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sábado, 12 de octubre de 2019

Una insuperable Alina Cojocaru

Alina Cojocaru, Isaac Hernández y cuerpo de baile del ENB, en el Teatro Real (Foto: L.R.)
A las cinco en punto de la tarde, como las buenas corridas de toros, una insuperable Alina Cojocaru se metió en la piel de la Giselle de Akram Khan y conquistó al respetable, que dicho sea de paso, estaba absolutamente expectante tras el artículo escrito por Roger Salas en El País después del estreno de esta conmovedora y moderna Giselle, interpretada por el English National Ballet.

Lola Ramírez
Hay que ser muy atrevido o estar muy convencido del propio talento para meterle mano a una obra tan magistral como la compuesta por Adolphe Adam a mediados del siglo XIX. Pero está claro que Gavin Sutherland, director musical del English National Ballet desde 2008 y autor de los arreglos musicales de la Giselle de Akram Khan posee las dos características, es atrevido y está convencido de su talento. Por algo será que acaban de nombrarle doctor honoris causa por la Universidad de Huddersfield. Dicho esto, cabe reconocer que uno se siente ligeramente violentado en su oido musical cuando escucha una obertura que nada tiene que ver con la original. Es lo que tienen las obras maestras, se nos meten en el alma y no hay rival que nos haga olvidarlas. La partitura de esta Giselle es eléctrica y atormentada, cierto que hace un perfecto maridaje con la impactante coreografía de Khan, pero resulta inquietante y despierta la nostalgia de la música original.

Alina en un ensayo con el ENB
Lo mejor de este espectáculo es sin duda la insuperable actuación de Alina Cojocaru, que es una de esas rara avis que dominan perfectamente la técnica pero lo que predomina, lo que impacta en el público es su alma. La vi hace muchos años bailando la Giselle original y sentí lo mismo que había sentido viendo bailar a Barisnikov, que estaba viendo a alguien genial, alguien que roza la excelencia y consigue despertar en el espectador, además de una gran admiración, un amplio abanico de sentimientos. Intuyo que parte del atractivo de la bailarina rumana viene de su interior. Me fijaba al verla saludar al público del teatro Real en su sencilla imagen, totalmente desprovista de los tics de las estrellas. Cojocaru por su talento podía ser una diva, pero su esencia nunca se lo va a permitir.

Sería injusto no reconocer que el resto del elenco estaba a su altura. La coreografía de Khan puede sorprender a los nostálgicos pero no se puede obviar su talento. Está ahí, en las vertiginosas diagonales, en armonía del conjunto y en la lectura que se desprende del lenguaje coreográfico. Los bailarines, que lo dan todo en este espectáculo, demuestran que pertenecen a una gran compañía, desde el enamorado Albrecht, interpretado por Isaac Hernández, al agresivo Hilarión de Ken Saruhashi. Un cuerpo de baile magníficamente conjuntado, una coreografía vibrante y una iluminación con la firma de Mark Henderson son grandes aportaciones al servicio de esta original Giselle.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Los Cisnes del ENB seducen en Barcelona‏

Alina Cojocaru y Dawid Trzensimiech. Foto: A. Bofill

Tamara Rojo ha vuelto al Gran Teatre del Liceu de Barcelona con el English National Ballet y un Lago de los Cisnes de ensueño después que en 2008 viniera también con la compañía inglesa, esa vez como invitada para bailar el rol de Gisele con José Manuel Carreño también como artista invitado. Mientras, el ENB vino con un programa homenaje a los Ballets Rusos y la bailarina madrileña con el Royal Ballet en el papel de Aurora de la Bella Durmiente. 

Carolina Masjuan

Conocidos pues, bailarina y compañía, del público catalán, ahora, en su doble faceta de directora de una de las compañías inglesas de referencia en el panorama internacional y a la vez bailarina principal de la misma, Tamara ha seducido al público con esta producción de El Lago de los Cisnes que ha agotado las localidades con semanas de antelación.

