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martes, 21 de enero de 2020

Una cita con la historia del English National Ballet

Joseph Caley, Shiori Kase, Isaac Hernández y artistas del ENB
en Etudes. Foto: Laurent Liotardo

Hay citas que son memorables y el English National Ballet nos ha regalado una de ellas. El viernes tuvo lugar en el London Coliseum la gala para celebrar los 70 años de la compañía que fundaron los legendarios bailarines Alicia Markova y Anton Dolin. Con los años, el English National Ballet ha mantenido el reconocimiento internacional y su prestigio sigue en pie con Tamara Rojo, la madrileña que dirige la compañía desde 2012. La velada fue un paseo por las creaciones del English National Ballet y sus momentos históricos.

Judit Jordana Pons

La platea del teatro estaba llena de ex bailarines del ENB, celebridades del mundo de la danza y de la sociedad británica, en el ambiente se respiraba celebración. En el foso, la English National Ballet Philharmonic, dirigida por su director titular Gavin Sutherland estaba lista para dar comienzo a la gala. ¡Y qué principio! Rojo invitó al bailarín Sergio Bernal para abrir el espectáculo con “El Sombrero de Tres Picos”, obra estrenada en su versión original de Leonide Massine, en el Teatro Alhambra de Londres, el 22 de julio de 1919, por los Ballets Russes de Sergei Diaghilev y más tarde coreografiada por Antonio Ruiz Soler.

La Farruca de Sergio Barnal. Foto: Laurent Liotardo
Con la variación “Farruca”, Bernal nos dejó sin palabras. Me atrevo a decir que es uno de los bailarines de flamenco actuales mejores del mundo. Bernal va más allá de la técnica, es puro arte. Su dominio de la música, del taconeo, del arte de la capa, todo él es poder. Si no lo han visto bailar, no lo aplacen, merece la pena porque van a disfrutar del arte de verdad.

Al español lo procedieron los artistas de la compañía con la pieza “Dust” que Akram Khan creó para el English National Ballet. Una preciosa obra contemporánea que simula el oleaje con el cuerpo de los bailarines y que ejecutaron con elegancia y exactitud. El nivel altísimo de la compañía lo volvimos a ver en la vibrante “Danza de los Caballeros” de “Romeo y Julieta”, en la “Mazurka de Coppélia”, bailada con una precisión deslumbrante. 

El bailarín principal Jeffrey Cirio, el solista James Streeter y el miembro del cuerpo de baile Matthew Astley sorprendieron con el “First Trio de Swansong”, una pieza poderosa de Christopher Bruce que exige estar muy en forma a los bailarines con múltiples portes y saltos, jugando con una silla. El bailarín principal, Francesco Gabriele Frola tuvo su momento de solemnidad con su mágico segundo solo de “Apollo”, unos minutos donde pudimos admirar a este bailarín de técnica pulida. 

Dust de Akram Khan. Foto: Bill Cooper
Otros solistas que brillaron fueron Precious Adams, que aunque resbaló en “Who Cares? - Fascinatin’ Rhythm solo” eso no manchó su rapidez de giro, el destello de los pasos y su comunicación con el público. Y, Fernanda Oliveira y Junor Souza pusieron el punto romántico de la noche en “Three Preludes”, la pieza que se baila des de la barra de ballet.

Tamara Rojo fue la gran protagonista de la primera parte, primero en la piel de Frida Kahlo, con el paso a dos de “La llorona” junto a Fabian Reimair y después mostró que aún sigue en forma, que sigue siendo la bailarina española más internacional y que sus puntas aún tienen larga vida, en el paso a dos de “Carmen”. Rojo estuvo de lo más sensual y erótica junto a Francesco Gabriele Frola. Cerró la primera parte una eléctrica “Playlist (track2)” interpretada por los hombres de la compañía. Una coreografía que nos fascinó y que requiere que sus intérpretes estén en muy buena forma para ejecutar los rápidos saltos, identidad de William Forsythe.

La gala también sirvió para ver a los bailarines del futuro y mostrar la buena salud de la escuela del English National Ballet. Así, vimos a la compañía joven y a la escuela en diferentes coreografías como la contemporánea “…Of What’s to Come”, una pieza colorida llena de energía y entusiasmo. También interpretaron “La Sylphide” y “Migration” de la “Giselle” de Akram Khan.

Francesco Gabrielle Frola y Tamara Rojo en Carmen
Foto: Laurent Liotardo

La segunda parte fue para el ballet “Etudes”, obra de Harald Lander que simula una clase de ballet y que precisa el gran trabajo del cuerpo de baile de la compañía que estuvo brillante. A destacar los solistas Erina Takahashi, que tiene una rapidez de giro y un equilibrio que nos dejó sin respirar, y el joven que es la revolución mejicana, Isaac Hernández, de gran naturaleza artística. Los dos habían bailado con mucho sentimiento y sensibilidad “The man I love” del ballet “Strictly Gershwin” en la primera parte, acompañados de la cantante Brittany Wallis.

El espectáculo se intercaló con proyecciones de fotografías y entrevistas emotivas de ex bailarines. Tamara Rojo clausuró la gala con un discurso de agradecimiento. Recordad que tenéis la oportunidad de ver al English National Ballet en el Liceu a finales de abril con la aclamada “Giselle” de Akram Khan.

70TH ANNIVERSRY GALA
ENGLISH NATIONAL BALLET

17 DE ENERO 2020, LONDON COLISEUM

ENGLISH NATIONAL BALLET PHILHARMONIC
GAVIN SUTHERLAND - CONDUCTOR
MATTHEW SCRIVENER - LEADER



miércoles, 9 de octubre de 2019

Una valiente Giselle trae a Tamara Rojo al Teatro Real

Tamara Rojo ayer en el Teatro Real (Foto: L.R.)
“Giselle no es una niña, es una mujer con experiencia que está embarazada de su primer hijo, se enfrenta al poder, es valiente y se sacrifica por el hombre al que ama”, así presentó esta mañana Tamara Rojo, directora del English National Ballet, a la Giselle que interpretará estos días en el Teatro Real de Madrid y que lleva la firma del coreógrafo Akram Khan.


