sábado, 12 de octubre de 2019

Una insuperable Alina Cojocaru

Alina Cojocaru, Isaac Hernández y cuerpo de baile del ENB, en el Teatro Real (Foto: L.R.)
A las cinco en punto de la tarde, como las buenas corridas de toros, una insuperable Alina Cojocaru se metió en la piel de la Giselle de Akram Khan y conquistó al respetable, que dicho sea de paso, estaba absolutamente expectante tras el artículo escrito por Roger Salas en El País después del estreno de esta conmovedora y moderna Giselle, interpretada por el English National Ballet.

Lola Ramírez
Hay que ser muy atrevido o estar muy convencido del propio talento para meterle mano a una obra tan magistral como la compuesta por Adolphe Adam a mediados del siglo XIX. Pero está claro que Gavin Sutherland, director musical del English National Ballet desde 2008 y autor de los arreglos musicales de la Giselle de Akram Khan posee las dos características, es atrevido y está convencido de su talento. Por algo será que acaban de nombrarle doctor honoris causa por la Universidad de Huddersfield. Dicho esto, cabe reconocer que uno se siente ligeramente violentado en su oido musical cuando escucha una obertura que nada tiene que ver con la original. Es lo que tienen las obras maestras, se nos meten en el alma y no hay rival que nos haga olvidarlas. La partitura de esta Giselle es eléctrica y atormentada, cierto que hace un perfecto maridaje con la impactante coreografía de Khan, pero resulta inquietante y despierta la nostalgia de la música original.

Alina en un ensayo con el ENB
Lo mejor de este espectáculo es sin duda la insuperable actuación de Alina Cojocaru, que es una de esas rara avis que dominan perfectamente la técnica pero lo que predomina, lo que impacta en el público es su alma. La vi hace muchos años bailando la Giselle original y sentí lo mismo que había sentido viendo bailar a Barisnikov, que estaba viendo a alguien genial, alguien que roza la excelencia y consigue despertar en el espectador, además de una gran admiración, un amplio abanico de sentimientos. Intuyo que parte del atractivo de la bailarina rumana viene de su interior. Me fijaba al verla saludar al público del teatro Real en su sencilla imagen, totalmente desprovista de los tics de las estrellas. Cojocaru por su talento podía ser una diva, pero su esencia nunca se lo va a permitir.

Sería injusto no reconocer que el resto del elenco estaba a su altura. La coreografía de Khan puede sorprender a los nostálgicos pero no se puede obviar su talento. Está ahí, en las vertiginosas diagonales, en armonía del conjunto y en la lectura que se desprende del lenguaje coreográfico. Los bailarines, que lo dan todo en este espectáculo, demuestran que pertenecen a una gran compañía, desde el enamorado Albrecht, interpretado por Isaac Hernández, al agresivo Hilarión de Ken Saruhashi. Un cuerpo de baile magníficamente conjuntado, una coreografía vibrante y una iluminación con la firma de Mark Henderson son grandes aportaciones al servicio de esta original Giselle.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Una valiente Giselle trae a Tamara Rojo al Teatro Real

Tamara Rojo ayer en el Teatro Real (Foto: L.R.)
“Giselle no es una niña, es una mujer con experiencia que está embarazada de su primer hijo, se enfrenta al poder, es valiente y se sacrifica por el hombre al que ama”, así presentó esta mañana Tamara Rojo, directora del English National Ballet, a la Giselle que interpretará estos días en el Teatro Real de Madrid y que lleva la firma del coreógrafo Akram Khan.


Lola Ramírez
El próximo 10 de octubre el Teatro Real  inaugurará su temporada de danza de la mano del prestigioso English National Ballet, dirigido en la actualidad por Tamara Rojo. La directora y primera bailarina del ENB habló ayer en rueda de prensa y con gran entusiasmo de la revisión que el coreógrafo Akram Khan ha hecho del clásico GiselleLa Giselle que van a ver –afirma Rojo- es una líder emblemática de su comunidad, es una fuente de inspiración para su gente, una mujer que no pierde la esperanza de un futuro mejor, con esa capacidad infinita de amar y perdonar, al igual que la Giselle tradicional 

Akram Khan, el coreógrafo de esta moderna Giselle, traslada la acción a nuestros días en una fábrica de tejidos; allí nos sumerge en la penumbra de la desigualdad social y el abuso de poder, en un entorno marginal donde Giselle es una mujer, más fuerte y menos ingenua que en la trama original, viviendo un drama de amor en un ambiente hostil. 