Tamara Rojo en la rueda de prensa del Liceu.
Muchos pensábamos ¿otro Lago? ¿Es que no hay más repertorio que ofrecer? Y no sólo Corsarios, Bayaderas o Quijotes ¿Qué hay por ejemplo de los Cranko, McMillan, Neumeier, que tan poco se programan por aquí? Y respecto a los ballets del repertorio clásico ¿no es el Lago el que más ocasiones se tiene de ver? Pues da igual, si el Lago de Ángel Corella agotó entradas, ahora de nuevo el Lago del English –que por cierto tiene en su elenco a varios artistas de la malogradamente extinta compañía- lo ha vuelto a conseguir. ¿Tomará nota el Liceu de que sí gusta el ballet clásico en Barcelona? ¿Programará la nueva directora artística más ballet en las próximas temporadas? Por favor, que así sea, se lo pedimos encarecidamente y además se justifica totalmente a nivel rentabilidad, si es que es eso lo que prima ahora.

En la rueda de prensa que Tamara ofreció el martes, acompañada por Christina Scheppelmann, directora artística del Liceu, la artista madrileña respondió a las preguntas de los presentes con esa determinación que la caracteriza y que parece imprescindible para dirigir una compañía de esas características y además conseguir situarla de nuevo en un primer plano, tal y como está demostrado que está consiguiendo.

Nos confirmó que efectivamente debutó en el Liceu a los dieciséis años con la compañía de Víctor Ullate con un programa Balanchine. Se mostró encantada de estar de nuevo aquí, donde hemos tenido la suerte de verla como Aurora con el Royal, o como Giselle con el ENB pero nunca como Odette/Odile. Comentó que ella no suele bailar en los estrenos “como directora de la compañía no me parece correcto hacerlo, además teniendo tan maravillosas bailarinas como Alina, puedo permitirme el lujo de evitar esa presión” comentó divertida. Así pues sólo lo hace cuando se trata de creaciones en que el coreógrafo se ha inspirado en ella para crear la pieza.

Alina Cojocaru, Dawid Trzensimiech y James Streeter.
Foto: A. Bofill

Respecto a los elencos, nos explicó que la noche del estreno (repetirían el viernes) serían Alina Cojocaru ex compañera suya del Royal Ballet de Londres y Dawid Trzensimiech, ambos también “desertores” recientes de la otra gran compañía inglesa, quienes abrirían las cinco funciones previstas. “Ella es muy lírica y él un príncipe muy clásico de líneas muy elegantes” comentó. Así como Alina integra las filas del ENB, Dawid, nacido en Polonia, es actualmente bailarín en el Ballet Nacional de Bucharest que dirige Johan Kobborg, también ex del Royal y pareja de Alina. Si se ha invitado a este bailarín, que ya ha bailado a menudo con Alina, ha sido porque su habitual pareja artística dentro el ENB, el cubano Alejandro Virelles, ampliamente conocido en Barcelona ya que formó parte del Ballet de Ángel Corella, estaba lesionado.

Para las funciones del jueves y el sábado, los protagonistas serían ella misma junto a Isaac Hernández que se ha unido recientemente a la compañía desde el HET National Ballet. Considerado como uno de los artistas revelación recientes, Tamara afirmó que su ascendencia latina brindaba un enfoque distinto del Lago. “Isaac, que es un bailarín mexicano de veinticinco años y yo somos más temperamentales, más latinos”, “me encanta tenerle en la compañía porque es un bailarín muy generoso, siempre dispuesto a ayudar a los más jóvenes, aunque él mismo también lo sea” afirmó.

Alina Cojocaru y los cisnes. Foto: A. Bofill
La tercera pareja, que actuó la tarde del domingo, la formaron la bailarina japonesa Erina Takahashi, bailarina con una amplia trayectoria en el ENB y principal desde 2007, junto con el joven bailarín cubano Yonah Acosta, sobrino del famoso Carlos Acosta que fue partenaire tantas veces de Tamara en el Royal. «Erina es una primera bailarina con mucha experiencia y Yonah tiene un gran virtuosismo y presencia escénica» dijo de ellos.

