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domingo, 23 de junio de 2013

La Aurora de Yolanda Correa

Loïc le Duc
Traduccion : Carolina Masjuan

Version française

Aurora - Yolanda Correa
Foto : E. Berg

Casi se podría hablar de estreno en el rol para la señorita Correa, a quien la dirección de la danza del ballet de ópera de Oslo, confía no menos de cuatro actuaciones de las diez previstas, en esta serie de Bellas firmadas por Cynthia Harvey . 

Es en La Habana, en la coreografía de Alicia Alonso y en el transcurso de una única representación, cuando Yolanda Correa se estrena en el papel de Aurora. Papel que significó para la bailarina un regreso a escena en el "Gran Teatro" después de una lesión que la mantuvo alejada, muchas semanas, del público cubano y le impidió bailar durante el XXI Festival Internacional de Ballet. Papel que le abrió el camino para el espaldarazo definitivo ya que unas pocas semanas después de su "première" como Aurora, la señorita Correa fue nombrada "Primera Bailarina" del Ballet Nacional de Cuba, el equivalente a Etoile de la Ópera de París. 

Yolanda Correa - Yoël Carreno
Foto : E. Berg
¿Es necesario destacar que la señorita Correa posee todas las cualidades para ser considerada como un referente como Aurora, gratificándonos con muy buenos momentos técnicos a tenor del gran crescendo de la música? Yolanda domina con gran ligereza y extraordinarias dotes musicales, las exigencias acumuladas en sus puntas, en el triple dominio del arabesque, la batería y el jeté, añadiendo, no sin coquetería, un hermoso port de bras. Tiene la bailarina, una maravillosa manera de coordinar los movimientos de la cabeza, los brazos y las manos, dando la impresión que acompañan y complementan, casi sin proponérselo, lo que ejecuta el resto del cuerpo: que el movimiento se interioriza, se digiere, estudiado desde la punta del pie hasta la punta de los dedos. Su Adagio de la Rosa es uno de los momentos más destacados de la noche. Sumamente juvenil, con rigor, gracia, y elegancia, con gran pureza estilística y superando con su gran técnica, los retos de esta exigente pieza de bravura. Sublime de encanto, nos ofrece unos hermosos equilibrios que responden al clima emocional de la música. 

Aurora / Yolanda Correa 
Foto : E. Berg

Desde que aparece en escena, Yolanda posee inmediatamente una clase, una presencia y una brillantez extraordinarias que dan a su personaje una verdadera dimensión teatral y mágica, que se afirmará a lo largo de todo el ballet. Encantadora adolescente, sin ninguna cursi afectación al principio, se nos aparece como una mujer completa en el paso a dos final, tal y como requiere el desarrollo psicológico de la historia, el viaje iniciático de la niñez a la edad adulta. 

En el tercer acto, cuando se celebra la boda de la Bella Durmiente, la armonía musical se hace alegoría. Su glorioso desarrollo coincide con la unión del príncipe y la princesa, el beso de uno y el despertar de la otra son el símbolo de lo que significa la madurez. No sólo la armonía hacia uno mismo, sino también la armonía con respecto al otro. Es el triunfo de ese equilibrio que celebra la coreografía de Marius Petipa. El adagio del último acto entre Aurora y el Príncipe Désiré revela, paso a paso, la estructura de este ballet prodigioso y afirma un optimismo inagotable por una secuencia de figuras deslumbrantes, magnificadas por la interpretación de los cubanos del ballet de Noruega. 

El Principe Désiré / Yoël Carreno
Foto : E. Berg

La personalidad de Yoël Carreño hace maravillas en el papel del príncipe y le confiere ese raro y precioso don: la presencia. Su príncipe es de noble raza, no sólo la de un bello bailarín, sino también la de un gran artista. Su técnica se combina aquí a nivel superlativo. ¡Para quitarse el sombrero! 

Foto : E. Berg
Pero la Bella es también el cuerpo de baile y los múltiples solistas. Gakuro Matsui y Emma Lloyd defienden la delicada del pas de deux del Pájaro azul con una gran convicción y gran técnica. Él ideal de ligereza, vivacidad y poesía. Ella, luminosa, burbujeante, superlativa de dinamismo y virtuosismo. La elegante Hedda Staver Cooke interpreta a una delicada y sobria Hada de las Lilas, tal vez un poco demasiado en relación a los requisitos del rol. Ingrid Lorentzen nos ofrece una Carabosse terrible de maldad, perfecta encarnación de las fuerzas del mal. El cuerpo de baile está totalmente involucrado en esta producción, evidencia de la buena salud de la compañía. 

Mención especial debe hacerse a la Orquesta de la Ópera de Oslo que, bajo la batuta de Boris Gruzin, ejecuta inteligente y sutilmente la partitura de Tchaikovsky.

