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viernes, 23 de diciembre de 2016

Presentación del Ballet del Sodre en el Liceu

María Riccetto y Gustavo Carvalho, Franz y Swanilda.
Foto: Antonio Bofill

Para su única programación de ballet de la temporada, el Gran Teatre del Liceu nos ha presentado al “nuevo” ballet del Sodre. Nuevo, porque bajo la dirección de Julio Bocca, esta compañía de más de ochenta años de historia, brilla como nunca y nos brindó una deliciosa Coppélia en todos los sentidos.

Carolina Masjuan

Y cuando decimos en todos los sentidos es porque todo, absolutamente todo, alcanzó un nivel de sacarse el sobrero. Se trata de una producción amena, rica, deliciosa, tanto en la parte de baile como en la pantomima, el vestuario de José Varona es colorido, elegante y armónico, el decorado, también de Varona, rico en matices y muy bien conseguido, la adaptación coreográfica de Enrique Martínez de 1968, brillante, pero sobretodo esta compañía admira por sus bailarines y por la gran calidad como conjunto que ha logrado Bocca con su dirección en los apenas cinco años que la dirige. Jovencísimos todos, la función del día 20, que clausuraba su estancia en el Liceu, se vivió de forma absolutamente festiva y con gran entusiasmo.

Maria Riccetto, Swanilda y sus amigas.
Foto: Antoni Bofill
Ariele Gomes y el malagueño Ciro Tamayo, a quien hemos ido siguiendo desde que ganara el premio en el primer Certamen Internacional de Danza Ciutat de Barcelona, nos brindaron una Swanilda y un Franz muy convincentes. Jovencísimos ambos, llenos de talento, poseen un gran potencial y ya ahora abordaron los exigentes roles principales con seguridad y maestría. Danza ágil y delicada la de Ariele y salto potente el de Ciro con una pantomima excelente en ambos, sacando sonrisas y despertando las simpatías del público. Artistas que trascienden y enamoran.

Daniel Galarraga como Doctor Coppélius, Nicolasa Manzo y Lucas Enri, solistas en la Mazurca, Vanessa Fleita en las Czardas, Paula Penachio como Aurora y Nina Queiroz en la Pregaria, fueron los otros solistas destacados de la noche del 20.

Pero aparte de los solistas, la gran mención que merece esta función debe ser para el cuerpo de baile. Milimétrica ejecución en todas las danzas, simetría, calidad, y un tercer acto absolutamente embriagador. Portés perfectamente ejecutados, líneas espectaculares, una presentación de una gran belleza que guardaremos en la retina mucho tiempo.

María Riccetto y Daniel Galarraga. Foto: Antoni Bofill
Tampoco hay que olvidar el estupendo papel que jugó la Orquesta Sinfónica del Gran Teatre del Liceu, dirigida por Martín García que sonó magnífica y supo adecuarse tan bien a los tempi de los bailarines. ¡Una gran noche!

Y eso que cuando una leyó que se programaba Coppélia debe confesar que se sintió bastante decepcionada. ¿Coppélia? Sí, en el Liceu la última Coppélia que vimos data de muchos años atrás, cuando con el teatro recientemente quemado, vimos la versión de Roland Petit con una sublime Lucía Lacarra en el Teatre Victoria, pero Coppélia nos la trajeron recientemente en Cataluña el Ballet de Cuba, el English National Ballet, y a otro nivel, evidentemente, la versión para sus alumnos de formación del CDC, así que pensamos ¿por qué no traer al Ballet del Sodre con, por ejemplo, Onegin, que también figura en su repertorio y no se ha visto en Barcelona? –lo trajo Porta Ferrada con el Ballet de Munich hace años pero no era en un teatro cerrado- Los trabajos de Cranko, MacMillan, son apenas vistos por aquí y es obligación del Liceu programar diversidad para poder ir formando público y permitirle apreciar los distintos estilos que el clásico puede ofrecer.

Vanessa  Fleita como Aurora. Foto: Antoni Bofill
Aunque no olvidemos que lamentablemente, en el Liceu, más que en ningún otro teatro de su categoría del mundo, el ballet es la Cenicienta de las artes, no se le valora, no se le tiene en cuenta. Sólo tres programas esta temporada y uno de un grupo de bailarines aún en formación como es IT Dansa, que está muy bien que tenga su espacio en el Liceu, pero que no es de recibo programar como propuesta de la temporada y menos siendo ésta tan escasa y cuando nos dan, completando la propuesta, un Angelin Preljocaj que veremos con interés pero que dado la mínima programación, no dudaríamos en sacrificar en aras a tener más clásico.

Eso sin decir, una vez más, que no entendemos cómo un teatro de ese nivel y esas características, no tiene una compañía propia. Montevideo, su Presidente, Enrique Mujica corrió a contratar, antes de que se le adelantaran, a Julio Bocca para re-vitalizar el conjunto del Sodre (Servicio Oficial de Difusión Radio Eléctrica) que arrancó en noviembre de 1935 y que había sido un referente de la cultura uruguaya y motor de la danza local, hasta que en 1971 un incendio devastó el teatro. Aquí, en cambio, otro bailarín de indiscutible valía y prestigio, compañero como Principal en el American Ballet Theater de Julio Bocca presentó una atractiva y suficientemente estudiada a nivel económico propuesta y apenas si le quiso ni siquiera escuchar.

Y es aún más incomprensible si se recuerda que no hace tanto ya la tuvo. Una compañía cosechando éxitos por toda Europa, generando afición y dando un sentido al Liceu que se erigía como templo de la cultura catalana, estrenando ballets creados por coreógrafos de aquí, con música compuesta por compositores de aquí, bailados por bailarines de aquí, formados por escuelas de aquí y que era seguida en la temporada de danza que transcurría en primavera y parte del verano por numeroso público local y foráneo.