Lola Ramírez
El próximo 10 de octubre el Teatro Real  inaugurará su temporada de danza de la mano del prestigioso English National Ballet, dirigido en la actualidad por Tamara Rojo. La directora y primera bailarina del ENB habló ayer en rueda de prensa y con gran entusiasmo de la revisión que el coreógrafo Akram Khan ha hecho del clásico Giselle. “La Giselle que van a ver –afirma Rojo- es una líder emblemática de su comunidad, es una fuente de inspiración para su gente, una mujer que no pierde la esperanza de un futuro mejor, con esa capacidad infinita de amar y perdonar, al igual que la Giselle tradicional 

Akram Khan, el coreógrafo de esta moderna Giselle, traslada la acción a nuestros días en una fábrica de tejidos; allí nos sumerge en la penumbra de la desigualdad social y el abuso de poder, en un entorno marginal donde Giselle es una mujer, más fuerte y menos ingenua que en la trama original, viviendo un drama de amor en un ambiente hostil. 

El compositor Vincenzo Lamagna crea su primer trabajo para un ballet, partiendo de la obra original de Adolphe Adam, recreando un ambiente casi cinematográfico, con una fuerte carga dramática, que dibuja sobre el sonido ese espectro industrial en el que tiene lugar la acción. Con Lamagna ha colaborado el maestro Gavin Sutherland, responsable de la orquestación de esta nueva partitura, quien en las funciones que se ofrecerán en Madrid estará al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real.

Para este innovador trabajo Khan se ha rodeado de un equipo de colaboradores de lujo, como el escenógrafo y figurinista chino Tim Ying –ganador de un Óscar a la Mejor dirección Artística y de un BAFTA al mejor vestuario, ambos por la película Tigre y dragón (2000), de Ang Lee – y el iluminador británico Mark Henderson –ganador de un Premio Tony por The history Boys (2006), de Alan Bennett.

La directora y bailarina en un momento de la rueda de prensa (Foto: L.R.)


Se ofrecerán cuatro funciones de Giselle entre los días 10, 11 y 12 de octubre, este último en sesión doble a las 17.00 y a las 21.00 horas, con la participación de Tamara Rojo el día del estreno y en la última representación, quien se alternará en el papel protagonista con las primeras bailarinas Erina Takahashi (día 11) y Alina Cojocaru (día 12 a las 17.00).

Los roles principales masculinos, Albrecht e Hilarión, estarán a cargo de James Streeter y Jeffrey Cirio (10 y 12 a las 21.00 h), Aitor Arrieta y Erik Woolhouse (día 11) e Isaac Hernández y Ken Saruhashi (12 a las 17.00).

Por otra parte, Giselle, de Akram Khan, y la emblemática compañía británica, se presentarán en el Gran Teatre del Liceulos días 22, 23, 24 y 25 (este último en sesión doble) el próximo mes de abril.






miércoles, 30 de enero de 2019

¡Manon, explosión de Emoción!

Jeffrey Cirio en Manon. Foto: Laurent Liotardo

Cuando uno va a ver al English National Ballet (ENB) en el London Coliseum, o donde sea, ya da por hecho que la técnica de los bailarines será más que buena, aunque el cast de esa noche no sea con las estrellas más conocidas de la compañía como son el mejicano Isaac Hernández, Jurgita Dronina o Alina Cojocaru, eso por no hablar de Tamara Rojo, que también es la directora artística del ENB. 

Judit Jordana Pons

La noche del 18 de enero llenaban el famoso coliseo británico para la función de Manon el reparto encabezado por la japonesa Erina Takahashi, el americano Jeffrey Cirio como Des Grieux y el también estadounidense Daniel McCormick como Lescaut, que el año pasado ganó el premio Emerging Dancer Award de la misma compañía.

El ENB en Manon. Foto: Laurent Liotardo
A veces es bueno ir a ver un ballet que no es tan famoso como los grandes clásicos y que lo interpretan bailarines que tampoco tienes muy conocidos. Si la calidad es buena, el factor sorpresa aporta riqueza a la noche, y así fue. En el primer acto ya quedé prendada de Lescaut, ¡qué conexión con el público tiene McCormick! De técnica implacable y potencia de salto, el bailarín de San Francisco es un gran actor. Consiguió que toda la platea del London Coliseum se rindiese a sus hazañas y el público no podía contener la risa. Y cuando la audiencia va al unísono y está dentro de la obra, es maravilloso. Siempre digo que de nada sirve un bailarín con mucha pierna y salto si luego no expresa nada. Ya no son bailarines, son gimnastas. Pues bien, todo el elenco de aquella noche del English National Ballet se merece un 10 en interpretación.

Un ballet no funciona sin su cuerpo de baile, por muy buenos que sean los bailarines principales. En Manon la compañía entera estaba en la misma onda y lo transmitían. La platea río en el primer acto, estuvo en suspense en el segundo y lloró en el tercero, es el ballet del amor, la decadencia y la pasión. En el famoso pas de deux, Elegia, todos nos sentimos enamorados. Los amantes en su modesto apartamento de París bailaron traspasando la técnica.

El ENB en Manon. Foto: Laurent Liotardo
Takahashi, que durante toda la obra evidencia su actitud antagónica entre el amor y la riqueza, caía en los brazos de Cirio como un guante, sin esfuerzo alguno, aparentemente para la audiencia, claro está.