Foto : E. Berg

La Bella Durmiente - Oslo - representación del 14 de junio 2013

miércoles, 29 de mayo de 2013

Yoël Carreño, Corsario invitado en el Ballet du Capitole de Toulouse

Loïc le Duc
Traduccion : Carolina Masjuan

Yoël Carreño - El Corsario
Crédit DR Ballet du Capitole

Version française

Con ocasión de la representación del 18 de mayo, en el escenario del Teatro Capitole, Kader Belarbi felicitó calurosamente a Yoël Carreño ... felicitaciones que prolongaban la alegría de un público entusiasta, sin ninguna prisa en dejar a los maravillosos artistas de este Corsario revisado y adaptado por el director del Ballet du Capitole. 

Y sin embargo, en cuatro días, Yoël Carreño tuvo que aprenderse el papel del Corsario, que nunca había bailado antes, solventando brillantemente el desafío. Yoël encendió la llama en el escenario del Capitole y conquistó el corazón del público de Toulouse. Bailarín noble con una técnica a toda prueba, el bailarín estrella del Ballet Nacional de Noruega, se ha impuesto como un Corsario de referencia. ¡Qué elevación! Y ¿qué decir de sus tours à la seconde que nunca terminan y durante los cuales Yoël se da el lujo de coger su pie izquierdo con la mano izquierda sin dejar de girar. Un Ooooh! de admiración se levanta del público seguido de largos aplausos. Todo está perfectamente ejecutado, sin esfuerzo aparente, con la precisión más absoluta. El cubano borda su trabajo de piernas y se nos revela como un actor fantástico. Pero lo más entrañable de él, es su generosidad hacia el público, el deseo de brillar, sin concesiones, sin abandonar el rigor. 

Katerina Shalkina / Yoël Carreño
Crédit DR Ballet du Capitole
Partenaire ideal, pone en valor a la hermosa Kateryna Shalkina. La solista del Béjart Ballet Lausanne es una maravilla de sutileza, de ingenio, de buen humor, con piernas y brazos de una delicadeza excepcionales, sus manos revoloteando como mariposas, siempre brillante y alegre, en particular en las variaciones que requieren fragancia orientalista con la que ella coquetea. 

Porque este Corsario exhala hermosos olores y nos deleita en cada cuadro. Kader Belarbi se ha alejado del argumento de Byron, retomado por Mazilier para su Corsaire creado para la Ópera de París en 1856, para centrarse en la historia del amor frustrado entre el Corsario y la Bella Esclava. Comprada por el Sultán (Valerio Mangianti) en el mercado, la Bella Esclava resulta ser una amenaza para La Favorita (Pascale Saurel). Tocada con un sobrero cornudo, la Favorita es quien mueve los hilos de la trama, lanzando al Corsario a los brazos de la hermosa esclava para evitar que se convierta en la Favorita en lugar de ella misma. Y despierta la ira del sultán. Después de muchas aventuras, el sultán abandona a los amantes en el mar, condenados a morir en la tormenta. 

Mediante una acertada dosis de precisión en la coreografía, de riqueza iconográfica, de autenticidad en el gesto y de lealtad a una gramática elegante teñida del lirismo del trabajo de brazos y del torso, Kader Belarbi nos ofrece un ballet clásico, enteramente inmerso en la poesía de Oriente, en su emoción y en su movimiento, mientras se cuida el encadenamiento de los distintos cuadros con una cadencia de película. 

Yoël Carreño / Katerina Shalkina / Valerio Mangianti
Crédit DR Ballet du Capitole

Almés, odaliscas, peris, derviches, corsarios y otros jenízaros se cruzan, se miran, se persiguen o se seducen, magnificados por la suntuosidad del vestuario, colorido y fluido, de Olivier Bériot. Y evolucionando entre los arcos, el cielo y el mar inteligentemente utilizados para sugerir, sin obstruir jamás. La mirada se centra así, en la coreografía: Bravura y grandes saltos para el Corsario, variaciones fogosas y salvajes para el Sultán (Valerio Mangianti), resultado de una rara danza-fusión de estilos, clásico, folklore ruso-árabe y balanceos contemporáneos, cambrés, cuerpos sinuosos y fluidez de muñecas para la Bella Esclava con aires de Nikiya. El cuerpo de baile, con muy buen porte, participa en la acción con inteligencia: almés con elegantes líneas, curvas y languidez sumisa para las odaliscas... todo sabiamente orquestado por David Coleman quien ha cortado, ampliado, revisado, la partitura de Adolphe Adam, incorporando algunos fragmentos de Massenet o Lalo. Gran iniciativa, sobre todo cuando las mujeres piratas realizan una impresionante "Danza de Panderetas" con la “Marcha Oriental” de Sibelius. 

