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domingo, 8 de julio de 2018

La Bayadère del Ballet de Monterrey

La Bayadère por el Ballet de Monterrey. Foto: Josep Guindo

Tras una semana con su Lago, del que publicamos crónica aquí, ha llegado el turno de La Bayadère. El Ballet de Monterrey que dirige José Manuel Carreño, finaliza su estancia en el Teatre Tívoli de Barcelona y su gira española con esta obra clásica del repertorio que sitúa su acción en la India de Brahamanes y Rajás.

Carolina Masjuan

Yoel Carreño Solor.  Foto: Josep Guindo
Su versión, con coreografía de Luís Serrano y el propio José Manuel, en línea con el pensamiento del director de la compañía de acortar los ballets para atraer a un público neófito, se asemeja más a la versión de Nureyev que prescinde del cuarto acto, cuando se destruye el templo y Gamzati y su padre encuentran el merecido castigo, que a la de Makarova, la que por cierto tantas veces bailó y conoce bien José Manuel Carreño de su larga trayectoria como principal con el ABT. 

Esa versión fue la que estrenó la compañía de Ángel Corella con la propia Makarova venida a España para montarla y es la que más conocemos por estos lares. Su final pone las cosas más en su lugar y el paso a tres entre el espíritu de Nikiya, Gamzati y Solor es una auténtica delicia, no obstante el hilo argumental se sigue también perfectamente con solo dos actos y los artistas del Ballet de Monterrey hacen suyo ese mundo oriental consiguiendo trasladar al espectador y hacerle vivir con ellos la tragedia de La Bayadère.

Si ya en el Lago loábamos el hecho de que se hubiera invitado a Yoel Carreño para que bailase el rol principal en algunas funciones, aquí se da además la circunstancia de que puede compartir escenario con su hermano ya que José Manuel, también en algunas funciones, interpreta el rol del pérfido Gran Brahaman perdidamente enamorado de Nikiya, a quien a pesar de todo intenta salvar ofreciéndole el antídoto al veneno de la serpiente que ha mordido a la Bayadera desde el ramo ofrecido por Gamzati. Algo que ella rechaza al comprobar el poder que ejerce la hija del rajá sobre su enamorado.


José Manuel y Yoel Carreño. Foto: Josep Guindo

Los dos hermanos se muestran realmente felices de poder compartir estos días juntos y encima incluso bailar juntos. Algo que no descartan repetir siempre que sus agendas lo permitan. 

Yoel Carreño y Lissi Baéz  Solor y Gamzatti.
Foto: Josep Guindo
Yoel Carreño que tras ser principal en Cuba estuvo una temporada en España mientras decidía su futuro, tiene muchos seguidores por la geografía española y de fuera de nuestras fronteras que no dudaron en darse cita en el teatro barcelonés para disfrutar del gran arte de su admirado bailarín.

También a nivel social fue un evento muy agradable ya que muchos de nosotros aprovechamos para conocernos y compartir una deliciosa función. 

Y es que de nuevo el artista cubano ofreció una prestación de altísimo nivel. Solor es ese guerrero enamorado convencido de su total devoción por Nikiya que no obstante cae en las redes de la hija del Rajá.

Olivia Quintana Nikiya.
Foto: Josep Guindo
Su inquietud, su indecisión, su malestar y su lucha consigo mismo, están bien patentes en escena y se transmiten de una forma tal que el espectador no puede menos que sentirlas con él. A nivel técnico su elegancia, su precisión y su calidad también como partenaire hacen de Yoel un artista completísimo que tuvo las más sentidas ovaciones.

Nikiya, la bailarina mejicana Olivia Quintana es una bailarina solvente con larga trayectoria como principal con la compañía. 

Lissi Báez por su parte, fue una Gamzati poderosa, brillante y malévola. Con gran seguridad en sus equilibrios, sus pirouetes y sus fouetés, fue otro de los grandes pilares de la función. Tanto ella como Nikiya bordaron la parte teatral de su lucha en las estancias del rajá por el amor de Solor. 

Conocíamos a Lissi de su época con el Ballet de Cuba cuando éste estuvo también en el Teatro Tívoli. Llevando ahora ya varias temporadas en Monterrey se mostró encantada de estar en esta compañía, donde ha crecido mucho y se le ofrecen muy buenas oportunidades. No duda en manifestarnos su admiración por el maestro y director José Manuel Carreño y la felicidad que le supone poder contar con un partenaire de la talla de Yoel.

Daynier Rivero fue el encargado de dar vida al vistoso rol del ídolo de bronce, cosa que hizo con solvencia.

Daynier Rivero Ídolo de Bronce. Foto: Josep Guindo

El cuerpo de baile no desmereció y sobretodo en Las Sombras nos ofreció una prestación exquisita del sueño onírico de Solor. No descendieron por ninguna rampa y fueron dieciséis en total las bailarinas, más las tres sombras solistas, pero es que el escenario del Tívoli no permite tampoco un gran despliegue y el efecto que produjeron fue el deseado, cautivando a la audiencia que las premió con un cálido aplauso.

El Ballet de Monterrey en La Bayadère. Foto: Josep Guindo
La gran maestra cubana Karemia Moreno que fue el aya en la ya comentada Bayadère de Corella, también estuvo presente en las funciones del Tívoli. 

¡Cuantos recuerdos! Qué suerte tiene Monterrey al tener mecenas que apoyan el arte y la cultura y permiten la continuidad de su compañía de ballet nacida en 1990 gracias a la iniciativa de la Sra. Yolanda Santos de Hoyos.

Ahora también el Ballet de Catalunya está luchando aquí para encontrar mecenazgo, confiamos en que la sociedad catalana sepa, como lo hizo y hace la mexicana, valorar a nuestros artistas y ayudar a que este proyecto actual pueda seguir adelante.

La producción, con escenografía de Raúl Font y vestuario de Marco Reyna es colorida y vistosa. 