El compositor Vincenzo Lamagna crea su primer trabajo para un ballet, partiendo de la obra original de Adolphe Adam, recreando un ambiente casi cinematográfico, con una fuerte carga dramática, que dibuja sobre el sonido ese espectro industrial en el que tiene lugar la acción. Con Lamagna ha colaborado el maestro Gavin Sutherland, responsable de la orquestación de esta nueva partitura, quien en las funciones que se ofrecerán en Madrid estará al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real.

Para este innovador trabajo Khan se ha rodeado de un equipo de colaboradores de lujo, como el escenógrafo y figurinista chino Tim Ying –ganador de un Óscar a la Mejor dirección Artística y de un BAFTA al mejor vestuario, ambos por la película Tigre y dragón (2000), de Ang Lee – y el iluminador británico Mark Henderson –ganador de un Premio Tony por The history Boys (2006), de Alan Bennett.

La directora y bailarina en un momento de la rueda de prensa (Foto: L.R.)


Se ofrecerán cuatro funciones de Giselle entre los días 10, 11 y 12 de octubre, este último en sesión doble a las 17.00 y a las 21.00 horas, con la participación de Tamara Rojo el día del estreno y en la última representación, quien se alternará en el papel protagonista con las primeras bailarinas Erina Takahashi (día 11) y Alina Cojocaru (día 12 a las 17.00).

Los roles principales masculinos, Albrecht e Hilarión, estarán a cargo de James Streeter y Jeffrey Cirio (10 y 12 a las 21.00 h), Aitor Arrieta y Erik Woolhouse (día 11) e Isaac Hernández Ken Saruhashi (12 a las 17.00).

Por otra parte, Giselle, de Akram Khan, y la emblemática compañía británica, se presentarán en el Gran Teatre del Liceulos días 22, 23, 24 y 25 (este último en sesión doble) el próximo mes de abril.






jueves, 3 de octubre de 2019

El final del Víctor Ullate Ballet

Víctor Ullate en una foto de archivo (Foto: L.R.)
Con una escueta nota de prensa, el gabinete de comunicación del maestro y coreógrafo Víctor Ullate ha anunciado el final del Víctor Ullate Ballet. Tras 31 años de prolífica trayectoria, recorriendo los principales escenarios del mundo y obteniendo el reconocimiento de la crítica y del público, el popular maestro ha tenido que enfrentarse a la "inviabilidad económica del proyecto".


Lola Ramírez
Esas han sido las palabras, "inviabilidad económica del proyecto", con las que la nota de prensa explica la sorprendente medida que se ha visto obligado a tomar Víctor Ullate. Integrantes de la compañía manifiestan que desde hace algún tiempo la empresa tiene dificultades para hacer frente a los pagos de los salarios. En consecuencia los bailarines han decidido enfrentarse a la situación con un "si-no-cobramos-no-bailamos",  hecho que ha obligado al maestro Ullate a decidir el cierre de su compañía.

La noticia ha sorprendido a todo el mundo del ballet, pero de momento no va a haber ruedas de prensa ni entrevistas con Ullate "ya que debido a su delicado estado de salud, los médicos le han aconsejado no someterse a situaciones de estrés",  según nos comentan en su gabinete de prensa.

Al margen del cierre de la compañía, la Escuela y Fundación Víctor Ullate  mantendrán sus puertas abiertas. Según se expresa en el mencionado comunicado, "el maestro Ullate ha decidido seguir luchando por mantener su legado y continuar formando a futuros bailarines". Y haciendo expresa relación a su Fundación, concluye que "no renuncia al sueño de dar la oportunidad de convertirse en bailarines a niños que por su situación de exclusión social no podrían hacerlo".

La Giselle de David Dawson

Jòn Vallejo y María Kochetkova en un ensayo de Giselle (Foto: Ian Wahlen)

El pasado 19 de septiembre pudimos disfrutar en el Semperoper Theatre de Dresden de la versión coreográfica de Giselle creada por el coreógrafo británico David Dawson (Londres 1972) para la compañía de danza de la bella ciudad sajona. La misma música, nuevas emociones, distinto lenguaje coreográfico y una importante diferencia argumental: En esta novedosa Giselle, Albretch mata por error a su amada.

Esta noche, 2 de octubre y el próximo martes, día 8, el español Jòn Vallejo, cuya entrevista podemos leer en este blog clicando en el nombre del bailarín, se pondrá en la piel del Albrecht quien en el medio de una pelea con Hilarión, su rival, mata sin querer a su amada Giselle (María Kochetkova) .