Katerina Shalkina / Yoël Carreño
Crédit DR Ballet du Capitole

¡Qué espectáculo! ¡Qué gran compañía! Un verdadero placer! Cruzamos los dedos para que Yoël Carreño sea de nuevo invitado aquí en el Capitole, o en Garnier .... A buen entendedor…



Función del 18 mayo 2013 – Théâtre du Capitole 

Bailarines

El Sultan : Valerio Mangianti
El Corsario : Yoël Carreño
Le Chisme : Shizen Kazama
La Bella Esclava : Kateryna Shalkina
Dos Esclavas : Isabelle Brusson et Gaëlla Pujol
La Favorita : Pascale Saurel


Música : Adolphe Adam, Massenet, Anton Arenski, Edouard Lalo, Jean Sibelius, David Coleman 
Coreografía : Kader Belarbi 
Colaboración artística : Martine Kahane 
Decorados : Sylvie Olivé 
Asistente Decorados : Camille Ansquer 
Vestuario : Olivier Bériot 
Iluminación : Marion Hewlett

lunes, 13 de mayo de 2013

DIFFERENT SHORES - Jiří Kylián - Ballet Nacional de Noruega

Loïc le Duc
Traduccion : Carolina Masjuan



Foto : Erik Berg - Stepping Stones
Yolanda Correa / Yoël Carreno

El coreógrafo Jiří Kylián es un invitado habitual de la Ópera de Oslo. Después de "Wild Flowers", presentado durante la temporada 2011, "Differentes Shores" es el cuarto programa de ballet dedicado al mundo del coreógrafo checo. 

No es de extrañar, ya que es considerado, por unanimidad, uno de los más importantes coreógrafos actuales. Su humanismo, la universalidad de los temas presentes en sus creaciones (la relación hombre-mujer, individuo-grupo, la muerte, la ilusión ...), su gran musicalidad y su experiencia escenográfica, hacen de él el coreógrafo por excelencia. Sobre todo, porque la falta de un estilo definido, reivindicado como una firma, le permite una cierta libertad, cada obra siendo distinta de la otra, muy a menudo inspirada por la música, su universo y su estructura. 

Nada menos que tres nuevas obras entran en el repertorio del Ballet Nacional de Noruega. Mientras que la potente "Soldiers' Mass" (1980) es interpretada por 12 bailarines bajo la pieza musical de Bohuslav Martinu, la fascinante "Stepping Stones" ( 1991) es una de las pocas en las que Kylián utiliza la técnica de punta. La música de John Cage y Anton Webern acompaña la partitura coreográfica. La más reciente de las tres coreografías, "Gods and Dogs" (2008) - centésima obra del coreógrafo del Nederlands Dans Theater - explora la frontera, frágil, entre la normalidad y la locura. 

Unas funciones inolvidables que debemos agradecer a Ingrid Lorentzen, Directora de Danza de la Ópera Noruega, quien, por medio de esta programación, nos ofrece una velada totalmente estimulante. 


STEPPING STONES 

Foto : Erik Berg - Stepping Stones
Yoël Carreno / Yolanda Correa / Philip Currell
Stepping Stones, bajo piezas para piano preparado de John Cage y las "Seis bagatelas" para cuarteto de cuerdas de Anton Webern. Poco importa que esas "Stones" sean las piedras de un vado o de un camino iniciático. 

La decoración inusual, con tres gatos egipcios y pequeñas reproducciones de estatuas que llevan los ocho bailarines en la punta de sus brazos o entre sus piernas, así como los maillots, se nos muestran anecdóticos ante la constante invención de una coreografía a la vez virtuosa y atlética. 

Movimientos de caderas sabiamente dosificados en base a los síncopes de la música, un trabajo constante de rotación de brazos, una coordinación peligrosa con el minimalismo de Cage y Webern y el uso de las puntas, parecen un trabajo de relojería suiza, a la cual se pliegan, con mucho entusiasmo, los solistas Yoël Carreño, de imponente presencia, Kaloyan Boyadjiev, Philip Currell y Christine Thomassen, y los bailarines del cuerpo de baile Stine Ostvold, Ole Willy Falkhaugen y Cristiane Sa. 

En cuanto a la interpretación de la señorita Correa, es, simplemente, remarcable: de una gran fluidez, su cuerpo es una grácil ondulación que casa maravillosamente con el contorno sonoro le la obra. 


GODS AND DOGS 

Foto : Erik Berg - Gods and Dogs
Yolanda Correa / Gakuro Matsui

Dioses y perros es una interrogación, una charla, magistral, en la frontera, frágil, que separa la normalidad de la locura. 