Manon se aleja de los 32 fouettés de los ballets clásicos, pero necesita una delicadeza de técnica y expresión que solo los bailarines con mucha alma y pasión consiguen. El ENB nos dejó el corazón en un puño en la última escena, con las bailarinas temblando de hambre y los amantes muriendo de amor.

No hay duda que Kenneth MacMillan, el gran coreógrafo inglés que murió entre bambalinas, era un experto en dramatismo y lo sabía transformar en movimiento. Inspirado por la novela de Abbé Prévost, el coreógrafo supo describir el conflicto de Manon entre su amor por Des Grieux y la necesidad de lujos, así como la descripción que hace con el cuerpo de baile de la sociedad parisina en el primer acto y de la miseria de la colonia de Nueva Orleans en el último acto. De gran ayuda es la música de Jules Massenet interpretada magistralmente por la English National Ballet Philharmonic bajo la batuta de Gavin Sutherland y el destello del vestuario creado por Mia Stensgaard.

De los mejores ballets que he visto ¡felicidades, Tamara Rojo!


domingo, 28 de enero de 2018

Le Jeune Homme et la Mort & La Sylphide por el English National Ballet.

Tamara Rojo e Ivan Vasiliev en Le Jeune Homme et la Mort.
Foto: Laurent Liotardo

El pasado viernes 19 de Enero, el English National Ballet (ENB) nos ofreció una doble propuesta de danza con dos clásicos tan hermosos como perturbadores. Lo que pudimos ver en el London Coliseum de Londres fueron dos historias con argumentos y estilos diferentes, creadas con más de un siglo de diferencia, pero con dos elementos en común. Un rol interpretativo a destacar y un mismo hilo conductor: un amor tan apasionado como destructor, tan inocente como irreal, que conduce a los héroes al más terrible de los finales.

Sylvia Grau

La velada empieza con Le Jeune Homme et la Mort, una coreografía de Roland Petit a partir del libreto de Jean Cocteau. La obra, estrenada en 1946, tiene lugar en un sórdido estudio en el París de la post-guerra y es en esa escenografía, idea del director de arte Georges Wakhévitch, donde el tándem Petit y Cocteau nos muestran la relación tormentosa y violenta entre un amante y su perdición, una perdición en forma de mujer fatal que a través del desprecio y la provocación, va destruyendo el alma del hombre hasta que queda sin vida.

La Sylphide por el English National Ballet.
Foto: Laurent Liotardo
Petit nos cuenta la historia a través de la exaltación de pasos y gestos cotidianos, que se transforman en una prodigiosa danza. La música, decisión en el último momento, es uno de los elementos principales en escena, ya que cada nota de la Passacaglia de Bach aumenta cada uno de los movimientos descritos por Petit.

Su primer protagonista, el bailarín y actor Jean Babilée, entregó tanta personalidad a este personaje que se ha presentado como un gran reto para los futuros aspirantes, como fueron Nureyev, Baryshnikov y Le Riche. Aunque la pieza es de una elevada exigente técnica y física para el hombre, el mayor reto en mi opinión es la interpretación, que precisa de un intenso dramatismo no muy habitual en la danza clásica o neoclásica. En cuanto al papel de la mujer, aunque no luce tanto en el aspecto físico-técnico, me aventuraría a decir que es un reto interpretativo mayor, sobre todo por incluir elementos como el misterio, la provocación, la mofa y una sensualidad perversa, y se verá enormemente afectado por la personalidad de la bailarina que lo interprete.

Ivan Vasilev, Le Jeune Homme et la Mort.
Foto: Laurent Liotardo
El pasado día 19 dos grandes estrellas de la danza, Tamara Rojo e Ivan Vasiliev, dieron vida de nuevo a Le Jeune Homme et la Mort. Rojo, que ya había interpretado esta pieza antes con Le Riche, resolvió de forma brillante el rol aportándole su gran personalidad, la misma con la que ha bailado siempre y con la que ahora lidera el ENB. En sus gestos y en sus inmensas miradas pudimos leer claramente el papel creado por Cocteau, y a los pasos de Petit les regaló una elegante sensualidad y seductora frialdad.

Vasiliev, que al igual que Rojo ya había interpretado la obra antes con una versión también para el ENB en 2011, demostró de nuevo su gran virtuosismo y técnica, pero sobretodo destacaría su pasión en la interpretación, con una expresión perdida que nos evocaba la locura y movimientos explosivos que describían perfectamente su alma atormentada.

Las dos estrellas de la danza, con una técnica más que controlada, parecía que podían jugar más a ser actores y disfrutar de la interpretación, o al menos así se transmitía a una audiencia que quedó presa dentro de la obra durante los intensos dieciocho minutos que duró la coreografía.

Tamara Rojo, Le Jeune Homme et la Mort. Foto: Laurent Liotardo
El final, como si el espectador visualizara un cuadro, muerto y muerte se adentran en los tejados de París mientras el telón nos despide lentamente de la historia.

A continuación, la compañía inglesa nos propone un viaje a Escocia para conocer el gran clásico de Bournonville, La Sylphide, versión que hace el creador de la escuela danesa en 1836 del ballet original de Filipio Tagioni para la Ópera de París.

La versión de Bounonville es la única que ha sobrevivido de las dos y se considera el primer ballet romántico y obra clave del siglo XIX. Con el ánimo de mantenerse fiel a la tradición danesa, la directora artística, Tamara Rojo, decide invitar al experto en Bournonville, Frank Andersen, para colaborar en el proyecto. Se confirma así la vocación didáctica del ENB, educando en otros estilos de la tradición clásica tanto a los bailarines como al público inglés.

