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jueves, 2 de mayo de 2019

El Ballet de la Ópera de Lyon en el Liceu

Petite Mort. Foto: A. Bofill

Con un programa compuesto por tres de los más emblemáticos ballets de Jiri Kylian, la compañía francesa volvió al Liceu tras muchos años de ausencia. Jiri Kylian es gran conocido del público de la Rambla Barcelonesa ya que la compañía que él dirigió durante tantos años, el Neetherlands Dance Theater, fue programada en bastantes ocasiones, aunque con sus piezas más contemporáneas. 

Carolina Masjuan 

En esta ocasión, con el Ballet de la Ópera de Lyon, hemos podido disfrutar de un programa exquisito en el que la maestría del coreógrafo checo nos muestra la belleza del cuerpo humano en movimiento con una sutileza, elegancia y refinamiento excepcionales. 

Wings iof Wax. Foto: A. Bofill
Las coreografías de Jiri Kylian (Praga, 1947) están en el repertorio de las más reputadas compañías y son muchos los bailarines que han sucumbido a la belleza de sus propuestas, deseando poder bailarlas. Este programa del Liceu nos presenta algunas una de sus obras más emblemáticas como sobretodo 'Petite mort’ y también ‘Bella figura’ más ‘Wings of wax’ que vimos hace años en Madrid por la Compañía Nacional de Danza, quien también posee Petite Mort en su repertorio y que debía presentar en el Festival Grec hace ya muchos años pero debió cambiar el programa por lesión de un bailarín (Patrick de Bana). 

Kylian, quien estudió en White Lodge, en la Royal Ballet School de Londres, antes de unirse a John Cranko en Stuttgart, fusiona la precisión y la velocidad del ballet clásico con la robustez y la fuerza de Danza contemporánea, creando un lenguaje muy especial, orgánico y hermoso, de gran belleza visual. 

Wings of wax (Alas de cera), coreografía de 1997, abrió el espectáculo. Wings of Wax se refiere a Ícaro, que ha decidido volar tan alto que el sol hace que la cera de sus alas se funda. La coreografía se inicia con una imagen fascinante: un árbol desnudo, colgando del revés, con sus raíces al aire sobre el escenario. A su alrededor, un foco colgado a baja altura traza un enorme círculo. Los bailarines, vestidos con trajes oscuros ajustados, emergen del fondo negro para ser absorbidos de nuevo hacia él. Con collage musical donde obras de Johann Sebastian Bach y Heinrich Biber conviven con compositores minimalistas como John Cage y Philip Glass, Kylián ha conseguido crear un trabajo de gran belleza y expresividad. 

Bella Figura. Foto: A. Bofill
'Bella figura' (1995) es una obra entre el sueño y la realidad que integra músicas de Lukas Foss, Giovanni Battista Pergolesi, Alessandro Marcello, Antonio Vivaldi y Giuseppe Torelli. La intensa musicalidad de los trabajos de Kylian se hace especialmente evidente en este ballet, una de sus obras más líricas. La pieza, de 25 minutos, en realidad comienza con los bailarines calentándose en el escenario antes de que se atenúen las luces en el anfiteatro mientras los espectadores aún toman asiento. No cuenta una historia, pero tampoco es totalmente abstracta. Es una obra muy poética, impregnada de emoción. El mismo Kylian la describió como un viaje en el tiempo, la luz y el espacio, como una obra que cuestiona la diferencia entre arte y artificialidad. 

No hay telón al principio de la pieza, se usan las cortinas como parte de la decoración, cortinas que se deslizan a lo largo de los lados, o se deslizan lentamente desde arriba, para enmarcar a dos bailarinas que con largas faldas rojas voluminosas, realizan un paso a dos de gran belleza visual. El último movimiento, un paso a dos mixto, se pretende hacer en total silencio, pero lamentablemente eso es casi imposible en el Liceu, el constante coro de toses, papeles de caramelitos y luces de móviles, no te permiten disfrutarlo como merece. 

Petite Mort. Foto: A. Bofill
'Petite mort' (1991), se refiere al orgasmo en francés y es una de las obras maestras de Kylian, llena de emoción y sensualidad. Con los movimientos lentos de dos de los fragmentos más bellos y populares de los conciertos para piano de Mozart: A (KV 488) y C (KV 467) es interpretada por seis bailarines y seis bailarinas y se creó como un homenaje al compositor para ser estrenada en Salzburgo coincidiendo con el bicentenario de su muerte. 

El principio del ballet donde los bailarines hombres juegan con gran dominio con los floretes, ya es toda una declaración de intenciones del dominio que pretenden ejercer sobre sus parejas. De gran belleza los momentos con el gran lienzo que cubre el escenario para que en él aparezcan echadas y sumisas las bailarinas. Los pasos a dos son sublimes, de una gran delicadeza y sumamente musicales con esos hemosísimos adagio y andante que les acompañan. Las bailarinas se nos muestran a veces con rígidos trajes negros que las ocultan, sin embargo, provistos de ruedas, son fácilmente arrinconados y desaparecen para que ellas puedan reanudar su danza sublime con sus parejas. 

La Orquesta Simfònica del Liceu, dirigida por Santiago Serrate y la pianista Véronike Verklé acompañaron en esta última pieza a la compañía francesa que dirige Yourgos Loukos desde 1990. Kylian ha trabajado estrechamente con ellos durante estos últimos tres años como coreógrafo residente y para los bailarines ha sido un auténtico lujo. 