“Los bailarines de hoy en día son atletas cuyo forma de moverse no tiene nada que ver con la de hace cien años. Más allá de su potencia física, al estar preparados tanto en ballet clásico como en contemporáneo, pueden ofrecen un enorme abanico de movimientos”, comentó Tamara.

Respecto al doble papel del Cisne afirmó: “Personalmente yo no me siento más un personaje que otro. Todos podemos ser Odettes u Odiles”.

¿No está el clásico algo pasado de moda pregunta alguien? Tamara es rotunda: Bailar el Lago es como interpretar a Shakespeare en teatro, los clásicos nunca pasan de moda, se abordan cuestiones universales como el amor, la traición, la envidia y el poder. “Pero como ocurre con las obras de Shakespeare, es necesario adaptar los clásicos a los nuevos gustos, aunque no a cualquier precio”. “También las tragedias griegas siguen representándose ¿no? Y nos emocionamos con ellas, pues lo mismo pasa con los grandes ballets”, concluyó.

Tercer acto del Lago de los Cisnes del ENB.
Foto: Photography by ASH
No se plantea desvincularse del mundo del Ballet, al contrario, considera que igual que a ella le transmitió los roles la generación anterior, también es su misión seguir ese camino e ir pasando su experiencia y conocimientos aprendidos de grandes bailarines/maestros a una nueva generación. De momento le encanta dirigir y ver crecer a sus bailarines y no se plantea dejar de bailar, afortunadamente no tiene que elegir entre una cosa u otra.

Hablando sobre el ballet en España, Tamara confirma que sí hay tradición. De la escuela de María de Ávila (salida precisamente de la compañía que hubo en el Liceu con el maestro Magrinyà) salió una gran cantera de maestros en ballet clásico y clásico español (ella misma es hija de esa escuela ya que su maestro, Víctor Ullate, fue alumno de María de Ávila) y en Madrid la de Carmina Ocaña ha sido la escuela difusora del estilo Bournonville en España. “Alguien debería dedicarse a recuperar todo nuestro legado en ballet, el mismo Petipa estuvo unos años en España y probablemente habría permanecido más tiempo si no le hubiesen gustado tanto las mujeres”, comentó refiriéndose al lío que tuvo el coreógrafo con una señora casada que le obligó a poner tierra de por medio.

Respecto a la música y su relación con los bailarines Tamara cuenta que son ellos quienes deben estar al servicio de la música “siempre bailamos con música en directo, hay un respeto mutuo y un gran conocimiento común”. “El English cuenta con una orquesta de 70 músicos que nos acompañan en las giras y en las representaciones en Londres. El director musical está con nosotros, pendiente de los ensayos y colaborando para que todos, músicos y bailarines, nos conozcamos y vayamos a una”.

Divertida foto de los cuatro cisnes.
Katja Khaniukova, Jung ah Choi, Senri Kou y Adela Ramirez

El Lago del ENB es la versión del coreógrafo y ex director de la compañía Derek Deane, basada en la de Petipa e Ivanov y que conserva las aportaciones del coreógrafo inglés Frederick Ashton.

El inicio es sorprendente, como me comentó mi nieta de nueve años que acudió a la función del domingo “me ha encantado el inicio, te permite comprender mucho mejor la historia y disfrutar mucho más del ballet”. La joven doncella Odette pasea por el jardín y se embelesa con una flor, aparece el malvado Rothbart, la rapta y en cuestión de segundos, por la magia de un imperceptible cambio de vestuario, de vaporoso vestido y diadema de brillantes a tutú y tocado de cisne (evidentemente cambio de bailarina) la convierte en un cisne.

Los actos siguientes siguen el esquema habitual pero adaptados a los gustos modernos, nada falta y nada sobra, la pantomima es excelente, para nada amanerada, todas las danzas son hermosamente bailadas y acogidas con calurosos aplausos por el público. El tutor aporta la nota cómica en sus intentos por sumarse al baile de los jóvenes y el príncipe despide el primer acto con un hermoso y lírico solo.

