan presenta al público una coreografía arriesgada, que nos cuenta la tragedia de una heroína fría y estratega, que se alejada de la dulce joven de buen corazón. Manon es un personaje con carácter que utiliza sus recursos para lograr sus objetivos y que no es víctima de la traición de un hombre si no de sus propios actos.

Lauren y Reece Clarke en After the Rain
en la Gala del Royal Ballet de Terrassa.
Foto: Josep Guindo
En el París del siglo XVIII durante los años de la Regencia, después de la muerte de Luis XIV y mientras Luis XV espera la mayoría de edad para subir al trono, se vive un momento de efervescencia de la vida social y cultural bajo el reinado del Duque de Orleans. Alta y baja sociedad se mezclan amigablemente en unos tiempos de moral volátil pero mayor creatividad artística. En ese momento es cuando transcurre la historia de la adolescente Manon, quien utiliza su irresistible encanto para conseguir el favor del poderoso Monsieur G.M. y escabullirse así de la pobreza. 

Pero el amor se cruza en su camino y el encuentro con el joven Des Grieux parece desmontar su estrategia en un inicio. El amor a primera vista entre los jóvenes desvía a Manon de sus planes, cuando se marcha a París con él, pero la idea de vivir una vida pobre con el joven la empuja a volver a los brazos del hombre poderoso en busca del lujo y los placeres materiales de la vida. A pesar de parecer feliz con su vida de lujo, Manon no puede evitar volver con su amado Des Grieux, quien le perdona y le pide que vuelva a su lado, pero esta vez Manon incita al joven al delito y por ese acto los amantes son apresados. Manon es deportada a Lousiana pero Des Grieux le sigue, y es durante la fuga de los amantes cuando ella muere entre sus brazos.

Además de ser un importante desafío técnico, Manon se diferencia de otros ballets por ser un gran reto interpretativo, donde la caracterización de cada personaje y su credibilidad es vital para el éxito de la producción. Todos los protagonistas tienen un gran peso interpretativo, pero además, el cuerpo de baile debe hacer también creíble su papel configurando las escenas de la obra, como la fiesta en el Hôtel particulier del segundo acto. 

El rol de Manon podría ser uno de los más desafiantes del repertorio del Royal Ballet, pero Lauren Cuthbertson le da esa fuerza al personaje que una vez visto bailado por ella se hace difícil pensar en otra bailarina para ese rol. Lauren no solo ejecuta de forma brillante si no que transmite a la perfección aquello que la heroína de MacMillan representa: el capricho, la belleza, la maldad, el instinto, la frialdad, la seducción. A lo largo del ballet, los elegantes movimientos de Cuthbertson parece que salen de su alma y luego se deslizan por la coreografía y nos hablan de la sensualidad de Manon, pero también de su debilidad, sus dudas, su dolor y su tristeza. Remarcar la belleza de los brazos de Cuthbertson, su naturalidad y elegancia, que hacen aun más creíble la interpretación. 

Lauren con Xander Paris en Manon en una Gala Ibstage.
Foto: Josep Guindo
Es escocés Reece Clarke hace su debut como Des Grieux. El joven solista interpreta bien la inocencia del amante de Manon, un cuerpo joven y atractivo, falto de carácter y loco de amor, pero sin la fuerza necesaria para enfrentarse a Manon , ya sea para desafiarla o para olvidarla.

Un reto importante interpretativo es también Lescaut, en esta ocasión Ryoichi Hirano se desenvuelve muy bien en su solo representando a un Lescaut ebrio, provocando la risa y a la vez admiración del público. El pas de deux en la fiesta con su amante, interpretado fantásticamente por Itziar Mendizábal, está muy bien ejecutado y los dos demuestran un gran calidad interpretativa y destreza técnica. A Itziar, bailarina euskalduna formada con Víctor Ullate y primera solista del Royal Ballet desde 2010, la vemos radiante en su papel de amante de Lescaut, se siente la complicidad entre los personajes y los dos bailarines.

Lauren y Reece en La Bella Durmiente en la Gala del Royal
Ballet en Terrassa. Foto: Josep Guindo
Del resto de personajes destacaría el remarcable trabajo del artista protagonista Bennet Gartside como Monsieur G.M., muy relevante en la historia, la participación del bailarín catalán David Yudes interpretando a uno de los clientes de la posada en el primer acto, y un cuerpo de baile de bailarines-actores que convencen en la interpretación de sus papeles en las diversas escenas. 