Bella Figura. Foto: A. Bofill
La técnica clásica de la que beben los intérpretes para bailar sus coreografías es sublimada por unos movimientos sumamente orgánicos, gráciles y enormemente musicales que, de la mano del genio checo, llegan al espectador y el domingo, el último día de función en el Liceu, el público casi llenaba el teatro, prueba de la fascinación que ejercen sus trabajos en los amantes de la danza.

En el programa de mano, Maricel Chavarría, crítica de danza de La Vanguardia, nos comenta el hecho de que en los ochenta el Liceu estudiase la viabilidad de una compañía de ballet que dirigieran o bien el propio Kylian, o Nacho Duato -evidentemente, nosotros, tan modernos, no podíamos considerar tener una compañía clásica de repertorio- compañía que se desestimó tener dado el presupuesto que necesitaba. Es cuando menos sorprendente que unos años atrás, no muchos, el Liceu sí contara con compañía propia y además era cuando no entraba apenas dinero público en las arcas del teatro, pero sí había personas muy comprometidas con el arte y dispuestas a darlo todo por él, como fueron el Sr. Joan Antoni Pamies y el Sr. Francesc Massó. ¡Qué lástima además que todo ese legado sea desconocido para el gran público! Nunca encontramos ninguna mención en los programas de mano ni en ningún comunicado del teatro. Visiten la web de Licexballet (antiguos bailarines del Ballet del Gran Teatre del Liceu) y seguramente se sorprenderán.

Otro dato que se comenta en el programa es la relación entre Kylian y John Cranko, no se entiende como habiendo visto tanto Kylian en Barcelona, no se traiga nunca nada en el Liceu del gran legado que nos dejó John Cranko, y más habiendo tantas compañías que lo tienen en su repertorio, desde el Ballet de Stuttgart, evidentemente, hasta el HET, pasando por Munich, Oslo o Budapest, compañías que el Liceu por el bien del ballet de repertorio, estaría casi obligada a ofrecer a sus espectadores. 

Vienen compañías americanas con el gasto de desplazamiento que supone traerlas y en cambio otras europeas de tanto o más prestigio, nunca pisan el coliseo de las Ramblas. Es muy triste que se le dé tan poca importancia a la danza y que nos den tan poco repertorio, cuando es el teatro en el que debería estar.


miércoles, 11 de abril de 2018

Triple Bill por el Ballet Nacional de la Ópera de Oslo

Maiko Nishino y Silas Heriksen en Timelapse.
Foto Erik Berg

Dos reconocidos coreógrafos y un muy feliz descubrimiento en un programa de danza disfrutado a tope con la genial compañía de Ballet Nacional de Noruega en su sede, el espectacular y magnífico teatro de la Ópera de Oslo. Tres coreografías modernas, una pieza icónica de Willian Forsythe “In the Middle” otra menos conocida del gran Jiří Kylián “Tiger Lily” (1994) y un trabajo del coreógrafo noruego Alan Lucien Øyen, “Timelapse” (2015). 

Carola Alexandre

Tres coreógrafos que han saltado fronteras, renovado el lenguaje de la danza y brindado a los bailarines nuevas formas de expresión. "Será toda una experiencia ver tres ballets tan potentes en una misma función. Se trata de tres expresiones de danza distintivas que van desde lo explosivo a lo experimental, desde lo rudo a lo bello" comentó la directora del Ballet de la Ópera de Oslo desde 2012, Ingrid Lorentzen.

Tiger Lily. Foto: Erik Berg

TYPICAL KYLIÁN

El Ballet Nacional de Noruega es una de las compañías con más obras del legendario coreógrafo checo en su repertorio y sus bailarines pueden ser considerados como auténticos especialistas de su lenguaje. Por primera vez bailan su clásico-moderno Tiger Lily (1994), una obra oscura donde los bailarines evolucionan entre el caos y la palabra con un cuarteto de cuerda, cinco chicas, sobre la escena, en un lateral pero muy a la vista, tocando piezas que van desde John Cage a las icónicas Variaciones Goldberg de Bach. 

Tiger Lily. Foto: Erik Berg
El propio Kylián estuvo en Oslo para preparar su obra con los bailarines y permaneció allí hasta el estreno. Un ballet hermoso, limpio y emotivo muy al estilo Kylian que pretende, y consigue, transmitir miedo y soledad, nuestra llegada a la existencia sobre la tierra y nuestra partida de este mundo. 

Un bailarín abre la pieza con un grito. A menudo, a lo largo de la obra, se suceden diversas expresiones de los bailarines transmitiendo emociones: histeria, locura, miedo, temor, tristeza,…. sentimientos que todos experimentamos a lo largo de nuestra experiencia vital. Risas locas que finalizan con dramáticos llantos. Otro bailarín, escondido bajo el linóleo, surge de pronto y empieza su danza mientras en los laterales, donde cuelgan unos estores a modo de lienzos blancos, juegan otros bailarines ¿tal vez en referencia a las telas que pinta Mondrian? La pieza se creó como homenaje al pintor en el 50 aniversario de su muerte y hace referencia a su cuadro Tiger lily.

Solos y pasos a dos, algunos de gran belleza, se suceden a lo largo de la obra, pero también partes corales, con los bailarines jugando con el adhesivo del linóleo, levantándolo, enrollándose en él. 