Lissi Báez en Gamzatti. Foto: Josep Guindo

Poco aforo para una compañía muy digna y con unos solistas de grandísimo nivel. ¡Gracias Ballet de Monterrey por su visita y por habernos permitido disfrutar de dos grandes clásicos brillantemente interpretados!



sábado, 30 de junio de 2018

El Lago de los Cisnes por el Ballet de Monterrey

El Lago de los Cisnes por el Ballet de Monterrey.
Foto: Dave Friedman

La compañía que dirige desde hace unos dos años José Manuel Carreño, recala, tras una exitosa gira por otras ciudades españolas, en el Teatre Tívoli de Barcelona con el Lago de los Cisnes y La Bayadère. Yoel Carreño, hermano de José Manuel, interpreta los roles principales de ambos ballets en algunas funciones, como artista invitado. 

Carolina Masjuan

El Ballet de Monterrey fue fundado en 1990 por iniciativa de la Sra. Yolanda Santos de Hoyos y es una compañía financiada al 100% por fondos privados. Cuenta con unos 40 bailarines de distintas nacionalidades aunque la mayoría son latinos y entre ellos hay unos nueve cubanos. Ésta es la segunda vez que actúan en Barcelona. 

Junna Ige y Olivia Quintana, Odette y Odile en
El Lago de los Cisnes del Ballet de Monterrey
José Manuel Carreño es un bailarín clásico. Formado en Cuba, ha desarrollado su carrera con el Ballet Nacional de Cuba, el English Nacional Ballet, el Royal Ballet y principalmente en el American Ballet Theater (ABT). Desde que se despidió como Bailarín Principal del ABT en el MET de Nueva York, ha dirigido el Ballet de San José primero y desde hace un año y medio la compañía de Monterrey que había tomado una deriva más contemporánea, retomando con José Manuel un repertorio clásico que bajo su dirección ha alcanzado una gran calidad, atrayendo a mucho más público a ver danza y debiendo en algunas ocasiones programar más funciones dada la gran demanda que ha generado. 

Como bailarín, la última vez que bailó en Barcelona le vimos en la magnífica Giselle que el English National Ballet trajo al Liceu con Tamara Rojo como invitada del Royal Ballet y el propio José del ABT. 

Su hermano Yoel, ahora bailarín principal en el ballet de la Ópera de Oslo, actúa como invitado en algunas funciones de esta gira española. Para Yoel bailar en esta compañía es muy emocionante. Su hermano ha sido un referente en su carrera, el bailarín en el que siempre se inspiró, visionando vídeos suyos una y otra vez, ya que estando él en Cuba y José Manuel en USA tenían muy pocas ocasiones de verse. Además en La Bayadère comparten escenario, algo sumamente grato para ambos.

Yoel Carreño como Siegfried en el Lago de los Cisnes
con el ballet de la Ópera de Oslo. Foto: Erik Berg
La versión del Lago del Ballet de Monterrey se debe a Luis Serrano. Este Lago ha sido reducido, sacrificando algunas partes para acortarlo y hacerlo más ágil. La bailarina principal Olivia Quintana fue reemplazada en el último momento, debido a una pequeña lesión, por Junna Ige que defendió el rol con solvencia, sobre todo a nivel interpretativo y con unos hermosos brazos. 

Con el absolutamente preciso a todos niveles Yoel Carreño como partenaire, Junna fue una Odette delicada y una Odile hechicera tal y como reclama el rol.

Los solos de Yoel fueron los que se llevaron las mayores ovaciones. Totalmente merecidas ya que su dominio de la técnica, sus precisos aterrizajes, su elevación, sus giros y su interpretación del rol, lo confirmaron como la gran estrella que es. 

Aún recordamos nuestra visita a Oslo para verle junto con Yolanda Correa y como el público noruego los aprecia y los venera. Arte en mayúsculas para el artista cubano que además nos explicó que su toma de rol como principal en Sigfrido fue precisamente en una gira del Ballet de Cuba en Barcelona y en este mismo Teatro Tívoli. 

El cuerpo de baile estuvo realmente bien, muy coordinado ofreciendo unas figuras de gran belleza. Los cuatro cisnes, a pesar de un pequeño desajuste al final no desmerecieron. 

Lissi Baez en el Paso a Tres del Lago de los Cisnes
con el Ballet de Monterrey
En el paso a tres estuvieron magníficos Deborah Rodriguez, Brian Ruiz y Lissi Baez. A Lissi la conocíamos del ballet de Cuba y nos encantó verla como principal con la compañía de Monterrey. Ha crecido mucho como bailarina, con una técnica muy solvente y una deliciosa interpretación que también mereció amplios aplausos. Lástima no poder repetir otro Lago para verla como Odile.

Son fechas complicadas pero a pesar de eso sorprendía el poco aforo en el teatro, una lástima porque todo el elenco baila con pasión y ofrece una muy bonita prestación. 

Una pena también el cierre del telón de forma demasiado abrupta ya que el público estaba recompensando a los artistas con cálidos aplausos y se vio obligado a abandonar sus asientos sin haber podido satisfacer su deseo de agradecerles la bonita función ofrecida. 

Les esperamos para la próxima semana con La Bayadère. Visiten la web del teatro y no duden en sacar sus entradas! 



miércoles, 11 de abril de 2018

Triple Bill por el Ballet Nacional de la Ópera de Oslo

Maiko Nishino y Silas Heriksen en Timelapse.
Foto Erik Berg

Dos reconocidos coreógrafos y un muy feliz descubrimiento en un programa de danza disfrutado a tope con la genial compañía de Ballet Nacional de Noruega en su sede, el espectacular y magnífico teatro de la Ópera de Oslo. Tres coreografías modernas, una pieza icónica de Willian Forsythe “In the Middle” otra menos conocida del gran Jiří Kylián “Tiger Lily” (1994) y un trabajo del coreógrafo noruego Alan Lucien Øyen, “Timelapse” (2015). 

Carola Alexandre

Tres coreógrafos que han saltado fronteras, renovado el lenguaje de la danza y brindado a los bailarines nuevas formas de expresión. "Será toda una experiencia ver tres ballets tan potentes en una misma función. Se trata de tres expresiones de danza distintivas que van desde lo explosivo a lo experimental, desde lo rudo a lo bello" comentó la directora del Ballet de la Ópera de Oslo desde 2012, Ingrid Lorentzen.