Coppélia por el Ballet del Sodre. Principales y
Cuerpo de Baile al final del tercer acto.
Foto: Antoni Bofill

Ahora él, Ángel Corella triunfa en Filadelfia dirigiendo el Ballet de Pensilvania. Una pena en todos los sentidos, cultural, por todo lo que nos ofrecía y que demostró con creces el tiempo que le dejaron, y económica, por la rentabilización que su ballet supondría para el Liceu y para Barcelona toda.

En la rueda de prensa ofrecida por Julio Bocca, la ex estrella del ABT comentó que su objetivo era llevar esta formación hacia ocupar un puesto entre los 10 mejores ballets del mundo.

La formación se compone de unos setenta bailarines, entre ellos, la bailarina uruguaya Maria Riccetto, conocida en Barcelona ya que bailó de la mano de Ángel Corella de quien fue compañera, al igual que de Julio, en el ABT. La mitad del elenco es, como ella, autóctona del país, el resto procede de todas partes del mundo.

María Riccetto y Gustavo Carvalho, Franz y Swanilda.
Foto: Antonio Bofill
Julio está satisfecho con la evolución de la compañía hasta la fecha. Tienen muchas peticiones para actuar en el extranjero y de hecho ya están preparando actuaciones en el Festival de Danza de Cannes, la Ópera de París o el Covent Garden de Londres.

Para 2018 preparan una nueva producción de La bella durmiente dirigida por Mario Galizzi y vestuario de Ágata Ruiz de la Prada. Y para 2019 una nueva Cenicienta  de Denis Volpi, residente en el Ballet de Stuttgart. En 2017 estrenarán obras contemporáneas creadas por bailarines de la compañía.

Julio considera que hay que tener en cuenta el contemporáneo, pero afirma que el Ballet de Sodre es clásico porque él lo es y es el estilo que más le gusta. En los cinco años que lleva a su frente, ha conseguido cambiar el perfil de esta compañía que conmemoró el año pasado su 80º aniversario con esta producción de Coppélia. Desde su llegada la compañía transmite otra energía, con bailarines muy jóvenes pero de gran calidad y ha logrado conectar muy bien con el público y ampliarlo, yendo desde los 4 a los 80 años.

Comentó que en Uruguay no es raro encontrarse en un espectáculo de danza al mismo grupo de amigos que va a ver fútbol. La apuesta de este pequeño país de tres millones y medio de personas por la danza está dando frutos. El Ballet Nacional Sodre ha atraído en el último lustro a medio millón de espectadores y realizado 334 funciones en Uruguay y 50 en el extranjero. Entre los 30 títulos estrenados la mitad han sido grandes producciones, con muchos títulos clásicos como 'El lago de los cisnes', Giselle, La Bayadera y Don Quijote.

Toda la compañía en los saludos finales con Julio Bocca y Martín García.
Foto: Antoni Bofill

Ahora la compañía de Julio Bocca se va a Madrid con dos programas distintos, la propia Coppélia y un programa neoclásico con obras de Kilian y Duato que tuvimos el privilegio de verles ensayar la mañana del 20 en el Liceu. No se lo pierdan, ¡no se arrepentirán!

martes, 31 de marzo de 2015

Exposición del fotógrafo de danza Josep Aznar

Le Presbythère de Maurice Béjart. Foto: Josep Aznar

Josep Aznar, fotógrafo de escena especializado en danza desde 1977, dispone de uno de los archivos más completos de este periodo en España. Colaborador habitual del festival Castell de Peralada desde 1984, ha realizado una exposición en la que mediante 42 fotografías, documenta tres décadas de danza del prestigioso Festival del Empordà. Rudolf Nureyev, Ángel Corella, Tamara Rojo o Antonio Gades son algunos de los protagonistas de las imágenes.

Rudolf Nureyev. Foto: Josep Aznar
La muestra, que lleva por título "Festival Castell de Peralada en dansa", recoge una selección de fotografías que muestran los espectáculos, las compañías, los coreógrafos y los bailarines más representativos que han pasado por el escenario del Alt Empordà en las últimas tres décadas.

Inaugurada el 14 de mayo de 2014 en el Palau Robert de Barcelona, se pudo ver allí hasta el 27 de julio; después se exhibió en la Ciutadella de Roses durante todo el mes de agosto y en marzo del 2015 se ha presentado en la Sala Àgora del Comú d'Andorra la Vella.

Actualmente Josep Aznar trabaja en los ámbitos de la fotografía de escena, editorial y empresa. Ha participado en una decena de libros, entre los que destacan "25 Años de Danza en el Centro Cultural Caixa Terrassa" (2009) y "Danza / Nuevas tendencias de la coreografía catalana" (1994). Sus fotografías han protagonizado 27 exposiciones (12 individuales y 15 de colectivas) en centros como el Teatre Lliure, CCCB, Museo de las Artes Escénicas de la Diputación de Barcelona, ​​Palau Robert, Centre Cultural Caixa Terrassa, Centro de Congresos de Andorra la Vella, Ayuntamiento de París, Parlamento Europeo en Estrasburgo. Ha colaborado en revistas especializadas de danza y en los programas de innumerables compañías de danza y teatro.