Los cisnes y Rothbart. Foto: A. Bofill
El cuerpo de baile está sensacional, sobre todo en los actos blancos que es donde se demuestra su nivel y contribuye enormemente al éxito o al fracaso de la representación. Los veinticuatro cisnes del Liceu evolucionaron con una calidad y simetría de movimiento que dejaban sin aliento y emocionaban profundamente por la magia y la belleza que creaban en escena. Un gran bravo a todas y cada una de las veinticuatro bailarinas. Los dos y los cuatro cisnes a la altura, muy compenetradas y acabando de redondear la función.

Tuvimos la suerte de ver a los tres elencos y la verdad es que no se puede elegir. Las tres parejas tienen un nivel técnico apabullante y cada una aporta sus matices, unos preferirán el lirismo de una Alina, una Erina o un Dawid, otros la pasión y el arrojo de una Tamara, un Isaac o un Yonah, pero cualquiera de las tres parejas conmueven, apasionan y convencen. Alina, ya conocida en el Liceu como Nikiya en La Bayadere de la compañía de Ángel Corella, como también en el papel de Aurora de la Bella Durmiente del Royal Ballet, tiene unas cualidades técnicas, gracias a un cuerpo sumamente elástico, que aplica con gran inteligencia, su casi six o’clock en el cisne negro está tan controlado y es tan comedido que resulta sumamente bello. La belleza de sus arabesques y attitudes, su porte y su dulzura, hacen un cisne blanco inolvidable. Su elegante partenaire la complementa exquisitamente. Una pareja de ensueño.

Había visto a Tamara bailar el PdD del cisne blanco en el Palau de la Música hace muchos años y aún lo recordaba perfectamente. Me sorprendió entonces la solidez de sus puntas y en el Liceu me volvió a suceder. Tiene una seguridad tal que parece que esté clavada en el suelo, y luego están sus equilibrios y su perfecta interpretación del personaje tanto como Odette como en Odile donde sus ojos lanzan destellos en su juego perverso con su padre para derrotar a Sigfried. Sus fouettés, como era de esperar, desataron el delirio del público. Isaac Hernández, a sus veinticinco años, posee unas cualidades técnicas admirables y un porte principesco que le consolidarán como un bailarín de referencia.

Los cisnes del ENB. Foto: A. Bofill
La tercera pareja parecía ser de entrada algo sorprendente, Erina una bailarina lírica con larga carrera en el English frente a un joven cubano virtuoso, heredero de las condiciones de su tío, la gran estrella del Royal Ballet Carlos Acosta. Y efectivamente el contraste se apreciaba pero su partenariado funcionó de maravilla y si ya en el segundo acto nos sedujeron, fue en el tercero donde demostraron su gran valía, juntos y por separado. Una pareja de contraste pero no por ello menos atractiva. Un gran placer descubrir a estos dos bailarines desconocidos para muchos de nosotros.

No se nos detallaron el resto de distribuciones pero reconocimos con gran placer a nuestros conocidos,Yoko Callegari, Juan Rodríguez, la preciosa bailarina que es María José Sales, de tan hermosas líneas, en el vals, como cisne, o como princesa del tercer acto. Adela Ramírez, espectacular en el paso a tres del primer acto, en los cuatro cisnes del segundo o en el terceo en las Czardas o super rápida y deliciosa en la Napolitana. Sin olvidar a Fernando Bufala a quien por fin pudimos ver la tarde del domingo bailando el paso a tres. ¡Qué porte!, ¡qué elegancia de baile!, ¡qué limpieza de movimiento! Es tan magnífico bailarín, que fue una lástima no poder disfrutarlo más.

La producción, a pesar de contar, según nos dijeron, con bastantes años, no ha envejecido en absoluto. Los telones son bellísimos, la iluminación impecable y el vestuario delicado, incluso para el malvado Rothbart cuyas alas, manejadas con gran maestría tanto por James Streeter como por Fabian Reimar eran imponentes e impactantes sin caer en el punto kitsch que se ve en algunas producciones.

La orquesta del Gran Teatre del Liceu estuvo magnífica interpretando la preciosa partitura de Tchaickovsky dirigida por los directores titulares de la del English, Gavin Sutherland y Alex Ingram en la tarde del domingo. Música en directo imprescindible para un Lago de estas características.