Tiger Lily. Foto: Erik Berg

TYPICAL KYLIÁN

El Ballet Nacional de Noruega es una de las compañías con más obras del legendario coreógrafo checo en su repertorio y sus bailarines pueden ser considerados como auténticos especialistas de su lenguaje. Por primera vez bailan su clásico-moderno Tiger Lily (1994), una obra oscura donde los bailarines evolucionan entre el caos y la palabra con un cuarteto de cuerda, cinco chicas, sobre la escena, en un lateral pero muy a la vista, tocando piezas que van desde John Cage a las icónicas Variaciones Goldberg de Bach. 

Tiger Lily. Foto: Erik Berg
El propio Kylián estuvo en Oslo para preparar su obra con los bailarines y permaneció allí hasta el estreno. Un ballet hermoso, limpio y emotivo muy al estilo Kylian que pretende, y consigue, transmitir miedo y soledad, nuestra llegada a la existencia sobre la tierra y nuestra partida de este mundo. 

Un bailarín abre la pieza con un grito. A menudo, a lo largo de la obra, se suceden diversas expresiones de los bailarines transmitiendo emociones: histeria, locura, miedo, temor, tristeza,…. sentimientos que todos experimentamos a lo largo de nuestra experiencia vital. Risas locas que finalizan con dramáticos llantos. Otro bailarín, escondido bajo el linóleo, surge de pronto y empieza su danza mientras en los laterales, donde cuelgan unos estores a modo de lienzos blancos, juegan otros bailarines ¿tal vez en referencia a las telas que pinta Mondrian? La pieza se creó como homenaje al pintor en el 50 aniversario de su muerte y hace referencia a su cuadro Tiger lily.

Solos y pasos a dos, algunos de gran belleza, se suceden a lo largo de la obra, pero también partes corales, con los bailarines jugando con el adhesivo del linóleo, levantándolo, enrollándose en él. 

Una obra constantemente inquietante, tétrica a veces, melancólica otras, siempre en sintonia con la música y magníficamente interpretada por todo el elenco.

SHOCK WAVES

William Forsythe revolucionó el mundo del ballet cuando estrenó In the Middle, Somewhat Elevated en la Ópera de París. Fue en el año 1987 y de repente surgió un estilo que bebía de una técnica llevada al extremo, en sintonía con la música electrónica de Thom Willem. 

Yolanda Correa y Yoel Carreño en In the Middle.
Foto: Erik Berg
El trabajo fue creado para algunos de los mejores bailarines del mundo en ese momento, ahora es el turno del elenco del Ballet Nacional de Noruega de enfrentarse a este siempre exigente reto. Pero no hay duda de que esta formación tiene el altísimo nivel requerido. 

Los principales en escena el sábado siete de abril no desmerecieron para nada y con los magníficos Yolanda Correa y Yoel Carreño a la cabeza, nos dejaron alucinados con su interpretación de esta obra maestra, cuyo paso a dos principal es archiconocido por formar parte del programa de numerosas galas, no siéndolo tanto el ballet completo “Impressing the Tzar” del que In the Middle es su segundo acto y que pudimos ver hace años en Barcelona de la mano del Ballet de Flandes.

Una danza psicodélica y vibrante de corte limpio y baile puro. Puro como la inexistente escenografía, limpia, excepto por las cerezas suspendidas en el centro de la escena que dan nombre a la pieza.

Un gran éxito de todo el elenco que abordó la pieza con la garra y la solvencia exigidas.

A BALLET ABOUT TIME

Y si con las dos primeras piezas el Ballet de Noruega ya nos sorprendió muy gratamente, fue al llegar la novedad, la totalmente desconocida para nosotras tanto a nivel de creación coreográfica como de estilo, Timelapse (2015) de Alan Lucien Øyen, cuando ya alucinamos totalmente. Inspirado en las películas futuristas, este ballet del coreógrafo noruego, es una historia acerca del tiempo, de expectaciones futuras y nostalgia del pasado. 

Timelapse. Foto: Erik Berg
Alan Lucien Øyen es coreógrafo residente en la compañía. Se trata de un creador ecléctico que ha trabajado para otras disciplinas artísticas además de para la danza, aunque para ésta está creando cada vez más para prestigiosas compañías como por ejemplo la Tanztheater Wuppertal Pina Bausch.

Los propios bailarines contribuyeron a la creación de la pieza, creo que eso se nota en escena, la hacen suya de una forma totalmente orgánica, se nota que la sienten y la viven profundamente. La narradora nos va hablando de forma onírica de ese tiempo que pasa, citando a Hawking, o comentando escenas de la vida cotidiana. Un tic-tac nos recuerda ese tiempo que pasa inexorablemente, mientras los bailarines evolucionan bajo la música de Arcade Fire, Alexandra Desplata o con “Solitude” de Billie Holiday.

Varios solos nos cautivaron de forma especial, como los de una fantástica Sonia Vinograd en el hermoso tema lento y tierno: Life Story de los pianistas Ólafur Arnalds & Nils Frahm. Bajo una luz muy tenue y vestida con sudadera gris y pantalón bermuda de punto, su movimiento era sumamente orgánico, impecable todo el conjunto, un momento sublime. 

Sonia Vinograd en Timelapse. Foto: Erik Berg

Otros solos a destacar los del bailarín nórdico Silas Henriksen de fluido movimiento o los de una bailarina asiática, Maiko Nishino, con blusa roja que también nos encantó. Hacia la mitad de la pieza nos cautivaron esas escenas en las que dos parejas de bailarines vestidos con tutús grises de lurex ellas y camisetas también de lurex ellos, evolucionan mientras la narradora nos habla de las estrellas, de aquí probablemente ese vestuario. Una de ellas, de nuevo, nuestra querida Sonia Vinograd, bailarina formada por Rodolfo Castellanos en el Institut del Teatre de Barcelona y ganadora de beca en el Prix de Lausanne. Una danza fascinante de movimientos limpios, puros, nunca bruscos, siempre delicados.