Ángel Corella. Foto: Josep Aznar
El escenario del Festival ha sido una plataforma para reconocidas compañías de danza clásica, neoclásica, contemporánea, flamenca y moderna, tanto nacionales como internacionales. Se han podido ver bailarines como Rudolf Nureyev y Mikhail Baryshnikov, Sylvie Guillem, Eleonora Cassano, Fernando Bujones, Julio Bocca, Ángel Corella, Tamara Rojo, Lucía Lacarra, pasando por estrellas del flamenco como Cristina Hoyos, Antonio Canales ... Ha contado con compañías como el Boston Ballet, Martha Graham Dance Company, ABT II, Les Ballets de Monte-Carlo, Béjart Ballet Lausanne, Ballet Nationale de Marseille, Ballets C de la B, Ballet del Bolshoi, Compañía Nacional de Danza, Ballet Víctor Ullate, Compañía Metros, entre otros.

Comisariada por el mismo fotógrafo y Laia Tous, coordinadora general del festival, la exposición también cuenta con un texto introductorio de Joaquim Noguero, crítico de danza de La Vanguardia y una recopilación de declaraciones que los bailarines Ángel Corella, Julio Bocca, Sara Baras, María Pagés y el coreógrafo de los Ballets de Monte-Carlo Jean Christophe Maillot han escrito para esta ocasión. En su texto, Joaquim Noguero señala que Josep Aznar y el Festival Castell de Peralada coinciden en "concebir la calidad mucho más ligada al sentido de la belleza del conjunto que a ningún tipo de exhibicionismo individual gratuito".

Josep Aznar en su estudio

El pasado 21 de marzo se vio en Andorra coincidiendo con la actuación de la "Compañía Nacional de Danza" y la sala "Miquel Mateu" del "Centre Cultural Sant Domènech de Peralada" acogerá la exposición del 25 de Setiembre al 31 de Octubre de 2015. Se está negociando con una sala de París y también está previsto llevarla a Luxemburgo.


Por último, hay interés por parte del "Museo de las Artes Escénicas" de la Diputación de Barcelona de acogerla en la sala de exposiciones del Institut del Teatre.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Corella Centro de Danza: El Corsario y ClassConcerto


El Corsario: Jardin Animé. Foto: Dayron Vera


El Corella Centro de Danza abrió sus puertas en la Ciudad Condal en Septiembre de 2012, cuando la compañía dirigida por Ángel Corella se estableció en Barcelona. Liderado por Carmen Corella y Dayron Vera, inmediatamente atrajo a muchos jóvenes aspirantes a bailarines venidos de toda Cataluña y del resto de España. Tras dos años de andadura, hemos tenido recientemente dos muestras de su trabajo. Y hemos de decir que nos han dejado totalmente admirados.

Carolina Masjuan

El Corsario: Sonia García, Rut Díaz y María Ramos
Foto: Dayron Vera
Los piratas del Corella Centro de Danza asaltaron Blanes el pasado Septiembre. Tras su éxito en el teatro Tívoli de Barcelona en Junio, una nueva función del ballet El Corsario, esta vez con fines benéficos, nos fue ofrecida en el teatro de la localidad de Blanes, justo donde comienza la Costa Brava, esa que, a lo largo de su historia, tantos ataques piratas padeció desde el mar. 

Por suerte estos piratas, aunque les sobrara bravura, sólo pretendían conquistar mediante lo que mejor se les da, bailar, y ciertamente nos conquistaron porque ¡cómo bailaron! Si este ballet ofrece grandes posibilidades de lucimiento a un variado elenco, dada su riqueza en papeles principales, los jóvenes alumnos de CCD no defraudaron y el numeroso público que llenaba el recinto les obsequió con constantes y numerosos aplausos. 

Dado el nivel existente, los papeles principales se repartieron en distintos elencos para cada acto. Dos Conrads: Acto I: Jaume Deulofeu; Acto II: David Bellver y dos Medoras: Acto I: Mónica Gómez; Acto II: Anna Pujol. Alí: Joel Selva, Gulnara: Emma Tarragón, Lankedem: Víctor González, Birbanto: Pau Pujol, más las preciosas odaliscas, los piratas, el magnífico Jardin Animé, las distintas variaciones, sin olvidar al simpático Pachá, Mariano Corella tan querido por los alumnos del centro. Un ballet que entusiasmó por la calidad de la puesta en escena y el muy buen hacer de todos. 

Paso a Tres del Corsario: Anna Pujol, David Bellver y Joel Selva
Foto: Dayron Vera

Pero evidentemente la magnificencia vino dada por el famoso paso a tres de Medora, Conrad y Alí, en este caso Anna Pujol, David Bellver y Joel Selva. Si el público ya estaba totalmente conquistado, al acabar su intervención el teatro se venía abajo. Faltaba aún la delicada parte final con el Jardin Animé. Preciosas las pequeñas con sus tutús adornados con flores, muy buena colocación por parte de todas y magnífico colofón para un precioso ballet en el que tan admirado e insuperable ha estado Ángel Corella como Alí.

Mónica Gómez Medora con el Pachá, Mariano Corella
Foto: Dayron Vera
Y a esa demostración, le está siguiendo la que antes de cada actuación de la tournée del espectáculo A+A realizan algunos de los más talentosos alumnos de la escuela con una muestra del Ballet Class Concert. 

El ballet debe en gran parte sus cuatrocientos años de existencia a diversas dinastías y entre éstas no hay que olvidar a la de los Messerer, una familia cuyas vidas se dedicaron totalmente al ballet durante casi un siglo. Londres fue la afortunada ciudad en la que Mikhail Messerer se estableció y en la que consiguió que se representara de nuevo en 1960 el ballet Class Concert. 