La versión de David Dawson es una emocionante y moderna adaptación de la coreografía de Jean Coral y Jules Perrot,  estrenada en París el 28 de Junio de 1841. Dawson afirma que su Giselle es una representante de su generación. "Es una mujer joven -dice- con libre albedrío y llena de esperanza, asume la responsabilidad de sus acciones y es independiente de las limitaciones sociales".
Courtney Richardson en el 2ºActo del ballet (Foto: I.W)

La idea de crear una nueva Giselle comenzó a gestarse en la cabeza del coreógrafo británico al final de su carrera como bailarín. Considerado uno de los artistas más innovadores en la escena de la danza actual, su personal estilo coreográfico reinterpreta el ballet clásico de una manera completamente nueva. Así en su particular Giselle y, aún habiendo muchas analogías con la convencional, hay desde el primer momento algo diferente que traspasa la distancia entre el escenario y la platea y toca el alma del espectador, ya sea por  el vestuario, por la vívida interpretación de los bailarines o por la impronta que él adjudica a cada uno de los personajes de esta carismática obra del ballet clásico. El apuesto príncipe que en la versión original se nos presenta como un apuesto caballero que a pesar de estar comprometido con una mujer de su misma clase social, flirtea con la bella Giselle, aquí es un joven "atrapado en una vida que él mismo se ha buscado. Está buscando algo que le falta, probablemente una salida, y sabe que esta nueva relación podría inspirarle y darle el futuro y la libertad que sueña", afirma Dawson.

La primera parte del ballet que el pasado día 19 estuvo magníficamente interpretada en los roles principales por Courtney Richardson (Giselle) y Julian Amir Lacey (Albretch), termina con la trágica muerte de la protagonista, que muere porque al intentar interferir en la pelea que se está desarrollando entre Hilarión y Albretch, éste último tropieza con ella y, sin querer, le atraviesa el pecho con un puñal.
Aidan Gibson en el rol de una de las "Willis" (Foto: I.W.)

En la segunda parte Albrecht no sólo es un hombre que ha perdido a la mujer que amaba sino que, además, lleva dentro de sí la culpa de que ha sido él quien la ha matado y quien, como consecuencia de este involuntario acto, se ha cargado ese futuro de libertad y felicidad con el que tanto soñaba. Es una segunda parte soberbia, un ballet blanco lleno de emoción, en el que el vestuario de Yumiko  Takeshima, maillot y velos blancos, envuelve a las Willis y las impregnan de  fuerza y misterio. Esa coreografía en la que las almas de mujeres que murieron doncellas acosan a un atribulado varón cuya torpeza ha mandado a otra más al mundo de las tinieblas, tiene una fuerza impresionante. Dawson cuando inició su propia creación de Giselle afirmó que  sentía la necesidad de expresar sus propios sentimientos "hacia una obra que me ha dado tanto".

Lo ha conseguido.

domingo, 22 de septiembre de 2019

Les Grands Ballets Canadiens en el Liceu

7ª Sinfonía de Uwe Scholz. Foto: Sasha Onyshchenko


Ya viene siendo habitual que el Liceu programe danza en septiembre, como de pasada, sin darle demasiada importancia, y dejando el estreno oficial para más adelante, cuando se programe la primera ópera. Fue así el año pasado con el Quijote de la CND, cuando aún había esperanza de que se renovara a José Carlos Martínez y ha sido así este año con estas funciones de Les Grands Ballet Canadiens. La inauguración, a bombo y platillo, se hará con Turandot.

Carolina Masjuan

Justo es destacar el papel de Roser Muñoz, debidamente acreditada en el programa y en la web del Liceu, como repetidora de la obra de Uwe Scholz, una de las cuales nos trajo la compañía canadiense como segunda pieza de su programa. Ella fue su musa y ahora viaja por todo el mundo -sin renunciar a su labor docente y como directora, junto a Joan Boix, del Centre de Danza de Catalunya- montando las reclamadas obras del coreógrafo alemán, fallecido prematuramente en 2004. 

Stabat Mater de Edward Clug. Foto: Sasha Onyshchenko
Además de Roser, hay otras participaciones catalanas en este programa. Jordi Roig, que cuenta con una importante carrera en Alemania, es el diseñador del vestuario y la escenografía de la primera obra, el Stabat Mater. También hay en el elenco, aunque no bailara en el Liceu por estar de baja de maternidad, la bailarina Emma Garau, primera solista en la compañía. 