Magistral puesto que sutil y habitada, sin ningún énfasis didáctico: juegos acerca de las fronteras de la escena, metáfora del ser humano, salidas de escena improvisadas... De una belleza indescriptible, Gods and Dogs, goza de efectos de luces que magnifican la cortina de fondo de escena, compuesta por cadenas de metal que participan en el movimiento de la coreografía. Este universo sorprendente y fascinante, evoluciona al ritmo de la música de Dirk Haubrich, inspirada por un cuarteto de Beethoven, que rasga el espacio e instala su pulso: para no detenerse jamás. La estética helada, enojada, desarticulada y rápida de la pieza, se basa en los mismos fundamentos que la investigación de los postmodernos como Trisha Brown y Lucinda Child. Aunque Kylián utiliza el vocabulario académico del que crispa aquí los principios y demuestra el cambio hacia la locura, por medio del estallido de la estructura de la danza. 

Foto : Erik Berg - Gods and Dogs
La gestualidad necesaria para interpretar Gods and Dogs está magníficamente servida por los bailarines del Ballet Nacional de Noruega, que no escatiman, con una precisión asombrosa, ninguna combinación posible del cuerpo, de todos los ritmos, de todos los músculos del cuerpo, incluyendo los de la cara. 

Haremos hincapié en la interpretación de Yolanda Correa quien, una vez más, pone sus aptitudes físicas y su técnica al servicio del estilo Kylián con una concentración interior tan intensa, que le permite vivir cada movimiento y proporcionar un excelente trabajo sobre el flujo de energía, en el que el equilibrio inestable es un arte. Emma Lloyd, brillante, técnicamente impecable, se rebela a su mejor nivel. 

En los hombres, Gakuro Matsui, a quien el público aplaude profusamente al final del espectáculo, está a la altura de las exigencias de una partitura coreográfica violenta y agitada que le convierte en la víctima poseída de espasmos incontrolables. 

Foto : Erik Berg - Gods and Dogs
Gakuro Matsui


SOLDIERS'MASS 

En la parte final de la velada de estas "Different Shores" figura "Soldiers' Mass". La coreografía de Kylián tiene la ambición de recrear las emociones de la música de Bohuslav Martinu. Este álbum para coro, metal, piano y percusión, fue escrito en 1939, a partir de un texto de Jiří Mucha, dedicado a la memoria de un batallón de jóvenes reclutas checos, asesinados al día siguiente de su llegada al frente, durante la Primera Guerra Mundial. 

Foto : Erik Berg - Soldiers'Mass

Doce bailarines, vestidos con estilizados trajes color caqui, vuelven la espalda a la audiencia, en una pose típica de Kylián. Bailan contra una línea de horizonte curvo y nunca dejan de bailar al unísono, siguiendo los hábitos de un regimiento. Y cuando uno de los artistas - Aarne Kristian Ruutu - rompe ese efecto de masa para interpretar un solo endiablado, es la imagen de la juventud perdida que se materializa en esa energía de desespero anunciada. Porque si la coreografía juega con esta masa anónima de doce hombres, el ojo ingenioso de Kylián para el detalle, destaca el trágico destino de cada protagonista. 

Sobre todo porque la vena teatral de Soldiers' Mass denuncia, con fuerza y tragedia, la estupidez de la guerra. Y nos ofrece pasajes particularmente conmovedores: en un momento dado, los bailarines se paran, de cara al público, y desafiantes, cantan, como los condenados, con el coro. Luego, todos, rasgan sus camisas y el torso desnudo, los brazos en cruz, se giran hacia el público al que desafían una última vez antes de desfallecer, uno tras otro, como heridos por una bala en pleno corazón. 

Foto : Erik Berg - Soldiers' Mass

Excelente reparto para esta última representación de Soldiers' Mass con una mención especial a Martin Dauchez que brilla en cada una de sus apariciones en el escenario de la Ópera de Oslo.


Oslo - Funciun de 3 de mayo 2013

Stepping Stones
Coreografia : Jiří Kylián
Musica : John Cage - Anton Webern
Escenografia : Michael Simon

Bailarines : Kaloyan Boyadjen, Yoël Carreno, Yolanda Correa, Philip Currell, Ole Willy Falkhaugen, Stine Ostvold,Cristiane Sa, Christine Thomassen 

Gods and Dogs
Coreografia : Jiří Kylián
Musica : Dirk Haubrich - Ludwig van Beethoven
Escenografia : Jiří Kylián

Bailarines : Yolanda Correa, Martin Dauchez, Emma Lloyd, Gakuro Matsui, Stine Ostvold, Aarne Kristian Ruutu, Garrett Smith, Christine Thomassen  