Timelapse. Foto: Erik Berg
La narradora, Claire Constant, situada en un lateral del escenario sobre un bloque de madera iluminado, en ocasiones realizaba ella misma los cambios de luces golpeando el banco donde se sentaba. 

Aquí sí hay escenografía y mucha integración entre ella y los bailarines. Grandes tablas de madera ideadas por S. Goleme que giran alrededor del escenario, abriéndose como puertas correderas por las que entran y salen los bailarines. Junto con la ingeniosa iluminación que juega constantemente con luces y sombras, colores cálidos y fríos, consigue dar un juego fantástico. Escenografía e iluminación son dos elementos fundamentales para conseguir este magnífico resultado. Simplemente fascinante. 

Al final salen a escena todos los bailarines que han bailado este ballet más muchos otros ataviados con body short con el esqueleto humano dibujado en ellos bajo la música de Hello I must be going de The Marx Brothers. Bailando a cámara lenta, imaginamos que representan la muerte. Al final, como si se les tragara la tierra, desaparecen por debajo del nivel de la audiencia ¡brutal! Brutal la sensación, brutal la escenografía, la iluminación, el vestuario, lo ingenioso del conjunto, las sensaciones que te provoca esa música tan bien elegida, ese movimiento tan logrado, esos bailarines tan magníficos. 

Tiger Lily. Foto: Erik Berg

Un teatro lleno con la audiencia aplaudiendo satisfecha durante largos minutos, de pie, entusiasmada por el magnífico programa presentado y por la prestación de su amada y admirada compañía de ballet. Unos bailarines fantásticos, entre los que destacan nuestros conocidos que han recalado aquí para disfrute del público nórdico. ¡Bravo chicos! ¡gracias por una genial velada!

Elencos

Tiger Lily:

Samantha Lynch
Nae Nishimura
Klara Martensson
Miharu Maki
Anette Antal
Marco Pagetti
Lucas Lima
Kristian Alm
Helge Freiberg
Kristian Ruutu

Músicos:
Catharina Chen - violín
Oda Gihle Hilde - violín
Aine Suzuki - Bajo
Jan Koop - Chello

In the middle:

Yolanda Correa
Whitney Jensen
Yoel Carreño
Eugenie Skilnand
Sonia Vinogard
Douwe Dekkers
Riccardo Ambrogi
Nae Nishimura
Kathryn Thomas

Timelapse:

Miharu Maki
Maiko Nishino
Camilla Spidoe
Sonia Vinogard
Luca Curreli
Silas Henriksen
Daniel Proietto
Shane Urton

Narradora: Clair Constant


jueves, 11 de diciembre de 2014

Palma: Cascanueces por Pasodos

Yolanda Correa, Yoel Carreño y principales y cuerpo de baile de Pasodos
en el Cascanueces. Foto: Álvaro Maldonado

Nos fuimos a Palma para conocer la compañía de danza Pasodos y disfrutar en el Teatro Principal de la capital de las Baleares, de un Cascanueces con dos invitados muy especiales: Yolanda Correa y Yoel Carreño, llegados de Oslo tras participar en el Festival Internacional de Ballet de la Habana, su tierra, donde no bailaban desde que dejaron la compañía cubana allá por 2009. 


Carolina Masjuan 


Pasodos Dance Company fue fundada por Laura Macías y Gavin De Paor en 2001 en Dublín, Irlanda, trasladándose a Mallorca donde estrenaron en 2004 y desde entonces ha crecido hasta convertirse en la primera compañía de danza con base en las Islas Baleares. 


Yolanda Correa y Yoel Carreño. Cascanueces Pasodos.
Foto: Álvaro Maldonado
En 2008 abrió sus puertas el Centro de Danza Pasodos dando a su vez techo a la compañía y ofreciendo clases para jóvenes talentos de la isla. En 2010 la compañía presentó su primer Cascanueces, este año se trata pues de su cuarta temporada con este ballet emblemático de las navidades. 


Año tras año, el montaje ha ido evolucionando y evidentemente mejorando en cada edición. Como nos contó Laura en la entrevista que publicamos y que se puede leer en este enlace, la implicación del Teatro Principal ha sido fundamental para el desarrollo de la compañía y para poder establecer una temporada de danza en Palma de Mallorca. 

Si bien el motivo fundamental del viaje fue poder disfrutar de la danza exquisita de las dos estrellas invitadas, Yolanda Correa y Yoel Carreño, tan admiradas y que tanto nos cuesta ver ya que bailan en una compañía tan alejada físicamente de nuestro país y que apenas ha girado hasta ahora, hemos de decir que descubrir Pasodos, charlar con Laura, con Gavin y con la incansable, amabilísima y super eficiente Alicia Granados, fue un placer inesperado. Lo que están consiguiendo en Palma con tesón y buen hacer es digno de elogio, como lo es la predisposición del Teatro Principal a apostar por la danza y fomentarla de modo que se vaya creando un público entendido, mediante su apoyo a la compañía residente en la isla y la financiación de la contratación de grandes estrellas que son un reclamo para un desplazamiento desde la cercana Barcelona y desde donde sea. 

Tamara Gutiérrez en la Danza Española.
Foto: Álvaro Maldonado
El Liceu debería aprender de este pequeño pero hermoso teatro, ellos sí tienen una oferta variada que incluye todo el abanico de representaciones de ópera, música y danza, digno de un teatro de cualquier país europeo y lo llenan de contenido acogiendo a una compañía de danza, con orquesta y coro en directo para sus representaciones. 

Un lujo para nosotros, que tanto soñamos con ello. Como decía nuestra amiga, lo que es normal en cualquier ciudad mediana de Europa y de otros muchos lugares del mundo, nos parece excepcional en nuestro país de grandes artistas y grandes teatros vacío de contenido. 

El Cascanueces que nos propuso Pasodos, con tres funciones con Yolanda y Yoel como protagonistas y otras dos únicamente con los bailarines de la compañía dirigidas a escuelas y público infantil, éstas sin orquesta ni coro, sigue el esquema clásico incluyendo alguna innovación de muy feliz hallazgo. 