La Sylphide por el English National Ballet.
Foto: Laurent Liotardo
A nivel técnico, La Sylphide de Bornonville nos seduce con la exigencia que requiere en las piernas y los pies de los bailarines, con constantes saltos y mucho trabajo rápido de pies. Como contrapunto la parte superior del cuerpo debe permanecer natural, sin demostrar esfuerzo alguno, permitiendo desarrollar dulces movimientos de brazos. 

Otro gran desafío para el bailarín es la musicalidad y la parte interpretativa, que, con grandes influencias del mimo, pretende explicar la historia con todo detalle.

Para situarnos aun más en el contexto de la historia y reforzar la interpretación de los bailarines, acompaña este ballet la música del compositor romántico Løvenskiold , que junto con la gran escenografía y el precioso vestuario, nos trasladan a un ambiente escocés en el primer acto y al mundo etéreo de las Sylphides en el segundo.

Destacamos el baile con los zapatos, que le da credibilidad al argumento, mientras las Sylphides etéreas bailan en puntas, las mujeres escocesas reales bailan en zapatos, que además usan para marcar el ritmo en algunos fragmentos de la coreografía.

Este ballet escrito por Adolphe Nourrit, cuenta la romántica historia de cómo el escocés James queda fascinado por La Sylphide, al igual que Nourrit quedó fascinado por la bailarina Marie Taglioni.

Rina Kanehara e Isaac Hernández en la Sylphide.
Foto: Jason Bell

La noche antes de su boda, James siente la presencia de La Sylphide, aunque podríamos pensar que ya la ha visto anteriormente en sus sueños. Al confirmar que este hermoso ser existe, abandona a su prometida para encontrarse con La Sylphide en el bosque. A través de un baile en el que los amantes no logran tocarse, La Sylphide evade todos los intentos de James, el joven se da cuenta de que ese ser maravilloso jamás podrá ser suyo y en un intento de retenerla para siempre, provoca que la criatura del bosque pierda sus alas y muera. El ballet termina con el amante abatido por la muerte de La Sylphide, y la culpa y la pena le llevan al mismo destino que su amada.

La pasada noche del viernes James estuvo interpretado por Joseph Caley, recientemente promocionado a Bailarín Principal, y La Sylphide por Rina Kanehara, solista junior de la compañía. La misma noche encontramos otro bailarín solista junior en el papel de Gurn, el madrileño Daniel Kraus, y la primera solista Crystal Costa debutando en el papel de Effy. A destacar la interpretación de la Primera Artista Precious Adams en el papel de First Sylph. Todos ellos y el resto del elenco del ENB, consiguen traernos el estilo Bournonville y transmitirnos esa alegría al bailar típica de la tradición danesa.



miércoles, 23 de septiembre de 2015

Los Cisnes del ENB seducen en Barcelona‏

Alina Cojocaru y Dawid Trzensimiech. Foto: A. Bofill

Tamara Rojo ha vuelto al Gran Teatre del Liceu de Barcelona con el English National Ballet y un Lago de los Cisnes de ensueño después que en 2008 viniera también con la compañía inglesa, esa vez como invitada para bailar el rol de Gisele con José Manuel Carreño también como artista invitado. Mientras, el ENB vino con un programa homenaje a los Ballets Rusos y la bailarina madrileña con el Royal Ballet en el papel de Aurora de la Bella Durmiente. 

Carolina Masjuan

Conocidos pues, bailarina y compañía, del público catalán, ahora, en su doble faceta de directora de una de las compañías inglesas de referencia en el panorama internacional y a la vez bailarina principal de la misma, Tamara ha seducido al público con esta producción de El Lago de los Cisnes que ha agotado las localidades con semanas de antelación.

Tamara Rojo en la rueda de prensa del Liceu.
Muchos pensábamos ¿otro Lago? ¿Es que no hay más repertorio que ofrecer? Y no sólo Corsarios, Bayaderas o Quijotes ¿Qué hay por ejemplo de los Cranko, McMillan, Neumeier, que tan poco se programan por aquí? Y respecto a los ballets del repertorio clásico ¿no es el Lago el que más ocasiones se tiene de ver? Pues da igual, si el Lago de Ángel Corella agotó entradas, ahora de nuevo el Lago del English –que por cierto tiene en su elenco a varios artistas de la malogradamente extinta compañía- lo ha vuelto a conseguir. ¿Tomará nota el Liceu de que sí gusta el ballet clásico en Barcelona? ¿Programará la nueva directora artística más ballet en las próximas temporadas? Por favor, que así sea, se lo pedimos encarecidamente y además se justifica totalmente a nivel rentabilidad, si es que es eso lo que prima ahora.

En la rueda de prensa que Tamara ofreció el martes, acompañada por Christina Scheppelmann, directora artística del Liceu, la artista madrileña respondió a las preguntas de los presentes con esa determinación que la caracteriza y que parece imprescindible para dirigir una compañía de esas características y además conseguir situarla de nuevo en un primer plano, tal y como está demostrado que está consiguiendo.

Nos confirmó que efectivamente debutó en el Liceu a los dieciséis años con la compañía de Víctor Ullate con un programa Balanchine. Se mostró encantada de estar de nuevo aquí, donde hemos tenido la suerte de verla como Aurora con el Royal, o como Giselle con el ENB pero nunca como Odette/Odile. Comentó que ella no suele bailar en los estrenos “como directora de la compañía no me parece correcto hacerlo, además teniendo tan maravillosas bailarinas como Alina, puedo permitirme el lujo de evitar esa presión” comentó divertida. Así pues sólo lo hace cuando se trata de creaciones en que el coreógrafo se ha inspirado en ella para crear la pieza.