Una obra constantemente inquietante, tétrica a veces, melancólica otras, siempre en sintonia con la música y magníficamente interpretada por todo el elenco.

SHOCK WAVES

William Forsythe revolucionó el mundo del ballet cuando estrenó In the Middle, Somewhat Elevated en la Ópera de París. Fue en el año 1987 y de repente surgió un estilo que bebía de una técnica llevada al extremo, en sintonía con la música electrónica de Thom Willem. 

Yolanda Correa y Yoel Carreño en In the Middle.
Foto: Erik Berg
El trabajo fue creado para algunos de los mejores bailarines del mundo en ese momento, ahora es el turno del elenco del Ballet Nacional de Noruega de enfrentarse a este siempre exigente reto. Pero no hay duda de que esta formación tiene el altísimo nivel requerido. 

Los principales en escena el sábado siete de abril no desmerecieron para nada y con los magníficos Yolanda Correa y Yoel Carreño a la cabeza, nos dejaron alucinados con su interpretación de esta obra maestra, cuyo paso a dos principal es archiconocido por formar parte del programa de numerosas galas, no siéndolo tanto el ballet completo “Impressing the Tzar” del que In the Middle es su segundo acto y que pudimos ver hace años en Barcelona de la mano del Ballet de Flandes.

Una danza psicodélica y vibrante de corte limpio y baile puro. Puro como la inexistente escenografía, limpia, excepto por las cerezas suspendidas en el centro de la escena que dan nombre a la pieza.

Un gran éxito de todo el elenco que abordó la pieza con la garra y la solvencia exigidas.

A BALLET ABOUT TIME

Y si con las dos primeras piezas el Ballet de Noruega ya nos sorprendió muy gratamente, fue al llegar la novedad, la totalmente desconocida para nosotras tanto a nivel de creación coreográfica como de estilo, Timelapse (2015) de Alan Lucien Øyen, cuando ya alucinamos totalmente. Inspirado en las películas futuristas, este ballet del coreógrafo noruego, es una historia acerca del tiempo, de expectaciones futuras y nostalgia del pasado. 

Timelapse. Foto: Erik Berg
Alan Lucien Øyen es coreógrafo residente en la compañía. Se trata de un creador ecléctico que ha trabajado para otras disciplinas artísticas además de para la danza, aunque para ésta está creando cada vez más para prestigiosas compañías como por ejemplo la Tanztheater Wuppertal Pina Bausch.

Los propios bailarines contribuyeron a la creación de la pieza, creo que eso se nota en escena, la hacen suya de una forma totalmente orgánica, se nota que la sienten y la viven profundamente. La narradora nos va hablando de forma onírica de ese tiempo que pasa, citando a Hawking, o comentando escenas de la vida cotidiana. Un tic-tac nos recuerda ese tiempo que pasa inexorablemente, mientras los bailarines evolucionan bajo la música de Arcade Fire, Alexandra Desplata o con “Solitude” de Billie Holiday.

Varios solos nos cautivaron de forma especial, como los de una fantástica Sonia Vinograd en el hermoso tema lento y tierno: Life Story de los pianistas Ólafur Arnalds & Nils Frahm. Bajo una luz muy tenue y vestida con sudadera gris y pantalón bermuda de punto, su movimiento era sumamente orgánico, impecable todo el conjunto, un momento sublime. 

Sonia Vinograd en Timelapse. Foto: Erik Berg

Otros solos a destacar los del bailarín nórdico Silas Henriksen de fluido movimiento o los de una bailarina asiática, Maiko Nishino, con blusa roja que también nos encantó. Hacia la mitad de la pieza nos cautivaron esas escenas en las que dos parejas de bailarines vestidos con tutús grises de lurex ellas y camisetas también de lurex ellos, evolucionan mientras la narradora nos habla de las estrellas, de aquí probablemente ese vestuario. Una de ellas, de nuevo, nuestra querida Sonia Vinograd, bailarina formada por Rodolfo Castellanos en el Institut del Teatre de Barcelona y ganadora de beca en el Prix de Lausanne. Una danza fascinante de movimientos limpios, puros, nunca bruscos, siempre delicados.

Timelapse. Foto: Erik Berg
La narradora, Claire Constant, situada en un lateral del escenario sobre un bloque de madera iluminado, en ocasiones realizaba ella misma los cambios de luces golpeando el banco donde se sentaba. 

Aquí sí hay escenografía y mucha integración entre ella y los bailarines. Grandes tablas de madera ideadas por S. Goleme que giran alrededor del escenario, abriéndose como puertas correderas por las que entran y salen los bailarines. Junto con la ingeniosa iluminación que juega constantemente con luces y sombras, colores cálidos y fríos, consigue dar un juego fantástico. Escenografía e iluminación son dos elementos fundamentales para conseguir este magnífico resultado. Simplemente fascinante. 

Al final salen a escena todos los bailarines que han bailado este ballet más muchos otros ataviados con body short con el esqueleto humano dibujado en ellos bajo la música de Hello I must be going de The Marx Brothers. Bailando a cámara lenta, imaginamos que representan la muerte. Al final, como si se les tragara la tierra, desaparecen por debajo del nivel de la audiencia ¡brutal! Brutal la sensación, brutal la escenografía, la iluminación, el vestuario, lo ingenioso del conjunto, las sensaciones que te provoca esa música tan bien elegida, ese movimiento tan logrado, esos bailarines tan magníficos. 