Para diferenciar el mundo de los adultos del de los niños, los roles de los primeros están interpretados por actores con zancos. También el mobiliario es exageradamente grande de forma que la "niña" Clara/Yolanda casi tiene que saltar para subirse al sofá, como sucede en la vida real. 


El grupo de adultos en sus zancos.
Foto: Álvaro Maldonado
Si bien se nota una gran diferencia entre los ya profesionales y el resto de alumnos de la escuela, el resultado global es totalmente digno y permite disfrutar de dos horas de excelente música y buena danza. El primer acto es una delicia que se pasa en un soplo, la maravillosa Clara de Yolanda vuela por la escena transmitiéndonos la ilusión de la niña en las navidades, su disgusto cuando su querido Cascanueces se lesiona y sus aventuras con los ratones y su príncipe/soldado Yoel.
 

Los dos bailarines cubanos demostraron su grandeza asumiendo sus papeles con todo su esplendor, desplegando sus altísimas cualidades tanto técnicas como artísticas sin que por ningún momento su interpretación quedara fuera de contexto. Totalmente acoplados con el elenco, la compañía se presentaba como un todo que cautivaba. 

El segundo acto con las danzas española, china, árabe y rusa, el vals de las flores y sobretodo el magnífico y maravillosamente bailado paso a dos con el delicioso despertar final de Clara, nos permitieron apreciar el buen trabajo de los solistas y una vez más la magnificencia de las dos estrellas cubanas. ¡Qué estímulo para los jóvenes de Pasodos compartir escenario con ellos! 

Miguel Rodríguez en la Danza China.
Foto: Álvaro Maldonado
El Drosselmeyer de Sascha Pieper de danza aérea y ágil, Laura Álvarez ya sea como muñeca en el primer acto como en la Danza Rusa del segundo, Tamara Gutiérrez, también muñeca y en la Danza Española junto a José Cabrera. Hazem Zakaria, espléndido Rey de los Ratones y en la Danza Rusa junto a Lidia Arriola. Ana Rosa Ramos y Roger Neves en la Danza Árabe, Mar Ameller y Gabriele Santoni en Mirlitones, Carlos Huerta como Fritz y en la Danza China junto a una fantástica Giula Neri y nuestro conocido del Corella Ballet y del Casinet, Miguel Rodríguez, afincado ahora en Palma junto a su novia la también bailarina de la compañía Adriana Barrabés que bailó la Danza Árabe el viernes pero que no pudimos ver el sábado por haber sufrido una lesión, y Daan Viser y Gisela Vera.

Jóvenes talentos que siempre que pueden están listos para acudir a Palma y participar de los montajes que Laura y Gavin presentan en el Principal. Un grupo más o menos estable, siempre que sus contratos fuera se lo permiten y que tiene la oportunidad de aprender con las grandes estrellas invitadas. Una Gala en febrero les volverá a reunir, vale la pena estar atentos y encontrar la forma de desplazarse a la isla. 

En el Cascanueces también los niños tienen sus momentos, como renos, como flores, o simplemente niños. Evidentemente hacen las delicias del público. La Orquesta Sinfónica Ciutat de Palma, dirigida por Cristóbal Soler que sonó estupenda y la actuación del excelente coro, situado en los palcos laterales a un lado y otro del escenario, redondean un montaje totalmente recomendable desde todos los puntos de vista. 

Yolanda, Yoel, Sascha Pieper.
Foto: Álvaro Maldonado

El día siguiente, tuvimos la oportunidad de asistir a una clase magistral impartida por Yoel y charlar con él y con Yolanda. ¡Qué sencillez y cercanía la de estos grandes artistas cubanos! Si son una delicia en escena no lo son menos en el trato. Comentaron cómo les había gustado la propuesta de Pasodos y cuan felices estaban de haber aceptado participar en ella. Mediante un vídeo se aprendieron sus roles, sobretodo Yolanda que desde que aparece en escena al principio casi no la abandona y llegaron con los deberes hechos para desde el martes trabajar intensamente con el resto del elenco para encajar todos los detalles y estrenar el viernes. Están admirados por el trabajo que realizan en Palma y dispuestos a colaborar en cualquier otra ocasión que se presente. 


Adriana Barrabés y Roger Neves en la Danza Árabe.
Foto: Álvaro Maldonado
Yoel nos habló del éxito que tuvo el Ballet Nacional de Noruega en París con su programa Kilian, también comentó sobre su participación en el Festival Internacional de Granada, donde debía haber bailado con Tamara pero que no pudo hacerlo por una lesión de ella, y que abrió las puertas a una contratación de la compañía noruega para el próximo verano en el que bailarán una Carmen que ahora mismo ya están preparando con uno de los coreógrafos estrella del momento Liam Scarlett, del que ya cuenta la compañía nórdica con otras creaciones en su repertorio.
 

Esta Carmen se estrenará en Noruega el 19 de Marzo próximo y será el ballet que reunirá en escena por primera vez en Oslo a los tres cubanos de la compañía: Yolanda Correa, Yoel Carreño y Osiel Guneo. El público espera impaciente este estreno, como celebra siempre la aparición de Yolanda y Yoel en escena, tal y como fuimos testigos en nuestra visita a Oslo para asistir a su Romeo y Julieta. 

Yoel nos confirmó su satisfacción de estar en esa compañía y en ese país. Aunque la compañía sea joven, tiene ya un repertorio muy variado y está creándose uno propio con creaciones encargadas a los coreógrafos más interesantes de la escena internacional, lo que les permite crecer como artistas. Además el público es muy entendido y sumamente cariñoso con ellos, como lo demuestra la presencia de seguidores noruegos al Festival Internacional de Ballet de la Habana donde volvieron a bailar tras los más de cinco años sin poder hacerlo en su país. “Fue sumamente emotivo y una experiencia muy bonita estar ahí después de tanto tiempo compartiendo escena con tan grandes bailarines”, aseguró Yoel. 

Ahora les esperan varias galas, varios ballets con su compañía y una gira por Baden-Baden, luego Granada y el próximo año también Barcelona. ¡Habrá que estar muy atento!