Saludos finales tras el estreno. Foto: A. Bofill

Otro Lago sí, pero si los Lagos son de este nivel uno no se cansa nunca. Muchos repetimos varias funciones y ya les echamos de menos. Como dijo Tamara “Sheakespeare no aburre”. No, uno nunca se cansa de los clásicos en cualquier manifestación artística, porque lo clásico perdura ajeno a modas y al paso del tiempo. Baile elegante y contenido, emoción en estado puro.

Hablando con los bailarines nos confirman que la actividad es frenética, acaban de representar en Londres el programa mixto que tanto éxito tuvo en Peralada el verano pasado y del que hablamos aquí, vienen a Barcelona con el Lago y ya están ensayando Romeo y Julieta (versión de Nureyev que es la que tiene el ENB en su repertorio) para unas próximas representaciones en gira por UK y que los nuevos bailarines de la compañía deben aprenderse deprisa.....

Vengan de nuevo pronto, estaremos encantados.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Homenaje a la Sra. Natalia Makarova en Washington

Redaccion

La invitacion de Angel Corella

Gala en el Kennedy Center (Washington) en honor a las siete personalidades premiadas este año por su excelencia en las artes: Buddy Guy, Dustin Hoffman, David Letterman, Natalia Makarova y el grupo de rock Led Zeppelin.

En una celebración llena de estrellas, en el Kennedy Center Opera House, los homenajeados en este 2012, fueron agasajados con una gala con grandes intérpretes de Hollywood y de diversas capitales artísticas del mundo. En compañía del Presidente y de la Sra. Obama, y con el agradecimiento de sus compañeros y aficionados, disfrutaron de diversas actuaciones y sinceros homenajes.

Alina Cojocaru y Angel Corrella 
"Con su extraordinario talento, creatividad y tenacidad, los siete premiados en este 2012 por el Kennedy Center, han contribuido de forma significante, a la vida cultural de nuestra nación y del mundo” dijo el Sr David M. Rubenstein, chairman del evento en el Kennery Center de Washington. El guitarrista Buddy Guy, el actor Dustin Hoffman, el presentador de televisión David Letterman, la bailarina Natalia Makarova y los integrantes del grupo de rock Led Zeppelin: John Paul Jones, Jimmy Page y Robert Plant fueron los homenajeados.

Con palabras de agradecimiento para todos ellos por su contribución a las artes, el Sr David M. Rubenstein comentó acerca de la Sra. Natalia Makarova: “su profundidad artística ha iluminado los escenarios de las mejores compañías de ballet del mundo y continúa pasando la antorcha a la nueva generación de bailarines”.

El Presidente de los Estados Unidos de América y la Sra. Obama recibieron a los homenajeados en la Casa Blanca, acompañados por los miembros del Comité Artístico que los ha nominado y por la Junta de Síndicos del Centro Kennedy, antes de la presentación de gala del 2 de diciembre. La Gala del 2012 del Kennedy Center concluyó con una cena-baile en el Grand Foyer.

A esta Gala ha sido invitado el bailarín español Ángel Corella, actual director y bailarín principal del “Barcelona Ballet”. Ángel Corella se desplazó a Wasinghton después de actuar con su compañía en Sant Cugat, para asistir a la cena del sábado 1 de diciembre presidida por la Secretaria de Estado Americana, Doña Hilary Clinton.

Invitacion

Ángel Corella bailó el Domingo día 2 en la Gala de homenaje a los premiados a la que asistieron el Presidente de los Estados Unidos de América y la Sra. Obama. Fue una gran sorpresa, mantenida en secreto hasta el último momento, para la Sra. Natalia Makarova, dada la relación que la une al gran artista español, la compañía del cual fue una de las que contó con el privilegio de tenerla como directora de ensayos para la puesta en escena de su Bayadère que en España pudo verse, entre otros, en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona.

El Sr. Corella bailó el Paso a Dos de Giselle, con la bailarina rumana, artista principal del Royal Ballet de Londres, Alina Cojocaru, artista invitada también para bailar, junto al Sr. Corella en el Liceu en la producción ya mencionada de la ahora agasajada Sra. Natalia Makarova.