Los antecedentes de esta pieza se remontan, como mínimo, al año 1848 cuando Bournonville creó Le Conservatoire. Muchas veces comparado con el ballet Etudes de Harold Lander que fue creado cien años más tarde, este ballet se desarrolla como una clase, empezando los bailarines a la barra, para después ocupar el centro e ir desarrollando el vocabulario clásico de pasos, saltos, giros, etc... cada vez más dificultosos pero siempre velando a mantener la pureza de líneas que debe distinguir al bailarín clásico.  La concentración debe ponerse en la precisión y limpieza del trabajo de piernas, en la postura, en la ligereza del torso y la parte superior del cuerpo, en la gesticulación, cuidando especialmente los ports de bras y la colocación de la cabeza. El virtuosismo nunca debe conseguirse a costa de perder las líneas, la elegancia. 

Las pequeñas odaliscas y los mini Lankedem.
Foto: Dayron Vera
Como Serenade de Balanchine, fue un ballet concebido en principio para escuelas pero que las compañías rápidamente incorporaron a sus repertorios. Por ejemplo el Bolshoi, que a pesar de no haberlo representado durante el largo periodo en el que permaneció bajo la dirección de Grigorovich, sí que hizo una excepción cuando se bailó en una versión reducida que Asaf Messerer creó para la gala de su 80avo aniversario en 1982 y que fue bailada por bailarines de la gran compañía rusa en giras por el extranjero, soobretodo por Maia Plisetskaya, sobrina de Messerer. 

Christopher Weeldon, Darcy Bussell o Edward Watson del Royal Ballet lo han bailado. También Vladimir Vassiliev, Ekaterina Maximova y Carla Fracci lo apreciaron y existe la leyenda de numerosos retos acerca de quien hacía más y mejores battements. 

Los jóvenes bailarines normalmente desean bailarlo ya que les permite apreciar su progreso y aumentar su reputación. Cuando el Bolshoi lo repone son muchos los que renuncian a su tiempo libre para poder participar en los ensayos. 

Gulnara Emma Tarragón y Lankedem Víctor González
Foto: Dayron Vera

Pues bien, éste ha sido el ballet escogido por Carmen Corella y Dayron Vera para presentar el trabajo de su escuela en la gira que 24 de sus mejores alumnos, están haciendo por toda Cataluña y varias ciudades del resto España, aprovechando la programación del espectáculo "A+A" y que finalizará en los Teatros del Canal de Madrid, dónde Ángel se despedirá como bailarín para volver a Philadelphia, ciudad en la que está asentado como director del Pennsylvania Ballet. 

Adriana Calvo, Airi Fatjó y Laia Ruiz en Class Concert.
Foto: Josep Guindo Soldevila
Se trata de una versión reducida pero que permite apreciar tanto lo que da de sí este ballet como, sobretodo, poder valorar justamente el impecable trabajo y el inmenso futuro de estos jóvenes aspirantes a bailarines profesionales. ¡Tan jóvenes y ya de gira nada más y nada menos que con Ángel Corella y su selecto grupo de artistas! sin olvidar al carismático violinista Ara Malikian y los músicos de su Orquesta en el Tejado (crónica de "A+A" en Ballet y más aquí) 

Es un magnífico preámbulo de espectáculo que el público celebra encantado. Al abrirse el telón, perfectamente colocadas a la barra, las pequeñas de blanco, espectacular cantera, van calentando mientras aparece una deliciosa pequeña bailarina que, con una seriedad de profesional, ejecuta diversos pasos y pone una nota de humor en una entrañable escena en la que, al no ser suficientemente considerada por las experimentadas "mayores" éstas no la dejan hacer la barra con ellas, alejándose compungida. El ballet es muy, muy, exigente tendrá que ir avanzando, año tras año, con mucho esfuerzo y dedicación para ir mejorando y alcanzar nuevos retos.
 


Class Concert. Foto: Josep Guindo Soldevila
Tanto las niñas de blanco, como el grupo mixto de gris, ya más mayores, algunos a punto de emprender aventuras internacionales, embelesan a un público admirado por lo conseguido en los dos años de andadura del Corella Centro de Danza. ¡Qué gran suerte que por lo menos la escuela permanezca en nuestro país! 

Los lazos con Ángel Corella que vendrá a dar clases magistrales, son un atractivo más ya que probablemente permitirán interesantes intercambios con la escuela del Ballet de Pennsylvandia, pudiendo beneficiarse ambos centros de desarrollar nuevas técnicas y ampliar su abanico de estilos. 

Esto no ha hecho más que empezar, a pesar de tantas trabas para el ballet, aunque de momento no tengamos compañía ni parezca que haya sensibilidad alguna para crearla, el talento continúa existiendo, creciendo y mostrándose y la afición, tanto de alumnos como de público, se mantiene viva, así que auguramos grandes momentos para poder disfrutarlo, sí, también en Barcelona.


Class Concert. Carlota/Andrea, Alba/Emma/María/Victoria,
Adriana/Airi/Laia y la pequeña Clöe Suari.
Foto: Josep Guindo Soldevila


Alba Semper. Class Concert.
Foto: Josep Guindo Soldevila

Class Concert. Anna Pujol, Sonia García.
Foto: Josep Guindo Soldevila

Jaume Deulofeu Conrad y Pau Pujol Birbanto.
Foto: Dayron Vera


Pau Pujol Birbanto y Paula Losada con el resto de Piratas: David Bellver, Ruslan Izquierdo,
Paula Espinal, Anna Font, Paula Losada, Teodora Martínez, Anna Migó, Cristina Migó
Clara Mora, Joana Peralta, Claudia Perona y Clara Roura.
Foto: Dayron Vera

Grupo mayores Class Concert
Foto: Dayron Vera

Grupo pequeños Class Concert
Foto: Dayron Vera







miércoles, 20 de agosto de 2014

Ángel Corella director artístico del Pennsylvania Ballet

Ángel ensayando. Foto: Rosalie O'Connor

Ángel Corella deja España para volver a los EE.UU. A partir de septiembre, será el nuevo director del Ballet de Pennsylvania. Barcelona pierde, Filadelfia gana. El país que le encumbró a lo más alto de este arte tan exigente como bello, recupera emocionado a su querido artista y aquí le perdemos a él y a una compañía que durante casi seis años nos brindó momentos inolvidables.