Soldiers' Mass
Coreografia : Jiří Kylián
Musica : Bohuslav Martinu
Escenografia : Jiří Kylián

Bailarines : Kaloyan Boyadjen, Fernando Carrion, Philip Currell, Martin Dauchez, Ole Willy Falkhaugen, Andreas Heise, Samantha Lynch, Gakuro Matsui, Tomoaki Nakanome, Aarne Kristian Ruutu, Kristian Stovind, Dirk Weyershausen

lunes, 6 de febrero de 2012

Giselle - Correa-Carreño, una pareja de antología

Loïc le Duc
Traduccion : Carolina Masjuan


Foto : Erick Berg
Yolanda Correa - Yoël Carreno
Version française
Desde el flechazo con el príncipe Albertch disfrazado, hasta los ruegos a la reina para salvar al objeto de su amor, Yolanda Correa hace accesible y emotiva la historia de un romanticismo universal. Su baile y su técnica no son más que perfección. La asociación con Yoel Carreño alcanza el paroxismo. 

"Giselle" en sus inicios en 1841, basada en un poema de Heinrich Heine, con música de Adolphe Adam y coreografía de Jean Coralli, supone la culminación del romanticismo. Originalmente es la Grisi a quien el bailarín
Jules Perrot trajo de Nápoles. Una combinación de talentos (Teófilo Gautier, Vernoy de San Jorge, Coralli ...) engendra un éxito planetario: entre 1841 y 1849, cuando termina el contrato de la Grisi con la ópera, la obra se ha representado ochenta y nueve veces. Desde 1842, el ballet se baila en Viena, Londres y San Petersburgo.
En un pueblo de Alemania, el príncipe Albrecht, oculto bajo el nombre de Loys, ha seducido a la joven Giselle a quien también ama Hilarión, el guarda de caza. Sorprendido por la llegada de Bathilde, su novia oficial, Albertch no puede impedir la revelación de su verdadera identidad. Giselle enloquece y muere. En el segundo acto, Giselle se une a la Wilis , jóvenes que murieron antes de su boda y que hcen bailar hasta la muerte a todos los hombres que se aventuran en el bosque. Hilarión, que se aproxima a la tumba de Giselle es su primera víctima. Bajo las órdenes de la implacable Myrtha, Albrecht habría sufrido la misma suerte si Giselle no le hubiese defendido. Ella baila con él para ayudarle a sobrevivir hasta los primeros rayos del sol, que serán su salvación. Concebido para el lucimiento de la bailarina, Giselle se impone también gracias a su pareja. Como partenaires de gran calidad acompañan a la bailarina, el ballet saborea un éxito sostenido que le aclama como el parangón de la danza romántica. Pero ésta conduce a la desaparición de la danza masculina ... y poco a poco, al mismo tiempo que los bailarines pierden su importancia, el éxito de Giselle decae. En 1868, Giselle sale del repertorio de la Ópera. Hay que esperar hasta 1932 y Serge Lifar, para que la obra se vuelva a reponer. Él mismo interpreta a Albrecht y comparte cartel con Olga Spessivtseva para luego, en el año 1941 hacerlo con Lycette Darsonval. Desde entonces, el ballet no dejará ya de formar parte del repertorio, sin duda a causa de su coherencia dramática.  Aquí es donde van a brillar las más grandes bailarinas desde la Pavlova a Chauviré, pasando por Ulanova, Fracci, Fonteyn o Alonso.

Foto : Erick Berg
Yolanda Correa - Yoël Carreno
Frágil e inspirada, la Giselle de Yolanda Correa es la de una niña de quince años, que se está fraguando a la vida. No es más que felicidad y alegría de vivir. Su Giselle es la de la luz de la juventud, segada antes de tiempo. La heroína cubana encarna una bailarina de una sinceridad inquietante, su rostro siempre animado y expresivo, viviendo el mimodrama de forma fiel, sabiendo transmitir los convencionalismos, de forma natural y creíble. La danza y la técnica de la Estrella rozan la perfección. La traición es tanto más terrible puesto que Giselle / Yolanda Correa no es más que felicidad y pureza. Su escena de la locura es un shock. Quiere morir, se refugia en las faldas de su madre, hay un rechazo a la vida, una negativa a la luz, un rechazo a todo, y cuando surgen los recuerdos, estos vienen de lejos, poco a poco: el amor, el juramento, la pequeña flor, un caos terrible, algunas pequeñas frases que permanecieron y luego la negación, el rechazo; de repente tropieza con la espada, siente placer en asustar a los que la rodean, como un niño; las visiones se le aparecen como cometas y esa maravillosa cuenta regresiva la conduce a la pesadilla que la mata. Las cualidades dramáticas de la Señorita Correa resultan abrumadoras.
En el segundo acto, la bailarina interpreta con brío ese gran ejercicio de estilo, extremadamente refinado. Yolanda Correa se convierte en una "ausencia inquietante" el fruto de la imaginación de Albrecht. Pálida, guiada por la despiadada Myrtha y desesperadamente enamorada, Yolanda Correa encadena su danza con soltura e inspiración. La armonía de esta segunda parte se vería menguada, sin Yoel Carreño con el que forma un partenariado de antología. Su complicidad y las cualidades de partenaire del bailarín explican el lado inmaterial de su  composición. Se imagina tener a Giselle en sus brazos y de repente se da cuenta que no tiene sensaciones. En los decalés del final, Yoel Carreño no sólo transporta a su pareja, sino que posee una musicalidad perfecta, la coloca sobre la nota para que tenga toda su resonancia con el fin de crear esta ilusión mágica. Además de los portés de una precisión de ensueño, el cubano encadena unas variaciones y una coda brillante sin ostentación, con la nobleza que uno espera del príncipe y de una Estrella en este rol.