Dejamos Palma y nos despedimos de Yolanda y de Yoel con la certeza de que no será la última vez que visitamos la isla para asistir al ballet y convencidos también de que pronto volveremos a disfrutar de las estrellas cubanas ¿será con esta Carmen que tan atrayente nos resulta ya? 


Saludos finales. Foto: Álvaro Maldonado

CASCANUECES PASODOS - FICHA ARTÍSTICA 

Adaptación y Coordinación: Laura Macías y Gavin De Paor   

Producción: Teatre Principal de Palma de Mallorca 

Orquesta Sinfónica Ciutat de Palma: Director: Cristóbal Soler
 
Solistas principales: 
Sascha Pieper, Laura Álvarez, Tamara Gutiérrez,  Ana Rosa Ramos, Roger Neves, Daan Viser, Hazem Zakaria, Gisela Vera, Mar Ameller, Gabriele Santoni, Lidia Arriola, Carlos Huerta, Giula Neri, Adriana Barrabés, Miguel Rodríguez, Jose Cabrera. 

Cuerpo de baile-aprendices: 
Toni Cañellas ,Tomás Sanza, Aina Busquets, Aina Plaza, Lara Szymanski, JehosuaVögele, Lydia Rosado, Emma Ibáñez, Paula García, María Martorell y Joan Horrach, Liam De Paor, Olivia Gómez, Diana Cabrera, Martina Carolina Martin y Enrique Santiesteban. 

Zancudos: 
Gemma Palà, Leticia Trujillo, Beatriz Pérez, Esperanza Muñoz, Daniele Mascolino y Néstor Balle. 

Diseño Vestuario: Anarosa Ramos 

Sastreria: Vito Tous y Marta Maimó 

Escenografía: Gavin De Paor y Agustin Ripoll. 

Iluminación: Manfred Diez. 

Regidora: Peki Spaziani. 

Ayudantes producción Alicia Granados.




domingo, 23 de noviembre de 2014

Festival Internacional de Ballet de la Habana

Yanela Piñeira y Camilo Ramos en Espartacus.
Foto: Josep Guindo


El 24 Festival Internacional de Ballet de la Habana acoge con éxito a primeras figuras internacionales. Una vez más la capital de Cuba se ha convertido  durante dos semanas, del 28 de octubre al 7 de noviembre,  en un hervidero internacional de actividades alrededor de la danza: actuaciones, clases magistrales, exposiciones de fotografías  y conferencias. En esta ocasión, Alicia Alonso realiza escasas apariciones en público debido a su delicado estado de salud.

Carmen del Val (La Habana)

Clase de Julio Boca. Foto: Cristina Ribé
Una vez más la capital de Cuba se ha convertido durante dos semanas, del 28 de octubre al 7 de noviembre,  en un hervidero internacional de actividades alrededor de la danza: actuaciones, clases magistrales, exposiciones de fotografías  y conferencias. El Ballet Nacional de Cuba y el público cubano recibieron con entusiasmo y calidez la presencia de compañías,  bailarines y coreógrafos extranjeros en el Festival Internacional de Ballet de la Habana, que este año ha alcanzado su edición número veinticuatro. Un certamen que convierte en realidad el  lema, que ha guiado estos festivales desde su principio, la frase del célebre escritor cubano Alejo Carpertier: “El espíritu de la danza es inseparable de la condición humana”.   

Esta edición se ha visto ensombrecida por la preocupación ante  la delicada salud de la fundadora y directora  del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso, sus apariciones en público han sido mínimas,  si bien su rostro se iluminaba al oír el calor de los aplausos del público. Era inevitable que la   preocupación por lo que ocurrirá con la dirección del Ballet Nacional de Cuba cuando desaparezca Alicia Alonso flotara en el ambiente, especialmente en la generación de profesores y artistas cercanos a la artista, no tanto entre los jóvenes bailarines cuya máxima preocupación era ensayar los nuevos ballets y bailar, bailar y bailar.

Las funciones se han ofrecido en los teatros Karl Max,  Nacional y  Mella, ya que en el emblemático   Teatro García Lorca aún no se han terminado las obras de remodelación.

Homenaje a Shakespeare

Los niños de la escuela del Ballet de Cuba.
Foto: Cristina Ribé
En esta edición el Festival de Ballet de la Habana ha querido rendir homenaje al dramaturgo inglés William Shakespeare, del qué este año se celebra el 450 aniversario de su nacimiento. 

Por esta razón la Gala Inaugural del 28 de noviembre en el teatro Karl Marx (con una capacidad para más de 5.500 butacas) se bailó Shakespeare y sus máscaras, una obra que recrea los amores de Romeo y Julieta,  con coreografía de Alicia Alonso y  música de Charles Gounod, que  interpretó en directo la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Giovanni Duarte. Romeo fue Dani Hernández y Julieta Anette Delgado, ambos realizaron una sublime y convincente interpretación.

A lo largo de 15 días, en un país en el que el ballet es tan importante para sus habitantes como el fútbol para los europeos, se han desarrollados numerosas actuaciones, principalmente de obras del repertorio  clásico de las que el Ballet Nacional de Cuba es maestro indiscutible.  

Viengsay Valdés en La Bella Durmiente.
Foto: Josep Guindo
Hay que destacar dos representaciones de  La bella durmiente, la primera con Viengsay Valdés y Víctor Estévez en los papeles principales y otra interpretada por Yanela Piñera y Arián Molina. En este Festival, Viengsay Valdés ha sido la  reina absoluta por su impecable virtuosísimo y personalidad escénica, seguida muy de cerca de Yanela Piñera una bailarina a la que a su excelente técnica hay que sumarle una sutileza y versatilidad dramática que logra emocionar al espectador. Ambas bailarinas estuvieron sublimes en la coreografía de Annabelle López Ochoa, Celeste una de las perlas de este Festival.

Éxito de la coreografía Celeste de Annabelle López Ochoa.   

La fascinación que la coreógrafa belga colombina, Annabelle López Ochoa, siente por el Concierto para violín y  orquesta en Re Op.35 de P. I. Chaikovski le ha llevado a crear una pieza neoclásica interpretada por tres mujeres y  diez hombres, es una obra dinámica y expresiva en la que la silueta de las  mujeres simbolizan las cuerdas del violín,  mientras que los hombres son la noche. Tras la representación, sectores del público comentaban que este estilo de coreografía debería marcar  el camino a seguir  por el Ballet Nacional de Cuba en un futuro inmediato.