Ivan Cavallari, nuevo director artístico, ha presentado en el Liceu el mismo programa que eligió para inaugurarse él mismo como director de la compañía en Montreal, sustituyendo al anterior director Gradimir Pankov en junio de 2017. Nosotros ya conocíamos a la compañía puesto que la vimos en Salamanca con ocasión de una gira por España que no incluyó Cataluña y en una edición de Les Étés de la Danse en París. En ambas ocasiones el programa era básicamente contemporáneo. 

Aunque una ve con ganas a esta formación y es interesante descubrir el trabajo de estos coreógrafos, francamente, volvemos a insistir que existen magníficas compañías europeas, mucho menos costosas, que podrían presentar trabajos de sus coreógrafos, del propio Scholz, o sobretodo Cranko McMillan, con el que el público balletómano catalán estaría encantado.

Stabat Mater. Foto: Sasha Onyshchenko
Pero vayamos a lo presentado por los canadienses. En Stabat Mater la obra refleja la angustia de la Virgen María por la crucifixión de su hijo. Inspirada en el poema del siglo XIII del mismo nombre, ha sido llevada a la danza en muchas ocasiones por coreógrafos tales como Peter Martins, Mark Morris o Jiri Kylian, e innumerables compositores: Liszt, Schubert, Verdi y Vivaldi por nombrar unos pocos. 

La partitura elegida por Edward Clug, cuyo trabajo es el que vimos en el Liceu, es la de Giovanni Battista Pergolesi. Se dice que Pergolesi compuso su Stabat Mater en su lecho de muerte. El coreógrafo rumano, talento emergente de la danza europea, logra establecer un diálogo actual con el Stabat Mater de Pergolesi, una obra capital del barroco italiano. Lo hace potenciando la intensidad del poema y la evocadora música de esta partitura, que a pesar de relatarnos el dolor de una madre que acaba de ver morir a su hijo, "no deja de ser portadora de vida y esperanza", tal como asegura Cavallari. 

Por suerte, el espectáculo contó con la participación en directo de la Orquesta Sinfónica del Liceu, dirigida por la canadiense Dina Gilbert y en el Stabat, escrita para dos voces, se contó con la participación en directo de la soprano Kimy Mc Laren y la mezzosoprano Maude Brunet

7ª Sinfonía. Foto: Sasha Onyshchenko
La coreografía de Clug recorre una cuidadosa línea entre la expresividad y la moderación. Hay una diferenciación constante entre el grupo de hombres, más agresivos aunque conteniéndose, dejando para la mujer un rol más familiar, solamente en la parte del desfile de moda con zapatos de tacón y pisando fuerte, nos aparecen ellas más rotundas. Vemos algunas formas escultóricas potentes e imágenes impactantes que nos muestran la tragedia tanto del nacimiento como de la crucifixión. 

El vestuario y la puesta en escena son minimalistas; vestidos color carne para las mujeres y todos de negro ellos. Los elementos escénicos son simplemente dos gigantescas cajas blancas oblongas que sugieren, por turnos, un banco de la iglesia, una pasarela, y finalmente un crucifijo. 

En cuanto a la pieza de Scholz, ésta tiene un lugar especial en el corazón de Cavallari, dada su larga asociación con el coreógrafo alemán, que murió en 2004 sorprendentemente joven a los 45 años. 

"En realidad fui parte del estreno de esa pieza", dice Cavallari, "y de hecho me echó durante los ensayos porque iba muy lento. Simplemente dijo 'Tú, fuera". Fue mucho más amable más tarde, y pasamos a trabajar juntos". 

7ª Sinfonía. Foto: Sasha Onyshchenko
La séptima sinfonía requiere de muchos bailarines en escena. Esta pieza, como gran parte del trabajo de Scholz, se basa en la creación de patrones estrechamente estructurados a los que se debe aportar una máxima precisión, para acercarse simultáneamente a la música en distintas frases manteniendo un perfecto unísono con el resto de la compañía. 

Bailado en puntas, la 7ma Sinfonía es una obra atlética, sin embargo, a pesar de los trajes y la puesta en escena renovados por Cavallari, este trabajo de 1991 se siente un poco anticuado y repetitivo. Esas medias de las bailarinas no ayudan mucho, ya que en lugar de realzar la belleza de los músculos de sus piernas, los ocultan y les dan un aire algo ortopédico. 

Pero hay que reconocer que la audiencia apreció el trabajo de la compañía canadiense y celebró con grandes aplausos ambos ballets. 