Clair Constant baila Myrtha. Imperial, posee toda su autoridad. Su técnica sin falla, con puntas de ensueño, saltos soberbios y una danza amplia. Si Kaloyan Boyadjiev nos brinda un Hilarión de buena factura, su presencia escénica debería ser mas “terrena” quizás algo menos noble.

Foto : Erick Berg

El cuerpo de baile es perfecto en el primer acto, con alineaciones menos precisas en el acto blanco. Los bailarines del pas de deux des Paysants, al contrario que los protagonistas, no poseen ninguna dimensión psicológica y no juegan ningún papel real en el desarrollo de la trama. No existen más que como proyección de los fantasmas de la heroína. Este paso a dos debe encantarnos. Cada movimiento que lo compone debe respirar el perfume del amor y la felicidad. Si Natasha Jones nos ofrece una bella danza de técnica segura, Craig Lee Cathcart es más flojo en sus variaciones.

Esta Giselle que pudimos ver a las orillas del fiordo de Oslo, es una fiesta para los sentidos. Un regalo. ¿Podemos esperar que sea inmortalizada mediante la grabación de un DVD? ¿Podemos soñar que ambos artistas sean invitados en el escenario de la Opera Garnier en una próxima programación de Giselle? Crucemos los dedos ...

Giselle
Ballet Nacional de Noruega. Representación de 28 de enero de 2012
(Estreno)
Coreografía: Jean Coralli y Jules Perrot
Puesta en escena: Cynthia Harvey
Música: Adolphe Adam
Escenografía y diseño de vestuario: David Walker
Diseño de iluminación: James F. Ingalls