Analizando las escenas, no vemos muchos bailarines bailando a la vez en el escenario, más bien actuando, hecho que refuerza mucho el aspecto interpretativo del ballet que en ningún momento abandona el hilo de su argumento. La elevada sensualidad, la representación del juego y la violencia física y el contenido sexual de la obra, acercan la historia a la realidad de esa época en la que la ciudad de París podía ofrecer la mejor y la peor de las suertes. 

El fabuloso y elaborado vestuario nos sitúa perfectamente en el tiempo y combina de forma acertada con una escenografía que nos traslada brillantemente a los distintos lugares de la historia, remarcando el momento de la llegada del barco a Luissiana proveniente de Francia.

Lauren con Eric Underwood en Chroma en una
Gala Ibstage. Foto: Josep Guindo
Para diferenciar el ballet de la de la ópera, MacMillan encarga a Leighton Lucas una selección de música de Massenet. El resultado final es una melodía que acompaña el relato reforzando las escenas de celebración, de pasión y de tragedia , especialmente en el último pas de deux donde Manon muere en las manos de su amado mientras este intenta reanimarla. Durante algunos momentos Manon parece recuperar el aliento con la música y los brazos de Des Grieux, que la hacen girar y la levantan en el aire en un intento de hacerla volver en sí, pero con cada golpe de la orquesta Manon va perdiendo las fuerzas y en cada porté se va alejando más de su amado hasta caer exhausta en medio del negro escenario. Manon muere rodeada de ese amor incondicional que jamás fue suficiente en vida pero que a pesar de su desprecio le acompañó hasta el final. 

Uno de mis ballets favoritos, sin duda, en el que durante algunos momentos ha sido como ver un pas de deux entre el cuerpo de Manon y la mente de MacMillan


FICHA DE MANON

Coreografía: Kenneth MacMillan
Música: Jules Massenet , recopilada por Leighton Lucas
Director de orquesta: Martin Yates
Orquesta de la Royal Opera House
Diseñador: Nicholas Georgiadis
Iluminación: John B. Read

REPARTO (7 de Mayo de 2018)
Manon: Laura Cuthbertson
Des Grieux: Reece Clarke
Lescaut: Ryoichi Hirano
Amante de Lescaut: Itziar Mendizabal
Monsieur GM: Bennet Gartside

sábado, 26 de mayo de 2018

Desde Rusia con Ballet – Jewels por el Mariinsky

El Mariinsky Ballet en Joyas (Diamantes).
Photo: Valentin Varanovsky
Viajamos a Rusia para conocer un poco más de la cultura y la historia de este enorme y fascinante país y como no podía ser de otra manera, disfrutar de su manifestación artística por excelencia, el ballet.

Carolina Masjuan
Hay en Rusia muchísimas compañías de Ballet, el país es enorme, muchas ciudades tienen sus compañías, aunque son Moscú con su Bolshoi y Stanivlasky y San Petersburgo con su Mariinsky y Mijhailovsky las que destacan entre todas. 

Esterior del Teatro Bolshoi de Moscu.
Nuestro recorrido por el país nos permitió visitar el Bolshoi en Moscú, conocer ese teatro magnífico que en una de sus varias reconstrucciones, la que se inauguró el 18 de enero de 1825 como el Bolshoi Petrovsky Theatre, lo hizo con una función del ballet Cenicienta del guitarrista y compositor catalán Fernando Sor (Josep Ferran Sorts i Muntades (1778 – 1839).


Admiramos su gigantesca lámpara hecha de lágrimas de cristal, de 65 metros de diámetro y dos toneladas de peso. Sus secretos, recorrer sus estancias, asombrarnos con la increíble acústica de la sala del tímido Zar, Nikolai II donde es posible oír a alguien hablando en voz baja a diez metros de distancia, habiendo cincuenta personas en el recinto. Pero lamentablemente no pudimos asistir a ninguna representación, como tampoco en el Stanivlasky donde la compañía no bailaba esos días.

El Mijhailovsky Ballet en los saludos de La Bella Durmiente.
Pero en San Petersburgo la cosa ya fue distinta, en el Mijhailovsky pudimos disfrutar de una compañía magnífica con la Bella Durmiente que Nacho Duato les montó cuando se hizo cargo de su dirección artística al dejar la Compañía Nacional de Danza. Se trata de una hermosa producción bastante respetuosa con el clásico pero con algunas licencias más o menos afortunadas a nuestro juicio. Pero no es el objetivo de este artículo hablar de Nacho ni del Mijhailovsky, si no que nos vamos a centrar en las Joyas de la corona, en el Mariinsky histórico y en el Mariinsky II donde el ballet que tuvimos la gran suerte de ver fue precisamente, Joyas, de George Balanchine.