Ahora deberemos esperar hasta abril, para poder volver a disfrutar de la danza en el coliseo barcelonés cuando nos traerá al English National Ballet con la aclamadísima Giselle de Akram Khan


martes, 20 de agosto de 2019

La apuesta de Peralada por Acosta Danza

Marta Ortega y Carlos Acosta en Mermaid.
Foto: Josep Guindo

Si el prestigioso festival ampurdanés trajo como primera propuesta en danza -y también para inaugurar el Festival- a una compañía de larga tradición como es el Ballet del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, como último espectáculo de esta disciplina programó de nuevo a la compañía creada en 2016 por el gran bailarín cubano Carlos Acosta, Acosta Danza. Ellos ya bailaron la noche del fatídico 17 de Agosto de 2017, prometiendo volver, algo que hicieron el pasado 15 de Agosto y que repetirán según nos informó el director artístico del Festival Oriol Aguilá, dentro de dos años. 

Carolina Masjuan 

Este 2019 ha sido un año muy importante para el gran bailarín cubano ya que, premios y distinciones aparte, ha salido publicado en castellano su libro autobiográfico «Sin mirar atrás» así como se ha estrenado la película Yuli, basada en el libro, que ha cosechado un gran éxito y además ha sido nombrado director del Birmingham Royal Ballet, cargo que iniciará el próximo mes de enero de 2020, compaginándolo con la dirección de Acosta Danza. 

Imponderable, de Goyo Montero por Acosta Danza
Foto: Josep Guindo
Evolution es el título genérico del espectáculo que vimos en Peralada y que está girando por España. En él se incluyen dos coreografías del español Goyo Montero, director del Ballet de Nurenberg y coreógrafo residente de la compañía cubana; un hermoso paso a dos bailado por el propio Acosta con la exquisita Marta Ortega, Mermaid, de Sidi Larbi Cherkaoui, otro habitual en el repertorio de Acosta Danza; un solo de Carlos de Rusell Maliphan, Two, que ya bailó en 2017 y para finalizar una pieza para doce bailarines, Twelve, del también español, Jorge Crescis

Las dos piezas de Goyo abrieron cada una de las dos partes del espectáculo. Imponderable, donde los bailarines hacen uso de linternas para jugar con ellas creando hermosos momentos que, junto al humo que irrumpe en escena, pretenden explicar cómo las emociones no se pueden medir. Con música del canadiense Owen Belton basada en composiciones del cantante y poeta Sílvio Rodríguez, esta pieza ha sido creada para nueve bailarines. 

Llamada, de Goyo Montero por Acosta Danza.
Foto: Josep Guindo
La segunda, Llamada, nos habla de nuestros instintos, de lo que nos sale de dentro y que no podemos evitar expresar, ya sea la fe, la sexualidad o una vocación. Una obra que nos cuenta también sobre la libertad de género, de lo femenino y lo masculino, con bailarinas ataviadas con pantalones mientras que algunos de ellos lucen faldas. La banda sonora corre aquí a cargo también de Owen Belton más las voces de Miguel Poveda y Rosalía

Aunque el estilo coreográfico de Goyo crea escenas que a una le suenan como de «déjà vu» ambas propuestas gozaron del reconocimiento del público y es que la calidad, energía y fuerza de los bailarines de Acosta Danza, se contagia y trasciende. Cabe destacar que Goyo bailó en Peralada hace muchos años, cuando integraba las filas del Ballet de la Ópera de Berlín en un programa Kylian

Mermaid, en cambio, la segunda pieza presentada, emocionó profundamente. Creada para la presentación de Acosta Danza en el Sadler Wells de Londres en 2017 a partir de una música de Woojae Park inspirada en canciones coreanas sobre el mar y música adicional de Erik Satie, Mermaid es bailada por Carlos Acosta y Marta Ortega.

Marta Ortega y Carlos Acosta en Mermaid de Sidi Larbi Cherkaoui.
Foto: Joep Guindo

Aunque en un inicio parece que se trate de un paso a dos sofisticado entre una borracha, copa de champán en la mano, tambaleándose en sus zapatos de punta y sostenida por Acosta, en realidad la bailarina es una sirena a la que él ayuda, fuera de su elemento, en su desespero para ponerse en pie y andar. 

Carlos Acosta en Two. Foto: Josep Guindo
El coreógrafo explicó en una ocasión « En lugar de crear la imagen de la sirena literalmente, coloqué a Marta, una bailarina contemporánea, en zapatillas de punta. Como un pez fuera del agua que trata de caminar en tierra firme, o un extraño en territorio desconocido, la sirena busca ayuda y orientación, y la consigue por medio de Carlos Acosta. Marta, aunque se formó en clásico, rápidamente cambió hacia la danza contemporánea, por lo que ponerla de nuevo en zapatos de punta fue un verdadero desafío para ella, que adoptó rápidamente». Un gran momento de belleza, delicadeza y placer que con la presencia de Carlos, el público celebró de forma entusiasta.