Tiger Lily. Foto: Erik Berg

Un teatro lleno con la audiencia aplaudiendo satisfecha durante largos minutos, de pie, entusiasmada por el magnífico programa presentado y por la prestación de su amada y admirada compañía de ballet. Unos bailarines fantásticos, entre los que destacan nuestros conocidos que han recalado aquí para disfrute del público nórdico. ¡Bravo chicos! ¡gracias por una genial velada!

Elencos

Tiger Lily:

Samantha Lynch
Nae Nishimura
Klara Martensson
Miharu Maki
Anette Antal
Marco Pagetti
Lucas Lima
Kristian Alm
Helge Freiberg
Kristian Ruutu

Músicos:
Catharina Chen - violín
Oda Gihle Hilde - violín
Aine Suzuki - Bajo
Jan Koop - Chello

In the middle:

Yolanda Correa
Whitney Jensen
Yoel Carreño
Eugenie Skilnand
Sonia Vinogard
Douwe Dekkers
Riccardo Ambrogi
Nae Nishimura
Kathryn Thomas

Timelapse:

Miharu Maki
Maiko Nishino
Camilla Spidoe
Sonia Vinogard
Luca Curreli
Silas Henriksen
Daniel Proietto
Shane Urton

Narradora: Clair Constant


lunes, 13 de mayo de 2013

DIFFERENT SHORES - Jiří Kylián - Ballet Nacional de Noruega

Loïc le Duc
Traduccion : Carolina Masjuan



Foto : Erik Berg - Stepping Stones
Yolanda Correa / Yoël Carreno

El coreógrafo Jiří Kylián es un invitado habitual de la Ópera de Oslo. Después de "Wild Flowers", presentado durante la temporada 2011, "Differentes Shores" es el cuarto programa de ballet dedicado al mundo del coreógrafo checo. 

No es de extrañar, ya que es considerado, por unanimidad, uno de los más importantes coreógrafos actuales. Su humanismo, la universalidad de los temas presentes en sus creaciones (la relación hombre-mujer, individuo-grupo, la muerte, la ilusión ...), su gran musicalidad y su experiencia escenográfica, hacen de él el coreógrafo por excelencia. Sobre todo, porque la falta de un estilo definido, reivindicado como una firma, le permite una cierta libertad, cada obra siendo distinta de la otra, muy a menudo inspirada por la música, su universo y su estructura. 

Nada menos que tres nuevas obras entran en el repertorio del Ballet Nacional de Noruega. Mientras que la potente "Soldiers' Mass" (1980) es interpretada por 12 bailarines bajo la pieza musical de Bohuslav Martinu, la fascinante "Stepping Stones" ( 1991) es una de las pocas en las que Kylián utiliza la técnica de punta. La música de John Cage y Anton Webern acompaña la partitura coreográfica. La más reciente de las tres coreografías, "Gods and Dogs" (2008) - centésima obra del coreógrafo del Nederlands Dans Theater - explora la frontera, frágil, entre la normalidad y la locura. 

Unas funciones inolvidables que debemos agradecer a Ingrid Lorentzen, Directora de Danza de la Ópera Noruega, quien, por medio de esta programación, nos ofrece una velada totalmente estimulante. 


STEPPING STONES 

Foto : Erik Berg - Stepping Stones
Yoël Carreno / Yolanda Correa / Philip Currell
Stepping Stones, bajo piezas para piano preparado de John Cage y las "Seis bagatelas" para cuarteto de cuerdas de Anton Webern. Poco importa que esas "Stones" sean las piedras de un vado o de un camino iniciático. 

La decoración inusual, con tres gatos egipcios y pequeñas reproducciones de estatuas que llevan los ocho bailarines en la punta de sus brazos o entre sus piernas, así como los maillots, se nos muestran anecdóticos ante la constante invención de una coreografía a la vez virtuosa y atlética. 

Movimientos de caderas sabiamente dosificados en base a los síncopes de la música, un trabajo constante de rotación de brazos, una coordinación peligrosa con el minimalismo de Cage y Webern y el uso de las puntas, parecen un trabajo de relojería suiza, a la cual se pliegan, con mucho entusiasmo, los solistas Yoël Carreño, de imponente presencia, Kaloyan Boyadjiev, Philip Currell y Christine Thomassen, y los bailarines del cuerpo de baile Stine Ostvold, Ole Willy Falkhaugen y Cristiane Sa. 

En cuanto a la interpretación de la señorita Correa, es, simplemente, remarcable: de una gran fluidez, su cuerpo es una grácil ondulación que casa maravillosamente con el contorno sonoro le la obra. 


GODS AND DOGS 

Foto : Erik Berg - Gods and Dogs
Yolanda Correa / Gakuro Matsui

Dioses y perros es una interrogación, una charla, magistral, en la frontera, frágil, que separa la normalidad de la locura. 

Magistral puesto que sutil y habitada, sin ningún énfasis didáctico: juegos acerca de las fronteras de la escena, metáfora del ser humano, salidas de escena improvisadas... De una belleza indescriptible, Gods and Dogs, goza de efectos de luces que magnifican la cortina de fondo de escena, compuesta por cadenas de metal que participan en el movimiento de la coreografía. Este universo sorprendente y fascinante, evoluciona al ritmo de la música de Dirk Haubrich, inspirada por un cuarteto de Beethoven, que rasga el espacio e instala su pulso: para no detenerse jamás. La estética helada, enojada, desarticulada y rápida de la pieza, se basa en los mismos fundamentos que la investigación de los postmodernos como Trisha Brown y Lucinda Child. Aunque Kylián utiliza el vocabulario académico del que crispa aquí los principios y demuestra el cambio hacia la locura, por medio del estallido de la estructura de la danza. 