Nuestro tour por el edifico histórico del Mariinsky recientemente re-inaugurado, nos permitió descubrir un edificio por el que han pasado las más grandes leyendas de la danza del mundo. Una percibe una energía especial cuando pasea por él, cuando asciende a su impresionante cúpula bajo la cual se realizan los telones con todo un sistema de poleas y mecanismos dignos de la mejor ingeniería para moverlos. Camerinos, ateliers de vestuario y como no, ese escenario con su alto grado de inclinación, en el que ya está montado, en el fondo, el decorado del segundo y cuarto actos de ese Lago que se representará por la noche y para el que las entradas hace semanas que están agotadas.

Imagen del impresionante edificio del Mariinsky histórico.
Sorprende el color verde de la tapicería ¿será para ir a juego con la pintura del exterior del teatro? No. Dos teorías al respecto. La tapicería es verde en homenaje al rio Neva que cruza la ciudad... mmmm... las aguas del Neva no son precisamente verdes, ni mucho menos azules. Creemos mejor la segunda teoría, esa que nos cuenta que la amante del Zar de la época, era una bailarina de inmensos ojos azul verdes y él pidió que ese color se reflejara en las butacas.

El palco central, ese desde el que los zares disfrutaban de sus artistas preferidos, se reserva ahora a las autoridades y visitantes ilustres, ya no es ni la familia imperial ni el gobierno soviético quien puede ocuparlo. Si no hay visitantes oficiales, las entradas se ponen a la venta unos días antes de la función a un precio razonable, cualquiera pueda sentarse y ver el ballet desde ese sitio privilegiado.

Es emocionante estar ahí, como también lo va a ser descubrir el Mariinsky II, el nuevo y moderno edificio unido al histórico por un pasillo elevado, aunque su acceso al público en general es por una entrada independiente. A pesar de que el proyecto generó polémica, ahora todo el mundo está encantado. El nuevo recinto es una preciosidad, amplios espacios, decoración de cristal, maderas nobles, paredes como ámbar, el famoso material adorado por Catalina la Grande y símbolo de Rusia. Una auténtica joya en sí mismo que además sirve este año para exposiciones conmemorativas del centenario de Marius Petipa. Zapatillas, fotografías, vestuario, objetos fetiche para todos los frikies del ballet entre los que confieso sin rubor estar.

Interior del Mariinsky II.
Fue en este escenario donde vimos las Joyas de George Balanchine (1904-83). George Balanchine es uno de los artistas capitales para entender la historia de la danza desde el siglo XX, tanto en términos de calidad como de cantidad. No sólo elevó a un escalafón mayor en complejidad técnica, formas expresivas y virtuosismo al ballet académico, sino que ha sido uno de los coreógrafos más prolíficos de la historia.

Educado en la tradición de los teatros imperiales rusos en San Petersburgo, su carrera comenzó cuando se unió a Sergei Diaghilev y a sus Ballets Rusos en 1924, convirtiéndose en el nuevo creador impulsado por el visionario productor y por las composiciones del vanguardista Igor Stravinsky.

Trabajó con la compañía rusa hasta su desaparición por la muerte de Diaghilev en 1929. En 1934 voló a Estados Unidos bajo el mecenazgo de Lincoln Kirstein y fundó la Escuela del American Ballet, pilar donde se crearon las grandes compañías americanas, como el New York City Ballet, que dirigió desde 1948 hasta su muerte. Balanchine colaboró estrechamente también con el Ballet de la Ópera de París para el que desde 1929 hasta los años 70, montó una quincena de sus ballets.

Joyas fue estrenado por el New York City Ballet en abril de 1967, el año pasado se celebró su cincuentenario y el Mariinsky lo tiene en su repertorio desde 1999. Podemos decir que hubo un precursor con la primera producción de Balanchine Symphony en C para la Opéra de París en 1947. En ella, cada movimiento del ballet, luego llamado Le Palais de Cristal, se caracterizaba por un color de joya diferente.

Renata Shakirova en Joyas (Rubis). Foto: Natasha Razina

Retomando este concepto, Balanchine seleccionó esmeraldas, rubíes y diamantes para su coreografía, habiendo considerado también en un primer momento las perlas y los zafiros. Cada acto es distinto en demostración de escuela y tiene música de un diferente compositor: Fauré para Esmeraldas, Stravinsky para Rubíes y Tchaikovsky para Diamantes. De Gabriel Fauré (1845-1924) extractos de Pelléas et Mélisande y Shylock; de Igor Stravinsky (1882-1971) el Capriccio para piano y orquesta y de Piotr Illitch Tchaïkovski (1840-1893) extractos de la Symphonie n°3 en ré majeur «Polonaise» op. 29, movimentos 2, 3, 4 y 5, por no considerar Balanchine el primero, adecuado para bailar.