Two, la otra presencia de Carlos en escena, es la tercera vez que se ve en Peralada, una por Silvie Guillem y la segunda por él mismo, que ya la bailó en la edición anterior -lean nuestra crónica de aquella noche aquí.

El estilo de Carlos, su fuerte presencia escénica y su dominio, hipnotizan en un solo que va in crescendo. Dentro de un cuadrado de luz, el bailarín hace suyo el espacio con su movimiento de brazos, torso, piernas que van atrapando al espectador, viviendo con él la experiencia. Otro momento especial de la noche.

Y para finalizar deporte, danza y matemáticas y riesgo, resistencia física y mental, en una pieza creada inicialmente para la compañía Edge en 2011, que la presentó en la Royal Opera House y re-adaptada para Acosta Danza. 

Twelve de Jorge Crescis por Acosta Danza.
Foto: Josep Guindo
En Twelve, coreografía de Jorge Crecis y música de Vincenzo Lamagna, doce son los bailarines como bien nos lo van contando ellos mismos enumerándose al inicio de la pieza mientras van lanzándose y colocando en el suelo las botellas con las que juegan en escena. 

Botellas que, iluminadas o no, son como otros bailarines de la coreografía, volando lanzadas al aire en un desafío constante para los intérpretes que antes, durante y después de giros, piruetas y saltos las recogen, o no, en los menos de los casos, para delicia, sorpresa o inquietud de la audiencia. Hay una atractiva estructura deportiva y mágica que crea un ambiente singular que atrapa al público, además de esa calidad y energía de los versátiles bailarines a la que ya nos hemos referido antes. 

Y hasta aquí la edición de nuestro Festival de verano favorito en el que siempre encontramos variedad de estilos y calidad en las propuestas. Pero a ellos también les pediríamos que nos trajeran ballets de repertorio europeo, Cranko's, Neumeier's, McMillan's ¿por qué nadie los programa aquí? ¡Son tantas y tan buenas las compañías que las tienen en su repertorio y vendrían encantadas a bailarlos! Stuttgart, Hamburgo, Munich, Oslo, Amsterdam, ciudades no tan lejanas y donde casi en todas, hay además magníficos bailarines españoles, catalanes entre ellos, de los que el público tendría oportunidad de disfrutar. Desde aquí hacemos la petición, ojalá nuestro deseo se cumpla.


martes, 30 de julio de 2019

El Quijote del Plata en Peralada

El Ballet del Sodre en Peralada. Foto: Toti Ferrer

Después de pisar muchas veces como bailarín el escenario del Festival Castell de Peralada, Igor Yebra vuelve de nuevo al Empordà pero esta vez como director de la compañía uruguaya con sede en Montevideo, el Ballet del Sodre y con una nueva creación para la compañía firmada por Blanca Li: El Quijote del Plata

Carolina Masjuan 

Igor recordó en la rueda de prensa sus distintas actuaciones en el marco del Festival: con Víctor Ullate en el debut de su compañía en Peralada, con el Ballet del Kremlin o en esa Traviata que tan bien recordamos ya que Violeta no pudo morir puesto que la lluvia se lo impidió. Igor bailó la danza que muchas veces desgraciadamente se obvia en la obra de Verdi, pero que por suerte no fue así en esa ocasión y él y María Giménez resplandecieron antes de que las gotas empezaran a caer. 

Sergio Muzzio y Paula Penachio. Foto: Toti Ferrer
La compañía llega del invierno, solo vienen la mitad de los componentes, unos cuarenta ¡fijense!. Junto con el ballet del Teatro Colón y el de Chile, el Ballet Nacional Chileno, son una de las tres mejores formaciones clásicas de latinoamérica. En sus 84 años de historia, la compañía uruguaya ha pasado por muchos altos y bajos pero cuando Julio Bocca tomó las riendas en 2010, la transformó completamente, como pudimos comprobar los espectadores catalanes con su Coppélia en el Liceu, hace apenas tres años y con el conocido bailarín Ciro Tamayo, ahora lesionado y que no ha podido viajar, en uno de los roles principales. 

Veintiocho son los bailarines uruguayos de la compañía que cuenta también con varios españoles y sobretodo, recalca Igor, tienen una cantera que va pisando con fuerza, algo imprescindible ya que si no, no sería sostenible. La financiación es mayoritariamente privada, sólo lo que es la gira es a cargo del budget exclusivo del ballet para todo el año. La gira se hace con lo que se recauda durante las funciones en Montevideo y lo que ahorran.