Alina Cojocaru, Dawid Trzensimiech y James Streeter.
Foto: A. Bofill

Respecto a los elencos, nos explicó que la noche del estreno (repetirían el viernes) serían Alina Cojocaru ex compañera suya del Royal Ballet de Londres y Dawid Trzensimiech, ambos también “desertores” recientes de la otra gran compañía inglesa, quienes abrirían las cinco funciones previstas. “Ella es muy lírica y él un príncipe muy clásico de líneas muy elegantes” comentó. Así como Alina integra las filas del ENB, Dawid, nacido en Polonia, es actualmente bailarín en el Ballet Nacional de Bucharest que dirige Johan Kobborg, también ex del Royal y pareja de Alina. Si se ha invitado a este bailarín, que ya ha bailado a menudo con Alina, ha sido porque su habitual pareja artística dentro el ENB, el cubano Alejandro Virelles, ampliamente conocido en Barcelona ya que formó parte del Ballet de Ángel Corella, estaba lesionado.

Para las funciones del jueves y el sábado, los protagonistas serían ella misma junto a Isaac Hernández que se ha unido recientemente a la compañía desde el HET National Ballet. Considerado como uno de los artistas revelación recientes, Tamara afirmó que su ascendencia latina brindaba un enfoque distinto del Lago. “Isaac, que es un bailarín mexicano de veinticinco años y yo somos más temperamentales, más latinos”, “me encanta tenerle en la compañía porque es un bailarín muy generoso, siempre dispuesto a ayudar a los más jóvenes, aunque él mismo también lo sea” afirmó.

Alina Cojocaru y los cisnes. Foto: A. Bofill
La tercera pareja, que actuó la tarde del domingo, la formaron la bailarina japonesa Erina Takahashi, bailarina con una amplia trayectoria en el ENB y principal desde 2007, junto con el joven bailarín cubano Yonah Acosta, sobrino del famoso Carlos Acosta que fue partenaire tantas veces de Tamara en el Royal. «Erina es una primera bailarina con mucha experiencia y Yonah tiene un gran virtuosismo y presencia escénica» dijo de ellos.

“Los bailarines de hoy en día son atletas cuyo forma de moverse no tiene nada que ver con la de hace cien años. Más allá de su potencia física, al estar preparados tanto en ballet clásico como en contemporáneo, pueden ofrecen un enorme abanico de movimientos”, comentó Tamara.

Respecto al doble papel del Cisne afirmó: “Personalmente yo no me siento más un personaje que otro. Todos podemos ser Odettes u Odiles”.

¿No está el clásico algo pasado de moda pregunta alguien? Tamara es rotunda: Bailar el Lago es como interpretar a Shakespeare en teatro, los clásicos nunca pasan de moda, se abordan cuestiones universales como el amor, la traición, la envidia y el poder. “Pero como ocurre con las obras de Shakespeare, es necesario adaptar los clásicos a los nuevos gustos, aunque no a cualquier precio”. “También las tragedias griegas siguen representándose ¿no? Y nos emocionamos con ellas, pues lo mismo pasa con los grandes ballets”, concluyó.

Tercer acto del Lago de los Cisnes del ENB.
Foto: Photography by ASH
No se plantea desvincularse del mundo del Ballet, al contrario, considera que igual que a ella le transmitió los roles la generación anterior, también es su misión seguir ese camino e ir pasando su experiencia y conocimientos aprendidos de grandes bailarines/maestros a una nueva generación. De momento le encanta dirigir y ver crecer a sus bailarines y no se plantea dejar de bailar, afortunadamente no tiene que elegir entre una cosa u otra.

Hablando sobre el ballet en España, Tamara confirma que sí hay tradición. De la escuela de María de Ávila (salida precisamente de la compañía que hubo en el Liceu con el maestro Magrinyà) salió una gran cantera de maestros en ballet clásico y clásico español (ella misma es hija de esa escuela ya que su maestro, Víctor Ullate, fue alumno de María de Ávila) y en Madrid la de Carmina Ocaña ha sido la escuela difusora del estilo Bournonville en España. “Alguien debería dedicarse a recuperar todo nuestro legado en ballet, el mismo Petipa estuvo unos años en España y probablemente habría permanecido más tiempo si no le hubiesen gustado tanto las mujeres”, comentó refiriéndose al lío que tuvo el coreógrafo con una señora casada que le obligó a poner tierra de por medio.

Respecto a la música y su relación con los bailarines Tamara cuenta que son ellos quienes deben estar al servicio de la música “siempre bailamos con música en directo, hay un respeto mutuo y un gran conocimiento común”. “El English cuenta con una orquesta de 70 músicos que nos acompañan en las giras y en las representaciones en Londres. El director musical está con nosotros, pendiente de los ensayos y colaborando para que todos, músicos y bailarines, nos conozcamos y vayamos a una”.

Divertida foto de los cuatro cisnes.
Katja Khaniukova, Jung ah Choi, Senri Kou y Adela Ramirez

El Lago del ENB es la versión del coreógrafo y ex director de la compañía Derek Deane, basada en la de Petipa e Ivanov y que conserva las aportaciones del coreógrafo inglés Frederick Ashton.

El inicio es sorprendente, como me comentó mi nieta de nueve años que acudió a la función del domingo “me ha encantado el inicio, te permite comprender mucho mejor la historia y disfrutar mucho más del ballet”. La joven doncella Odette pasea por el jardín y se embelesa con una flor, aparece el malvado Rothbart, la rapta y en cuestión de segundos, por la magia de un imperceptible cambio de vestuario, de vaporoso vestido y diadema de brillantes a tutú y tocado de cisne (evidentemente cambio de bailarina) la convierte en un cisne.

Los actos siguientes siguen el esquema habitual pero adaptados a los gustos modernos, nada falta y nada sobra, la pantomima es excelente, para nada amanerada, todas las danzas son hermosamente bailadas y acogidas con calurosos aplausos por el público. El tutor aporta la nota cómica en sus intentos por sumarse al baile de los jóvenes y el príncipe despide el primer acto con un hermoso y lírico solo.