Foto : Erik Berg - Gods and Dogs
La gestualidad necesaria para interpretar Gods and Dogs está magníficamente servida por los bailarines del Ballet Nacional de Noruega, que no escatiman, con una precisión asombrosa, ninguna combinación posible del cuerpo, de todos los ritmos, de todos los músculos del cuerpo, incluyendo los de la cara. 

Haremos hincapié en la interpretación de Yolanda Correa quien, una vez más, pone sus aptitudes físicas y su técnica al servicio del estilo Kylián con una concentración interior tan intensa, que le permite vivir cada movimiento y proporcionar un excelente trabajo sobre el flujo de energía, en el que el equilibrio inestable es un arte. Emma Lloyd, brillante, técnicamente impecable, se rebela a su mejor nivel. 

En los hombres, Gakuro Matsui, a quien el público aplaude profusamente al final del espectáculo, está a la altura de las exigencias de una partitura coreográfica violenta y agitada que le convierte en la víctima poseída de espasmos incontrolables. 

Foto : Erik Berg - Gods and Dogs
Gakuro Matsui


SOLDIERS'MASS 

En la parte final de la velada de estas "Different Shores" figura "Soldiers' Mass". La coreografía de Kylián tiene la ambición de recrear las emociones de la música de Bohuslav Martinu. Este álbum para coro, metal, piano y percusión, fue escrito en 1939, a partir de un texto de Jiří Mucha, dedicado a la memoria de un batallón de jóvenes reclutas checos, asesinados al día siguiente de su llegada al frente, durante la Primera Guerra Mundial. 

Foto : Erik Berg - Soldiers'Mass

Doce bailarines, vestidos con estilizados trajes color caqui, vuelven la espalda a la audiencia, en una pose típica de Kylián. Bailan contra una línea de horizonte curvo y nunca dejan de bailar al unísono, siguiendo los hábitos de un regimiento. Y cuando uno de los artistas - Aarne Kristian Ruutu - rompe ese efecto de masa para interpretar un solo endiablado, es la imagen de la juventud perdida que se materializa en esa energía de desespero anunciada. Porque si la coreografía juega con esta masa anónima de doce hombres, el ojo ingenioso de Kylián para el detalle, destaca el trágico destino de cada protagonista. 

Sobre todo porque la vena teatral de Soldiers' Mass denuncia, con fuerza y tragedia, la estupidez de la guerra. Y nos ofrece pasajes particularmente conmovedores: en un momento dado, los bailarines se paran, de cara al público, y desafiantes, cantan, como los condenados, con el coro. Luego, todos, rasgan sus camisas y el torso desnudo, los brazos en cruz, se giran hacia el público al que desafían una última vez antes de desfallecer, uno tras otro, como heridos por una bala en pleno corazón. 

Foto : Erik Berg - Soldiers' Mass

Excelente reparto para esta última representación de Soldiers' Mass con una mención especial a Martin Dauchez que brilla en cada una de sus apariciones en el escenario de la Ópera de Oslo.


Oslo - Funciun de 3 de mayo 2013

Stepping Stones
Coreografia : Jiří Kylián
Musica : John Cage - Anton Webern
Escenografia : Michael Simon

Bailarines : Kaloyan Boyadjen, Yoël Carreno, Yolanda Correa, Philip Currell, Ole Willy Falkhaugen, Stine Ostvold,Cristiane Sa, Christine Thomassen 

Gods and Dogs
Coreografia : Jiří Kylián
Musica : Dirk Haubrich - Ludwig van Beethoven
Escenografia : Jiří Kylián

Bailarines : Yolanda Correa, Martin Dauchez, Emma Lloyd, Gakuro Matsui, Stine Ostvold, Aarne Kristian Ruutu, Garrett Smith, Christine Thomassen  

Soldiers' Mass
Coreografia : Jiří Kylián
Musica : Bohuslav Martinu
Escenografia : Jiří Kylián

Bailarines : Kaloyan Boyadjen, Fernando Carrion, Philip Currell, Martin Dauchez, Ole Willy Falkhaugen, Andreas Heise, Samantha Lynch, Gakuro Matsui, Tomoaki Nakanome, Aarne Kristian Ruutu, Kristian Stovind, Dirk Weyershausen

domingo, 17 de julio de 2011

6.000 miles away, offrande de Sylvie Guillem au peuple japonais

 Loïc le Duc


Photo : Bill Cooper
Sylvie Guillem, Nicolas Leriche

Après PUSH et Eonnagata, le Sadler’s Wells, partenaire fidèle des productions de Sylvie Guillem, affichait, en avant première mondiale, « 6.000 miles away », triptyque qui réunit, autour d’une interprète exceptionnelle, trois chorégraphes de renom, William Forsythe, Mats Ek et Jiri Kylian.Au travers de l’écriture classique, « 6000 miles away » nous permet de découvrir Sylvie Guillem, femme de 46 ans, qui danse et interprète deux créations de chorégraphes qui ont particulièrement marqué sa carrière. « 6000 miles away » est également un cadeau offert par la ballerine au peuple japonais, qui doit affronter les effets dévastateurs du terrible tsunami qui a frappé ce pays en début d’année. 