Igor nos explicó como se llena el teatro en cada función, 14 fueron las del estreno del Quijote del Plata y siempre se colgó el cartel de completo. La temporada ha incluido una Carmina Burana, La Sylphide, Suite en Blanc, Onegin, Manon, ¡vaya repertorio!… Siendo como es, un país caro, las entradas son asequibles, allí se apuesta por la cultura y la educación y el público responde encantado. 

Damian Torío y Kauan Soares con el cuerpo de baile
del Ballet del Sodre. Foto: Toti Ferrer
Igor aceptó inmediatamente la invitación de Julio Bocca. Tras hacer sus adieux en Burdeos y con su escuela en el País Vasco funcionando perfectamente, el bailarín llegó a Montevideo y se encontró con un programa ya casi completo, excepto un título que estaba en el aire y para el que debía encontrar propuesta. El nuevo director tenía claro que haría su entrada como director con algún tema relacionado con la cultura uruguaya y encontró en la historia de Arturo I. Xalambrí, un apasionado de Cervantes y del Quijote, el tema ideal. La colección de Xalambrí, que fue denominada "Colección Cervantina", cuenta con 2.860 obras de las cuales 1.056 pertenecen a diferentes ediciones de El Quijote. Considerada la más importante fuera de España, desde el año 2001 la Universidad de Montevideo tiene bajo su custodia esta importante colección. 

El tema encaja también perfectamente en el Festival de Peralada, que acoge la primera de las funciones de la compañía por tierras españolas -podrá verse luego en distintos festivales como el de Almagro, el de Santander, o del Escorial entre otros-. Peralada, que también alberga en su biblioteca una espectacular colección cervantina considerada como una de las más importantes del mundo a nivel privado, con unos 5000 ejemplares de los cuales más de 1000 son diferentes ediciones de Don Quijote con traducciones a 33 lenguas diferentes, es el marco ideal para este estreno. 

Mel Oliveira, Gustavo Carvalho y Brian Waldrep.
Foto: Toti Ferrer

Una vez el tema resuelto, faltaba encontrar quien lo coreografiara. Igor buscaba a alguien que conociera España y que además contara con un buen sentido del humor y fue la creadora granadina establecida en París, Blanca Li, la designada. Ambos comentaron divertidos como este enorme reto -disponían de apenas cuatro meses para realizar el ballet- se puso en marcha mediante multitud de llamadas via skype, face-time y otras maravillas de la tecnología, para empezar a diseñar el vestuario y decorados con Hugo Millan, iluminación con Pablo Pulido, etc... para que todo estuviese listo cuando Blanca pudiese aterrizar, apenas un mes antes del estreno en Montevideo, para elegir a los bailarines que debían encarnar los roles principales, muchos, de su nuevo ballet y trabajar con todo el elenco in situ. 

Vanessa Fleita y el cuerpo de baile del Ballet del Sodre.
Foto: Toti Ferrer
Para la música al principio se pensó en una partitura original encargada a algún compositor, pero no había presupuesto suficiente, luego Blanca quería recurrir al Quijote de Strauss, pero no le concedieron los derechos y así, al final, la coreógrafa encontró la música idónea para los distintos fragmentos que quería contar -en la gira se escucha en una grabación de la Orquesta Sinfónica del Sodre- en diversos compositores que habían tenido una relación o una inspiración popular con el Quijote. Obras cortas completas de compositores tales como Georg Philipp Telemann, Charles Koechlin, Claude Debussy, Maurice Ravel, Mijaíl Glinka, Camille Saint-Saëns, Emmanuel Chabrier, Nikolái Rimsky-Kórsakov y Alexander Glazunov, componen la banda sonora del ballet. Una partitura difícil para la orquesta que en una hora y media debe cambiar a registros muy distintos, igual que si en un ballet hubiesen cambios constantes de clásico a contemporáneo lo sería para los bailarines. 

