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viernes, 21 de marzo de 2014

Alicia AMATRIAIN, invitada por la Ópera de París

Loïc le Duc
Traduccion : Carolina MASJUAN

Alicia AMATRIAIN - Tatiana
Foto : J. BENHAMOU / Opera nacional de Paris
Nacido en Sudáfrica, contratado por el Sadler Wells Ballet por Ninette de Valois, quien le encargó sus primeras coreografías, John Cranko se reveló rápidamente en el mundo de la danza como un auténtico creador. En 1960 tomó la dirección del Ballet de Stuttgart al que convirtió en una de las principales compañías europeas. Fue en el avión que traía de vuelta a la compañía tras una gira y que no pudo aterrizar lo suficientemente rápido debido al mal tiempo, donde John Cranko murió de un ataque al corazón en medio de sus bailarines. Lo esencial de la obra de Cranko es muy significativo del estilo neoclásico de la época y comprende los grandes ballets de repertorio académico, así como muchos ballets anecdóticos como el Príncipe de las Pagodas sobre una partitura encargada a Benjamin Britten, la Fierecilla Domada, y una Belle- Hélène creada en 1955 para Yvette Chauviré para la Ópera de París, así como un Romeo y Julieta que entró en el repertorio de la compañía francesa en 1983.

Obra en tres actos, Eugene Onegin es sin duda uno de los más hermosos éxitos del coreógrafo Sudafricano; el libreto aborda los temas de la pasión atormentada, el honor y el arrepentimiento y no ha envejecido un ápice. La producción de Jürgen Rose ofrece un dispositivo de cortinas a la italiana con un encanto anticuado. El vestuario, dominado por tonos castaños con matices pastel, aporta ligereza en la severidad de la obra y atenúa el carácter sagrado e intimidatorio de este drama común. Musicalmente, Kurt-Heinz STOLZE creó, basado en la obra de Tchaikovsky, un conjunto homogéneo de extractos de las Estaciones, Romeo y Julieta, Caprichos de Oxane y de Francesca da Rimini, ilustrativo y sin pretensiones, que acompaña sabiamente la progresión dramática de los protagonistas principales. En cuanto a la escritura coreográfica de Cranko, se afirma en primer lugar en formidables pasos a dos con una sucesión de portées más sorprendentes los unos que los otros. Regularmente alzada en el aire, la bailarina se encuentra batiendo piernas mientras su pareja atraviesa el escenario sosteniéndola con su brazo. Así apoyada y con un cambré extremo, se lanza hacia atrás, recuperada in extremis por el bailarín, quien también, de golpe, encadena una nueva figura. Pero el toque de Cranko va más allá de la simple técnica. Los papeles principales exigen de forma simultánea un virtuosismo agudo y un juego actoral delicado.

Alicia AMATRIAIN - Karl PAQUETTE
Foto : J. BENHAMOU / Opera nacional de Paris

Alicia Amatriain brinda una espléndida lección de danza y teatro. Aquí está todo, una técnica impresionante, un sentimiento psicológico realmente logrado y un arte teatral total en cada simple matiz. La bailarina nos muestra acertadamente la Tatiana del poema de Pushkin, una jovencita soñadora imbuida de lecturas, que cae locamente enamorada de ese hombre al que se atreve a confesar su amor en una carta apasionada. Aún inmóvil, Alicia Amatriain lo expresa todo, como al final del segundo acto, cuando permanece fija y mira con tanto desprecio como frialdad a Onegin que acaba de asesinar a Lenski. No hace ni un solo gesto, pero sabemos que se ha girado definitivamente una página en su vida, en su alma, que ella ya no será jamás la misma. La frialdad de su partenaire contrasta con la pasión que ella no trata de ocultar. Más tarde, la Tatiana de Alicia encarna a una mujer y esposa fiel de la alta sociedad rusa. El amor que le ofrece Onegin está ahora prohibido.