Con Joyas, considerado el primer ballet abstracto de la historia, Balanchine se inspiró en la belleza de las piedras preciosas de los exquisitos joyeros Van Cleef & Arpels y en las partituras de los tres compositores mencionados.

A. Lukina y F. Mamedov en Joyas (Esmeraldas).
Foto: Valentin Baranovsky
Pero Joyas no se trata tanto de gemas sino de estilos de la danza clásica. Para el coreógrafo, este ballet representaba los estilos de los tres países en los que el desarrolló su carrera: Francia, Estados Unidos y Rusia. Aprendió a bailar y coreografiar en Rusia, donde vivió hasta 1924, alcanzó su madurez artística en Francia, sobre todo en la época de los Ballets Rusos de Diaghilev’s y fue en Nueva York donde desarrolló el grueso de su carrera y fundó escuelas y compañía.

El año pasado, con motivo del cincuentenario, el ballet se representó en Nueva York con el Ballet de la Ópera de París bailando Esmeraldas, el New York City Ballet, Rubies y el Bolshoi los Diamantes.

La música fluye en la danza francesa de las Esmeraldas, en que el movimiento de los brazos es muy importante. Esta parte evoca al París del siglo XIX, a los ballets románticos con bailarinas de tutú largo, a ese estilo de danza cuyas señas de identidad son la delicadeza, la fluidez y el carácter etéreo de sus pasos.

Con los Rubíes aparece el jazz americano de los años treinta, ese estilo pícaro de los musicales, el deseo, la sensualidad y la provocación, con las posiciones clásicas llevadas al extremo. Un trabajo de formas angulosas, de largas extensiones y pies en flex en algunas ocasiones. El vestuario es corto y posee un cierto aire a musical de Broadway. 

Vitrina con tutús históricos.
Los Diamantes son puro ballet clásico imperial, un homenaje en toda regla de Balanchine al Ballet Imperial Ruso y a su musa, Suzanne Farrell con sus bailarinas con unos deslumbrantes tutús blancos y ellos de blanco también al estilo del más puro príncipe clásico. La obra abre con un vals para un cuerpo de baile de diez bailarinas y dos solistas. Los Diamantes son una síntesis del arte de Marius Petipa y Lev Ivanov y en su composición percibimos la grandeza de los ballets imperiales.

Acompañada por mis compañeros de viaje, amigos de muchos años, gente inquieta y receptiva, unos más habituados a espectáculos de danza que otros pero todos abiertos a descubrirla y ya conquistados por la Bella del Mijhailovsky, nuestra función en el Mariinsky era esperada con gran expectación y no defraudó. Los distintos colores de las joyas representadas se perciben no solo en el vestuario sino también en la decoración. Nada más abrirse el telón, la belleza de lo que se ve en escena subyuga al instante.

Las Esmeraldas, con los bailarines en esa colocación perfecta, con esos magníficos trajes y con el fondo de brillantes piedras preciosas de color verde sabiamente iluminado, provoca inmediatamente admiración. La pareja formada por Anastasia Lukina y Fuad Mamedov son un regalo para los sentidos. Tampoco Anastasia Kolegova con Ivan Oskorbin como segunda pareja desmerecen en absoluto ¡Qué buenos bailarines!. En el paso a tres descubrimos a Laura Fernandez, ¿será española? No, es Suiza, ganó beca en Lausanne y formada en la escuela Vaganova integró la compañía de San Petersburgo. Junto a ella Nadezhda Gonchar y Vasily Tkachenko, conformaron el paso a tres. Esmeraldas fue una delicia de acto, una danza de gran clase y elegancia.

Oksana Skorik y Yevgeny Ivanchenko en Joyas (Diamantes).
Foto: Nathasha Razina
Con Rubís de nuevo al abrirse el telón sorpresa magnífica y un ohhhh admirado. Aquí ya solo con ver la formación, el color y el vestuario uno intuye que se va a tratar de algo totalmente distinto. Un estilo vivo, temperamental, energético, pícaro, que los bailarines del Mariinsky abordan con ganas. Se dejan ir y te atrapan de forma inmediata. Renata Shakirova está espectacular, sus cualidades técnicas, sabias extensiones al servicio del arte, nunca de más, aporta el temperamento que requiere el ballet. Bellos pies en flex cuando de eso se trata y carácter seductor, con miradas lángidas o pícaras siempre dentro del buen gusto. Yevgeny Konovalov, Yekaterina Chebykina, Aleхei Atamanov, Vyacheslav Gnedchik, Denis Zainetdinov y Ramanbek Beishenaliev, fueron el resto de principales de una de las partes más vistosas y que fácilmente enganchan al respetable.