Los cisnes y Rothbart. Foto: A. Bofill
El cuerpo de baile está sensacional, sobre todo en los actos blancos que es donde se demuestra su nivel y contribuye enormemente al éxito o al fracaso de la representación. Los veinticuatro cisnes del Liceu evolucionaron con una calidad y simetría de movimiento que dejaban sin aliento y emocionaban profundamente por la magia y la belleza que creaban en escena. Un gran bravo a todas y cada una de las veinticuatro bailarinas. Los dos y los cuatro cisnes a la altura, muy compenetradas y acabando de redondear la función.

Tuvimos la suerte de ver a los tres elencos y la verdad es que no se puede elegir. Las tres parejas tienen un nivel técnico apabullante y cada una aporta sus matices, unos preferirán el lirismo de una Alina, una Erina o un Dawid, otros la pasión y el arrojo de una Tamara, un Isaac o un Yonah, pero cualquiera de las tres parejas conmueven, apasionan y convencen. Alina, ya conocida en el Liceu como Nikiya en La Bayadere de la compañía de Ángel Corella, como también en el papel de Aurora de la Bella Durmiente del Royal Ballet, tiene unas cualidades técnicas, gracias a un cuerpo sumamente elástico, que aplica con gran inteligencia, su casi six o’clock en el cisne negro está tan controlado y es tan comedido que resulta sumamente bello. La belleza de sus arabesques y attitudes, su porte y su dulzura, hacen un cisne blanco inolvidable. Su elegante partenaire la complementa exquisitamente. Una pareja de ensueño.

Había visto a Tamara bailar el PdD del cisne blanco en el Palau de la Música hace muchos años y aún lo recordaba perfectamente. Me sorprendió entonces la solidez de sus puntas y en el Liceu me volvió a suceder. Tiene una seguridad tal que parece que esté clavada en el suelo, y luego están sus equilibrios y su perfecta interpretación del personaje tanto como Odette como en Odile donde sus ojos lanzan destellos en su juego perverso con su padre para derrotar a Sigfried. Sus fouettés, como era de esperar, desataron el delirio del público. Isaac Hernández, a sus veinticinco años, posee unas cualidades técnicas admirables y un porte principesco que le consolidarán como un bailarín de referencia.

Los cisnes del ENB. Foto: A. Bofill
La tercera pareja parecía ser de entrada algo sorprendente, Erina una bailarina lírica con larga carrera en el English frente a un joven cubano virtuoso, heredero de las condiciones de su tío, la gran estrella del Royal Ballet Carlos Acosta. Y efectivamente el contraste se apreciaba pero su partenariado funcionó de maravilla y si ya en el segundo acto nos sedujeron, fue en el tercero donde demostraron su gran valía, juntos y por separado. Una pareja de contraste pero no por ello menos atractiva. Un gran placer descubrir a estos dos bailarines desconocidos para muchos de nosotros.

No se nos detallaron el resto de distribuciones pero reconocimos con gran placer a nuestros conocidos,Yoko Callegari, Juan Rodríguez, la preciosa bailarina que es María José Sales, de tan hermosas líneas, en el vals, como cisne, o como princesa del tercer acto. Adela Ramírez, espectacular en el paso a tres del primer acto, en los cuatro cisnes del segundo o en el terceo en las Czardas o super rápida y deliciosa en la Napolitana. Sin olvidar a Fernando Bufala a quien por fin pudimos ver la tarde del domingo bailando el paso a tres. ¡Qué porte!, ¡qué elegancia de baile!, ¡qué limpieza de movimiento! Es tan magnífico bailarín, que fue una lástima no poder disfrutarlo más.

La producción, a pesar de contar, según nos dijeron, con bastantes años, no ha envejecido en absoluto. Los telones son bellísimos, la iluminación impecable y el vestuario delicado, incluso para el malvado Rothbart cuyas alas, manejadas con gran maestría tanto por James Streeter como por Fabian Reimar eran imponentes e impactantes sin caer en el punto kitsch que se ve en algunas producciones.

La orquesta del Gran Teatre del Liceu estuvo magnífica interpretando la preciosa partitura de Tchaickovsky dirigida por los directores titulares de la del English, Gavin Sutherland y Alex Ingram en la tarde del domingo. Música en directo imprescindible para un Lago de estas características.

Saludos finales tras el estreno. Foto: A. Bofill

Otro Lago sí, pero si los Lagos son de este nivel uno no se cansa nunca. Muchos repetimos varias funciones y ya les echamos de menos. Como dijo Tamara “Sheakespeare no aburre”. No, uno nunca se cansa de los clásicos en cualquier manifestación artística, porque lo clásico perdura ajeno a modas y al paso del tiempo. Baile elegante y contenido, emoción en estado puro.

Hablando con los bailarines nos confirman que la actividad es frenética, acaban de representar en Londres el programa mixto que tanto éxito tuvo en Peralada el verano pasado y del que hablamos aquí, vienen a Barcelona con el Lago y ya están ensayando Romeo y Julieta (versión de Nureyev que es la que tiene el ENB en su repertorio) para unas próximas representaciones en gira por UK y que los nuevos bailarines de la compañía deben aprenderse deprisa.....

Vengan de nuevo pronto, estaremos encantados.

martes, 5 de agosto de 2014

El ENB debuta en Peralada de la mano de Tamara Rojo

Tamara Rojo y Michael Coleman. Foto: Miguel González

El English National Ballet era la asignatura pendiente de Peralada ya que nunca, en sus treinta años de danza, había actuado la compañía inglesa en el Festival. Ahora, cuando Tamara Rojo es su directora, por fin se le ha podido ver en el prestigioso festival ampurdanés. Pero Tamara sí había bailado en él, en dos ocasiones con Víctor Ullate y una tercera hace trece años cuando ya estrella del Royal Ballet, bailó el paso a dos de Don Quijote como guinda a la actuación del Ballet de la Ópera de Berlín que ofrecía un programa Kylian.