Carolina Masjuan


La historia de Ángel Corella es una historia de pasión, entusiasmo, lucha constante…, también es una historia de triunfo. Es uno de los más grandes bailarines de su generación, un mito, una fuente de inspiración para un montón de jóvenes aspirantes a bailarines. Estrella querida y mimada en una de las mejores compañías del mundo, el American Ballet Theater, la dejó en una apoteósica velada de despedida, para dedicarse plenamente a su sueño: la compañía de ballet clásico que desde 2008 dirigía en su país, España. Y también ahí triunfo ya que con generosidad y valentía, dio todo y más a ese proyecto y demostró que se podía crear una compañía de danza con sólo el deseo y el coraje para hacerlo. 

Ensayo de Pálpito en Sant Cugat. Foto: Jordi García

Claro que sólo se podía lograr a ese nivel, si te llamas Ángel Corella. Su nombre fue el gancho para que grandes coreógrafos cedieran sus ballets y para que bailarines de todo el mundo se presentaran impulsados por el mismo sueño, participar en una compañía de danza nueva dirigida por ese gran bailarín. Y el repertorio y el elenco de inmediato deslumbraron, obras magníficas, la mayoría desconocidas en nuestro país, bailadas con una calidad, energía, pasión y encanto, como no se podía fácilmente ver en ningún otro lugar.

Una joven compañía que nos ofreció dos grandes ballets de repertorio, varios ballets creados por y para ellos, más Balanchine, Wheeldon, Twyla Tarp .... Conocimos a los bailarines, les admiramos, les seguimos, estuvimos esperando ilusionados los estrenos, asistimos a clases y ensayos, confiando en que por fin vivíamos en un país donde las artes se valoran, respetan y conservan como un tesoro, como un bien cultural y también económico.


Ángel en París en un reportaje para
Apertures Photo

Ángel triunfó, sí, porque demostró que era posible. La calidad de la compañía fue ampliamente reconocida por la crítica y el público, aquí y dondequiera que bailaran, pero al final hemos sido nosotros quienes hemos fracasado porque nuestro país es un país sin educación, que no valora la cultura, que no sabe reconocer la calidad, ni tiene en cuenta lo que quiere el público y todos hemos perdido una oportunidad única, incluso bajo el punto de vista económico, ya que podría haber impulsado un Liceu bajo mínimos, que se dedica a hacer musicales de segunda, o a alquilar el espacio a quienquiera que quiera pagarlo y ha dejado escapar una ocasión que por desgracia no se volverá a presentar. 

Él no ha tenido ningún problema en encontrar una oferta a su medida, es más, incluso se ha podido permitir rechazar algunas de muy apreciables pero que por motivos diversos no le acaban de convencer (Mijailovsky, Nueva Zelanda, …) hasta aceptar la que su corazón anhelaba. Una compañía de prestigio, con un buen presupuesto en el país que siempre le ha acogido con respeto, admiración y cariño, como merece, porque se lo ha sabido ganar.


Pero esa experiencia ha dejado poso, los magníficos bailarines que crecieron y se formaron en las manos de Corella, forman parte hoy, como principales o solistas una gran mayoría de ellos, de las más prestigiosas compañías. Otros se dedican a la docencia y aún tenemos a los que se han quedado en Barcelona, a todos ellos siempre llevaremos en nuestro corazón. Además, un grupo de seguidores de medio mundo, nos hemos conocido gracias a Ángel y hemos disfrutado juntos de la experiencia de compartir esos momentos únicos. Barcelona ya no será más el punto de encuentro, nosotros seremos quienes deberemos hacer el esfuerzo y cruzar el charco, Filadelfia, a una hora escasa de Nueva York, ganará lo que Barcelona pierde. Mascarell, Ciurana, Molins, no quisieron ver lo que perdían y la Diputación, mediante sus promesas incumplidas, obligó a que esa magnífica realidad cultural no pudiera continuar.


El Lago de los Cisnes. Barcelona Ballet en el Liceu.
Foto: A. Bofill
Por suerte, la escuela que lleva su hermana Carmen Corella, una ex bailarina del propio Ballet que ahora su hermano va a dirigir y que dejó para reunirse con él como solista en el American Ballet, esa escuela se queda en Barcelona. El bailarín principal del Ballet de Cuba y también del Corella Ballet, Dayron Vera, profesor en el Corella Centro de Danza, se queda también en Barcelona y Ángel, siempre que pueda, vendrá a dar alguna clase a esos alumnos privilegiados que ya nos demostraron de lo que son capaces con ese magnífico Corsario de final de curso.


Así que a partir de septiembre será Filadelfia quien tendrá la suerte de contar con Ángel Corella establecido allí. Está buscando una casa con un pequeño jardín para poder tener a sus dos perros, un Golden Retriever y un Basset. Tendremos sin embargo todavía la gira con A + A que el Corella Ballet hará hasta finales de año por Cataluña y el resto de España. ¿Qué pasará con los bailarines que se quedaron? ¿Tal vez se unirán al Ballet de Pennsylvania? Veremos, lo que es seguro es que esta compañía se ​​convertirá en una de las más famosas de Estados Unidos. Todo el mundo está encantado con este nombramiento, las redes sociales y los foros americanos echan chispas y están felicísimos. Son afortunados porque si su talento como bailarín era reconocido y aclamado mundialmente, Ángel ahora sabe lo que es dirigir una compañía y sabe lo que es hacerlo en las peores condiciones, así que los estadounidenses también puede beneficiarse de su experiencia y conocimientos.