En cuanto al estilo, a pesar de que la idea inicial de Igor era que fuese contemporáneo, lenguaje habitual de Blanca, al disponer de tan poco tiempo y dada la altísima calidad técnica de los bailarines, la coreógrafa decidió hacer un ballet más clásico o neoclásico, al igual que ya hizo en su creación para la Ópera de París con Scherezade

Mel Oliveira y el cuerpo de baile del Ballet del Sodre
Foto: Toti Ferrer
Trabajó mucho la parte dramática de cada personaje, así encontró al Quijote ideal en Damian Torio, un bailarín alto y delgado con una buena vis cómica que ella quería incorporar al personaje. Ciro Tamayo, ganador del concurso Certamen Internacional de Danza de Barcelona y conocido por la audiencia catalana ya que además bailó la Coppélia en el Liceu, era Sancho Panza, que en este ballet tiene un peso considerable, pero una desafortunada lesión ha hecho que haya debido ser sustituido recayendo en Kauan Sores la difícil tarea, que él ha resuelto con nota, encandilando a la audiencia con su danza ágil de técnica potente. 

Decía Arturo que los libros son la escalera que te conduce al cielo y esto es lo que vemos al abrirse el telón y que permanece en escena durante toda la función. Con el padre en su lecho, excepto cuando sonámbulo se mimetiza con el caballero de la Mancha, y con su hija atendiéndole amorosa y leyéndole sin parar los fragmentos que se suceden en escena. Al final, cuando Chalambrí, un excelente Sergio Muzzio, en su delirio, está convencido de que él es el Quijote, mueren ambos y es su hija, Paula Penachio, maravillosa en su baile mientras le lee a su padre con esos giros perfectos con el libro en la mano, quien adopta el papel del ingenioso hidalgo. 

El Ballet del Sodre en Don Quijote del Plata.
Foto: Toti Ferrer
Igor comentó como Marcia Haydée asistió al ensayo general comentándoles «tenéis una joya entre las manos» admirada por el tema escogido y por la calidad del montaje. Corrieron a comentarlo a los bailarines quienes, inmersos en la vorágine del estreno, apenas eran conscientes de lo que estaban creando. Evidentemente fue un estímulo enorme que alguien de tal categoría les transmitiera ese mensaje. Es para Igor un orgullo que gracias a este ballet se dé a conocer tan importante personaje de la cultura uruguaya por el mundo. 

El espectáculo es una mezcla de ficción y realidad que ha rememorado el clima de sueño de los grandes títulos del repertorio de ballet clásico. Al igual que Igor, Blanca Li también había actuado anteriormente en Peralada como bailarina en su Jardín de las Delicias

El Quijote del Plata, alterna y complementa dos historias: la del escritor y bibliófilo uruguayano Arturo E. Xalambrí (1888-1975), coleccionista compulsivo de obras cervantinas y especialmente de Quijotes y la historia del mismo Quijote. Durante la estancia del Ballet Nacional de Sodre en Peralada, estudiantes de danza de la zona han participado en una de las clases de la compañía, una actividad prevista en el Campus Peralada 2019. El Quijote ha sido la excusa perfecta para unir a Peralada y Uruguay dos culturas con un patrimonio común: El Quijote de la Mancha

Damián Torío y Kauan Soares. Foto: Toti Ferrer
De las once escenas elegidas por Blanca, unas están más resueltas que otras, el espectáculo va de menos a más. La escena de los molinos, con el cuerpo de baile masculino vestido de blanco con atuendo en forma de aspas es ingenioso y por momentos cumple su cometido, pero creemos que se le podría haber sacado un mejor partido. 

La quema de libros es algo anodina. En la parte de las Cuevas de Montesinos, con la peregrinación de la señora Belerma y sus doncellas, aunque aquí estén todas vestidas de negro, la similitud de algunas escenas del cuerpo de baile con escenas de las willis de Giselle no pasa desapercibida. Aunque hay otros momentos muy originales que cabe destacar.

El ballet se anima considerablemente al llegar a la parte de la boda, con la Quiteria de la magnífica Mel Oliveira y el potente Camacho de Gustavo Carvalho, acompañados por el no menos convincente Basilio de Brian Waldrep. El principio de la escena con el larguísimo velo de la novia sostenido por sus damas, momento tutú precioso éste, nos brinda instantes de gran belleza muy bien resueltos. No hay paso a dos virtuoso si no que el virtuosismo viene por parte de todos, quizás demasiado al mismo tiempo, que no te permite apreciarlo como merece, pero una fiesta, que duda cabe, que el público celebra entusiasmado. 

El final, ya contado, con la muerte de ambos caballeros, el real y el ficticio y la hija tomando las riendas, es el cierre perfecto de la historia. La otra hija, la bailarina Lara Delfino, la monja, personaje real que por cierto vivió en el País Vasco, también aparece en escena acompañando al padre en sus últimos momentos. Los aplausos y pataleos en las gradas del magnífico recinto son la prueba del éxito conseguido por Igor, Blanca y la compañía entera ¡felicidades!