Brooklyn Mack en Espartacus. Foto Josep Guindo

Vistosos y siempre entretenidos resultaron  los programas   La magia de la danza y Programa Concierto, antologías de la danza en la que se pueden apreciar escenas de ballets como Giselle, La bella durmiente, Don Quiote, El lago de los cisnes, Cascanueces,  Coppélia y Sinfonía de Gottsschaik por citar las más relevantes.  En este apartado tenemos que destacar de nuevo a la espectacular bailarina cubana Viengsay Valdés  y al bailarín norteamericano, Brooklyn Mack del Ballet de Washingtong, su magnífica interpretación del paso a dos de Don Quijote hipnotizó  la retina del espectador. Viengsay a su impecable técnica le sumó su pasión interpretativa que sedujo al público desde el momento de su aparición en escena, por su parte Mack supo dar a sus espectaculares giros y elevados saltos el sentimiento que le convierten en un convincente bailarín de repertorio y le alejan de las interpretaciones circenses. 

Alicia Amatriaín y  Alexander Jones en  Aus Holberg Zeit.
Foto: Josep Guindo
Otra de las parejas más aplaudidas fue la formada por la excelente bailarina española Alicia Amatriain y Alexander Jones  del  Ballet de Stuttgart que realizaron una inolvidable interpretación en Aus Holbergs Zeit, una coreografía  de John Cranko y música de Edvard Grieg. Fue un agradable descubrimiento el bailarín español Ciro Tamayo, del Ballet Nacional de Uruguay, que estuvo magnífico en el paso a dos de El Corsario junto a María Ricetto.

Otra de las perlas de este Festival era  El lago de los cisnes con coreografía de Alicia Alonso sobre la original de Marius Petipa e Liv Ivanov con música de P. I Chaikovski, interpretada por el Ballet Nacional de Cuba y con Viengsay Valdés e Ivann Putrov en los papeles principales. El  ucraniano Putrov es un bailarín elegante con una sólida técnica. Tras pasar por el Royal Ballet ahora se considera un bailarín freelance y es figura invitada en las grandes compañías, si bien a él le gusta producir sus propios espectáculos y adentrarse en programas de danza contemporánea. El día de la representación Putrov estuvo correcto pero no deslumbró, le faltó seguridad. Sí brillaron en El Lago de los cisnes, el día siguiente los bailarines cubanos Yolanda Correa y Joel Carreño, en la actualidad primeras figuras del Ballet Nacional de Noruega.  

El Bolero de Galguera decepciona 

Xiomara Reyes y Yoel Carreño entre otros artistas invitados
al Festival. Foto: Cristina Ribé
Una de las coreografías más esperadas del 24 Festival de Ballet de la Habana, era Bolero con música de la célebre partitura de Maurice Ravel firmada por el bailarín y coreógrafo cubano, Gonzalo Galguera  e interpretado por el Ballet de Camagüey. Galguera es en la actualidad el director artístico del Ballet de Magdeburgo de Alemania para el que ha creado su versión de  ballets clásicos como Romeo y Julieta, El Cascanueces y El lago de los cisnes,  y  también diversas coreografías de corte contemporáneo como Beauty Instic o Instante o piezas de línea sinfónica como la que creó con La Cuarta Sinfonía de Frank Shubert. Sin embargo su Bolero, interpretado por hombres que bailan alrededor de una mujer, una diosa oriental en este caso, decepcionó por falta  de originalidad ya que ere muy evidente en su trabajo la influencia de la mítica coreografía de Béjart.

En cuanto a las compañías extranjeras invitadas tuvieron una actuación discreta el grupo norteamericano de danza contemporánea Pontus Lidberg Dance  y el Ballet Hispano de Nueva York. Al igual que los componentes del Ballet de la Ópera de Niza que bailaron La pavana del moro con coreografía de José Limón y música de Henry Purcell.  

Triunfo de Joaquín de Luz en la gala final

Alicia Alonso en la Gala Inaugural con José Manuel Carreño
y Dani Hernández. Foto: Josep Guindo
El 24 Festival Internacional de Ballet se clausuró con una trepidante Gala en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, que reunió  destacadas figuras de la escena internacional y cubana. El acto contó con la presencia de Alicia Alonso, que al final de la función, aclamada por el público, y sostenida por los bailarines José Manuel Carreño y Dani Hernández,  regaló al público un inspirador port de bras.

La  estrella de la noche fue Joaquín de Luz, el excelente  bailarín español, hoy primera figura del New York City Ballet, que deslumbró en el solo Cinco variaciones sobre un tema, una coreografía del mexicano David Fernández con música de Bach. De Luz sumó a su depurada técnica su estilo pendenciero y seductor que cautivó al público. Su interpretación junto a Ashley Bouder en Other Dances de Jerome Robbins con música de Chopin también fue una de las coreografías más aplaudida de la noche. 

Otra de las parejas más aplaudidas fue la formada por Yanela Piñera y Camilo Ramos en el bello y expresivo  paso a dos de Espartaco con la bella música del compositor armenio Aram Kachaturian y coreografía Azari Plisetsky.  Ambos bailaron compenetrados y exhibieron su gran dominio técnico. 

Joaquín de Luz en Cinco variaciones sobre un tema.
Foto: Josep Guindo
Otras de las interpretaciones  más destacas fueron las de Aki Saito y Win Vanlesses del Royal Ballet de Flandes en Love Fear Loss, un paso a dos con coreografía de Ricardo Amarente y música de Charles Dumont. Tango, una creación de Lidia Segni con música de Astor Piazzola que bailó el Ballet Estable del Teatro Colón de Buenos Aires, levantó pasiones la interpretación del bailarín cubano Javier Torres, hoy solista en el Northerm Ballet, del solo  La muerte del  cisne, con coreografía de Michel Descombey y música de  Camille Saint-Saëns.   