El Ballet de Pennsylvania, acaba de celebrar su 50 aniversario este año. Fue fundado en 1963 por Barbara Weisberger, persona muy cercana a George Balanchine. Balanchine ha sido por lo tanto, la carta de presentación de la compañía hasta el momento. Y Corella ha confirmado que este gran coreógrafo seguirá siendo una parte esencial del repertorio de la compañía.


Despedida del ABT. Foto: Rosalie O'Connor

"Pretendo en todos los programas incluir al menos un ballet de Balanchine", ha afirmado. El Ballet de Pennsylvania cuenta con unos cuarenta bailarines y se sitúa en el número diez del ranking presupuestario de las compañías estadounidenses. Carmen Corella bailó en él en las temporadas de 1996 a1998 y Ángel admitió que era una de las compañías con las que había soñado cuando decidió abandonar su proyecto en España. "Tengo muchos planes", dijo, "hacer más giras, actuaciones públicas al aire libre, organizar programas de sensibilización en las escuelas y la incorporación de nuevos coreógrafos." Citó a Christopher Wheeldon, Wayne McGregor, Justin Peck y Liam Scarlett (¡qué gran descubrimiento ha sido para mí este coreógrafo!).

Ángel en rueda de prensa con
el Corella Ballet
En sus primeras declaraciones quiso tranquilizar a los bailarines y al personal artístico: "Creo que antes de cambiar nada, los artistas y su entorno necesitan sentirse seguros", dijo "No nos convertiremos en una compañía completamente diferente; sólo esperamos poder hacerlo siempre mejor".

La comunidad de la danza de Filadelfia confiesa que es un sueño contar con tan notable director artístico. Corella, de 38 años, es una estrella internacional que ha bailado en los teatros más prestigiosos del mundo, con las mejores compañías de ballet. Ha sido modelo para publicidad como Rolex o Freixenet y se ha codeado con las estrellas más famosas de Hollywood. También ha bailado para varios presidentes de Estados Unidos, Clinton, Obama, Bush ... y para la realeza europea.

"Estoy encantado de que venga a Filadelfia para ser el director artístico del Ballet de Pennsylvania", dijo Lois Welk, director de la Dance/USA Philadelphia, la sección local de un grupo nacional de apoyo a la danza. "Creo que va a atraer talento internacional y creo que tiene un muy buen ojo para seleccionar el repertorio". Como bailarín se le reconoce por su actitud positiva, su gran técnica y su bravura. Traerá esa misma energía a su nuevo puesto”.

Corella se pasó el mes de julio en la Universidad Americana de Hartford donde impartió clases, fue cuando estaba allí cuando se hizo público su nuevo cargo. Después volvió para pasar Agosto en Barcelona, entre la escuela de danza y los días de vacaciones para ir luego a Praga. Ahora ya está en Filadelfia y a partir de Septiembre estará ya plenamente comprometido con el Ballet de Pennsylvania, aunque viajará a España hasta final del año para las actuaciones ya programadas desde hace mucho tiempo.

Con Carolina Kennedy en el City Center de Nueva York
"Me tiraré de cabeza a dirigir la compañía, se van a cansar de mí", bromeó "Soy una persona que cuando hago algo, lo hago al 200 por ciento. Estaré en el estudio, en reuniones, siempre con una energía muy positiva. La danza es energía. Cuando los bailarines no son felices se nota en el baile. Me encanta lo que hago, y espero que sigan mi ejemplo. "

"Se convertirán en los mejores bailarines que puedan ser, si ven que su director es alguien realmente apasionado por lo que hace y yo soy una persona apasionada. Si dan lo mejor de sí mismos entonces yo también daré lo mejor. Bailar en escena no es ejecutar unos pasos, el arte de la danza conecta directamente con el alma de la audiencia."

¿Y bailará Ángel Corella en Filadelfia? Está bailando con el Corella Ballet en España, está en muy buena forma, pero él espera estar más en el estudio que en el escenario. "No sé si quieren que baile, pero yo no necesito bailar. Se debe proyectar el nombre de la compañía, no él de Ángel Corella."

Felicidades al Ballet de Pennsylvania y felicidades a Ángel Corella, le echaremos mucho de menos en Barcelona.




martes, 24 de junio de 2014

Corella Ballet: Bourbon Street y el Corsario del Corella Centro de Danza

Ángel Corella en D'Casta. Foto: Josep Guindo


Dos semanas intensas y emotivas en este inicio de junio en Barcelona. El Corella Ballet ha ocupado el Tívoli y como no podía ser de otra manera, los balletómanos de aquí y otros venidos de todo el mundo para ver a su bailarín preferido, lo hemos aprovechado al máximo. 

Si la primera semana fue A+A, crónica ya publicada oportunamente aquí, la segunda abrió con Bourbon Street, el éxito del cual ya venía avalado por las excelentes críticas y el sold out de las cuatro funciones del mes de marzo en Valladolid. 

Carolina Masjuan


Panamá. Foto: Josep Guindo
El segundo programa que se pudo disfrutar en el Tívoli venía también acompañado de música en directo. La segunda parte que da nombre a este espectáculo “Bourbon Street” cuenta con la orquesta de jazz New Orleans Pussycats. 

De la mano del trompetista Pepe Robles, la actual formación se fundó en febrero de 2005 en Barcelona pero su trayectoria viene ya de largo. Con 19 años de experiencia a sus espaldas y tras conseguir numerosos premios, Robles regresó a España desde Argentina y en 1993 fundó su primera banda. 