Karl Paquette posee ciertamente el físico romántico requerido, pero sus cualidades dramáticas capaces de dar vida a su personaje, son menores. Buen partenaire, una cierta frialdad bloquea la emoción que también debe generarse de este cínico pero vibrante papel. 

La pareja Olga - Lenski empareja a Eve Grinsztajn y Fabien Revillion. La primera bailarina nos ofrece una Olga encantadora, alegre y sin preocupaciones. Disfruta con total plenitud del instante presente y acepta la invitación a bailar de Onegin sin pensarlo dos veces, pero provocando el trágico final del poeta. La danza de la señorita Grinsztajn refleja en cada paso, en cada gesto, la evolución de su personaje, ese juego de las pasiones y las debilidades humanas. Fabien Revillion, sujet en el Cuerpo de Baile, compone un Lenski de buen nivel, muy bien compenetrado con su pareja. Baila con amplitud, musicalidad, facilidad, mucha seguridad y nos ofrece un personaje que atrae de inmediato la simpatía. Christophe Duquenne encarna con credibilidad un príncipe ruso distinguido y marcial. El pas de deux Tatiana/Grémine del baile en casa del Príncipe es de una belleza, una precisión y un romanticismo que dejan sin aliento... Sin lugar a dudas el más fuerte instante de esta excepcional representación.

Alicia AMATRIAIN - Christophe DUQUENNE
Foto : J. BENHAMOU / Opera nacional de Paris

Los conjuntos perfectamente rodados del Cuerpo de Baile son especialmente destacados. Cada bailarín que aparece en el escenario sabe que lleva parte del ballet y se implica en el significado del conjunto. Ya que Onegin está lleno de escenas cortas que tienen lugar al mismo tiempo que la historia de los personajes principales y que vienen a iluminarla y completarla. Esta armonía se ve magnificada por el acompañamiento musical de la orquesta de la Ópera de París, bajo la batuta de James Tuggle.

En definitiva, una muy hermosa velada... Única objeción: no hay ninguna mención específica en el programa sobre la Estrella del Stuttgart Ballet, invitada de último momento de esta serie ... Adjuntar en cada programa un folleto que describa la carrera de la Srta. Amatriain no parece una tarea insuperable y mostraría el respeto que merece a la Ópera Garnier, la estrella invitada.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Eugène Onegin, John Cranko, Opéra de Paris

Aurélie Dupont / Evan McKie - Foto : M. Lidvac

Sudáfricano John Cranko consiguió despuntar en Gran Bretaña. Estudiante de teatro del Sadler Wells de Londres (ahora Royal Ballet), se convirtió en el coreógrafo residente bajo la batuta deDame Ninette de Valois. A partir de ahí su popularidad trasciende a la Inglaterra insular: el New York City Ballet le encarga una coreografía en 1950 (La Bruja), la Ópera de París en 1955 (La Belle Helene) y La Scala de Milán en 1958 (Romeo y Julieta). En 1960, es invitado a montar elPríncipe de las Pagodas para el Ballet de Stuttgart. Todo transcurre tan bien que se le pide que tome las riendas de la que fue una gran compañía. Y en unos pocos años, sabiendo rodearse de un equipo dinámico, convierte al ballet de Stuttgart en una troupe destacada a nivel internacional, creando para ella de tres a cinco obras por año.

Con una gran delicadeza, sin forzar nada, pero sin retroceder ante el pathos necesario, John Cranko ha adaptado escrupulosamente el poema de Alexander Pushkin. En el primer acto, toda la casa deLarina se está preparando para el cumpleaños deTatiana. Lenski, el prometido de Olga, la hermana de Tatiana, regresa de una batida de caza con Onegin, un amigo llegado a la ciudad. Tatiana se enamora de él y le escribe una carta, pero él no la toma en serio. Durante la fiesta del segundo acto, Oneginse distrae cortejando a Olga. Lenski se ofende y reta a Onegin. Durante el duelo, éste mata a su amigo. El tercer acto tiene lugar una década más tarde.
Onegin va a casa del Príncipe Gremine y descubre que la princesa no es otra que... Tatiana. Confundido, escribe a la joven para confesarle sus sentimientos. Pero, aunque aún enamorada de Onegin, la princesa oculta su pasión y le rechaza. 