Dirección Musical: Terje Boye Hansen
Orquesta de la Ópera Nacional de Noruega

Giselle : Correa - Carreno, un couple anthologique

Par Loïc le Duc


Photo : Erik Berg
Yolanda Correa, Yoël Carreno

« Giselle », à sa création en 1841 d'après un poème de Heinrich Heine, sur une musique d'Adolphe Adam et une chorégraphie de Jean Coralli, marque l'apogée du romantisme. A l'origine est la Grisi que le danseur Jules Perrot a ramené de Naples. Une conjonction de talents (Théophile Gautier, Vernoy de Saint-Georges, Coralli…) engendre un succès planétaire : entre 1841 et 1849, date de la fin du contrat de la Grisi avec l'Opéra, l'ouvrage est donné quatre vingt neuf fois. Dès 1842, le ballet est dansé à Vienne, Londres puis Saint-Petersbourg. 
Dans un village d'Allemagne, le prince Albrecht, dissimulé sous le nom de Loys, a séduit la jeune Giselle, qu'aime aussi Hilarion, le garde chasse. Surpris par l'arrivée de Bathilde, sa fiancée officielle, Albrecht ne peut empêcher la révélation de son identité réelle. Giselle en devient folle et meurt. Au second acte, Giselle a rejoint les Wilis, jeunes filles mortes avant leur mariage. Elles font danser à mort les hommes qu'elles surprennent. Hilarion, venu sur la tombe de Giselle, en est leur première victime. Sous les ordres de l'implacable Myrtha, elles auraient fait subir le même sort à Albrecht si Giselle ne l'avait défendu. Elle danse avec lui pour l'aider à survivre jusqu'aux premiers rayons du jour, qui le délivreront. Conçu pour mettre en valeur la ballerine, Giselle va s'imposer aussi grâce à son partenaire. Tant que des partenaires de qualité accompagnent la danseuse, ce ballet connaît une faveur soutenue et passe pour le parangon de la danse romantique. Mais celle-ci conduit à la disparition de la danse masculine… et petit à petit, en même temps que les danseurs perdent de leur importance, le succès de Giselle décline. En 1868, Giselle quitte le répertoire de l'Opéra. Il faudra attendre 1932 et Serge Lifar pour que l'ouvrage soit remonté. Il tient le rôle d'Albrecht et partage l'affiche avec Olga Spessivtseva, puis en 1941 avec Lycette Darsonval. Dès lors, le ballet ne quittera plus l'affiche, sans doute à cause de sa cohérence dramaturgie. C'est là que vont s'illustrer les plus grandes danseuses, de Pavlova à Chauviré, en passant par Oulanova, Fracci, Fonteyn ou Alonso. 
Photo : Erik Berg
Yolanda Correa, Yoël Carreno
Fragile et inspirée, la Giselle de Yolanda Correa est celle d'une enfant de quinze ans à peine, qui est en train d'éclore à la vie. Elle n'est que gaieté et joie de vivre. Sa Giselle est celle de la lumière de la jeunesse, fauchée avant l'heure. La ballerine cubaine incarne une héroïne d'une troublante sincérité, le visage toujours animé et expressif, vivant le mimodrame de manière fidèle, sachant en rendre naturelles et crédibles les conventions. La danse et la technique de l'Etoile frisent la perfection. La trahison est d'autant plus effroyable que Giselle/Yolanda Correa n'est que joie de vivre et pureté. Sa scène de la folie est un choc. Elle veut mourir, se réfugie dans les jupes de sa mère, il y a un refus de vie, un refus de lumière, un refus de tout, et quand les souvenirs émergent, ils viennent de très loin, par bribes : l'amour, le serment, la petite fleur, c'est un chaos effroyable, quelques petites phrases qui sont restées et puis le non, le refus ; tout à coup, elle bute dans l'épée, elle prend plaisir à effrayer ceux qui l'entourent, comme une enfant ; des visions lui apparaissent comme des comètes et ce merveilleux compte à rebours la mène au malaise qui la tue. Les qualités dramatiques de mademoiselle Correa se révèlent bouleversantes. 
Au second acte, la ballerine réussit avec brio ce grand exercice de style, extrêmement raffiné. Yolanda Correa devient une "absence envoûtante", le fruit de l'imagination d'Albrecht. Pâle, guidée sans pitié par Myrtha et éperdue d'amour, Yolanda Correa enchaîne les danses avec aisance et inspiration. La grâce de cette seconde partie serait amoindrie sans Yoël Carreno avec lequel elle forme un couple d'anthologie. Leur complicité et les qualités de partenaire du danseur expliquent le côté immatériel de leur composition. Il imagine voir Giselle dans ses bras et réalise brusquement qu'il n'a pas de sensations. Dans les décalés de la fin, Yoël Carreno non seulement transporte sa partenaire mais est d'une musicalité parfaite, la pose sur la note pour qu'elle ait toute sa résonance, de façon à créer cette illusion magique. Outre les portés d'une précision rêvée, le cubain enchaîne des variations et une coda brillante sans ostentation, avec la noblesse attendue du prince et d'une Etoile dans ce rôle. 
Photo : Erik Berg
Clair Constant danse Myrtha. Impériale, elle en a l'autorité. Sa technique est sans faille, avec des pointes de rêves, des sauts superbes et une danse ample. Si Kaloyan Boyadjiev nous propose un Hilarion de très belle facture, sa présence scénique devrait être plus "terrienne" et peut être moins noble. Le corps de ballet est parfait dans le premier acte, les alignements plus imprécis dans l'acte blanc. Les paysans du pas de deux sont, à l'opposé des rôles-titres, dépourvus de toute dimension psychologique et ne jouent aucun rôle véritable dans le déroulement de l'intrigue. Ils n'existent que comme projection des fantasmes de l'héroïne. Ce pas de deux doit nous charmer. Chaque mouvement qui le compose doit respirer le parfum de l'amour et du bonheur. Si Natasha Jones nous offre une belle danse à la technique sûre, Craig Lee Cathcart est plus en peine dans les variations de cet exercice. 
Cette Giselle qui nous est donnée à voir sur les bords du fjord d'Oslo, est une fête pour les sens. Un cadeau. Peut-on espérer qu'elle soit immortalisée par l'enregistrement d'un DVD ? Peut-on rêver que les deux artistes soient invités sur la scène de l'opéra Garnier lors d'une prochaine reprise de Giselle ? Croisons les doigts…