Carolina Masjuan

Para este fin de semana de principios de Agosto, en un verano totalmente atípico por lo frio y lluvioso, todas las previsiones amenazaban lluvia, y ¡acertaron! Pero parece que a los astros les gusta el ballet y poco antes de empezar las funciones, ambos días, la lluvia cesó y  el ENB pudo desplegar su buen hacer y lució magnífico.

Amigas de Swanilda. Foto: Miguel González
En el primer programa la compañía nos ofreció Coppelía. Coppélia fue estrenada en la Ópera de París en 1870. Con coreografía de Arthur Saint-Léon, música de Léo Delibes y libreto de Charles Nuitter, inspirado en un cuento de Hoffmann, habla de las aventuras de Swanilda, su prometido Franz, el Doctor Coppelius y la muñeca que crea, la misteriosa Coppélia. La versión del ENB es obra de Ronald Hynd quien ha sido respetuoso con la versión original pero le ha dado más humanidad y realismo a la trama, incluyendo un padre para la protagonista, el burgomaestre de la aldea. La escenografía y el vestuario se deben a Desmond Heeley y el diseño de luces es de David Mohr.
Tamara nos brindó una Coppélia exquisita de matices, pizpireta, joven enamorada enfadada al descubrir el interés de Franz por Coppélia, la joven (muñeca) que lee en el balcón. Ya en el primer solo con la deliciosa música de Delibes, nos encandiló y su actuación fue in crescendo. La proverbial solidez de sus puntas, sus magníficos developpés, sus arabesques penchés de increíble inclinación, sólo fueron una herramienta al servicio de la interpretación del personaje. Coppélia le va a Tamara como anillo al dedo, como Kitri, o como la muñeca de la danza española del taller del Doctor Coppelius; sí, el viernes (desconozco si en esta versión siempre es Swanilda quien lo hace) fue también Tamara quien se marcó, para nuestro deleite, las danzas del segundo acto en el taller del creador de muñecas.

La pantomima, al servicio de la historia, fue una auténtica delicia de ver, en su justa medida e interpretada por todos y cada uno de los bailarines con gran frescura y ligereza.  El bailarín cubano Yonah Acosta, sobrino del gran Carlos Acosta, fue un Franz impulsivo y pícaro, que a pesar de su juventud se complementaba perfectamente con Tamara, dotado de grandes cualidades de las que dio buena muestra en Peralada.

Yonah Acosta. Foto: Miguel González
Las amigas, Shiori Kase, Bagoña Cao, Senri Kou, Ksenia Ovsyanick, Alison Mcwhinney y Laurretta Summerscales; el Amanecer, una fantástica Shiori Kase; Begoña Cao como la Oración; el Doctor Coppélius, maravilloso Michael Coleman, todos, contribuyeron a que disfrutásemos de una Coppélia como hacía mucho tiempo no se nos había dado ver. La escenografía y el precioso vestuario son también elementos a no dejar de mencionar.
Y el cuerpo de baile, que aunque con algún pequeño desajuste, fue muy convincente.
Una lástima ver la platea con muchas localidades vacías, sobre todo cuando habitualmente para el ballet, Peralada llena.
El broche final de la velada del viernes fue la entrega de la medalla de honor del Festival a Tamara Rojo por parte de su Presidenta la Señora Carmen Mateu de Suqué.
Y la noche del sábado de nuevo cita con el English National Ballet, con mucho más aforo que la noche anterior. Seis coreografías, tres de ellas de corte clásico, para rendir homenaje a la primera actuación que Rudolf Nureyev realizó hace treinta años en Peralada, y el resto de piezas, estrenadas en Inglaterra bajo el nombre de Lest We Forget, creadas por Russell Maliphant, Liam Scarlett y Akram Khan, para conmemorar los cien años del comienzo de la I Guerra Mundial.
Empecemos por la parte clásica. El paso a tres de El Corsario, cuya versión entera estrenó el ENB recientemente y se pudo ver en los Teatros del Canal de Madrid, estuvo interpretado por Fernanda Oliveira como Medora, Yonah Acosta como Alí y Junor Souza como Conrad. Yonah en la línea de la noche anterior mostrando sus ágiles saltos y rápidas piruetas, Junor poseedor de un buen ballon y Fernanda con muy buena técnica. Pero el paso a tres deslució porque al parecer el suelo estaba resbaladizo y hubo algún pequeño desajuste en sus evoluciones. Una lástima.

Fernanda Oliveira, Junor Souza y Yonah Acosta.
Foto: Miguel González
Otro paso a dos clásico fue el del Cisne Negro coreografía de Derek Deane, a partir de la original de Marius Petipa, con música de Piotr Ilitx Txaikovski. Laurretta Summercales y Arionel Vargas estuvieron espectaculares. Ella sobre todo dominando la escena con gran poderío y realizando unos fouettés firmes e impecables. Recibieron una gran y muy merecida ovación.
La última coreografía clásica del homenaje a Nureyev fue el paso a dos del segundo acto de Giselle. La versión del ENB de este ballet se debe a Mary Skeaping y se pudo ver en el Liceu hace unos años, precisamente con Tamara Rojo como artista invitada (ya era estrella en el Royal Ballet) en dos funciones junto al bailarín cubano José Manuel Carreño. Alison Mcwhinney parecía flotar sobre el escenario de Peralada, su Giselle era totalmente una figura venida de ultratumba, etérea y fugaz frente a su Albrecht, Junor Sauza. Ambos nos brindaron una sublime interpretación de este difícil y exigente paso a dos romántico.