Aurélie Dupont / Karl Paquette - Foto M. Lidvac
Al centrar su discurso en los personajes principales del poema, Cranko se centra en la tragedia de un amor inacabado, que le lleva a su propia destrucción. Una selección de aires de óperas y piezas para piano de Tchaikovsky, orquestadas por Kurt-Heinz Stolze, así como la escenografía y el vestuario de Jürgen Rose, ofrecen un ambiente evocador a esta pasión atormentada.
Aunque académica, la coreografía transmite una profunda emoción. Hay que decir que la pareja "sorpresa" de esta primera distribución deslumbra. Sin teatralización excesiva ni pesada pantomima, Aurélie Dupont y Evan McKie supieron otorgar de forma precisa e intensa los caracteres, las dudas de los sentimientos, la nostalgia del tiempo que ha pasado. La estrella de la ópera está impresionante en su técnica, su sentido teatral y su dedicación emocional en el rol deTatiana. Sabe ser la joven romántica que se nutre de literatura sentimental en el primer acto, que se imagina en los brazos de este hombre, tenebroso e indiferente, al que ella acude, en vano, a declararle su amor en una carta apasionada. En el tercer acto, princesa de Gremine, Aurélie Dupont interpreta a una mujer y esposa de la alta sociedad rusa, consciente de su rango, pero ahora prohibida.

Además de esta evolución traducida en cada gesto, en cada paso, lo que sobretodo llama la atención es el trabajo de la mirada que rinde la bailarina a lo largo de la coreografía. Finalmente, el último pas de deux, construido en eco y contrapunto al que concluye el primer acto, siendo muy técnico y físico, es de una sensualidad vibrante. Eugene Onegin / Evan McKie y la Princesa Gremine / Aurelie Dupont se abandonan a las emociones de sus personajes sin moderación… ese porté en el que Aurélie Dupont se desliza sobre el pecho de su pareja es de una belleza inconmensurable. En los brazos de la estrella del Ballet de Stuttgart, Aurelie Dupont logró superarse y hacernos olvidar esa frialdad que suele caracterizar a sus personajes. Su pareja, bailarín noble y elegante, con una musicalidad ejemplar y gran conocedor del personaje, sabe encarnarperfectamente a ese dandy  arruinado y cansado de la vida mundana de San Petersburgo. A lo largo de toda la obra, se impone como la figura clave en este cruce trágico entre los cuatro jóvenes. En resumen, la pareja formada por Aurélie Dupont y Evan McKie funciona maravillosamente.

Evan McKie - Foto : M. Lidvac

La pareja Olga - Lensky (Myriam Ould Braham y Josua Hoffalt) responden, en el segundo acto, de una forma muy adecuada al dúo principal. Sin embargo, su primer acto es menos convincente tanto en su juego como en la danza.

Una agradable sorpresa este Onegin que revela el talento del bailarín principal de Stuttgart y permite apreciar a una Aurélie Dupont deslumbrante en los brazos de Evan McKie.


Opera National de Paris - Palais Garnier - Representación del 11 de diciembre de 2011

Ballet en tres actos. Libreto de John Cranko basado en la novela "Eugene Oneguin" de A. Pushkin.
Coreografía: John Cranko.
Música: Tchaikovsky orquestada por Kurt-Heinz Stolze.
Escenografía y vestuario: Jürgen Rose.
Iluminación: Steen Bjarke.


Intérpretes:
Eugene ONEGIN: Evan McKie (artista invitado)
Tatiana: Aurélie Dupont.
Lenski, amigo de Onegin: Joshua Hoffalt.
Olga, la hermana de Tatiana: Myriam Ould Braham 

Y el Cuerpo de Ballet de la Ópera de París.

Orquesta Colonne, Director: James Tuggle.