La orquesta de la que pudimos disfrutar en el Tívoli estuvo formada por Mikhail Violín en el banjo y voz, Mikhail Ulianovsky en el piano, Juli Aymi, clarinete, Martí Elías a la percusión y el propio Pepe Robles con su trompeta.

Abrió la noche String Sextet,con coreografía de Ángel Corella y música de Piotr Ilyich Tchaikovsky. Ocho bailarines en escena ponen movimiento a la preciosa música “Souvenir de Florencia”. Sin cuerpo de baile que les arrope, el peso de la pieza recae en las cuatro parejas principales, cada una con su momento de protagonismo. Miguel Rodríguez se ve en la difícil tarea de sustituir a Kiril Radev que, lesionado en un desafortunado accidente, se tuvo que conformar con ver el espectáculo desde el patio de butacas. Miguel, conocido nuestro por sus actuaciones en el Casinet de Hostafrancs, aprovechó la oportunidad y dejó claro por qué Corella confió en él. 

Yuka Iseda y Pedro Santos en String Sextet. Foto: Josep Guindo

También en las últimas funciones, ya que sus deberes al frente de su escuela en Segovia la reclamaban, Natalia Tapia fue sustituida por Marta Ludevid. Pero no importa quien fuera quien bailara, esta obra clásica que bebe de la fuente del estilo Balanchiniano tan cercano a Corella, nos sedujo desde la apertura del telón. Y no por ser ya conocida ni por ver menguado su elenco, dejó de cautivarnos. Junto con los ya citados bailarines, Kazuko Omori, Yuka Iseda, Russell Ducker, Pedro Santos, Carmen Corella y Dayron Vera, nos llevaron con la exquisitez de su danza hasta la bella ciudad italiana.

D'Casta, Ángel Corella. Foto: Josep Guindo
Con D’Casta llegó uno de los platos fuertes, ya que siempre que aparece Ángel Corella se percibe una sensación única en el teatro y además, en esta pieza, el bailarín accede al escenario desde el patio de butacas. El público expectante contiene el aliento esperando sus evoluciones y las del capote que lleva como falda. Capote que según nos confesó Ángel, tiene un peso considerable, aunque verle manejarlo en escena no presupone para nada esa dificultad. 

Sus giros, sus saltos, su dominio del espacio escénico son tales que tanto él como su vestuario parecen ligeros como plumas. Una coreografía creada por él mismo con música de Jerónimo Maeso estrenada el año pasado en el marco del Festival de Peralada, que fue muy celebrada y largamente aplaudida.

Un registro distinto hasta entonces, nos fue ofrecido con la pieza de Kiril Radev Sombras ajenas, que cuenta con música de Yuri Abdokov. Kiril ya ha demostrado una gran sensibilidad y un especial don para la coreografía. Su estilo recuerda al mejor Kylian y a ese neoclasicismo que ha inspirado a algunos de los mejores coreógrafos actuales. 

Sombras Ajenas. Foto: Josep Guindo
Si se le echó de menos en escena como bailarín, tuvimos por suerte la oportunidad de disfrutar de esta pieza estrenada en la exitosa gira del Corella Ballet por Argentina del año pasado. Dayron Vera, Pedro Santos y Miguel Rodríguez, sensuales y exquisitos, nos llevaron a un lugar donde el espíritu sólo accede en contadas ocasiones y de donde uno no desearía volver. Un auténtico placer.

Built to fall apart: coreografía de Russell Ducker y música de David Kanaack fue también estrenada el año pasado en Peralada, bailada en esa ocasión por Ángel Corella y Kazuko Omori. Russell ganador ya de varios importantes premios coreográficos, ha creado un paso a dos vibrante y dinámico muy a la medida de la magnífica intérprete japonesa. Kazuko es una bailarina camaleónica que se adapta a cualquier estilo. Trabajadora, luchadora, sumamente exigente consigo misma, nos lo demuestra día a día, función tras función, sea cual sea el registro que se le pida. Aquí sus grandes dotes y capacidad técnica se ponen de manifiesto con el saber hacer de su partenaire en este caso el propio coreógrafo inglés. Un paso a dos magnético el que Russell y Kazuko nos ofrecieron y que el público celebró con grandes aplausos.

Built to Fall Apart. Foto: Josep Guindo

Y tras el descanso nos llega Bourbon Street, coreografía de Ángel Corella y Russell Ducker y con música de Jazz de New Orleans de 1920, interpretada por la New Orleans Pussycats. Un ambiente de cabaret, con la orquesta al fondo, aparece tras abrirse el telón. Suena la música y los bailarines van apareciendo como clientes del local. Se saludan, se inspeccionan, ellas, coquetas, comentan sus vestidos y se instalan. Suena All Fashion Love y aparece Ángel Corella en escena. Seductor y soñador, al mejor estilo Gene Kelly, juega con su sombrero, se deshace de su americana y empieza el show con toda la compañía en escena.

Washboard Weegles. Foto: Josep Guindo
Tres jóvenes con ganas de pasarlo bien, bailan al son de Washboard Weegles  Ellos son Russell Ducker Pedro Santos y Miguel Rodríguez, excelentes con sus servilletas blancas a los que se suma Natalia Tapia en las primeras funciones y Marta Ludevid en las dos últimas, con un libro como elemento objeto de disputa. Una deliciosa y enérgica danza, un toma y daca entre los tres chicos y la bailarina que da paso al sensual Blue Island Blues en el que Carmen Corella despliega todos sus encantos y su capacidad de seducción frente a un Dayron Vera que la observa encandilado. 