Nos quedaba Diamantes, la parte más majestuosa, esa que siempre provoca también un gran impacto al presenciar esa gran clase en la colocación de un cuerpo de baile, magnífico, que luce en todo su esplendor. Diamantes es el gran ballet ruso, es la magia y la suntuosidad que Marius Petipa y Lev Ivanov aportaron a la danza académica y que pervive hoy en día por su belleza. Evolucionemos como evolucionemos siempre es un bálsamo para el espíritu recrearse en las cosas bellas, admirarlas y aunque sea por un instante, evadirse y soñar. Así vivimos todo este ballet en general y los Diamantes en particular.

La música de Tchaikovsky (1840-1893) es la que por descontado debía acompañar esta parte. El compositor ruso del ballet por excelencia estudió en el Conservatorio de San Petersburgo, donde más tarde el propio Balanchine estudiaría piano además de danza. Tchaikovsky es uno de los más populares compositores románticos, autor de los más celebrados ballets de esa época y que son auténticas obras de arte inmortales, creados con Marius Petipa. El Lago de los Cisnes, el Cascanueces y La Bella Durmiente son aún representados y admirados a lo largo y ancho del planeta.

Oksana Skorik y Yevgeny Ivanchenko en Joyas (Diamantes).
Foto: Natasha Razina
Tuvimos la grata sorpresa de que en el papel principal bailara Oksana Skorik, elevada al rango de Principal hará unos dos años. A Oksana pudimos conocerla en el Liceu de Barcelona gracias a Ibstage. ¡Nunca les podremos agradecer lo suficiente al equipo de Ibstage que nos hayan traído a estos magníficos bailarines que de otro modo nos habría sido imposible descubrir! ¡gracias Leo Sorribes por tu gusto y tu acierto!.

Diamantes representa la grandeza del ballet Imperial ruso y del Teatro Mariinsky, donde Balanchine se formó. Los grandes críticos de danza Mary Clarke y Clement Crisp escribieron: “Si toda la herencia imperial rusa del ballet se perdiera, siempre nos quedaría Diamonds para mostrarnos su esencia”. Oksana de la que ya sabíamos su valía, estuvo magnífica arropada por su partenaire Yevgeny Ivanchenko. Los otros grandes bailarines de esta hermosa parte fueron: Diana Smirnova, Vitaly Amelishko, Anastasia Nikitina, Alexander Beloborodov, Vlada Borodulina que debutaba en este rol, Nikita Korneyev, Shamala Guseinova y Alexander Romanchikov y como no, arropados por un cuerpo de baile espectacular.

La orquesta titular del teatro Mariinsky dirigida por Gavriel Heine en el foso, fue la acompañante perfecta para una función inolvidable.


FICHA TECNICA


JEWELS

Ballet in three parts

Choreography by George Balanchine

Conductor Gavriel Heine

Staging by

Karin von Aroldingen, Sara Leland,
Elyse Borne, Sean Lavery

Scenery by Peter Har vey

Costumes by Karinska

Recreations of costumes supervised by Holly Hynes

Original lighting by Ronald Bates

Lighting by Perry Silvey

Lighting Adaptation for the Mariinsky II by Andrei Ponizovsky


EMERALDS

Music by
Gabriel Fauré
from
Pelléas et Mélisande
and
Shylock

Cast

Anastasia Lukina
Fuad Mamedov
Anastasia Kolegova
Ivan Oskorbin
Nadezhda Gonchar
Laura Fernandez
Vasily Tkachenko
and artists of the Mariinsky Ballet


RUBIES

Music by
Igor Stravinsky
(Capriccio for Piano and Orchestra)
Piano solo:
Alexandra Zhilina

Cast

Renata Shakirova
Yevgeny Konovalov
Yekaterina Chebykina
Aleхei Atamanov
Vyacheslav Gnedchik
Denis Zainetdinov
Ramanbek Beishenaliev
and artists of the Mariinsky Ballet

DIAMONDS

Music by
Pyotr Tchaikovsky
from Symphony No3 in D Major

Cast

Oxana Skorik
Yevgeny Ivanchenko
Diana Smirnova
Vitaly Amelishko
Anastasia Nikitina
Alexander Beloborodov
Vlada Borodulina
debut
Nikita Korneyev
Shamala Guseinova
Alexander Romanchikov
Coaches
Elena Yevteyeva
Nina Ukhova
Elena Vorontsova
Gennady Selyutsky
Yuri Fateev
Maxim Khrebtov