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sábado, 17 de junio de 2017

Una seductora Carmen

Kayoko Everhart en un momento de su actuación (Foto: Jesús Vallinas)

Interpretada por la Compañía Nacional de Danza, se estrenó el pasado jueves en los Teatros del Canal, en Madrid, una atractiva e interesante versión de Carmen. La coreografía de Johan Inger, los originales diseños de vestuario del tristemente desaparecido David Delfín y una espectacular escenografía, obra de Curt Allen e Isabel Ferrández entusiasmaron al público.

Lola Ramírez

Me encontraba a 600 kilómetros de los Teatros del Canal, cuando recibí la invitación para asistir al ballet interpretado por la Compañía Nacional de Danza. Los 40º que se anunciaban en Madrid para la fecha del estreno no eran ningún reclamo para salir de mi fresco refugio veraniego. Me pudo la curiosidad de ver a través del trailer, qué nos ofrecía Johan Inger en una coreografía por la que había sido galardonado en 2016 con el prestigioso Benois de la Danse. Empecé a abanicarme sin parar cuando, totalmente seducida por la magia de Kayoko Everhart, pensé en la posibilidad de siete horas de autobús para asistir al estreno. Un ida y vuelta para admirar la belleza de la danza, el arte de la seducción, el ingenio escenográfico. Un placer.

El espectáculo que se ofrece en los Teatros del Canal hasta el próximo 25 de junio se merece cualquier esfuerzo por parte del espectador. No le falta detalle. La maravillosa composición de Georges Bizet magníficamente interpretada por la Orquesta Sinfónica Verum, bajo la batuta de Manuel Coves envuelve al espectador desde los primeros acordes, la austera y sin embargo dinámica escenografía de Curt Allen, el vestuario diseñado por David Delfín, el alegre cuerpo de baile, todo hace que el espectador se acomode en su butaca dispuesto a disfrutar de hora y media de danza.
Kayoko Everhart e Isaac Montllor en plena seducción (Foto: J.V.)

Una vez acomodado, dispuesto a disfrutar de la música y del baile, la entrada en escena de los bailarines y bailarinas de la CND remueve al espectador que sucumbe sin remedio ante la frescura y la sensualidad Kayoko Everhart. La bailarina japonesa forma parte del elenco de la CND desde 2004 y fue ascendida a principal en 2012. Desde entonces ha interpretado papeles principales en los ballets Jardín Infinito, Cobalto y Gnawa entre otros, de Nacho Duato, así como el rol de Julieta en Romeo y Julieta de Goyo Montero y otras coreografías.

Es una bailarina de múltiples registros que posee una depurada técnica. En el rol de Carmen está insuperable. Si su personaje seduce sin remedio a un fascinado Don José (Dan Vervoort) y al casquivano Escamillo (Isaac Montllor), fantástico en su papel de galán y torero, la actuación de Kayoko es capaz de derretir a una piedra. Preciosa y sublime. Para no perdérsela, aunque para verla haya que recorrer mil kilómetros de desierto.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Chapeau! Sr. Martínez


YaeGee Park en uno de sus impresionantes grand-jeté (Foto: Patricio Valverde)


Ha sido sin duda el mejor regalo de Navidad que puede recibir un aficionado a la danza. El ballet Don Quijote que se estrenó ayer en el Teatro de la Zarzuela de Madrid seguro que ha hecho aplaudir hasta a Marius Petipa en su tumba. Ha sido un espectáculo para quitarse el sombrero por la magnífica interpretación de los bailarines, por la subyugante escenografía, por la mágica iluminación, por la excelente música en directo y, sobre todo, por la mano que ha hecho que todo el ensamble funcione tan bien.