Photo : Bill Cooper
Sylvie Guillem, Nicolas Leriche
Avec Rearray, William Forsythe convoque l’icone de la danse, Sylvie Guillem, pour la faire exister dans son propre clair-obscur. Elle se livre à un dialogue subtil avec Nicolas Leriche où l’écriture gestuelle tire profit de l’extension maxima que donne le vocabulaire académique. Les bras et les jambes s’étirent, se cassent, se décalent, les pas s’enchaînent. Le duo joue l’illusion d’une danse dupliquée et pourtant aucun geste ne trouve son double, seulement un écho. La musique minimaliste signée David Morrow, laisse aux deux interprètes formés à l’école de danse de l’opéra de Paris, la responsabilité entière de l’harmonie. Il est indéniable qu’au contact de la Guillem, Forsythe renoue avec cette écriture qui a servi sa réputation et lui a permis de créer des joyaux chorégraphiques : In the middle…, Herman Scherman ou encore Workwithinwork. Et Guillem d’habiter le geste forsythien, de la ligne des épaules jusqu’à la cambrure du pied. Elle nous offre une danse à couper le souffle, virtuose, grâce à un corps qui recèle (encore et toujours) des possibilités énormes. Ce pas de deux suspendu dans l’espace est troublant de grâce.

Totalement différente est la pièce créée par Mats Ek. 
Sylvie Guillem est la représentation parfaite du corps ékien, solide, blindé, prêt à encaisser la gestuelle on ne peut plus coriace du chorégraphe suédois. Corps résistant qui doit veiller à ne pas se disloquer tout en jouant avec ses limites. Qu’elles soient physiques, techniques ou psychologiques, il s’agit de les étirer au maximum. Certes, le vocabulaire est classique mais il subit des torsions, des cassures telles, qu’il met Guillem au défi d’enchaîner les pas avec fluidité. Immenses pliés à la seconde, sauts en rase-motte, cambrures à ne plus pouvoir se redresser, l’amplitude du mouvement s’accompagne d’une détente sèche. A cette partition déjà acrobatique, s’ajoutent les mille et un obstacles (équilibres sur la tête et autres facéties insolites) que Mats Ek jette avec malice entre les jambes de la danseuse, histoire de rappeler que la chorégraphie,  comme la vie, est une question de nerfs, de démangeaisons quotidiennes. Si l’écriture de Bye relève de la prouesse, c’est aussi parce qu’elle plonge dans les couches les plus enfouies de son interprète. La connaissance qu’a Mats Ek de Sylvie Guillem sert de base à son travail, à ce méticuleux transfert chorégraphique qui auréole sa danse d’un vertige existentiel, souvent proche de la nausée. 

Photo : Bill Cooper
Sylvie Guillem
Parce que Bye est à la fois drôle et émouvant. Un écran en forme de porte fait la scission entre le film en deux dimensions et l’espace de la danse, entre l’intérieur et l’extérieur. Une fois encore, le couple, la famille, la société se révèlent une mine inépuisable de troubles que le chorégraphe va se faire fort d’évacuer sans ménagement sur le plateau. Magnifiée par la danse de Guillem. Comme pour signaler la fin du « solo », la famille réunie, attend, impatiente, sur le pas de porte, le retour de celle qui a flirté avec la liberté. Mais avant de les rejoindre, de retraverser l’écran, elle doit renfiler ses chaussures et abandonner sa danse… l’interprétation juste et précise de Guillem fait de cet instant un moment à la fois déchirant et rassurant. 

Entre ces deux opus, 27’52”, de Jiri Kylian. Pour l’interpréter, Sylvie Guillem a invité deux danseurs du Nederlands Dans Theater, Aurélie Cayla et Kenta Kojiri. Pas de deux élégant, qui, au travers de l’écriture du chorégraphe tchèque, souligne la douleur et la difficulté d’aimer. « Je me suis trop cherché, je t’ai perdu* » précise le récitant alors que les danseurs, torse-nu, se frôlent, s’entrechoquent, se repoussent sans jamais se trouver, donnant à ce duo extraordinaire une frustration d’autant plus intense que, formellement, ces images sont d’une beauté quasi douloureuse. 

Le public du Sadler’s Wells, nombreux, a ovationné Sylvie Guillem. Standing ovation complétée de nombreux bravii et de « Merci Sylvie ! » ont accueilli cette performance extraordinaire. Reprise en septembre 2011 au Sadler’s Wells puis en tournée mondiale, je ne peux que vous recommander d’assister à ce spectacle, d’une qualité incommensurable. 

Photo : Bill Cooper
Sylvie Guillem



6000 miles away, representation du 9 juillet 2011 
World premiere. Sadler’s Wells, Londres. 

Rearray, chorégraphie de William Forsythe (création mondiale)
Interprètes: Sylvie Guillem, Nicolas Leriche 
Musique : David Morrow
Lumières, costumes : William Forsythe

27’52”, chorégraphie de Jiri Kylian
Interprètes: Aurélie Cayla, Kenta Kojiri
Musique : Dirk Haubrich

Bye, chorégraphie de Mats Ek (création mondiale)
Interprète: Sylvie Guillem
Musique : L.V. Beethoven, Sonate pour piano opus 111

* Phrase prononcée en français.