Bailarines de la Gala en honor de
Natalia Makarova


sábado, 8 de marzo de 2008

Alina Cojocaru: Sencillamente insuperable

Alina Cojocaru y Johan Koborg en una escena de Giselle (Foto: L.R.)
Por algo dicen que es una de las mejores bailarinas del mundo. Lo tiene todo:  interpretación, virtuosismo, técnica y un gran carisma. Menuda y de aspecto aniñado, Alina Cojocaru (Bucarest), interpretó ayer en el Teatro de Madrid una Giselle que, literalmente, enamoró e hizo enmudecer  al público.

Lola Ramírez 

Y lo hizo como se gestan los grandes amores, poco a poco y como quien no quiere la cosa. De entrada, en el primer acto, Alina Cojocaru nos ofreció una ingenua y pizpireta Giselle, tierna y seductora a la vez. La técnica de esta bailarina rumana que se convirtió en primera bailarina del Royal Ballet en 2001 y, precisamente interpretando este personaje, es tan depurada y tan virtuosa que consigue que el espectador piense que Alina vuela porque tiene alas y que Alina sube la pierna hasta el cielo porque es de goma.

En realidad el espectador se olvida de todo eso; lo único que puede hacer, y lo hace es enamorarse de la pequeña gran rumana.

Cierto que, además del virtuosismo de esta primera bailarina, a la que acompañaba en su actuación el Ballet Nacional de la Ópera de Bucarest, la Giselle del Teatro de Madrid contaba también con una cuidada y lograda escenografía que en el primer acto nos traslada al ambiente bucólico de los bosques del  Rhin, con su castillo dibujado en la silueta del horizonte. Alina baila, se enamora y enamora a Albretch, interpretado por Johan Kobborg, su pareja en la vida real y, también primer bailarín del Royal. Kobborg hace su papel con suma dignidad: Permitir y ayudar a que la estrella brille con toda intensidad. Y lo hace muy bien. Más de una bailarina perdida entre el público habrá envidiado un porteador tan firme y seguro. Los giros de Johan Kobborg son perfectos y su trabajo limpio, pero en Giselle, Venus siempre es Giselle y, en este caso más que nunca.

Una de las múltiples cualidades de la bailarina del Royal es que no hace pantomima, interpreta, vive su papel. A menudo en el ballet vemos interpretaciones demasiado histriónicas que restan realismo al personaje.Somos conscientes de que algunos coreógrafos lo exigen. Cuestión de gustos, pero en esta ocasión no es así. Alina vive su personaje y cuando se vuelve loca, parece que se vuelve loca de verdad y cuando se muere, el público se muere con ella, de tal manera que, al bajarse el telón tienen que pasar unos segundos hasta que el respetable resucita y vuelve al mundo real.

Pero si el primer acto la Giselle de Alina Cojocaru enamora,  en el segundo resulta insuperable. El “adage” (el de Giselle es uno de los escasos adagios que se hacen en solitario, sin partenaire), es perfecto. Ni el más mínimo temblor. Alguien en medio del sepulcral silencio hace el intento de aplaudir. Y le mandan callar. En esta Giselle el público no quiere aplausos, el público sólo quiere atrapar esos instantes de magia que rara vez se suelen dar.

No puedo decir más, sólo que nunca había visto algo igual. Ya en los ensayos de la compañía, a los que tuve el privilegio de asistir, viendo a Alina recordé a Barhysnikov; es la primera vez que veo a una bailarina que me haga sentir lo mismo: que estoy delante de alguien genial, alguien que supera los límites del resto de los mortales.

Para terminar, algo que me llamó poderosamente la atención y que casi me contagia el apunte de lágrimas que había en los ojos de Cojocaru: la sencillez de la bailarina rumana al saludar; el querer compartir con el resto del elenco y como una más,  el sincero y apasionado agradecimiento del público.  ¿Por qué será que, a menudo, los más grandes suelen ser los más sencillos?