Durante este 24  Festival Internacional de  ballet de La Habana, concretamente el día 31, falleció el coreógrafo cubano Iván Tenorio a los 73 años, autor de coreografías tan conocidas como Fedra, La casa de Bernarda Alba, Teseo, Los amantes de Verona y Viva Lorca.   

Actividades colaterales: Exposiciones de fotografías y homenaje a Fernando Alonso

Tres exposiciones de fotografía se han inaugurado en este 24 Festival Internacional de Ballet de la Habana, una de ellas,  a cargo del catalán Pere Artal que, en el vestíbulo del Teatro Mella, recoge las actuaciones de otros Festivales de la Habana  en los que se ve a la bailaora española María Pagés, al cubano Carlos Acosta y a Vladimir Malakov entre otros.

Clase con Aurora Bosch. Foto: Josep Guindo

Otro catalán el cardiólogo, José Guindo, ha presentado, en el vestíbulo de la Sala Covarrubias del Teatro Nacional, una exposición del homenaje que recibió Alicia Alonso, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla el 2 de noviembre de 2013, con motivo de la celebración de los 75 años de su debut en el ballet Giselle.

Por su parte el joven cubano  Javier Núñez Castillo, ha realizado un grupo de fotografías bajo el título Shakespeare a través del lente, en el que muestra, en el vestíbulo del Teatro Mella, fotografías del ballet Shakespeare y sus máscaras.

También se han celebrado una Jornadas dedicadas al desaparecido Fernando Alonso, cofundador del Ballet Nacional de Cuba junto a Alicia Alonso, en ocasión del centenario de su nacimiento.  El homenaje ha consistido en unas clases magistrales a cargo de grandes figuras de la danza, que se han impartido en la Escuela Nacional de Ballet de la Habana, que dirige Ramona de Sáa. La primera de ellas fue a cargo de Julio Bocca, y le siguieron Eric Vu An, Xiomara Reyes, Cyril Atanassof, José María Carreño, Marta García y Orlando Salgado.

El apasionante camino hacia las  clases en la sede del Ballet Nacional de Cuba

Viengsay Valdés e Ivan Petrov ensayando El Lago.
Foto: Josep Guindo
Para el ciudadano de a pie Cuba es la isla mágica que ha atraído a viajeros en todas las épocas. La musa que ha inspirado a compositores y poetas durante siglos. La tierra mítica de millones de emigrantes, pero también el destino de miles de esclavos. Cuba es sufrimiento y placer, luz y oscuridad, riqueza y pobreza. Cuba es vida, y para el balletómano además es danza, vida al fin. 

Todos estos pensamientos me asaltan mientras camino desde hotel, donde estoy hospedada durante mi estancia en La Habana,  a la sede del Ballet Nacional de Cuba, les  separan escasos metros. El hotel y la sede están en el Vedado un barrio de La Habana, lejos de los centros turísticos. El camino es una prueba de fuego  ya que hay socavones, charcos, adoquines rotos y un largo etc.,  dificultades que una cree debería sortear bailando a base de  ejecutar  grands jetés, piqués   y piruettés. El azul del cielo de la Habana a las nueve de la mañana es intenso, no hace ni frio  ni calor. Si miró hacia atrás veo la inmensidad del mar. Hipnótico el color de las casas que se alinean a lo largo del camino, algunas son majestuosas, otras están  en ruinas, sorprende la variedad de sus tonos. Ellas junto a   la vegetación que nace en libertad y la simpatía de sus  gentes hace de este trayecto una fiesta para los sentidos.

Al llegar a la sede empieza el conflicto ¿qué clase quiero ver?, en una Aurora Bosch, excelente bailarina y hoy reputada pedagoga reclamada por las mejores compañías internaciones de danza,  está ensayando con Yanela Piñera y Arián Molina el paso a dos de Bella Durmiente. En otra, la maestra Stvetlana Ballester, una mujer gruesa, pero con una agilidad apabullante, da clase a los miembros del Ballet Nacional de Cuba entre los que también encontramos a los bailarines internacionales invitados, así vemos a Joaquín de Luz,  Ivan Putrov, Brooklyn Mac,  Daniel Proietto, Liu Miaomiao y Li Lin, entre otros. 

Numerosos asistentes a las clases. Foto: Cristina Ribé

La clase tiene unos grandes ventanales con cristales azulados que dan a la clase un color mágico. Opto por ir alternando de una clase a otra. El tiempo vuela. El teclear del piano, el  olor a resina y las correcciones a los bailarines hace que te olvides de todo y te conviertas en uno de ellos, pasas a formar parte de la vida de la danza. Hipnóticos développés y arabesques. Cisnes, príncipes y princesas con mallas de colores, sudando y riendo como seres mortales. Esta experiencia  es una de las mejores actividades   que te brinda el Festival. 

Asisto también  a un ensayo de Viengsay y Petrov, bailan el paso a dos de El lago de los cisnes. Ambos ríen y se muestran cómplices, la bailarina cubana se muestra indulgente y generosa con Petrov le explica como cogerla, es la primera vez que  bailan juntos  y están buscando la forma de acoplarse.

 
Amaya Rodríguez. Foto: Josep Guindo
Converso brevemente con Aurora Bosch, es una mujer inteligente y discreta, ella junto a otras dos grandes bailarinas cubanas, Loipa Araujo y Josefina Méndez, formaban el triunvirato que, según se decía años atrás, tenía que ser el relevo de Alicia Alonso en la dirección del Ballet Nacional de Cuba, pero todo quedó en un rumor. Me confirma que sí que existió esta idea pero que quedó en nada y ahora es tarde. 

Ella se siente mayor. Loipa está trabajando con Tamara Rojo en el English National Ballet y Josefina falleció. Aurora apunta que también se rumorea que el bailarín cubano Carlos Acosta, que ha realizado toda su carrera profesional en compañías extranjeras podría suceder Alicia, pero todo son rumores afirma Aurora. El historiador de danza Miguel Cabrera se une a la conversación,  cree que la sucesión de Alicia no será traumática, tiene una postura optimista ante lo que vaya ocurrir.

Regreso al hotel consciente de que he vivido unos instantes únicos e irrepetibles.