Lola Ramírez
José Carlos Martínez, el director de la Compañía Nacional de Danza tiene que sentirse satisfecho. Ha logrado con creces lo que todos los aficionados a la danza clásica le estábamos demandando, desde que en septiembre de 2011 tomó la dirección de la CND: poner en escena un ambicioso ballet clásico. Él mismo afirmaba sin falsas modestias, en la rueda de prensa previa al estreno, que este Don Quijote despertaría la envidia de Marius Petipa (1818-1910), su creador. Y estoy segura que al gran coreógrafo y bailarín, que era un apasionado de las danzas tradicionales españolas, se le ha escapado más de un aplauso desde su tumba.

La noche de ayer había despertado las expectativas de centenares de aficionados a la danza, que acudieron al teatro ilusionados con disfrutar de un género -el ballet clásico- que por diversas circunstancias la CND no ponía en escena desde hace veinte años. La Orquesta de la Comunidad de Madrid inició la obertura de Don Quijote bajo la dirección de José María Moreno. Disfrutar de la interpretación de una orquesta en directo es algo desgraciadamente poco habitual, pero maravilloso cuando, como en esta ocasión, la ejecuta un conjunto tan homogéneo y virtuoso. El disfrute comenzó desde los primeros acordes y se mantuvo hasta la última nota.

El espectro de Don Quijote, magníficamente personificado por Isaac Montllor, hizo su entrada en escena introduciendo al público en el onírico mundo del personaje de Cervantes. Nos había contado José Carlos Martínez que la escenografía era sencilla, con poco mobiliario, pero desde la platea resultaba prácticamente perfecta, casi tanto como la interpretación de YaeGee Park en el papel de Quiteria. La joven bailarina coreana tiene un encanto que trasciende el escenario y cautiva al público. Uno se olvida de su impecable técnica, de su perfecto grand-jeté y sus sorprendentes equilibrios para dejarse subyugar por lo que nos llega al alma: la sonrisa, la picardía y la coquetería con la que encandila a Basilio.



Seh Yun Kim y cuerpo de baile en Las Driadas (Foto: Iván Sánchez)
Desde que hace un montón de años me enamoré sin remedio del Basilio de Barishnikov, sé que tengo la partida perdida y que no voy a encontrar a ningún otro que me haga olvidar a ese genio de la danza clásica que fue- siento hablar en pasado- Mihail Barishnikov. Y esto, como decía una amiga rusa, "no es bueno ni es malo, es realidad". Joaquín de Luz crea un Basilio digno, bien ejecutado, sí, muy buen partenaire,  pero le falta algo; el problema es que no sé qué. Lo cierto es que no me resulta creíble ni su chulería ni su amor y, a veces incluso su arrogancia, me resulta un tanto machista, cosa que no me pasaba con el bailarín de Riga. Es lo que tiene el primer amor, que nunca se olvida.

Afortunadamente en mi vida no ha dejado mella ningún Camacho y, así, pude pasar un buen rato con la estupenda interpretación que de él hizo anoche Antonio de Rosa. Cabe afirmar sin duda alguna que todas las interpretaciones fueron estupendas, pero nada fascinó tanto como la puesta en escena de la variación de las Driadas. Fue un momento realmente mágico, en el que el espectador se sintió hermanado con Don Quijote y que, al igual que él, se sintió inmerso en el cálido mundo de los sueños. He visto muchos Quijotes, pero nunca ninguno con una secuencia tan espectacular y envolvente. Realmente fantástica y, en mi opinión, uno de los momentos más sublimes de esta adaptación coreográfica de José Carlos Martínez.

Saludo de los bailarines ante el emocionado público

Salí del mágico mundo de los sueños con un fastidioso despertar, como suele suceder a veces cuando uno regresa al mundo real. ¿Serán capaces los políticos, una-vez-más, de frustrarnos los sueños? ¿Se verá obligado José Carlos Martínez a dejar la Compañía Nacional de Danza porque el mandamás de turno tiene el mismo interés por la cultura que un porco celta? Voy a darme el lujo de soñar, voy a pensar que todavía existen en el mundo políticos serios y cultos, con miras mucho más elevadas que las del preciado porco gallego y voy a pensar también que el año que viene voy a poder decir de nuevo:  Chapeau! Sr Martínez.