6000 miles away, ofrenda de Sylvie Guillem al pueblo japonés

Loïc le Duc
Traduccion : Carolina Masjuan


Foto : Bill Cooper
Sylvie Guillem, Nicolas Leriche
Version française

Después de PUSH y Eonnagata, el Sadler’s Wells, partenaire fiel de las producciones de Sylvie Guillem, programaba, como primicia mundial, « 6.000 miles away », tríptico reuniendo, alrededor de una intérprete excepcional, tres coreógrafos de renombre, William Forsythe, Mats Ek y Jiri Kylian.  A través de la escritura clásica, "6000 miles away" nos permite descubrir a la Sylvie Guillem, mujer de 46 años, que baila e interpreta dos creaciones de coreógrafos que han marcado de forma particular su carrera.
« 6000 miles away » es también un regalo ofrecido por la bailarina al pueblo japonés, que debe hacer frente a los efectos devastadores del terrible tsunami que golpeó ese país a principios de año.  

Foto : Bill Cooper
Sylvie Guillem
Con Rearray, William Forsythe convoca al icono de la danza, Sylvie Guillem, para darle vida en su propio claro-oscuro. Ella se entrega a un diálogo sutil con Nicolas Leriche en el cual la escritura gestual se aprovecha de la extensión máxima que brinda el lenguaje académico. Los brazos y las piernas se estiran, se rompen, se desplazan, los pasos se encadenan. El dúo interpreta la ilusión de una danza duplicada y en cambio ningún gesto encuentra su doble, solamente un eco.
La música minimalista de David Morrow, deja a los dos bailarines, formados en la escuela de la Ópera de París, lacompleta responsabilidad de la armonía. Es innegable que en contacto con Guillem, Forsythe se renueva con esta escritura suya que ha servido a su reputación y le ha permitido crear joyas coreográficas como In the middle…, Herman Scherman o Workwithinwork. Y a Guillem de vivir el gesto forsythiano, desde la línea de los hombros hasta elempeine. Sylvie nos deja sin aliento con su danza virtuosa, gracias a un cuerpo que esconde (aún hoy) unas posibilidades inmensas. Este paso a dos suspendido en el espacio es perturbador de gracia. 

Totalmente diferente es la pieza creada por Mats Ek. Sylvie Guillem es la perfecta representación del cuerpoekiano, sólido, blindado, dispuesto a encajar el gesto, más correoso imposible, del coreógrafo sueco. Cuerporesistente que debe velar por no dislocarse al jugar con sus límites. Ya sean físicos, técnicos o psicológicos, se trata de desplegarlos al máximo. De acuerdo, el vocabulario es clásico, pero sometido a unas torsiones, unas rupturas tales, que pone a Guillem ante el desafío de encadenar los pasos con fluidez.  Inmensos pliés à la seconde, saltos a ras de suelo, cambrés de los que uno no puede enderezarse, la amplitud del movimiento que se acompaña de un estiramiento seco. A esta división ya acrobática, se le suman los mil y un obstáculos (equilibrios sobre la cabeza y otras gracias insólitas) que Mats Ek lanza con malicia entre las piernas de la bailarina, de forma a recordar que la coreografía, como la vida, es una cuestión de nervios, de escozores cotidianos. Si la escritura deBye muestra proeza, es también debido a que se sumerge en las capas más ocultas de su intérprete. El conocimiento que Mats Ek tiene de Sylvie Guillem sirve de base a su trabajo, a ese meticuloso traslado coreográfico que aureola su danza de un vértigo existencial, a menudo cercano a la náusea. 

Foto : Bill Cooper
Sylvie Guillem
Porque Bye es a la vez raro y conmovedor. Una pantalla en forma de puerta crea una escisión entre la película en dos dimensiones y el espacio de la danza, entre el interior y el exterior. Una vez más, la pareja, la familia, la sociedad se revelan como una mina inacabable de trastornos de los que el coreógrafo hará alarde de librarse sin miramientos en el escenario. Magnificado por la danza de Guillem.  Como para anunciar el fin del « solo », la familia, reunida, espera, impaciente, en el paso de la puerta, el regreso de aquella que ha flirteado con la libertad. Pero antes de alcanzarles, de volver a atravesar la pantalla, ella debe volver a calzarse sus zapatos y abandonar la danza… La interpretación justa y precisa de Guillem, hace de ese instante un momento a la vez desgarrador y tranquilizador.
Entre estos dos opus, 27’52”, de Jiri Kylian. Para interpretarlo, Sylvie Guillem ha invitado a dos bailarines del Nederlands Dans Theater, Aurélie Cayla y Kenta Kojiri. Pas de deux elegante, que, a través de la escrituracoreográfica checa, subraya lo doloroso de la dificultad de amar. «Me he buscado demasiado, te he perdido» precisa el narrador mientras los bailarines, torno desnudo, se rozan, entrechocan, se rechazan, sin encontrarse jamás, otorgando a ese dúo extraordinario, una frustración tanto más intensa cuanto que, formalmente, esas imágenes son de una belleza casi dolorosa.

El numeroso público del Sadler’s Wells, ovacionó a Sylvie Guillem. La audiencia puesta en pie aclamó con numerosos bravos y « Merci Sylvie ! » una actuación extraordinaria. Nuevas actuaciones en septiembre del 2011 en el Sadler’s Wells y después una gira mundial. No puedo menos que recomendar asistir a este espectáculo, de una calidad inconmensurable.