Con Crooningh the Blues, Dayron Vera tras un magnífico solo se suma a la bailarina y ambos finalizan el dúo con una gran ovación. A éste paso a dos le sucedió otro dúo con un registro totalmente distinto. Alto voltaje, rapidez extrema, partenariado sumamente exigente por las grandes dosis de riesgo intrínsecas al despliegue de fuegos artificiales que supone el baile frenético de Kazuko Omori y Ángel Corella en Lady Love. Están magníficos y el público les obsequia con grandes vítores y aplausos. Totalmente merecidos. 

Con Panamá, Marta Ludevid, Yuka Iseda, Russel Ducker y Pedro Santos nos ofrecen un simpático paso a cuatro en los que a sus dotes como bailarines se sumas sus magníficas cualidades como intérpretes.

Dayron Vera y Carmen Corella en Crooning the Blues.
Foto: Josep Guindo

Y llega la apoteosis final con el clásico Sing Sing Sing. Ángel Corella y toda la compañía se despiden de su público con un energético baile en el que cada uno tiene su momento y todos se complementan perfectamente. Con acompañamiento de palmas espontáneas desde el patio de butacas todos disfrutamos de la música y del baile y sólo echamos de menos que no estemos realmente en un cabaret en el que podamos sumarnos a la fiesta y mover el esqueleto nosotros también. Muchas gracias a todos por todas estas funciones, un fantástico regalo que hemos aprovechado y disfrutado al máximo.

Lady Love. Foto: Josep Guindo
Pero el domingo, último día de función, para acabar de redondearlo, la mañana la ocupó la representación de fin de curso de la escuela Corella Centro de Danza (CCD), con la producción completa del ballet El Corsario. Y ¡qué Corsario! ¡Cuánto talento! Los jóvenes bailarines dieron el 200% en escena y el público disfrutó como si de profesionales se tratara. El teatro era una fiesta; evidentemente las familias enteras vinieron para ver actuar a sus hijos, sobrinos, nietos... pero la expectación iba más allá, numerosos maestros del excelente plantel con el cuenta Barcelona, estaban presentes en el Tívoli para ver qué había dado de sí ese centro de formación que lleva el nombre de uno de los mejores bailarines de todos los tiempos y que está dirigido por su hermana Carmen y su pareja, el bailarín cubano Dayron Vera. Y todos coincidían en que era un placer constatar la excelente preparación y el gran resultado obtenido. 

Teniendo en cuenta que tanto Carmen como Dayron estaban actuando cada noche con la compañía y que según nos confesaron, llevaban alguna que otra noche sin dormir, ya que todo coincidía al mismo tiempo, el mérito es aún mayor. 

Corella ballet en Sing, Sing, Sing. Foto: Josep Guindo
Los principales: dos Medoras: Mónica Gómez y Anna Pujol, dos Conrads: Jaume Deulofeu y David Bellver, Gulnara, Emma Tarragón, Alí: Joel Selva, Birbanto: Pau Pujol, Lankedem Víctor González, más las preciosas odaliscas, los piratas, el magnífico Jardin Animé, las distintas variaciones, sin olvidar al simpático Pachá, Mariano Corella tan querido por los alumnos del centro. Una delicia de festival que entusiasmó por la calidad de la puesta en escena y el muy buen hacer de todos. 

Pero evidentemente la magnificencia vino dada por el famoso paso a tres de Medora, Conrad y Alí, en este caso Anna Pujol, David Bellver y Joel Selva. Grandes promesas que si nadie lo remedia no tendrán más destino que emigrar. En todo caso, ya, todos, ellos y nosotros, soñando con un nuevo curso y un festival aún mejor, porque esto no ha hecho más que empezar. 

Anna Pujol con su profesora Carmen
Corella y dos compañeras.
No hay que olvidar que la joven Anna Pujol, espectacular Medora por la mañana, tuvo el honor de poder volver a pisar el escenario del Tívoli por la tarde, sustituyendo a Natalia Tapia en uno de sus papeles en Bourbon Street. Un privilegio, por descontado, pero asimismo un gran reto que la joven bailarina afrontó con decisión y solventó con gran profesionalidad. Verla en la clase previa a la función, junto con el elenco profesional, permitía soñar en que se hacía realidad nuestro gran anhelo: tener una compañía clásica de renombre internacional con un repertorio a la altura del de las mejores compañías del mundo, que se nutría de los talentos salidos de su escuela. 

Nunca lo tuvimos tan fácil, nunca se intentó a ese nivel y por una figura de ese calado, nunca se nos había demostrado que era posible -recordemos esa Bayadère y ese Lago por citar sólo los dos grandes ballets de repertorio que el Corella Ballet puso en escena- y nunca habíamos disfrutado tanto con tantos amigos de otros rincones de España y de USA, Japón, Brasil... venidos especialmente para ver la compañía de Ángel Corella en Barcelona. Un auténtico desastre que estemos viendo sus últimas funciones, una gran pérdida cultural y una oportunidad de oro para un Liceu en horas bajas que nuestros políticos no saben apreciar y no parecen capacitados para entender. Un país pequeño, una Cataluña provinciana que culturalmente se está quedando cada vez más atrasada. Y aquí no se le pueden echar las culpas a nadie de fuera ya que Mascarell no quiere saber nada, Ciurana tampoco y del Liceu mejor no hablar.... 

Nos queda la gira prevista hasta final de año y luego a esperar que nos visite la compañía que tenga la suerte de tener a Corella como director y a ser nosotros los que viajemos para seguir disfrutando de su arte con nuestros amigos. El punto de reunión ya no será Barcelona, ella se lo pierde y nosotros, muy a pesar nuestro, también. ¡Gracias por todo y hasta siempre!