Dust. Foto: Miguel González
¿Y en cuanto a las piezas de los coreógrafos contemporáneos elegidos por Tamara para dar un rumbo nuevo al ENB? ¡Un estupendo descubrimiento! 

"Second Breath" de Russell Maliphant, "No man's land" de Liam Scarlett y "Dust" de Akram Khan.  Dos de los coreógrafos ya eran conocidos por el público catalán, sobre todo Akram Khan quien actuó varias veces en el Mercat de les Flors con su compañía en la que formó parte la catalana Eulalia Ayguadé. También es de grato recuerdo la clase abierta que Akram ofreció en La Caldera durante una de sus visitas. A Russell Maliphant le debemos el muy emotivo Afther Light con música de Satie creado para el homenaje a Diaghilev y Liam Scarlett fue mi descubrimiento personal con el ballet de San Francisco este verano en el marco de los Étes de la Danse en París. Así que coreografía de alto nivel la que prometía ofrecer este segundo programa. Y no defraudó.

Second Breath, paso a dos interpretado por Tamarin Stott y Nathan Young con música de Andy Cowton fue el más flojo de las tres piezas a pesar de estar muy bien bailada por ambos bailarines. Sin acompañamiento coral, se queda en desventaja frente a las otras dos piezas, aunque justo es destacar que se trata de una coreografía rica en matices y con portés muy estudiados.

No Men’s Land, con música de los Fragments d’Harmonies poétiques et religuieuses de Franz Liszt, en cambio, sedujo enormemente. Tres parejas, Tamara Rojo, Zdenek Konvalina, Fernanda Oliveira, Max Westwell, Erina Takahashi y James Forbat, nos muestran la relación entre hombres y mujeres en el entorno trágico de la guerra, la desazón que les invade al verse obligados a separase. A pesar de ser abstracto, ese sentimiento está ahí, se palpa, trasciende…. Liam Scarlett sabe cómo llegar al corazón. Es un coreógrafo típico inglés que a veces recuerda a Sir Keneth McMillan, sobre todo en la forma de mover a los varones. Una preciosa coreografía con un paso a dos final de una gran belleza.

No Men's Land. Foto: Miguel González
Y con Dust de Akram Khan se cerró la velada y la participación de la compañía inglesa en el Festival. El coreógrafo Indio-Inglés sabe cómo impactar. Siempre hay fuerza en sus trabajos, fuerza y control. Aquí una figura, un hombre, el bailarín Fabian Reimair, frente a un muro compacto que forman los bailarines unidos por sus brazos. La imagen de ese muro ondulante, sabiamente iluminado, es hechizante. La música de Jocelyn Pook con fragmentos de la  canción La Hora del Adiós cantada de forma desgarrada y repetitiva, acompaña el sentimiento de pesar que invade la escena y trasciende al público. Un magnífico paso a dos interpretado por Tamara Rojo y Fernando Bufalá y unas escenas de grupo con una iluminación muy estudiada que junto con el vestuario de color apagado y la neblina que invade la escena crean ciertamente una atmósfera polvorienta y lúgubre.
Grandes aplausos para los artistas, el público reacio a abandonar el recinto y con muchas ganas de celebrar ese festival de buena danza. Una demostración de que el clásico está muy vivo, ya sea en ballet de repertorio como con coreografías modernas y de que existe una gran afición.
Tamara avanzó en rueda de prensa que el ENB estará en Barcelona en septiembre de 2015, en el Gran Teatro del Liceo. Les recibiremos encantados.


Nota: No puedo dejar de comentar el asombro que me producen las declaraciones que sueltan algunos periodistas culturales. La Sra. Maricel Chavarría celebró en su crónica para La Vanguardia que Tamara Rojo “sacudiera el polvo y aireara lo rancio” a un ballet como Coppélia. ¿No es acaso lo que hizo Ángel Corella con su magnífico Lago? ¿Y lo que hacen las compañías más prestigiosas del momento aunque algunos puristas se lleven las manos a la cabeza? Decir también, como dijo la periodista, que el ballet clásico es una arte que “quizás” -menos mal que hay un quizás-  esté tocado de muerte en el siglo XXI, es no tener ni idea de lo que se cuece en París –donde cuando el Ballet de la Ópera de París está de vacaciones, se invita en los Étés de la Danse a prestigiosas compañías extranjeras dada la gran demanda que por parte de locales y foráneos hay de ballet-  en Londres, con dos magníficas compañías clásicas, Oslo, Berlín, Munich, Amsterdam, Nueva York, Philadelfia, San Francisco, Tokio, Estambul, …. También leo alucinada que nuestro conseller de cultura, Ferran Mascarell, se dignó venir a Peralada a ver ballet ¡caramba! ¿Desde cuándo le interesa este arte? ¿No habría sido más coherente tener interés por conocer qué hacía Corella cuando anhelaba dirigir una compañía en Cataluña y escuchar su propuesta? Es realmente decepcionante a nivel cultural, vivir en este país, da igual que nos refiramos a Cataluña o a España. Ah! Y por cierto Sra. Chavarría, leo en su nota del programa de mano del ENB en Peralada sobre la “coreógrafa” Liam Scarlett. Perdón, pero el inglés Liam Scarlett es un joven caballero y uno de los tres grandes coreógrafos clásicos (crean usando el lenguaje y la técnica clásicos) del momento, junto con el ruso Ratmansky y el también inglés Wheeldon, del que hemos podido conocer muchos trabajos gracias al Corella Ballet, pero tratándose de Corella parece que en lugar de intentar hacernos un gran favor, más bien molestaba, a políticos y a algunos periodistas, que no al gran público que consiguió aglutinar….. país….