Foto : Bill Cooper
Sylvie Guillem

6000 miles away, actuación del 9 de julio de 2011 
Estreno mundial. Sadler’s Wells, Londres.

Rearray, coreografía de William Forsythe (estreno mundial)
Intérpretes: Sylvie Guillem, Nicolas Leriche 
Música : David Morrow
Luces y vestuario : William Forsythe

27’52”, coreografía de Jiri Kylian
Intérpretes: Aurélie Cayla, Kenta Kojiri
Música : Dirk Haubrich

Bye, coreografía de Mats Ek (estreno mundial)
Intérpretes: Sylvie Guillem
Música : L.V. Beethoven, Sonata para piano opus 111

martes, 17 de mayo de 2011

Wild flowers, cuatro obras de Kylian, por el Ballet Nacional de Noruega


Foto : Erick Berg
Loïc le Duc
Traduccion : Carolina Masjuan

Función del 29 de abril de 2011

¿Quién habría podido preveer el nacimiento de un nuevo gran coreógrafo cuando el 17 de junio de 1970, en Stuttgart, la honorable "Société Noverre" puso en escena Paradox, el opus nº 1 de un joven checo de 23 años? Jiri Kylian firmaba ahí, con una hermosa audacia, la música, los decorados, el vestuario y las luces, al mismo tiempo que la coreografía. En la segunda mitad del decenio, Kylian se imponía con brillantez, gracias a obras tan diferentes en espíritu como la Cathédrale endormie (Debussy), la Nuit transfigurée (Schoenberg) o la Symphonie en ré (Haydn)... Más tarde, ampliando aún más su campo de acción, se hizo eco del mágico vuelo de Colette (l'Enfant et les sortilèges) o de la crueldad medieval de Japón (Kaguyahime). Todo ello para mostrar la originalidad de las fuentes de inspiración de  Kylian.

Foto : Erick Berg
Formado en la escuela de Cranko, Kylian es antes que nada un humanista a la escucha del individuo, pero teniendo siempre en cuenta el grupo del que ha surgido, la colectividad en la que vive. De ahí sale ese deseo tan pronunciado de otorgar un valor a los grupos. Ninguna de sus obras se parece a la anterior: si se apoya sobre todo en el léxico clásico, el coreógrafo checo sabe mestizarlo cada vez, tejer el lenguaje necesario para su propósito.

Y para demostrar su fidelidad a la compañía noruega que cuenta ya con trece de sus coreografías en su repertorio, Jiri Kylian ha ofrecido a los bailarines del Ballet de Oslo, cuatro nuevas piezas que permiten seguir la sorprendente evolución del coreógrafo, a lo largo de aproximadamente una treintena de años.

No more play (1988), sobre las cinco composiciones para cuarteto de cuerdas de Webern, es una obra con trama anecdótica. Una mujer confía a su compañero que espera un hijo de su anterior marido. Kylian explora, con una sensibilidad vigilante, los arcanos misterios del alma humana, y su danza, toda a base de impulsos y retenciones alternados, expresa magníficamente los trastornos de los individuos. En esta obra, Yoël Carreño se distingue por la precisión de su gesto y el dominio del vocabulario clásico.
Sarabande (1990) profundiza en la exploración del "por qué" de los niños ante cualquier cosa. La paradoja y el éxito de esta pieza parecen sostenerse en la elección de una música clara y franca frente a una pregunta que a menudo no tiene respuesta. El coreógrafo despliega aquí una audacia particular con la intención confesada de que sus sketchs en blanco y negro sean completados y coloreados por el espectador.

Tar and Feathers (2006) sobre música de Mozart (Le jeune homme) nos arrastra hacia un mundo totalmente diferente: la escena está desnuda, de una frialdad casi clínica. El piano domina el espacio. Para liberarse de ese entorno, Kylian utiliza el texto, Samuel Beckett (What is the word), y la improvisación como elementos del fraseo coreográfico que aparece entonces más complejo, más frágil, para el espectador pero a la vez también para el intérprete que no puede "apoyarse" en un lenguaje o una técnica, ya que evolucionan sin cesar. Esta pieza, de una gran belleza y de una estética encantadora, ha sido, por primera vez, cedida y bailada por otra compañía distinta al NDT.

Foto : Erick Berg
Para concluir la velada "Wild flowers", Sinfonía de los Salmos (1978) brinda la ocasión de sumergirnos en las raíces clásicas del coreógrafo. Pieza encantadora al ritmo de la música de Stravinsky, las parejas se forman y se separan, como prisioneras entre los reclinatorios y los tapices que limitan el espacio. La precisión, la fluidez y la armonía del gesto, subrayan aquí la dificultad de comunicar y la influencia del hombre sobre la mujer. Obra perturbadora, Sinfonía de los Salmos, es de una increíble actualidad.

La trayectoria creativa del coreógrafo se apoya sobre una danza muy musical, un sentido del espacio espectacular, un buen detalle teatral y una diversidad sorprendente de inspiración. Los bailarines del Ballet Nacional de Noruega, totalmente involucrados, brindaron un trabajo de una gran precisión, acentuando por otro lado la emoción que refuerza las obras de Kylian. Calurosamente aplaudida, esta compañía merecería, finalmente, tener una proyección internacional digna de los bailarines que la componen.