Giselle
Ballet national de Norvège. Représentation du 28 janvier 2012 (Première)
Chorégraphie : Jean Coralli and Jules Perrot
Mise en scène : Cynthia Harvey
Musique : Adolphe Adam
Scénographie et costumes: David Walker
Lumières : James F. Ingalls
Direction musicale : Terje Boye Hansen
Norwegian National Opera Orchestra







martes, 17 de mayo de 2011

Wild flowers, cuatro obras de Kylian, por el Ballet Nacional de Noruega


Foto : Erick Berg
Loïc le Duc
Traduccion : Carolina Masjuan

Función del 29 de abril de 2011

¿Quién habría podido preveer el nacimiento de un nuevo gran coreógrafo cuando el 17 de junio de 1970, en Stuttgart, la honorable "Société Noverre" puso en escena Paradox, el opus nº 1 de un joven checo de 23 años? Jiri Kylian firmaba ahí, con una hermosa audacia, la música, los decorados, el vestuario y las luces, al mismo tiempo que la coreografía. En la segunda mitad del decenio, Kylian se imponía con brillantez, gracias a obras tan diferentes en espíritu como la Cathédrale endormie (Debussy), la Nuit transfigurée (Schoenberg) o la Symphonie en ré (Haydn)... Más tarde, ampliando aún más su campo de acción, se hizo eco del mágico vuelo de Colette (l'Enfant et les sortilèges) o de la crueldad medieval de Japón (Kaguyahime). Todo ello para mostrar la originalidad de las fuentes de inspiración de  Kylian.

Foto : Erick Berg
Formado en la escuela de Cranko, Kylian es antes que nada un humanista a la escucha del individuo, pero teniendo siempre en cuenta el grupo del que ha surgido, la colectividad en la que vive. De ahí sale ese deseo tan pronunciado de otorgar un valor a los grupos. Ninguna de sus obras se parece a la anterior: si se apoya sobre todo en el léxico clásico, el coreógrafo checo sabe mestizarlo cada vez, tejer el lenguaje necesario para su propósito.

Y para demostrar su fidelidad a la compañía noruega que cuenta ya con trece de sus coreografías en su repertorio, Jiri Kylian ha ofrecido a los bailarines del Ballet de Oslo, cuatro nuevas piezas que permiten seguir la sorprendente evolución del coreógrafo, a lo largo de aproximadamente una treintena de años.

No more play (1988), sobre las cinco composiciones para cuarteto de cuerdas de Webern, es una obra con trama anecdótica. Una mujer confía a su compañero que espera un hijo de su anterior marido. Kylian explora, con una sensibilidad vigilante, los arcanos misterios del alma humana, y su danza, toda a base de impulsos y retenciones alternados, expresa magníficamente los trastornos de los individuos. En esta obra, Yoël Carreño se distingue por la precisión de su gesto y el dominio del vocabulario clásico.
Sarabande (1990) profundiza en la exploración del "por qué" de los niños ante cualquier cosa. La paradoja y el éxito de esta pieza parecen sostenerse en la elección de una música clara y franca frente a una pregunta que a menudo no tiene respuesta. El coreógrafo despliega aquí una audacia particular con la intención confesada de que sus sketchs en blanco y negro sean completados y coloreados por el espectador.

Tar and Feathers (2006) sobre música de Mozart (Le jeune homme) nos arrastra hacia un mundo totalmente diferente: la escena está desnuda, de una frialdad casi clínica. El piano domina el espacio. Para liberarse de ese entorno, Kylian utiliza el texto, Samuel Beckett (What is the word), y la improvisación como elementos del fraseo coreográfico que aparece entonces más complejo, más frágil, para el espectador pero a la vez también para el intérprete que no puede "apoyarse" en un lenguaje o una técnica, ya que evolucionan sin cesar. Esta pieza, de una gran belleza y de una estética encantadora, ha sido, por primera vez, cedida y bailada por otra compañía distinta al NDT.

Foto : Erick Berg
Para concluir la velada "Wild flowers", Sinfonía de los Salmos (1978) brinda la ocasión de sumergirnos en las raíces clásicas del coreógrafo. Pieza encantadora al ritmo de la música de Stravinsky, las parejas se forman y se separan, como prisioneras entre los reclinatorios y los tapices que limitan el espacio. La precisión, la fluidez y la armonía del gesto, subrayan aquí la dificultad de comunicar y la influencia del hombre sobre la mujer. Obra perturbadora, Sinfonía de los Salmos, es de una increíble actualidad.

La trayectoria creativa del coreógrafo se apoya sobre una danza muy musical, un sentido del espacio espectacular, un buen detalle teatral y una diversidad sorprendente de inspiración. Los bailarines del Ballet Nacional de Noruega, totalmente involucrados, brindaron un trabajo de una gran precisión, acentuando por otro lado la emoción que refuerza las obras de Kylian. Calurosamente aplaudida, esta compañía merecería, finalmente, tener una proyección internacional digna de los bailarines que la componen.